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domingo, 20 de enero de 2019

Romeo y Julieta (1968)




Título original: Romeo and Juliet
Director: Franco Zeffirelli
Reino Unido/Italia, 1968, 133 minutos

Romeo y Julieta (1968) de Franco Zeffirelli


En la bella Verona, donde situamos nuestra escena, dos familias, iguales una y otra en abolengo, impulsadas por antiguos rencores, desencadenan nuevos disturbios, en los que la sangre ciudadana tiñe manos ciudadanas. De la entraña fatal de estos dos enemigos cobraron vida bajo contraria estrella dos amantes, cuya desventura y lastimoso término entierra con su muerte la lucha de sus progenitores.

William Shakespeare
La tragedia de Romeo y Julieta
Traducción de Luis Astrana Marín

Como los lienzos de Jean-Léon Gérôme o de Ingres, el Romeo y Julieta de Zeffirelli tiene un trazo de cromo, de reconstrucción preciosista y minuciosa que sería recompensada con sendos Óscar: mejor fotografía para Pasqualino de Santis y mejor diseño de vestuario para Danilo Donati. Colorido y delirio romántico subrayados, además, por la partitura de Nino Rota. Todo muy en la línea de las aclamadas superproducciones sentimentales que arrasaban en la época: Los paraguas de Cherburgo (1964) de Jacques Demy, Un hombre y una mujer (1966) de Claude Lelouch,  Love Story (1970) de Arthur Hiller...

Sin olvidar, eso sí, que se trata, ante todo, de una película de época que adaptaba una de las obras cumbre de la literatura universal. Y que, como todo éxito de taquilla que se precie, guarda no pocas sorpresas y curiosidades. Por ejemplo, que la voz del narrador con la que se abre y se cierra la historia es la de Sir Laurence Olivier, aunque no aparezca acreditado. O que, según parece, Franco Zeffirelli quedó por completo prendado de su Julieta, una casi adolescente Olivia Hussey con la que habría de volver a trabajar en la serie televisiva Jesús de Nazaret (1977).



El hecho de que los exteriores se rodasen en la propia Verona podría asimismo considerarse una circunstancia destacable de no ser porque el también italiano Renato Castellani (1913–1985) ya había hecho lo propio en su meritoria (y a menudo olvidada) versión de 1954, un portento que convendría reivindicar por su delicada y cuidada factura: que lo que tiene Zeffirelli de espectacularidad (y cientos de extras batallando a favor o en contra de Montescos y Capuletos) le sobraba en refinamiento a su compatriota.

En cualquier caso, y permítasenos barrer para casa (valga la paronomasia), los amores prohibidos del apolíneo Romeo (¡hay que ver cómo se parece Leonard Whiting a Zac Efron!) y la gentil Julieta son cien años posteriores a los de Calisto y Melibea, quienes también la liaron parda por hacer caso omiso de las advertencias de sus mayores. Vaya, pues, para Fernando de Rojas la gloria de haber creado unos personajes tan llenos de vida que ni la frialdad senequista del teatro isabelino ni el despliegue de medios Made in Hollywood de Zeffirelli pudieron jamás igualar.


sábado, 27 de agosto de 2016

La Corea (1976)




Director: Pedro Olea
España, 1976, 82 minutos

La Celestina en tiempos de la Transición


La Corea (1976) de Pedro Olea


Harto original es el inicio de La Corea: enlazando con el final de su penúltimo filme (puesto que el inmediatamente anterior había sido Pim, pam, pum... ¡fuego!), Pedro Olea nos muestra el rostro de Concha Velasco renegando en el andén de una estación mientras se marcha el tren. Podríamos pensar que nos hemos equivocado de peli, pero no. Así terminaba la galdosiana Tormento (1974) y así empieza una película radicalmente distinta, centrada en la figura de Charo, Celestina moderna y madura madama que responde al sobrenombre de "La Corea" y a la que dio vida la actriz Queta Claver.

Ni la Velasco ni Rafael Alonso ni el resto de extras que participan en ese rodaje volverán a aparecer en pantalla: son sólo el pretexto para ambientar la llegada a Madrid de Toni (Ángel Pardo), un adolescente que a sus diecisiete años ha decidido abandonar el pueblo para probar fortuna en la capital. Allí mismo lo recibirá su paisano Paco (Gonzalo Castro), algo mayor que él y ya totalmente pervertido por los poco recomendables ambientes que frecuenta.

La de Toni es la típica historia del joven bienintencionado que, falto de otros recursos, acaba siendo devorado por la vorágine de la gran ciudad; la misma que ya contara John Schlesinger en Midnight Cowboy (1969). Y eso que, en principio, logrará caer en gracia en dicho submundo. Aunque no por mucho tiempo, ya que el destronado Sebas (José Luis Alexandre) no le perdonará el haberlo desplazado en los afectos de "La Corea".



Y planeando continuamente en el trasfondo de la trama, como una realidad incómoda, se encuentra la presencia americana en la base militar de Torrejón de Ardoz, los habitantes de la cual han requerido en más de una ocasión los servicios tanto de Charo como de Paco. El propio Toni se dejará caer por allí de vez en cuando, si bien su destino parece ser otro: el de gigoló especializado en mujeres de una cierta edad.

Pero a pesar de la insalubre pulsión carnal que se respira en ese complejo microcosmos cuyos hilos mueve y controla Charo, la única persona en la que Toni llegará a confiar es Vicky (Cristina Galbó), hasta casi convertirse en su amor platónico. Sin embargo, ni siquiera el escaso afecto que la joven pueda sentir por él logrará impedir que se acabe cumpliendo el aciago destino del muchacho.

martes, 28 de junio de 2016

La Celestina (1969)




Director: César (Fernández) Ardavín
España/Alemania, 1969, 123 minutos

La Celestina (1969) de César Ardavín


De las varias adaptaciones cinematográficas que se han llevado a cabo de La Celestina, tal vez sea la del director César Ardavín (1921–2012) la que mayor éxito de público cosechó en su momento. Y no sólo por tratarse de un clásico de la literatura española sino que muy probablemente también tuvo bastante que ver en ello el lenguaje realista (y a veces incluso soez) que utilizan los personajes y, de un modo especial, el erotismo incipiente del que comenzaban a manifestarse los primeros síntomas en el cine español de finales de los sesenta. Tanto lo uno como lo otro ya estaba presente en el original de Fernando de Rojas, así que el mérito de los productores (asesorados por el académico Manuel Criado del Val) consistió más bien en preservar, potenciar y saber poner al día el contenido de la obra.

Coproducción hispanoalemana, sus exteriores se rodaron en Toledo (y no en Salamanca como marca la tradición). Aunque si por algo destaca la película es por el cuidado diseño de los decorados, en los que el propio Ardavín supo mezclar acertadamente clasicismo y modernidad, manteniendo incluso el carácter teatral de la escenografía (con el correspondiente número de acto sobreimpreso en la parte superior del encuadre).

«¡Confesión, confesión!»

Es ésta una Celestina con mucho colorido, en la que, además de los ya mencionados decorados, también el vestuario y la dirección de fotografía contribuyen a remarcar dicho aspecto. Color que, en más de una ocasión, adquiere un evidente valor simbólico: como el rojo que tiñe el cielo o el plano en su integridad y que lo mismo indica pasión amorosa que la sangre de los malogrados amantes.

La actriz Amelia de la Torre (1905–1987) compone una convincente alcahueta, mientras que los papeles de Calisto y Melibea fueron interpretados por Julián Mateos y Elisa Ramírez, respectivamente. El resto del reparto lo integran Antonio Medina (Sempronio), Gonzalo Cañas (Pármeno) y actores alemanes: Ursula Mellin (Elicia), Heidelotte Diehl (Areúsa), Eva Guerr (Lucrecia), Eva Lissa (Alisa) y Konrad Wagner (Pleberio).

Sin embargo, y pese a la fidelidad de la adaptación y la excelente banda sonora de Ángel Arteaga, el filme adolece de algunos defectos que en seguida saltan a la vista. Por ejemplo, su excesiva duración (más de dos horas), lo cual va unido, además, a que el ritmo se ralentiza innecesaria e inexplicablemente en el tramo final. Y, en especial, el hecho de que se prescinda del planto de Pleberio, momento de singular patetismo y que al desaparecer le resta fuerza dramática al desenlace.

«Jamás querría, señora, que amaneciese»

miércoles, 22 de julio de 2015

La Celestina (1974)




Director: Jesús Fernández Santos
España, 1974, 50 minutos

El novelista y cineasta Jesús Fernández Santos (1926-1988) fue uno de los miembros destacados de la generación realista de los años cincuenta. Suyas fueron novelas como Los bravos (1954) o Extramuros (1978), esta última llevada al cine por Miguel Picazo en 1985, o relatos inolvidables com Cabeza rapada (1958). Para la gran pantalla solo dirigiría en 1963 el largometraje Llegar a más, película de claro influjo neorealista. Su labor tras las cámaras se circunscribió sobre todo al terreno del documental y las producciones televisivas, bastante a menudo centrándose en grandes figuras artísticas y literarias, llegando a ser premiado en la Bienal de Venecia de 1959 por su documental El Greco.

En 1974 escribió y dirigió para Radio Televisión Española cuatro episodios de la serie Los libros: La fontana de oro (según la novela de Benito Pérez Galdós), Artículos de costumbres (inspirado en Mariano José de Larra), El libro de buen amor (a partir de la obra de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita) y La Celestina.

Emitida originariamente el dos de abril de 1974, esta adaptación de la Tragicomedia de Calisto y Melibea de Fernando de Rojas va precedida de una breve presentación a cargo del académico Alonso Zamora Vicente y fue interpretada por el siguiente elenco de actores:

Celestina: María Luisa Ponte
Calisto: Tony Isbert
Melibea: Carmen Maura
Sempronio: José Yepes
Pármeno: Luis Gaspar
Elicia: Maribel Hidalgo
Lucrecia: Sagrario Sala
Pleberio: Félix Dafauce
Alisa: Mery Leyva

María Luisa Ponte encarna a una alcahueta convincente, pese a que no supera la fuerza que años más tarde supo imprimir al papel Terele Pávez. En cuanto a Calisto y Melibea, no deja de ser interesante ver a Carmen Maura en los inicios de su carrera, pero Tony Isbert, en cambio, dista mucho de haber conseguido reflejar el carácter crápula y libertino de su personaje. Es lógico: por una parte, la censura de la época no habría permitido reflejar según qué aspectos del texto original y, por otra, el medio para el cual fue concebida esta adaptación obligaba a presentar una Tragicomedia casta y apta para todos los públicos.

Resumir una obra de las dimensiones y la complejidad de La Celestina en apenas 49 minutos no es tarea fácil. Por ello Fernández Santos optó por ir bastante al grano y quedarse con los elementos esenciales del argumento. Curiosamente, sitúa la acción en Toledo (no de forma explícita, sino mediante una panorámica de la ciudad con la que arranca la acción), en lugar de hacerlo en Salamanca como marca la tradición. También prescinde del célebre planto de Pleberio con el que el padre de Melibea lamenta la muerte de su hija y, en su lugar, se incluye una especie de misiva o disculpa a través de la cual la muchacha justifica el porqué de su fatal decisión.

Aunque el resultado final esté lejos de ser una obra maestra, realmente es una lástima que la televisión pública dejara de apostar hace ya demasiado tiempo por producciones como esta. Cuando hoy en día se comprueba con estupefacción cómo el ente público invierte su presupuesto en promover concursos de cocina, uno se pregunta en qué momento empezaron a torcerse las cosas. Suerte que, como consuelo y mal menor, nos queda internet para recuperar joyas de la pequeña pantalla del calibre de esta Celestina de Jesús Fernández Santos.


martes, 14 de julio de 2015

Hardcore: un mundo oculto (1979)




Título original: Hardcore
Director: Paul Schrader
EE.UU., 1979, 109 minutos

La Tragicomedia de Calisto y Melibea es popularmente conocida como La Celestina debido al atractivo que suscita uno de sus personajes secundarios: la alcahueta. En la ciudad en la que transcurren los hechos (tradicionalmente identificada con Salamanca, aunque nada de ello se diga en la obra) todos conocen a Celestina y, lo que es más importante, todos han recurrido a sus servicios alguna vez (lo quieran admitir o no, claro). Incluso la madre de la en apariencia cándida Melibea, hija de buena familia, la reconoce como antigua vecina suya al llamar la vieja a su puerta. Así que cuando el libertino Calisto, muchacho de vida disoluta aunque también perteneciente a la alta sociedad, irrumpe en escena, nada tiene de extraño que recurra a los enredos de la encandiladora comadre para pervertir a Melibea y verse a escondidas con ella en el jardín de sus padres sin que estos sospechen nada hasta que sea demasiado tarde.

Ahora bien: si Fernando de Rojas, en lugar de publicar su obra en 1499, lo hubiese hecho a finales del siglo XX, ¿cómo la hubiera escrito? Probablemente, habría imaginado una historia parecida a la de Hardcore: un mundo oculto del controvertido director y guionista Paul Schrader. La Castilla de finales del XV es ahora Grand Rapids, una pequeña ciudad del medio Oeste americano de mayoría calvinista en la que muchos de sus habitantes tienen apellido holandés. Jake VanDorn, un conservador hombre de negocios y padre de familia, no puede ni imaginar la doble vida que lleva su hija Kristen hasta que un buen día, coincidiendo con unas jornadas o ejercicios espirituales para jóvenes, la muchacha desaparece sin dejar rastro. El bueno de Jake (George C. Scott) se verá obligado entonces a contratar los servicios del repulsivo detective Andy Mast, pero, ante la inoperancia de este, decidirá armarse de valor y, convertido en verdadero padre coraje, descender a los infiernos de los barrios más sórdidos de San Francisco. La depravación que encuentre allí hará tambalear los cimientos de su mundo...

No sabemos si Paul Schrader habrá leído o no La Celestina, pero (bromas al margen) lo que resulta innegable es el ajuste de cuentas que llevó a cabo con su estricta educación religiosa y con su padre escribiendo el guion de Hardcore: un mundo oculto. Y no es el único caso, ya que el elemento represor calvinista así como la familia como institución opresiva aparecen en otros filmes suyos, especialmente en Aflicción (1997).

"¡Oh, Dios mío, esa es mi hija!" En realidad, la frase
no llega a pronunciarse en ningún momento de la película.
La actriz Ilah Davis (Kristen) en su primera (y única) película.