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viernes, 13 de julio de 2018

La noche deseada (1967)




Título original: Hurry Sundown
Director: Otto Preminger
EE.UU., 1967, 146 minutos

La noche deseada (1967) de Otto Preminger


No deja de ser significativo el hecho de que fuese un director austriaco, emigrado a los Estados Unidos cuando ya superaba la treintena, quien se encargase con mayor ahínco de romper el tabú racial imperante en Hollywood y, por ende, en amplios sectores de aquel país. Preminger lo había intentado ya con Carmen Jones (1954), versión contemporánea de la ópera de Bizet interpretada por un reparto íntegramente afroamericano, y lo volvería a hacer con el filme que ahora nos ocupa.

La acción de La noche deseada se sitúa en el estado de Georgia, territorio de fuerte pasado esclavista cuyas leyes aún refrendaban la segregación entre negros y blancos, durante los días inmediatamente posteriores al fin de la Segunda Guerra Mundial. El marco espaciotemporal elegido era, por tanto, el idóneo para abordar un tema de candente actualidad, considerando que, con fecha de dos de julio de 1964, el Congreso había promulgado la Ley de Derechos Civiles. Una legislación sin duda histórica, pero que tardaría en dar sus frutos. De hecho, apenas un año después del estreno de la película tendría lugar el asesinato de Martin Luther King, destacado activista y uno de los impulsores de la mencionada ley, lo cual da fe de lo mucho que todavía quedaba para zanjar las tensiones de las que nos habla este filme.

El matrimonio Warren: Michael Caine y Jane Fonda


Una poderosa compañía del Norte dedicada a la fabricación de conservas está negociando la compra de unos terrenos de los que los Warren, acaudalada familia de la región, son propietarios principales. Sin embargo, quedan un par de parcelas cuyos legítimos dueños se resisten a dar su brazo a torcer: los McDowell y los Scott. El planteamiento no puede ser más simbólico, considerando que los segundos son descendientes de esclavos que adquirieron en 1866 y en pública subasta el solar en el que viven y los primeros, una familia caucásica numerosa (y empobrecida) el padre de la cual es un excombatiente que acaba de regresar de la guerra. Dadas las circunstancias, unos y otros se van a ver obligados a unirse para defender una causa común, lo cual indudablemente representa uno de los temas esenciales de la cinta.

Movidos por la más loable de las intenciones, y a pesar de haber sido capaces de concebir momentos de gran intensidad dramática (como la escena del juicio), los guionistas de Hurry Sundown sucumben, sin embargo, a la tentación de presentar los hechos bajo un prisma decididamente maniqueo, según el cual los personajes se dividen en buenos y malos. De acuerdo que algunos de ellos (caso del sheriff interpretado por George Kennedy o la propia Jane Fonda en el papel de rica hacendada) están pensados para mostrar una posición intermedia, a veces hasta ambigua, pero con todo y con eso les falta credibilidad. De modo que la visión que se acaba finalmente imponiendo es la de que los personajes que defienden postulados supremacistas son tontos y zafios (el juez Purcell encarnado por Burgess Meredith, sin ir más lejos), mientras que los afroamericanos son presentados en su totalidad en clave positiva. Cierto que el momento histórico que estaba viviendo la sociedad norteamericana casi obligaba a ello y que el objetivo perseguido por una película como ésta era concienciar al espectador. Pero más cierto es todavía que, en arte, lo tendencioso acostumbra a estar reñido con lo verosímil.

Otto Preminger (derecha) dando indicaciones a sus actores

sábado, 7 de enero de 2017

El día de los tramposos (1970)




Título original: There Was a Crooked Man...
Director: Joseph L. Mankiewicz
EE.UU., 1970, 126 minutos

El día de los tramposos (1970)


Un sólido guion de David Newman y Robert Benton con un reparto encabezado por Kirk Douglas junto a Henry Fonda bajo la dirección del veterano Joseph L. Mankiewicz dieron como resultado este western en apariencia simpático, pero que albergaba bajo esa fachada el desencanto de un mundo a punto de desaparecer.

Los setenta supusieron la decadencia del género, situación que se agravaría aún más en la década siguiente, cuando las películas del oeste se convertirían en veneno para la taquilla. Quizá Mankiewicz, ya perro viejo (éste sería su penúltimo filme, antes de despedirse de la dirección con La huella) intuyó que el Hollywood que él había conocido tenía los días contados y por eso supo darle a El día de los tramposos ese aire entre cómico y desengañado.



Nada más comenzar, la música pop de la banda sonora, con su tema central cantado por Trini López (que era un señor, a pesar de ese nombre) nos aporta una peculiaridad que distingue a There Was a Crooked Man... de producciones anteriores. Pero es que cuando Paris Pitman, Jr. (Kirk Douglas) aproveche en pleno allanamiento para comer un muslo de pollo bajo el embozo, se nos estará diciendo a las claras que la película que vamos a ver tiene bastante de caricatura.

¿Y el hombre deshonesto del título original? Obviamente, habrá que esperar hasta el final para salir de dudas, si bien el título español ya nos daba pistas, con su plural delator, de que nadie es de fiar en ese presidio de Arizona, puesto que hasta los más afables no son en realidad más que tramposos. La imagen más poderosa del filme, y la que mejor define dicha falta de honestidad, es la del botín escondido en un nido de serpientes de cascabel. Ni el alcaide Woodward W. Lopeman (Henry Fonda) con sus proyectos regeneracionistas en favor de los presos ni la cordialidad de Paris para implicar al resto de internos en la fuga perfecta serán, por tanto, muy de fiar.


jueves, 31 de marzo de 2016

También somos seres humanos (1945)




Título original: The Story of G.I. Joe
Director: William A. Wellman
EE.UU., 1945, 108 minutos

También somos seres humanos (1945) de William A. Wellman


La tercera y última sesión del ciclo Espectros de la guerra según Elisabeth Bronfen (ayer presentó Gran Torino de Clint Eastwood) ha consistido en un programa doble formado por el documental San Pietro de John Huston y También somos seres humanos de William A. Wellman, ambas producidas en 1945.

Nominada a cuatro Óscars (de los que no obtendría ninguno), También somos seres humanos se inspiraba parcialmente en la figura del corresponsal de guerra Ernie Pyle, quien habiendo ejercido labores de asesor no llegaría, sin embargo, a ver terminada la película, toda vez que murió poco tiempo después en la batalla de Okinawa.

Burgess Meredith (1907–1997) en el papel del reportero y Robert Mitchum (1917–1997) como el Teniente Walker son las principales estrellas de un filme cuyos personajes, miembros del cuerpo de infantería, se arrastran por el barro de las posiciones que aspiran a controlar en terreno italiano, a menudo en condiciones de extremo rigor.

Son especialmente logradas escenas como la del tiroteo que tiene lugar en el interior de una iglesia en ruinas o recursos dramáticos como la gramola con la que obsesivamente carga a cuestas uno de los soldados y que a duras penas funciona.

Se cuenta que el director William A. Wellman (1896–1975), quien había participado en la Primera Guerra Mundial como piloto de aviación, era en un principio reacio a dirigir una película sobre los G.I. Joe (Government Issue, Joe), aunque después de visitar personalmente a Pyle en Nuevo Méjico acabaría cambiando de opinión.

Sea como fuere, el resultado final supuso un filme épico de propaganda en favor de la causa aliada que lograría arrancar comentarios de admiración al mismísimo Eisenhower.

El Teniente Walker (Robert Mitchum) en plena acción