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martes, 22 de julio de 2025

El gran Gatsby (1949)




Título original: The Great Gatsby
Director: Elliott Nugent
EE.UU., 1949, 92 minutos

El gran Gatsby (1949) de Elliott Nugent


Gatsby creía en la luz verde, el orgiástico futuro que, año tras año, aparece ante nosotros... Nos esquiva, pero no importa; mañana correremos más deprisa, abriremos los brazos, y... un buen día... 
Y así vamos adelante, botes que reman contra la corriente, incesantemente arrastrados hacia el pasado.

Francis Scott Fitzgerald
El gran Gatsby (1925)
Traducción de E. Piñas

Las férreas restricciones morales que imperaban en Hollywood como consecuencia de la aplicación del ominoso Código Hays retrasaron durante años la adaptación cinematográfica de El gran Gatsby (1949), obra cumbre de la narrativa contemporánea norteamericana que ya en la época muda había sido merecedora de una primera versión, hoy perdida, pero que tardó lo suyo en materializarse de nuevo.

Fruto de las tendencias estéticas que imperaban en la industria a finales de los cuarenta, la cinta que nos ocupa se enmarca en las coordenadas de lo que sería el cine negro, trufada, además, de pinceladas moralizantes cuyo objeto no era otro sino desmarcarse de posibles objeciones respecto al espíritu licencioso que se desprende del texto de Scott Fitzgerald.



Así pues, que la acción arranque en un cementerio, ante la tumba del protagonista, veinte años después de su fallecimiento, anuncia ya de entrada cuál será el destino de un hombre al que vemos abatir a tiros a otro individuo como consecuencia de oscuros tejemanejes relativos a la venta clandestina de bebidas alcohólicas. Por supuesto que nada de todo eso se encuentra en la novela.

Por lo demás, la trama se estructura muy hábilmente a base de flashbacks (algunos, por cierto, como el referente a su mentor, Dan Cody, omitidos en la posterior versión del 74, de Jack Clayton) que permiten reconstruir la trayectoria vital de un hombre hecho a sí mismo a quien el azar y el amor pondrán fatalmente a prueba.



domingo, 23 de marzo de 2025

El hombre de Alcatraz (1962)




Título original: Birdman of Alcatraz
Director: John Frankenheimer
EE.UU., 1962, 149 minutos

El hombre de Alcatraz (1962) de J. Frankenheimer


Si no fuese porque el personaje central de Birdman of Alcatraz (1962) existió realmente, pudiera pensarse que la idea de un recluso aficionado a la ornitología nació de la imaginación sutil de algún guionista de Hollywood. Porque qué mejor metáfora de lo que supone el cautiverio que la de un hombre condenado a cadena perpetua por doble asesinato que, sin embargo, logra encontrarle un sentido a su vida a través de las aves, símbolo de la libertad.

A este respecto, la dirección de John Frankenheimer subraya el carácter claustrofóbico de la historia mediante una puesta en escena eminentemente teatral en la que el protagonista se encuentra tan enjaulado como los gorriones y demás pájaros que cría en su celda. Una historia verídica, basada en la biografía de Robert Franklin Stroud (1890-1963), quien falleció un año después del estreno de la película sin que las autoridades federales le hubiesen permitido verla.



De todos modos, parece ser que el verdadero señor Stroud no resultaba tan afable en la vida real como el adusto preso al que interpreta magistralmente Burt Lancaster, merecedor por su papel, auténtico recital de contención dramática, de una candidatura al Óscar, así como del BAFTA y de la Copa Volpi en Venecia. Sea como fuere, lo cierto es que asistir a la evolución del convicto, viéndolo trabajar en la soledad de su celda, produce un insólito placer en el espectador, que se siente partícipe de sus progresos.

Muchos son, en definitiva, los momentos que vale la pena destacar de una cinta tan sumamente memorable como la que nos ocupa, ya sea la relación de Stroud con sus carceleros (en especial aquél que le recuerda que él también es una persona, digna, por tanto, de que le den las gracias cuando es preciso), las continuas tensiones con el alcaide (Karl Malden), el ascendiente enfermizo de una madre sobreprotectora (Thelma Ritter) o el curioso idilio que mantiene con Stella Johnson (Betty Field), fruto de una intensa labor académica que termina por llamar la atención de la comunidad científica más allá de los estrechos límites de un centro penitenciario de alta seguridad.



martes, 21 de mayo de 2019

Tomorrow, the World! (1944)
















Título en español: ¡Mañana, el mundo!
Director: Leslie Fenton
EE.UU., 1944, 86 minutos

Tomorrow, the World! (1944)

Por razones obvias, Tomorrow, the World! jamás llegó a estrenarse comercialmente en España. Lo cual, como en tantos otros casos, ha condenado al filme a permanecer en ese extraño limbo del que apenas se rescata algún que otro título gracias a la labor difusora de las cinematecas.

Dirigida por el hoy olvidado Leslie Fenton (quien fuese actor de segunda fila antes de convertirse en director de tercera...), la película adapta un exitoso montaje teatral que venía de arrasar en Broadway con más de quinientas representaciones en su haber.

Agnes Moorehead (derecha) mira con suspicacia al enfant terrible

Emil (Skip Homeier) llega a Estados Unidos procedente de la Alemania nazi para reunirse con su tío Mike (Fredric March), aunque la extraña conducta del niño enseguida evidenciará el férreo adoctrinamiento al que ha sido sometido en su país de origen.

Aun siendo una mera cinta de propaganda con la finalidad de ensalzar las virtudes del American Way of Life, Tomorrow, the World! mantiene intacta su capacidad de incomodar al espectador merced al siempre eficiente recurso de convertir a la infancia en portadora del mal. En dicho sentido, el tal Emil pone de manifiesto un temperamento nervioso (cuando no violento) que, más que una sincera convicción en los ideales del Partido, esconde, en realidad, el trauma causado por la muerte de su padre a manos de las autoridades del Tercer Reich.

Betty Field y Skippy Homeier en una imagen promocional

miércoles, 30 de agosto de 2017

Siete mujeres (1966)




Título original: 7 Women
Director: John Ford
EE.UU., 1966, 87 minutos

Siete mujeres (1966) de John Ford


El viejo John Ford sabía, sin duda, lo que se hacía. Por ello planeó a conciencia su salida del mundo del cine tras casi medio siglo de carrera. Y, con el objetivo de desquitarse de algunos clichés que durante todo ese tiempo habían acompañado a sus películas, decidió que las dos últimas tenían que romper con la imagen de director despiadado y carca que tan merecidamente se había ganado. Así pues, con El gran combate (Cheyenne Autumn, 1964) quiso adoptar, por una vez, el punto de vista de unos indios a los que en tantas ocasiones convirtiera en antagonistas de sus héroes. Siete mujeres, en cambio, serviría de broche genial para una filmografía esencialmente masculina.

"Siete mujeres por cada uno de los siete pecados capitales", rezaba el cartel promocional de 7 Women. Siete samuráis, siete magníficos, siete enanitos... Número mágico por antonomasia, Pitágoras ya lo consideraba la cifra perfecta mucho antes de que el celuloide acabase de consagrarlo definitivamente. De modo que las siete féminas del filme testamento de Ford (ocho, si tenemos en cuenta a Miss Ling) pasaron a engrosar la nómina de títulos míticos que contienen dicho dígito, pese a que el relato de Norah Lofts en el que se basaba se titulara Chinese Finale.

De izquierda a derecha: la Dra. Cartwright (Anne Bancroft)
junto a la joven Emma (Sue Lyon)

Una China enteramente recreada en estudio en la que el grupo de misioneras deberá enfrentarse, en primer lugar, a una virulenta epidemia de cólera y, más tarde, a las sanguinarias hordas del bárbaro Tunga Khan (Mike Mazurki). Ni rastro de cowboys ni del lejano Oeste: hasta en eso quiere sorprender la última entrega de Ford, quien ya había cultivado el exotismo en películas como Mogambo (1953). Sin embargo, 7 Women iba mucho más allá de unos hechos acaecidos en 1935: la historia que nos cuenta es, en realidad, un alegato en contra del fanatismo religioso y del rígido puritanismo que acostumbra a llevar asociado.

En ese sentido, la llegada a la misión de la doctora Cartwright (Anne Bancroft) conlleva unos efectos similares a los de una explosión atómica. Mujer liberada y rebelde, fumadora empedernida y bebedora de güisqui, su carácter indómito representa la antítesis de lo que esperaba la estricta señora Andrews (Margaret Leighton), quien hubiese preferido antes a un hombre recto para ejercer la medicina en la hacienda que gobierna con mano de hierro. Pero Cartwright no sólo se opone a la obsoleta mojigatería que reina en aquella casa, sino que su arrojo servirá de inspiración al resto de mujeres que allí habitan para librarlas del yugo impuesto por Andrews. Alfa y omega, pues, de aquel pequeño universo, la doctora traerá la vida ayudando a dar a luz a la "pecadora" Florrie (Betty Field) y no dudará en sacrificarse entregándose a Tunga Khan con tal de salvar al resto.