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domingo, 29 de septiembre de 2024

Hermanos, seamos felices (2006)




Título original: Brüder, laßt uns lustig sein
Director: Ulrich Seidl
Austria, 2006, 1 minuto

Hermanos, seamos felices (2006) de Ulrich Seidl


La visita hoy domingo del austríaco Ulrich Seidl a la sede de la Fundació Miró, en el marco del Festival u22 de cine joven de Barcelona, ha permitido que los asistentes, además de un interesante coloquio con el director, pudiesen disfrutar también de la proyección de tres de sus cortometrajes.

Brüder, laßt uns lustig sein (2006) es una boutade de apenas un minuto de duración en la que dos individuos, sentados y completamente desnudos, se masturban mirando fijamente a cámara mientras suena de fondo una alegre melodía de Mozart. La pieza, concebida como una de las típicas provocaciones del cineasta, se incluyó en The Mozart Minute, filme colectivo, fruto de un encargo con motivo del 250 aniversario del nacimiento del compositor de Salzburgo, en el que más de una veintena de realizadores austriacos proponían miniaturas artísticas vinculadas de algún modo con su música.

El baile (1982)




Título original: Der Ball
Director: Ulrich Seidl
Austria, 1982, 50 minutos

El baile (1982) de Ulrich Seidl


La visita hoy domingo del austríaco Ulrich Seidl a la sede de la Fundación Miró, en el marco del Festival u22 de cine joven de Barcelona, ha permitido que los asistentes, además de un interesante coloquio con el director, pudiesen disfrutar también de la proyección de tres de sus cortometrajes.

Der Ball (1982) es un mediometraje cuya acción transcurre en la localidad de Horn, ciudad provinciana de la Baja Austria que cada año vive una auténtica fiebre con motivo del baile de gala organizado por las autoridades locales. Al igual que Einsvierzig (1980), se trata de uno de los trabajos que el joven Seidl, bajo la innegable influencia de Jean Eustache, fallecido un año antes y a quien va dedicado el filme, realizó durante su estancia en la Escuela de cine.



Aparte de moverse al ritmo frenético de la "Ententanz" (versión germánica de la que procede el célebre "Baile de los Pajaritos" que popularizara María Jesús con su acordeón), las fuerzas vivas del lugar demuestran un especial esmero a la hora de ocuparse de los preparativos para que todo salga a pedir de boca.

Sin embargo, dicha meticulosidad provocaba las risas del público cuando la película se proyectó en Viena, por lo que el alcalde y el resto del consistorio prohibieron la cinta, al tiempo que Seidl recibía la condena explícita por parte de sus profesores en la Escuela de cine debido a la mala imagen que, según ellos, ofrecía su visión de las clases conservadoras.



Uno cuarenta (1980)




Título original: Einsvierzig
Director: Ulrich Seidl
Austria, 1980, 16 minutos

Uno cuarenta (1980) de Ulrich Seidl


La visita hoy domingo del austríaco Ulrich Seidl a la Fundación Miró, en el marco del Festival u22 de cine joven de Barcelona, ha permitido que los asistentes, además de un interesante coloquio con el director, pudiesen disfrutar también de la proyección de tres de sus cortometrajes.

El primero de ellos, Einsvierzig (1980), presenta el caso de un par de personas, hombre y mujer, aquejadas de enanismo. La vida cotidiana junto a sus padres e hijos, los comentarios y suspicacias que su particularidad física despierta entre quienes les rodean, conforman un curioso retrato no exento de cierta mirada sarcástica. Sobre todo en el caso de Karl Wallner, el individuo cuya breve estatura sirve de título.



sábado, 10 de septiembre de 2022

71 fragmentos de una cronología del azar (1994)




Título original: 71 Fragmente einer Chronologie des Zufalls
Director: Michael Haneke
Austria/Alemania, 1994, 100 minutos

71 fragmentos de una cronología del azar


Desde su propio título, 71 Fragmente einer Chronologie des Zufalls (1994) alude a una deconstrucción del discurso fílmico que es la esencia del cine de Haneke y, al mismo tiempo, de buena parte del cine contemporáneo. Se trata de breves porciones pertenecientes a las vidas de ciudadanos anónimos, apenas unos instantes sin conexión aparente, pero que terminarán convergiendo en un final tan violento como las noticias relatadas en los diversos flashes televisivos con los que se han ido alternando.

Al margen de otras consideraciones más profundas, la primera y gran intención del filme radica en establecer un paralelismo entre nuestra realidad inmediata, confortable, ajena al dolor ajeno, y la de aquellas regiones del mundo aquejadas por algún tipo de conflicto armado. A este respecto, Haneke parece interpelar al espectador a propósito de la guerra en Bosnia o Somalia, pero también sobre problemáticas invisibilizadas, ausentes en los espacios informativos. Tal es el caso, por ejemplo, del menor rumano, inmigrante clandestino, que viaja como polizonte a bordo de un camión que transporta electrodomésticos. O el anciano que vive solo y que en vano reclama la atención de una cajera de banco que resulta ser su hija.



Lo cierto es que Haneke, siempre atento a los males de nuestro entorno, establece con este tercer título de su Trilogía de la glaciación la enorme paradoja que supone el que tantísima gente tenga dificultades para comunicarse con los demás en el seno de una sociedad hipercomunicada. De hecho, nadie había reparado en el niño rumano cuando éste era apenas un mendigo que merodeaba por las calles de Viena. Y, sin embargo, cuando su caso sea difundido a través de la televisión encontrará enseguida unos padres adoptivos.

Por otra parte, tampoco parece que haya unas causas objetivas para que un estudiante universitario de diecinueve años irrumpa a tiros en el interior de una sucursal bancaria. No obstante, todo parece encajar, o al menos adquiere un cierto sentido en la mente del espectador, cuando, tal y como se anunciaba en los créditos iniciales, vemos a Maximilian B. desahogando su ira sobre la concurrencia. A fin de cuentas, como miembros de la sociedad de la información ya estamos insensibilizados ante una violencia que consumimos a todas horas, ya sea procedente de la otra punta del mundo o en directo y a la vuelta de la esquina.



viernes, 9 de septiembre de 2022

El vídeo de Benny (1992)




Título original: Benny's Video
Director: Michael Haneke
Austria/Suiza, 1992, 110 minutos

El vídeo de Benny (1992) de M. Haneke


Segunda entrega de la Trilogía de la glaciaciónBenny's Video (1992) no sólo mantiene el tono deshumanizado de la precedente Der siebente Kontinent (1989), con unos padres dispuestos a encubrir el asesinato cometido por su hijo adolescente, sino que además anticipa una serie de elementos que estarán presentes en la posterior filmografía de Haneke. Por ejemplo, las imágenes de la matanza del cerdo, que el protagonista rebobina y ralentiza una y otra vez, así como la obsesiva presencia de lo audiovisual en la vida de unos personajes habituados a relacionarse con la realidad a través de una pantalla, son un claro preludio del contexto en el que se desarrollará la acción de Caché (2005).

Al mismo tiempo, la personal caligrafía de un cineasta cuyo estilo se basa en la ausencia de subrayados podía ya percibirse en una cinta en la que la violencia (a excepción del maltrato animal en la secuencia de inicio) queda siempre fuera de campo. A este respecto, la apacible existencia burguesa de la familia de Benny, cómodamente instalada en el confort de su salón familiar, repleto de reproducciones de cuadros célebres que decoran las paredes, contrasta enormemente con unos hechos que ponen de manifiesto la existencia de poderosas pulsiones ocultas contra las que poco o nada puede hacer la civilización.



No obstante, y ahí es donde reside la fuerza turbadora de la película, la actividad diaria de unos y otros continúa como si tal cosa, poniendo de manifiesto la práctica ausencia de empatía que aqueja a unos seres dispuestos a marcharse de vacaciones a Egipto mientras el padre se queda en Viena para deshacerse del cuerpo del delito. Únicamente la madre, a la que asaltan puntuales ataques de remordimientos, parece mostrar algo de apego por el prójimo, si bien ello no impide que acabe siendo cómplice del mismo absurdo.

Todo lo cual permite concluir una más que evidente incomunicación por parte de quienes, pese a ejercer profesiones liberales, han auspiciado que su hijo viva instalado en un mundo paralelo, parapetado en la oscuridad de una habitación de cortinas perpetuamente echadas. Y, sin embargo, dicha alienación dista de ser un caso aislado: fiel al distanciamiento que propugna en todos sus filmes, Haneke concluye con las imágenes del circuito cerrado de televisión de una comisaría, como si quisiera dar a entender, con una perspicacia no exenta de sarcasmo, que lo que acabamos de ver no afecta exclusivamente a algunos individuos, sino que se trata más bien de un mal propio de una sociedad enferma.



domingo, 4 de septiembre de 2022

El séptimo continente (1989)




Título original: Der siebente Kontinent
Director: Michael Haneke
Austria, 1989, 109 minutos

El séptimo continente (1989) de Haneke


Arranca Der siebente Kontinent (1989) como una sucesión fragmentada de instantes cotidianos, acciones repetitivas que muestran la vida diaria de una familia austriaca de clase media. A juzgar por las imágenes, llevan una existencia aséptica, prefabricada, rutinaria, sujeta al orden preciso de los supermercados y las oficinas. Aparentemente, Anna (Birgit Doll), Georg (Dieter Berner) y la pequeña Evie (Leni Tanzer) forman un núcleo consolidado.

Pero algo no debe ir del todo bien cuando la niña comienza a manifestar en el colegio conductas llamativamente excéntricas. Así, por ejemplo, un día finge que se ha quedado ciega; otro, se queja de unos fuertes picores en el abdomen. Sus padres, de momento, pese a mostrarse distantes con el resto de familiares (como atestiguan las cartas que se cruzan con la abuela de Evi), siguen levantándose cada día puntualmente a las seis de la mañana, si bien las cosas están a punto de precipitarse.



¿Qué puede conducir a un matrimonio culto, con un alto poder adquisitivo, a encerrarse en su apartamento y hacer añicos todas sus pertenencias antes de inmolarse? ¿Acaso la insatisfacción generada por el vacío existencial de unos seres que, a fuerza de tenerlo todo, terminan por no sentirse satisfechos con nada? En ese sentido, el supuesto viaje a Australia que emprende la familia (el "séptimo continente" al que alude el título) simboliza la huida de una sociedad cuyo aparente bienestar alberga en su interior la semilla de su propia autodestrucción. 

Para conseguir esa particular atmósfera desapasionada que caracteriza su primer largometraje estrenado en salas comerciales, Haneke opta por no mostrar el rostro de sus personajes adultos hasta bien avanzada la trama, con lo que se elude cualquier atisbo de calor humano. Una frialdad que es, asimismo, producto de un sistema extremadamente materialista en el que todo parece elaborarse en cadena hasta terminar alienando al propio ser humano.



jueves, 1 de septiembre de 2022

Funny Games (1997)




Título en español: Juegos divertidos
Director: Michael Haneke
Austria, 1997, 108 minutos

Funny Games (1997) de Michael Haneke


Pocas películas tan radicales y a la vez tan provocadoramente transgresoras como Funny Games (1997). Y no sólo por lo hiriente que para algunos espectadores pueda resultar la ultraviolencia en ella contenida, sino, sobre todo, debido a la audacia de una puesta en escena mediante la que su director, el alemán afincado en Viena Michael Haneke (Múnich, 1942), se burla de las más esenciales convenciones cinematográficas y, de paso, de nosotros mismos.

En puridad, habría que conceder que el punto de partida (un par de jóvenes que se cuelan en lujosas residencias veraniegas con la perversa intención de torturar a sus moradores) ya estaba más o menos presente en La naranja mecánica (A Clockwork Orange, 1971) de Kubrick. La novedad, en todo caso, estriba en la ausencia de elementos que permitan adscribir el filme a uno u otro género. Entiéndase bien: lo que Haneke plantea no es ni una cinta de terror ni de ciencia ficción. Ni siquiera un producto gore. Por el contrario, la etiqueta que mejor la definiría es la de hiperrealista. Y es precisamente ahí donde reside la fuerza de sus imágenes.



A tal efecto, son varios los recursos de los que se sirve el cineasta para conseguir una tan particular atmósfera de desasosiego. Por ejemplo el uso del fuera de campo, dando lugar a que los espectadores se imaginen las atrocidades cometidas por los sádicos Paul (Arno Frisch) y Peter (Frank Giering) sin llegar realmente a mostrarlas en pantalla. O el silencio reinante durante largos planos secuencia rodados en tiempo real. Aunque lo verdaderamente innovador es la ruptura de la cuarta pared por parte de Paul, ya sea con un guiño cómplice mirando a cámara o aludiendo directamente al carácter fílmico de la acción. En especial cuando utiliza el mando a distancia para rebobinar los hechos y resolver así la trama según su conveniencia.

No obstante, y por asombroso que parezca, la intención de Haneke al rodar esta película era denunciar hasta qué punto nos hemos vuelto insensibles al dolor ajeno. De ahí que, en cierto modo, parodie un determinado tipo de cine hollywoodense con el objetivo de incomodar a quienes, conviene recordarlo, eran libres de haber abandonado la proyección ante la primera señal de violencia sin necesidad de permanecer cómodamente sentados en sus butacas de principio a fin.



domingo, 17 de noviembre de 2019

La pequeña Veronika (1929)




Título original: Die kleine Veronika
Director: Robert Land
Austria, 1929, 70 minutos

La pequeña Veronika (1929) de Robert Land


Como la Heidi de Johanna Spyri, Veronika es una candorosa adolescente que vive en las montañas tirolesas junto a sus padres. Pero un buen día, tal vez porque ya está en edad de merecer, los progenitores de la susodicha deciden enviarla a Viena para que se instale con una hermana de la madre, mujer de mundo que, habiéndose marchado hace ya muchos años a la capital, parece haber hecho "fortuna".

La realidad, no obstante, es que la tía de Veronika regenta uno de los burdeles más selectos de la capital austriaca, aunque ello no será óbice para que la inexperta pueblerina se enamore de uno de los clientes asiduos del local. Se comprenderá, por tanto, por qué un filme de tales características permaneció oculto durante decenios. 



Y es que no sólo Arthur Schnitzler o Joseph Roth retrataron en sus novelas los entresijos de la sofisticada sociedad vienesa: también una sencilla película muda, pese a lo divertido de las escenas rodadas en las atracciones del Prater y un final moralizante, se atrevió a soliviantar a propios y extraños mostrando el lado más humano de las meretrices y de la en apariencia inocente criatura, que malogra su pureza virginal en un antro de perdición.

Suerte que el hermano de su mejor amiga, muchacho espigado como Veronika y algo más ducho que ella a la hora de lidiar con los percances de la vida urbana, acude al rescate de la descarriada justo antes de que ésta, cual Ofelia moderna, ahogue sus penas en la corriente de un caudaloso río.


Venecia (1962)




Título original: Venedig
Director: Kurt Steinwendner
Austria, 1962, 11 minutos



Venecia, reflejada sobre las aguas de sus canales, ya no es Venecia, sino una realidad paralela de palacios líquidos y temblorosas góndolas. La música electroacústica del compositor Eric Siday (1905-1976) y la fotografía en CinemaScope y Agfacolor logran el resto. Hasta el punto de hacernos dudar si lo que estamos viendo es acuoso o metálico. Efectivamente, el Expresionismo alemán no inventó nada. Como dijo alguien: "Hay otros mundos, pero están en éste".

El cineasta austriaco Kurt Steinwendner (1920–1992) fue galardonado con el Oso de Plata del Festival de Berlín gracias al presente cortometraje.


viernes, 13 de septiembre de 2019

Los soñados (2016)




Título original: Die Geträumten
Directora: Ruth Beckermann
Austria, 2016, 89 minutos

Los soñados (2016) de Ruth Beckermann


Comentábamos hace unos días La Vénus à la fourrure (2013) de Polanski y el azar cinéfilo nos lleva a descubrir otro filme de estructura parecida, con un hombre y una mujer como únicos personajes y la intensa afinidad que se establece entre ambos. Sólo que ahora el planteamiento es más documental y menos escénico y lo que vamos a escuchar durante hora y media no es una obra de teatro, sino veinticinco fragmentos de las numerosas cartas que los poetas Ingeborg Bachmann (1926-1973) y Paul Celan (1920-1970) intercambiaron a lo largo de dos décadas.

Lo cual conecta de pleno con otra película, también dirigida por una cineasta (la portuguesa Rita Azevedo Gomes), que ya tuvimos ocasión de comentar aquí en su momento y que se rodó en el mismo año que Die Geträumten. Se trata de la muy remarcable Correspondências (2016), basada en la relación epistolar entre los escritores Sophia de Mello Breyner Andresen (1919-2004) y Jorge de Sena (1919-1978).



Nacida en la capital austriaca en 1952, la directora Ruth Beckermann posee una filmografía que sobrepasa la decena de títulos, todos ellos de carácter documental, y en la que Los soñados (traducción aproximada de Die Geträumten) ocupa un lugar destacado por lo que tiene de puente entre ficción y realidad o, cosa que no siempre suele ligar del todo bien, entre el cine y la literatura. Con su presencia, esta tarde, en la Filmoteca de Catalunya, Beckermann ha tenido la oportunidad de desvelar algunos entresijos a propósito del rodaje.

Como, por ejemplo, que la filmación tuvo lugar en los estudios de la Casa de la Radio de Viena. O que Anja Plaschg, la encargada de leer las cartas de Bachmann, es, en realidad, una afamada cantante que triunfa en toda Europa y Laurence Rupp, la voz de Celan, un célebre actor televisivo en su país natal. En cualquier caso, lo verdaderamente interesante en Die Geträumten nace, ante todo, del amor imposible entre dos seres cuya incomunicación se vislumbra más allá de los límites de su epistolario y, en claro contraste, de la lozanía de la pareja de jóvenes intérpretes, capaces de emocionarse leyendo los textos, sí, pero que luego, en las pausas que comparten en los pasillos, charlan amistosamente mientras fuman o escuchan música.