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sábado, 15 de febrero de 2025

Memorias de un caracol (2024)




Título original: Memoir of a Snail
Director: Adam Elliot
Australia, 2024, 95 minutos

Memorias de un caracol (2024) de Adam Elliot


Triste, entrañable, cruel, tierna: Memoir of a Snail (2024) nos devuelve al universo stop-motion del australiano Adam Elliot (Berwick, Victoria, 1972). El mismo planteamiento artesanal e inocente, con toques de humor negro, en torno a seres vulnerables maltratados por la vida que ya le valiera un Óscar, hace un par de décadas, por su cortometraje Harvie Krumpet (2003). En esta ocasión los protagonistas son dos hermanos gemelos, Grace y Gilbert Pudel, cuyas trayectorias se verán bruscamente separadas tras la muerte repentina del padre, un viejo cómico francés postrado en una silla de ruedas que en sus buenos tiempos lo mismo ejercía de animador en las calles de París que realizaba filmaciones caseras con su cámara Bolex.

Narrada en primera persona por Grace (la voz es la de Sarah Snook), la historia recorre las vicisitudes de una chica aficionada a coleccionar todo tipo de objetos relacionados con los caracoles, así como cobayas que le inundan la casa y novelas románticas. Aficiones un tanto sui géneris que, durante su infancia y adolescencia, motivan que se convierta en objeto de acoso por parte de los típicos matones del barrio. Algo que Gilbert intenta remediar siempre que puede, aunque ello le cueste salir con algún ojo morado.



La capacidad de estos muchachos para superar las dificultades y constantes desafíos a que se ven expuestos en sus respectivas vidas no sólo pone de manifiesto una resiliencia a prueba de bombas, sino también una actitud optimista frente a la adversidad. A este respecto, juega un papel determinante el personaje de Pinky (con la voz de Jacki Weaver y vagamente inspirado en Iris Apfel, como lo demuestran sus enormes gafas): audaz y afectuosa, la anciana constituye un revulsivo para que Grace se acabe dando cuenta de todos los complejos que han ido lastrando su existencia.

A fin de cuentas, el espíritu de la película se resume en unas sabias palabras generalmente atribuidas a Kierkegaard, pero que aquí hace suyas Pinky: "La vida sólo puede entenderse hacia atrás, pero hay que vivirla hacia adelante". Y es que, frente a la intolerancia puritana de la madre adoptiva de Gilbert, lo que caracteriza a los protagonistas, únicos y peculiares, es una melancólica obertura de miras que celebra la diversidad y la individualidad, invitándonos a aceptarlos tal como son, sin juzgarlos ni intentar cambiarlos.



viernes, 9 de marzo de 2018

Harvie Krumpet (2003)




Director: Adam Elliot
Australia, 2003, 23 minutos

Harvie Krumpet (2003) de Adam Elliot


Las notas del Canon de Pachelbel nos introducen gradualmente en la vida del protagonista, un individuo aquejado por infinidad de males y que, habiendo nacido en Polonia en 1922, acabará sus días esperando un autobús invisible a las puertas de un asilo australiano llamado Pleasant Paddocks.

Oscar al mejor corto de animación en 2004, la existencia de Harvie Krumpet aparece presidida por una continua sucesión de adversidades que van desde el acoso escolar en su más tierna infancia hasta la muerte repentina de sus seres más queridos, pero que no impiden, sin embargo, que, a partir de un determinado momento de su vida, el personaje busque la felicidad a través de la máxima horaciana del Carpe diem (que llegará a tatuarse en sus propias nalgas, con falta de ortografía incluida) o practicando el nudismo.

A pesar de su aparente tono irónico, Harvie Krumpet encierra una tierna reflexión sobre la soledad a la que se ven expuestos los individuos más vulnerables en las sociedades urbanas, aunque rematada por el aforismo más optimista de su libro de máximas: "La vida es como un cigarro: ¡fúmatela hasta la colilla!"

El director Adam Elliot junto al Oscar y su criatura

Some notes on Harvie Krumpet

The chords of Pachelbel's Canon gradually introduce us to the life of the main character, an individual afflicted by countless illnesses and who, having been born in Poland in 1922, will end his days waiting for an invisible bus at the doors of an Australian residence called Pleasant Paddocks.

Awarded with an Oscar for best animated short film in 2004, the existence of Harvie Krumpet is dominated by a continuous succession of adversities that range from bullying in his early childhood to the sudden death of his loved ones. That of which does not prevent, however, that, from a certain moment of his life, the man seeks happiness practicing nudity or even putting into practice the Horatian motto “Carpe diem” (which he gets tattooed on his own buttocks, with a spelling mistake included).

Despite its apparent ironic tone, Harvie Krumpet contains a tender reflection on how the most vulnerable individuals are exposed to loneliness in urban societies, although rounded off by the most optimistic aphorism of his book of fakts (sic): "Life is like a cigarette: smoke it to the butt!"