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miércoles, 15 de julio de 2026

Dreams (2025)




Título en español: Sueños
Director: Michel Franco
Méjico/EE.UU., 2025, 98 minutos

Dreams (2025) de Michel Franco


El director mejicano Michel Franco (Ciudad de México, 1979) apuesta en Dreams (2025) por incomodar al espectador ahondando en una de las heridas más complejas de la geopolítica contemporánea: la siempre controvertida relación entre su país y los Estados Unidos. Y lo hace a través del romance de alto voltaje que mantiene la pareja protagonista y mediante el cual se teje una parábola implacable sobre el poder, el racismo estructural y el verdadero precio del sueño americano.

Jennifer (interpretada por Jessica Chastain) es una adinerada filántropa estadounidense que vive en San Francisco, mientras que Fernando (Isaac Hernández) es un brillante bailarín mejicano que cruza la frontera en condiciones deplorables con la esperanza de un futuro mejor. Pero cuando Jennifer decide patrocinar su carrera, lo que se inicia como una fascinación mutua pronto se transforma en un torbellino de deseo carnal desenfrenado. Sin embargo, detrás de las finas sábanas y los restaurantes caros, la brecha social y económica empieza pronto a pasarles factura. En ese choque de realidades, el amor puro se transforma inevitablemente en una tensa dinámica de control y dependencia donde el dinero impone las reglas del juego.



Fiel a su estilo, Michel Franco opta por una pulcra puesta en escena que contrasta con el frenesí de los encuentros íntimos de la pareja. Aunque lo verdaderamente perturbador reside en cómo plantea que el amor no siempre es un terreno neutral cuando una de las partes tiene garantizado todo lo que la otra intenta desesperadamente conseguir. De esa manera, a medida que avanza el metraje se destapa el supremacismo colonial latente en la sociedad estadounidense, demostrando que incluso el mecenazgo puede llegar a ser una herramienta de humillación y control. A este respecto, el guion peca en ocasiones de falta de sutileza al subrayar determinados prejuicios de clase, pero lo compensa con giros argumentales que nos descolocan por completo.

Así pues, lo que a priori pudiera parecer una idílica cinta romántica termina siendo, en realidad, un incómodo thriller psicológico (e incluso político) que nos recuerda cómo, en el statu quo impuesto por el trumpismo, hasta los sueños conllevan a veces un coste emocional devastador.



viernes, 10 de julio de 2026

Take Out (2004)




Título en español: Para llevar
Directores: Sean Baker y Shih-Ching Tsou
EE.UU., 2004, 87 minutos

Take Out (2004) de Sean Baker y Shih-Ching Tsou 


El tándem formado por Sean Baker y la taiwanesa Shih-Ching Tsou daba sus primeros pasos hace más de veinte años con esta cinta a propósito de un inmigrante ilegal chino que intenta abrirse paso en Nueva York trabajando como repartidor a domicilio en el restaurante de comida rápida de unos compatriotas. Aunque las vicisitudes a las que se halla expuesto el pobre Ming Ding (Charles Jang) lo someten a un estrés continuo, ya sea a causa de la propia explotación laboral, del maltrato que le dispensan algunos clientes o, sobre todo, por la desorbitante deuda contraída con la mafia que costeó su viaje hasta Estados Unidos.

Financiada con apenas tres mil dólares y rodada de manera casi clandestina, la película supone una lección de cine de guerrilla que funciona tanto como thriller a contrarreloj como retrato neorrealista de las víctimas invisibles de la economía sumergida. Por ello, desde el punto de vista técnico, los directores optaron por una puesta en escena de estilo documental, colocando la cámara prácticamente encima de los personajes para que ésta siga de cerca sus andanzas. Y en ese mismo orden de cosas, sitúan la acción en un puesto real de venta al público, conscientes de que sólo así lograrían captar el necesario tono verídico para una historia de tales características.



A través de la travesía en bicicleta de Ming por las calles de Manhattan, se construye una sutil pero demoledora crítica social basada en el contraste. Así pues, pese a que Ming entra en las casas de muchos neoyorquinos, para ellos él es sólo una extensión mecánica del servicio que han pedido: una mano que suministra arroz frito y recoge el cambio. En ese sentido, cada entrega forma parte de un microcosmos de alienación cuya casuística abarca toda clase de incidencias, desde clientes que le cierran la puerta en las narices hasta personas ensimismadas en su propia cotidianeidad que no dedican un solo segundo a mirar a la cara al hombre empapado que está frente a ellos. De ahí que el espectador, que conoce la desesperada cuenta atrás del personaje, sienta cada mala propina como un golpe físico.

En resumidas cuentas, la grandeza de Take Out (2004) reside en su honestidad. De hecho, al terminar la película queda una profunda sensación de vacío al comprender que la odisea de Ming no es una excepción, sino la rutina diaria de miles de personas que, a costa de su propia dignidad y seguridad, sostienen las comodidades de quienes habitan las grandes metrópolis. Todo lo cual la convierte, por tanto, en una obra idónea para entender un tipo de cine político e independiente que no necesita tirar de discursos panfletarios para conmover, sino que le basta con poner el foco allí donde la sociedad prefiere desviar la mirada.



sábado, 21 de junio de 2025

Lamerica (1994)




Director: Gianni Amelio
Italia/Francia/Suiza/Austria, 1994, 116 minutos

Lamerica (1994) de Gianni Amelio


La caída del régimen comunista albanés situó a la sociedad de aquel país al borde del colapso, de modo que cientos de miles de ciudadanos tomaron la determinación de emigrar rumbo a Italia (antigua metrópolis colonial), en lo que supuso una crisis humanitaria sin precedentes. Dicho marco histórico sirvió para que el cineasta Gianni Amelio situase, apenas tres años después de los hechos relatados, la acción de uno de los filmes más conmovedores de toda su filmografía.

El punto de partida de Lamerica (1994) muestra a dos ejecutivos italianos, potentados de la industria del calzado, Fiore (Michele Placido) y su ayudante Gino (Enrico Lo Verso), que se disponen a dar el pelotazo de sus vidas mediante la constitución de una empresa cuyo presidente será un hombre de paja: Spiro (Carmelo Di Mazzarelli), un viejo prisionero político, física e intelectualmente destrozado, que ha pasado cincuenta años en las cárceles del dictador Enver Hoxha.



Sin embargo, los acontecimientos se precipitan cuando el anciano desaparece repentinamente y Gino se ve obligado a ir en su búsqueda, lo cual le obliga a adentrarse en las profundidades de un mundo marcado por la miseria, el caos y la corrupción. En ese accidentado y largo viaje hacia la noche, el vanidoso joven irá gradualmente despojándose de su arrogancia occidental hasta confundirse con los lugareños como si de un albanés más se tratase.

Lo curioso del caso es que dicho proceso de aculturación, aun precipitado y forzado por las circunstancias, coincide doblemente con el que ya había vivido en su día Spiro, quien resulta ser en realidad un siciliano, de nombre Michele Talarico, que había ido a hacer la guerra en tiempos del protectorado fascista, y, a nivel más genérico, con las grandes oleadas migratorias de principios de siglo que llevaron a miles de italianos (y de ahí el título de la película) al Nuevo Mundo. En ese orden de cosas, el hecho de que Spiro viva en el pasado, como si en su mente no hubiese transcurrido el tiempo, simbolizaría la desmemoria histórica de la sociedad italiana, en la misma medida que la soberbia inicial de Gino refleja la amnesia colectiva de unos jóvenes que ignoran que sus abuelos fueron un día tan parias como esos albaneses que ahora reclaman auxilio en las costas de Italia.



sábado, 7 de junio de 2025

Los Tortuga (2024)




Directora: Belén Funes
España/Chile, 2024, 110 minutos

Los Tortuga (2024) de Belén Funes


Si ya gracias a La hija de un ladrón (2019), su ópera prima, Belén Funes se alzó con el Goya a la dirección novel, Los Tortuga (2024) viene a certificar de una vez por todas el talento de una cineasta cuya mirada se centra insistentemente en lo cotidiano. De ahí esa etiqueta de "realismo social" que con tanta frecuencia se le aplica. Sin embargo, la geografía humana que Funes retrata en sus películas va más allá de una simple dicotomía reduccionista. Muy al contrario, su último trabajo oscila entre lo etnográfico y lo costumbrista, fiel reflejo de una época marcada por contrastes e injusticias en el seno de la clase trabajadora.

La historia de Delia (Antonia Zegers), una viuda de origen chileno que ha heredado el taxi de su difunto marido y es madre de una adolescente (Elvira Lara) a la que llama cariñosamente "Fideo" y que es estudiante de Comunicación Audiovisual. Lo cierto es que ni la una ni la otra han asimilado aún la muerte del padre/esposo, lo cual las coloca en la órbita de lo que Carla Simón planteaba en Estiu 1993 (2017). O incluso en la senda de la posterior Alcarràs (2022), a juzgar por la subtrama que tiene lugar en los moribundos olivares jienenses.



Una puesta en escena múltiple sitúa la acción a caballo entre diversos espacios, tanto rurales como urbanos, para dibujar el complejo mapa de relaciones humanas que entablan las distintas generaciones de una misma familia. Vínculos afectivos que en ocasiones rozan el conflicto, cierto, pero que dejan constancia, al mismo tiempo, de la propia solidez que los sustenta. Un buen ejemplo de esto último pudiera ser la tensa secuencia de los exvotos en la ermita y cómo lo que para unas es devoción cristiana para Delia no representa más que superstición o adoctrinamiento.

En ese sentido, muchos y variados son los temas que pretende abarcar la película, desde el desarraigo de quienes luchan por su supervivencia en el cinturón industrial de Barcelona, pero no se resignan a perder el contacto con la tierra de sus ancestros, hasta las protestas (de refilón, en una pantalla que se ve de fondo) de los jornaleros que no quieren que los campos se llenen de paneles de energía fotovoltaica. Aunque también están presentes la especulación inmobiliaria, que fuerza a madre e hija a pasar por el aro de las mafias del sector, la diversidad cultural de un microcosmos cuyos habitantes hablan lo mismo en catalán, castellano o rumano e incluso la pervivencia de formas de miseria que, como los reptiles quelonios del título, empujan a muchos habitantes de regiones deprimidas a emigrar con sus pertenencias a cuestas.



miércoles, 7 de mayo de 2025

La historia de Souleymane (2024)




Título original: L'histoire de Souleymane
Director: Boris Lojkine
Francia, 2024, 93 minutos

La historia de Souleymane (2024) de Boris Lojkine


Las vicisitudes de un inmigrante guineano que sobrevive haciendo de repartidor en las calles de París constituyen la base argumental de L'histoire de Souleymane (2024), enésima recreación cinematográfica de las penurias que entraña la lucha diaria por la supervivencia. Y es que, como ya le sucedía al protagonista de Ladrón de bicicletas (1948), que es quizá el ejemplo canónico del que beben todo este tipo de historias, el personaje central del filme que nos ocupa depende de mil y una argucias para lograr mantenerse a flote en las procelosas aguas del primer mundo.

El otro gran modelo en el que se inspira el guion de Boris Lojkine y Delphine Agut, éste mucho más cercano en el tiempo (e incluso más obvio, si cabe), sería el cine social de los hermanos Dardenne, equivalente en el mundo francófono a lo que Ken Loach lleva a cabo también en clave británica. Visto así, el caso de este joven clandestino de origen africano no dista gran cosa de lo expuesto en títulos de similar factura como Tori y Lokita (2022) o El silencio de Lorna (2008).



Por otra parte, los hechos aquí descritos ponen asimismo el punto de mira sobre la complicidad de unos usuarios que se benefician de la explotación salarial de los repartidores que se juegan el tipo para servirles la comida a domicilio. Denuncia implícita contra un sistema en el que las comodidades de unos se logran a costa de la indefensión de otros, pero también, como en el caso del "amigo" camerunés que le cede su identidad al protagonista a cambio de dinero, contra los abusos entre iguales. Aunque, al mismo tiempo, los golpes que recibe Souleymane (Abou Sangaré) no impiden que mantenga el contacto con su vida anterior, de la que recibe puntualmente noticias por vía telefónica.

Dos secuencias, sin embargo, chirrían un tanto en el conjunto de una puesta en escena por lo demás bastante correcta. Se trata del momento en el que el personaje principal interactúa con unos agentes de la gendarmería a los que hace entrega de un pedido y, en segundo lugar, de la tensa entrevista que el joven mantiene con una funcionaria de la Oficina Francesa de Protección a los Refugiados y Apátridas, tal vez el punto álgido de la trama. Lo cierto es que en ambas ocasiones se deja traslucir un cierto servilismo hacia los empleados de la Administración, los primeros porque, a pesar de todo, le acaban facilitando el código que le permitirá cobrarse el servicio y, en el caso de la trabajadora social (Nina Meurisse), por la actitud comprensiva hacia el falso asilado cuya versión acaba de desmontar.



domingo, 29 de diciembre de 2024

Rocco y sus hermanos (1960)




Título original: Rocco e i suoi fratelli
Director: Luchino Visconti
Italia/Francia, 1960, 180 minutos

Rocco y sus hermanos (1960) de Luchino Visconti


Intensísimo drama familiar en torno al fenómeno de la inmigración en la Italia de comienzos de los sesenta, un país en pleno desarrollo económico que atraía hacia el norte industrializado a numerosa mano de obra procedente de las regiones meridionales. De hecho, la familia protagonista, los Parondi, procede de Lucania, comarca eminentemente agraria que se ven forzados a abandonar en busca de una vida mejor en la próspera Milán. Y allí se plantan los cinco hermanos junto con su madre (Katina Paxinou), una vieja campesina, viuda, que aún lleva colgado en el pecho el retrato de su difunto marido. Lo que no imaginan los pobres es la enorme cantidad de sinsabores que les depara el destino...

Con Rocco e i suoi fratelli (1960) Visconti dejaba momentáneamente de lado su cine más literario e histórico, una vía que ya había iniciado con Senso (1954) y que, en cierto modo, continuaba Noches blancas (1957), adaptación de un relato de Dostoyevski, para volverse a centrar en un argumento anclado en las premisas de la estética neorrealista. Sin embargo, ello no impide que un innegable tono folletinesco, casi naturalista, flote en el ambiente de principio a fin de la trama, con las implicaciones deterministas que ello supone para unos personajes condicionados por la sordidez del entorno en el que habitan.



Como no podía ser de otra manera, el problema de la vivienda está muy presente en una película en la que los protagonistas, a pesar de vivir hacinados, son capaces de emocionarse cuando ven nevar por primera vez en su vida, detalle hasta cierto punto poético, pero que denota también la miseria de quien se alegra porque espera obtener unas liras limpiando la nieve de las calles. Aunque, puestos a soñar, la verdadera ilusión de los jóvenes reside en llegar a triunfar algún día en el duro mundo del boxeo. Sobre todo Simone (Renato Salvatori) y, más tarde, Rocco (Alain Delon), dos hermanos que, aparte de dejarse literalmente la piel sobre el cuadrilátero, protagonizarán un enfrentamiento cainita por el amor de una mujer, la sensual y provocativa Nadia (Annie Girardot).

Al final del relato, un conmovedor periplo de tres horas en blanco y negro, cierta sensación de desarraigo se apodera de varios miembros del clan Parondi, conscientes del enorme precio que han tenido que pagar a cambio de abandonar su tierra natal, a la que idealizan constantemente en sus recuerdos como si de un paraíso perdido se tratase. ¿Qué han obtenido después de tantos sacrificios? ¿Un puesto como obrero cualificado en la Alfa Romeo, un piso de protección oficial...? Sin duda muy poco, en comparación con la inocencia humillada de quienes, al menos, albergan la esperanza de que Luca, el benjamín de la familia, pueda regresar algún día al sur en busca de la felicidad que a ellos les han arrebatado.



sábado, 7 de septiembre de 2024

A este lado del mundo (2020)




Director: David Trueba
España, 2020, 97 minutos

A este lado del mundo (2020) de David Trueba


Quién mejor que Vito Sanz para interpretar a Beto, un ingeniero algo impasible cuya frase recurrente es "No sé". Tras el reciente suicidio de la madre, sus tres hermanas mayores y él se disponen a repartirse la herencia familiar, siendo la casa la parte que le corresponde. A su pareja (Ondina Maldonado) parece que le hace mucha ilusión instalarse en la nueva residencia, a juzgar por el entusiasmo con el que planea futuras reformas, mientras que Beto, siempre tan indeciso, no acaba de verlo claro. Y por si eso no fuera poco, unos recortes de última hora motivan que la empresa para la que trabaja lo despida, aunque, como compensación, le ofrecen un empleo como free lance en Melilla...

La problemática en torno al fenómeno de la inmigración le sirve a David Trueba de telón de fondo para escribir y dirigir A este lado del mundo (2020), una película valiente en la que se afirman cosas del calibre de: "Muchos creen en Dios, pero cree Dios en ellos...". Quien pronuncia esa frase no es otra sino Nagore (Anna Alarcón), la agente de la Guardia Civil que asignan a Beto para que le haga de cicerone en una ciudad donde los trapicheos y movimientos alrededor de la valla son continuos.

El mundo en sus manos...


Evidentemente, las trayectorias respectivas que ambos personajes han seguido a lo largo de la vida son por completo opuestas, si bien llega un punto en el que uno y otro empiezan a conectar pese a las diferencias abismales de carácter que los separan. Así pues, el desparpajo de ella, curtida en mil y una batallas, actuará de revulsivo sobre la actitud acomodaticia de alguien que hasta entonces había vivido por completo ajeno respecto a la cruda realidad que se respira a diario en el estrecho.

Fruto de la agudeza que suelen poseer sus guiones, la puesta en escena de David Trueba deja entrever la ambigüedad de un sistema en el que nadie está a salvo ni de caer en la indiferencia ni de participar en oscuras corruptelas. Buena prueba de ello sería, por ejemplo, la actitud repulsiva de un alcalde (Janfri Topera) cuyo discurso a propósito de temas tan sensibles como las recurrentes crisis migratorias destila un pragmatismo de corte populatista muy a la orden del día. De ahí también que algunos, como Castroviejo (Joaquín Notario), opten por una imprevisible huida hacia adelante frente al ímpetu de la única ley, la de la Naturaleza, que rige verdaderamente los destinos de la humanidad.

"Consuma producto nacional"


viernes, 26 de julio de 2024

El paso suspendido de la cigüeña (1991)




Título original: Το μετέωρο βήμα του πελαργού
Director: Theo Angelopoulos
Grecia/Francia/Suiza/Italia, 1991, 143 minutos

El paso suspendido de la cigüeña (1991)


Una historia de fronteras y refugiados. Por desgracia, una historia atemporal. Porque los inmigrantes albaneses o kurdos que se agolpan en los barracones de una ciudad del norte de Grecia a la que algunos llaman irónicamente "la sala de espera" no se diferencian en nada de los que aún hoy siguen llamando a las puertas del primer mundo. El caso es que la mirada de Angelopoulos, siempre libre de prejuicios, renuncia a recrearse en la miseria para, en su lugar, describir la poesía de los humildes.

Y los filma valiéndose del trávelin lateral, con una puesta en escena marca de la casa cuyo rasgo definitorio, aparte de la parsimonia con que mueve la cámara, son esos largos silencios en los que se refugian los personajes. De entre los que destaca un hombre misterioso (Marcello Mastroianni) la identidad del cual, pese a vivir entre parias, pudiera coincidir con la de un ilustre político e intelectual que un buen día desapareció sin dejar ni rastro.



Aunque será un reportero que está cubriendo la crisis humanitaria en aquella remota región limítrofe quien, obsesionado con la posibilidad de haber descubierto al antiguo mandatario, inicia su particular odisea en pos de la verdad.

Son muchos los momentos de To meteoro vima tou pelargou (1991) que destacan por su inusitada belleza y originalidad. Como, por ejemplo, la boda silenciosa que tiene lugar a ambos lados de un caudaloso río, con el novio y la novia separados por las aguas, símbolo de las muchas fronteras que se interponen entre los seres humanos, pero también del flujo constante de la vida y el tiempo.



viernes, 27 de octubre de 2023

Upon Entry (2022)




Título en español: La llegada
Directores: Alejandro Rojas y Juan Sebastián Vásquez
España, 2022, 74 minutos

Upon Entry (2022) de Rojas y Vásquez


Comienza la acción de Upon Entry (2022) con el ruido de fondo de un programa radiofónico en el que están bromeando sobre el muro que Donald Trump pretendía levantar en la frontera entre Méjico y Estados Unidos. De modo que, aunque la pareja protagonista se dirija al aeropuerto, rumbo a una nueva vida y cargados de ilusiones, hay ya, desde el primer momento, un a modo de flash forward que anuncia los problemas con los que Diego (Alberto Ammann) y Elena (Bruna Cusí) se van a encontrar cuando lleguen a Nueva York y sean retenidos durante horas por los agentes del área de inmigración.

Ni que decir tiene que los directores de la cinta, los venezolanos Alejandro Rojas y Juan Sebastián Vásquez, basan su propio guion en experiencias que a buen seguro les ha tocado vivir en primera persona, tanto en América como en Europa, por lo que la tensión que se palpa durante los interrogatorios resulta especialmente genuina. Como también en el caso de la funcionaria de origen dominicano (Laura Gómez) que ahora ejerce el papel de inquisidor contra quienes un día fueron sus iguales.



Tratándose de una producción de bajo presupuesto, rodada en apenas diecisiete días, su mérito principal reside en cómo logra recrear la atmósfera claustrofóbica de un espacio inhóspito en el que la violencia institucionalizada se erige en arma con la que amedrentar e incluso criminalizar al extranjero que aspira a ingresar en el primer mundo. Así pues, ninguno de los miembros del personal de aduanas dudará a la hora de mostrarse expeditivo con unos jóvenes a los que pueden exigir desde detalles de su vida íntima hasta que improvisen algunos pasos de baile.

Sin embargo, lejos de tratarse únicamente de un panfleto anti yanqui contra el absurdo de las leyes de extranjería, ésta es asimismo la historia de dos personas cuyos secretos van a ir aflorando conforme las autoridades inmigratorias los pongan a prueba. Un verdadero tour de force interpretativo del que difícilmente saldrán indemnes y en el que nuestra percepción de los personajes cambia gradualmente según se vayan revelando nuevos datos, a veces sorprendentes, a propósito de su pasado.



viernes, 12 de mayo de 2023

Amador (2010)




Director: Fernando León de Aranoa
España, 2010, 113 minutos

Amador (2010) de Fernando León de Aranoa


Se titula Amador (2010), aunque la película nos habla en realidad de Marcela (Magaly Solier), una inmigrante, presumiblemente boliviana, cuyo trabajo como cuidadora de un anciano resulta de vital importancia para sacar adelante la precaria economía doméstica de la joven y su pareja. Pero ni las cosas salen siempre como uno querría ni la joven sabrá reaccionar ante una serie de imprevistos que amenazan con echarlo todo a perder.

Sin dejar de lado la sensibilidad social que caracteriza toda su filmografía, el estilo de Fernando León de Aranoa adquiere en esta cinta pinceladas de humor negro que arrojan una terrible visión del mundo según la cual nadie se salva a la hora de anteponer sus intereses particulares, desde el marido que revende rosas robadas impregnándolas de ambientador ("porque las flores no huelen a flores") hasta la hija que aparca al padre con una desconocida, pero que necesita de su pensión para llegar a final de mes.



Y, sin embargo, y por extraño que parezca, uno termina por ponerse en el lugar de todos ellos, comprendiendo que tal vez no actúen tanto por falta de escrúpulos, sino movidos por una acuciante necesidad de supervivencia. De hecho, ya desde la primera escena (pese al toque poético de la flor solitaria recortada contra el horizonte) se hace patente que la lucha por la vida supone la rutina diaria de miles de hombres y mujeres condenados a hurgar en los vertederos de cualquier núcleo urbano.

Una cruda realidad que no es óbice para que el guion, escrito por el propio realizador, nos brinde momentos tan entrañablemente divertidos como los diálogos entre Marcela y la otoñal Puri (Fanny de Castro) o la confesión con el párroco (Manolo Solo). Personajes, todos ellos, que conforman las piezas de los varios puzles que entran en juego a lo largo de la trama. Las mismas a las que el viejo Amador alude a la hora de verbalizar su particular concepción de la existencia: "Antes de nacer te dan todas las piezas. Tú no sabes que las tienes, pero ya te las dieron. Y a ti te toca ir colocándolas en su sitio. Eso es la vida: colocar bien las piezas. No te creas que es nada más complicado."



martes, 22 de noviembre de 2022

Tori y Lokita (2022)




Título original: Tori et Lokita
Directores: Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne
Bélgica/Francia, 2022, 88 minutos

Tori y Lokita (2022) de los Dardenne


Fieles a su proverbial austeridad, los Dardenne vuelven a la carga con Tori et Lokita (2022), uno de esos crudos dramas sociales que sitúan al espectador frente a la vileza de las nuevas formas de explotación en el seno de una sociedad teóricamente avanzada. ¿Nuevas? A decir verdad, las vicisitudes a las que debe hacer frente la pareja protagonista, dos menores africanos sin papeles, son consecuencia directa de la misma miseria de siempre. Sólo que hoy en día, desprovistos de reparos de cualquier tipo, los ciudadanos de la Europa del (aparente) bienestar prefieren mirar hacia otro lado.

La lucha diaria por la supervivencia de una adolescente y su supuesto hermano adquiere entonces proporciones heroicas cuando lo que está en juego no es sólo el saldar la deuda contraída con los intermediarios de la trata de personas, sino la propia integridad física. Y así, abocados a la amenaza continua de las mafias sin escrúpulos, Lokita (Joely Mbundu) y el pequeño Tori (Pablo Schils) terminarán trapicheando con sustancias ilícitas o, lo que es aún peor, transigiendo ante el dilema de la prostitución.



Sin embargo, no todo es tan sombrío en el universo particular de dos criaturas entre las que, a pesar de los pesares, se establece un fuerte vínculo fraternal. A este respecto, resulta verdaderamente enternecedor oírles cantar "Alla fiera dell'est", una antigua composición del cantautor Angelo Branduardi que alguien les enseñó durante su fugaz estancia en tierras italianas, previo paso a recalar en la inhóspita y fría Bélgica.

Lo demás responde un poco a lo de siempre, a los clichés habituales en el cine de denuncia de un tándem ya veterano cuya fórmula no parece tener fecha de caducidad. Por lo menos mientras en el mundo se sigan cometiendo abusos como los aquí descritos, sobre todo cuando las víctimas son seres vulnerables de inocencia mancillada, apenas niños que un buen día llamaron a nuestra puerta con la esperanza de reunir algo de dinero y enviárselo a sus padres en sus países de origen.



viernes, 25 de febrero de 2022

El alijo (1976)




Director: Ángel del Pozo
España, 1976, 105 minutos

El alijo (1976) de Ángel del Pozo


El término alijo suele asociarse de inmediato con el tráfico de drogas. Sin embargo, la mercancía que transportan los protagonistas de esta película son seres humanos: emigrantes clandestinos que, procedentes de Portugal, ansían llegar a Francia guiados por la expectativa de mejorar su calidad de vida. A tal efecto, viajan en el interior de un camión que transporta un cargamento de ganado ovino, camuflados entre las ovejas en condiciones verdaderamente infrahumanas. La suya será una odisea plagada de contratiempos cuyas posibles consecuencias constituyen una seria amenaza para la integridad física de los ocupantes del vehículo.

Los incentivos que estimulan a los conductores, en cambio, obedecen a motivaciones de muy diversa índole. Curro (Juan Luis Galiardo) es el típico gañán garañón: apuesto mozo siempre proclive a los escarceos carnales y sin mayor aspiración que ganar dinero fácil para después casarse con Araceli (María Casal), la hija de un tendero de Jerez de la que está enamorado.



Menos impulsivo que su socio, el veterano Paco (Fernando Sancho) es un hombre curtido en mil lides para el que ni la carretera ni el contrabando guardan secretos. Aun así, profesa ocultas creencias religiosas (en una de las escenas iniciales accede disimuladamente al interior de una iglesia para rezarle a San Cristóbal), lo cual le genera algún que otro cargo de conciencia con respecto al contenido que se esconde en la parte trasera del vehículo.

Interesante ejemplo de road movie en clave hispánica, a partir del relato homónimo de Ramón Solís, El alijo (1976) gira en torno a una temática que, por desgracia, mantiene intacta su vigencia más de cuatro décadas después de la realización de la película. Puede que haya variado la nacionalidad de los polizones o el destino final de su periplo, pero la falta de escrúpulos de quienes se lucran con el transporte ilícito de migrantes sigue siendo la misma que encarnan Mirna (Helga Liné) y el Señorito (Manolo Zarzo) en una cinta, dirigida por el también actor Ángel del Pozo bajo los auspicios de Rafael Gil, en la que tal vez no se profundiza lo suficiente en las causas que ocasionan el problema.



viernes, 3 de enero de 2020

El tiempo de los gitanos (1988)




Título original: Dom za vešanje
Director: Emir Kusturica
Yugoslavia/Reino Unido/Italia, 1988, 142 minutos

El tiempo de los gitanos (1988)
de Emir Kusturica


Si no fuera porque el término realismo mágico posee unas connotaciones inequívocamente caribeñas, sería la etiqueta perfecta para definir lo logrado por Kusturica en El tiempo de los gitanos. Novias que levitan, parentelas pantagruélicamente excesivas, pavos celestiales, hermanos a los que separa el destino para luego reencontrarse en Roma o tipos agraciados con el don de la telequinesia que hacen volar a su antojo la cubertería de plata: todo parece salido de una novela de García Márquez. Sólo que los personajes, en lugar de habitar el mítico Macondo, transitan por la antigua Yugoslavia y se expresan en romaní.

Hacer de la vida bohemia de los cíngaros el motivo central de una película representaba, en aquel contexto histórico, un monumental desafío contra las autoridades de un país en el que tanto ésta como otras minorías étnicas estaban claramente postergadas. En ese orden de cosas, el retrato que aquí se lleva a cabo de unos individuos abocados a la mendicidad, cuando no cautivos en las redes de mafias que operan desde Italia, hace añicos el ideal socialista que durante decenios habían difundido las instancias oficiales.



Ya una vez instalado en Milán, lejos de su abuela y de su hermana enferma, el joven Perhan (Davor Dujmovic) se verá a las órdenes de un capo que, como el Monipodio cervantino, controla un amplio sector del proxenetismo y explotación de menores mendicantes. Tan cutre y grotesco como todo lo demás, por supuesto, ya que no hay ni un sólo personaje de El tiempo de los gitanos que no sea un antihéroe en toda regla.

Desastrado y enfant terrible, sólo hay que ver el desenlace de esta película para darse cuenta de que Emir Kusturica está hecho de la misma pasta que el estadounidense Quentin Tarantino. ¿O es que no dan ganas de reír cuando vemos a Ahmed (Bora Todorovic) retorcerse de dolor entre sus últimos estertores? ¿O a aquel esbirro suyo acribillado en el interior de un retrete? Curiosa forma de filmar la violencia que, lejos de provocar el rechazo del espectador, incluso sirve para hacernos creer, aunque sea por poco tiempo, que existe una justicia divina capaz de vengar al más débil.


jueves, 2 de enero de 2020

Fortuna (2018)




Director: Germinal Roaux
Suiza/Bélgica/Etiopía, 2018, 106 minutos

Fortuna (2018) de Germinal Roaux


Est-ce qu'on est prêt à sacrifier une partie de ce qui nous est le plus cher : notre silence et notre solitude ?

Bressoniano es un adjetivo que suele aplicarse de inmediato a cualquier película filmada en blanco y negro, sobre todo si su puesta en escena es austera. Fortuna reúne ambas características. Y, sin embargo, no sería digna heredera de Bresson tanto por su factura, sino más bien por las connotaciones de raíz cristiana que se desprenden de la historia de su protagonista.

Porque ese borrico que es su único y constante compañero (amén de confidente), además de remitir a Au hasard Balthazar (1966), arroja una estampa que bien podría considerarse la de un belén viviente. Sólo que, en el siglo XXI, ni el José de turno parece dispuesto a asumir una paternidad a todas luces engorrosa ni las súplicas a la Virgen María de una adolescente etíope de catorce años pueden impedir que la policía suiza aplique a una refugiada la severa ley de extranjería del país helvético.

Fortuna (Kidist Siyum Beza)

Por lo demás, es éste un filme de contrastes. Entre planos generales que muestran una abadía aislada en medio de montañas nevadas, por ejemplo, y los primeros planos del rostro de Fortuna, con sus descomunales ojos llorosos. Entre el silencio de una comunidad de monjes ya ancianos y el jolgorio de los bailes que organizan los jóvenes inmigrantes acogidos en el albergue. O entre los dictados de una Iglesia que se supone amparo de los más débiles y una legislación restrictiva capaz de sugerirle a una menor la conveniencia de abortar.

Bresson sin Bresson y Ganz después de Bruno Ganz: aunque con dos años de retraso, el estreno en nuestras pantallas de Fortuna (2018), segundo largometraje del cineasta Germinal Roaux (Lausana, 1975), permite recuperar ahora una de las últimas interpretaciones del actor suizo, fallecido en febrero de 2019. A este respecto, su papel de religioso coherente con los valores de la fe que profesa es, aparte de una lección de sabiduría humanista, de los que bien valen el visionado de cintas que, como ésta, corren el riesgo de pasar de puntillas por la cartelera local.

Hermano Jean (Bruno Ganz)

domingo, 29 de diciembre de 2019

In This World (2002)




Título en español: En este mundo
Director: Michael Winterbottom
Reino Unido, 2002, 88 minutos

In this World (2002) de Michael Winterbottom


Dado que la peripecia a la que deben hacer frente los personajes de esta película parece de otro mundo, tiene sentido que Michael Winterbottom decidiese titularla In this World: para que no nos quepa la menor duda de que este tipo de cosas están sucediendo aquí y ahora. O en Pakistán, adonde arranca el periplo que llevará a los hermanos Jamal y Enayat desde un campo de refugiados afganos hasta Londres, tierra prometida para acceder a la cual hay que pagar cuantiosos peajes y aun sacrificios.

La voz en off de un locutor nos introduce en la realidad de Peshawar como si de un reportaje televisivo se tratase. A fin de cuentas, los medios de comunicación tienden a olvidarse de este tipo de conflictos cuando dejan de ser noticia, así que ¿por qué no aprovechar la ocasión que brinda el cine para recordarnos tantos puntos calientes enquistados a lo largo y ancho del planeta que siguen ahí aunque no se hable de ellos?



Una vez lanzados a su particular odisea, la pareja protagonista se verá de inmediato engullida por una vorágine de contactos, traiciones y demás peligros a los que se halla expuesta la vida de todo inmigrante clandestino. Un viaje incierto y accidentado, la mayor parte de las veces como polizontes en condiciones precarias, a través de Irán, Turquía, Italia o Francia superando obstáculos, ya sea en forma de funcionarios de aduanas u oscuros intermediarios de los traficantes de personas que pretenden sacar tajada de la miseria ajena.

Y cuando ya parece que todo ha llegado a su fin, la última secuencia, situada en el interior de una mezquita londinense en la que Jamal reza compulsivamente, abre un último y desasosegador interrogante que apunta hacia la posible radicalización del chaval. ¿De verdad han valido la pena tantos riesgos y padecimientos?


lunes, 16 de diciembre de 2019

Las buenas intenciones (2018)




Título original: Les bonnes intentions
Director: Gilles Legrand
Francia, 2018, 103 minutos

Las buenas intenciones (2018) de Gilles Legrand


Será muy injusto y todo lo que se quiera, pero es una realidad innegable: llegadas a una cierta edad, la mayoría de las actrices se vuelven invisibles. Quizá por ello, Agnès Jaoui se ha especializado en papeles de mujer madura que, sin ser ni las más guapas ni las más inteligentes, se resisten, sin embargo, a asumir un destino tan sumamente cruel. Y así, en los últimos años la hemos visto haciendo de ama de casa premenopáusica en 50 primaveras (2017), a las órdenes de Blandine Lenoir, o en sus propias películas como directora, generalmente coescritas e interpretadas junto a su marido, el también actor Jean-Pierre Bacri.

Les bonnes intentions suma, además, a su argumento otro tema no menos candente que la reivindicación de la mujer entrada en años: la urgencia social en un país, esa Francia multiétnica del siglo XXI acuciada por el auge de la extrema derecha y el terrorismo islamista, cuyos cooperantes corren el riesgo de ser vistos por la opinión pública como paladines de un quijotismo trasnochado. Y lo hace amparándose en un tono de comedia que, sin llegar a eclipsar la problemática de fondo, permite un acercamiento desinhibido que ya han ensayado títulos recientes de la cinematografía gala como Las invisibles (2018) de Louis-Julien Petit.



La protagonista, trabajadora social en un centro cívico, se casó con un refugiado bosnio y tuvieron dos hijos, un chico y una chica. Hasta aquí todo normal. El problema es que Isabelle (Jaoui) se llega a implicar tantísimo con el grupo de extranjeros adultos a los que da clases de francés que, paulatinamente, irá desatendiendo a su propia familia. Situación crítica que se agrava cuando al aula de al lado llega una joven profesora alemana con nuevos y sugerentes métodos pedagógicos.

Puede que organizar una autoescuela clandestina no sea la mejor solución de cara a garantizar la plena inserción de los inmigrantes búlgaros, chinos, guineanos o moldavos para los que ha sido creada. Como tampoco parece muy probable que esos mismos individuos, por más amable que sea el retrato que se quiere ofrecer de ellos, se entusiasmen escuchando los monólogos de Cyrano de Bergerac (aunque el rapsoda sea Philippe Torreton, en persona). Todo apunta a que lo más importante es entretener al respetable durante hora y media, dorándole quién sabe qué píldoras que le hagan entender, de una vez por todas, la imperiosa necesidad de convertir Europa en tierra de acogida.


domingo, 17 de noviembre de 2019

Cincuenta y dos domingos (1966)




Director: Llorenç Soler
España, 1966, 29 minutos

52 domingos (1966) de Llorenç Soler

Soñar con ser torero para huir de la miseria: he ahí el anhelo que albergaron tantísimos jóvenes de extracción social humilde, popularmente conocidos como maletillas, cuando la tauromaquia aún era considerada la “fiesta nacional” por antonomasia. Una figura que la industria cinematográfica de la época se encargó de reflejar en no pocas ocasiones. Como también Llorenç Soler, pionero del cine independiente y amateur, quien se hizo eco de dicho fenómeno recogiendo el testimonio de unos muchachos que a duras penas superaban la veintena.

Son las suyas historias de sacrificio y superación, marcadas por las estrecheces económicas, cuando no por la marginalidad. Al presentarlos, la voz en off de Pepe Antequera revela sin ambages su triste realidad: "Ésta es la historia de unos hombres que en 1966, como hace dos siglos, luchan para escapar de su fatal destino. En su deseo adivinan que otra lucha más cruel y despiadada les aguarda. Y al final, perdidas juventud e ilusiones y, a veces, la vida, vuelven a ser sombras: nada".


El largo viaje hacia la ira (1969)




Director: Llorenç Soler
España, 1969, 26 minutos



Llorenç Soler comenzó su carrera como cineasta amateur a mediados de los años sesenta, siendo sus primeros trabajos filmaciones de carácter documental con un marcado tono crítico, a menudo centrados en el fenómeno de la inmigración, cuyas injusticias, como la escasez o precariedad de la vivienda, denunciaban abiertamente.

Largo viaje hacia la ira (1969) sitúa el foco de su interés en la llegada masiva a Barcelona de población procedente del sur de la Península. "Se llaman Alfonso, Lucas, Manuel o Esteban y vienen de Carboneras, La Puebla de don Fadrique, Baza o Motril", enumera la voz en off mientras los vemos llegar en bandadas a la Estación de Francia. Son hombres de cara curtida o ancianas enlutadas que cargan fardos, con la boina calada hasta las cejas y la misma maleta de cartón, atada con una cuerda, que otros llevarán a Alemania.

Les guía la promesa de una vida mejor, una esperanza vaga e ingenua que, en la mayoría de casos, se desvanecerá con la misma premura que el estrépito vocinglero que inunda las calles de una urbe indiferente y moderna. Su testimonio en primera persona se cierra con una pregunta inquietante que aparece sobreimpresa en pantalla: "¿Hasta cuándo?" Lamentablemente, medio siglo después lo único que ha cambiado es la nacionalidad de los inmigrantes que siguen llegando a Barcelona buscando refugio. La respuesta, también ahora, continúa siendo una incógnita.