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viernes, 16 de junio de 2023

En la casa (2012)




Título original: Dans la maison
Director: François Ozon
Francia, 2012, 105 minutos

En la casa (2012) de François Ozon


La turbadora situación planteada por el dramaturgo Juan Mayorga en su pieza teatral El chico de la última fila, cuyo estreno había tenido lugar en 2006, encaja como anillo al dedo con el universo de un cineasta tan sumamente provocativo como el francés François Ozon, quien supo dar forma a la particular relación profesor-alumno del texto original hasta convertirla en una de sus películas más personales. 

Por muchos motivos, Dans la maison (2012) responde a los mismos parámetros que grandes títulos de la historia del cine como Teorema (1968) o La ventana indiscreta (1954). De la primera, citada explícitamente en los diálogos del filme, toma la intromisión de un joven apolíneo en el ámbito privado de una familia burguesa; de la segunda, en cambio, el carácter observador de un joven (Ernst Umhauer) ávido de husmear las vidas ajenas en busca de inspiración para sus relatos escolares.



En realidad, la idea del maestro que acaba cayendo en las redes de su propio discípulo está más que presente en la filmografía de un director que, como en L'amant double (2017)Une nouvelle amie (2014), vuelve una y otra vez a los mismos lugares comunes. Con la salvedad de que aquí, por aquello del contexto académico en el que se desarrolla la acción, el vínculo que se establece entre los personajes resulta más intelectual que pasional.

Tal vez por ello, la cultura libresca que destila Fabrice Luchini en su papel de docto educador experto en literatura francesa recuerda vagamente a la de otros trabajos protagonizados por el actor en los últimos años como, por ejemplo, Le mystère Henri Pick (2019), si bien la presencia en el reparto de Kristin Scott Thomas y, sobre todo, Emmanuelle Seigner confieren al conjunto un cierto toque a lo Polanski que no desentona en absoluto con la crítica implícita del guion a los valores superficiales de la clase media.



martes, 23 de mayo de 2023

Beau tiene miedo (2023)




Título original: Beau Is Afraid
Director: Ari Aster
EE.UU./Reino Unido/Finlandia/Canadá, 2023, 179 minutos

Beau tiene miedo (2023) de Ari Aster


Una pesadilla de tres horas, repleta de elementos distópicos y psicoanalíticos rayanos en un surrealismo remotamente emparentado con el cine de David Lynch. Sin embargo, quien firma la inclasificable Beau is Afraid (2023) no es otro sino Ari Aster (Nueva York, 1986), el mismo joven talento que, tras una asombrosa ópera prima como Hereditary (2018), ya inquietara a propios y extraños con su anterior trabajo, Midsommar (2019).

Se ha dicho de éste su último largometraje que vendría a ser el equivalente judío de la oscarizada Todo a la vez en todas partes (Everything Everywhere All at Once, 2022), aun cuando esto de las comparaciones suele ser algo tan gratuito como odioso. En cualquier caso, su director la ve más bien como una especie de Señor de los anillos en clave freudiana. Porque resulta bastante obvio que a su protagonista, un espléndido Joaquin Phoenix que borda el papel de esquizoide atormentado, le aqueja un gravísimo complejo de Edipo que deja entrever la figura de una madre castradora, así como una infancia traumática con prolongaciones hasta la edad adulta.



En muchos aspectos, Beau es un niño viejo agobiado por un terrible sentimiento de culpa: una criatura encerrada en el cuerpo de un hombre cuyas heridas, lejos de cicatrizar, siguen abiertas en un ámbito impreciso que tiene más de onírico que de real. Y es que estamos ante una película que es, a la vez, muchas películas, la huida de alguien que va en busca de sí mismo a través de escenarios tan variopintos como el bosque, donde una compañía de huérfanos representa un insólito montaje teatral, o un artificioso camino de ladrillos que parece salido de El Mago de Oz (1939).

Si algún significado tiene lo que muestran las imágenes (y éstas, desde luego, se prestan a múltiples lecturas), queda claro que debe girar en torno a la idea de la vulnerabilidad del individuo en un mundo cada vez más hostil. De ahí la inseguridad que se respira en las calles, con escenas continuas de ultraviolencia, aunque se trate del delirio de alguien bajo los efectos secundarios de una medicación muy potente. Recursos que tal vez encierren una crítica velada al American way of life y a la cultura de masas (atención a la secuencia final), valiéndose de oscuros símbolos que, en el caso concreto del agua, parece aludir a una especie de regreso al seno intrauterino.



domingo, 21 de mayo de 2023

Peter von Kant (2022)




Director: François Ozon
Francia/Bélgica, 2022, 86 minutos

Peter von Kant (2022) de François Ozon


Coincidiendo con el cincuenta aniversario del estreno de Las amargas lágrimas de Petra von Kant (1972), el cineasta francés François Ozon perpetraba su particular homenaje mitómano en forma de remake a la inversa. Porque lo que en Fassbinder era una historia de amor lésbico aquí se transforma en todo lo contrario: la pasión desaforada de un director de cine (Denis Ménochet) hacia su apolíneo "muso" y actor fetiche (Khalil Ben Gharbia).

Sin embargo, en la transposición de una a otra película se pierde algo de la parsimonia original, ese comedimiento ceremonioso que ahora tiene su máximo exponente en la figura del fiel Karl (Stefan Crepon). Y se gana, en cambio, una mayor correspondencia entre el personaje central y el malogrado cineasta alemán, toda vez que su profesión y su apariencia física lo convierten en indiscutible alter ego de Fassbinder.



Por otra parte, la presencia en el reparto de la mítica Hanna Schygulla, reconvertida en madre del protagonista, no hace sino añadirle emotividad a una cinta que tiene mucho de puesta al día en clave masculina. A este respecto, el habitual toque gay con el que Ozon suele adornar sus filmes casa a la perfección con la escenografía primitiva del apartamento, repleto de pinturas alegóricas y demás elementos decorativos de lo más ostentoso.

Y aunque Peter von Kant (2022) respeta a grandes rasgos el espíritu de su predecesora, se aprecia, no obstante, una mayor propensión a filmar el espacio en penumbra, como si se quisiese dar a entender que los tiempos han cambiado y no precisamente a mejor. En todo caso, la participación de otra actriz legendaria, en este caso Isabelle Adjani, en el papel de la idolatrada y algo traicionera Sidonie, confiere al conjunto entidad suficiente como para saldar el experimento con nota.



sábado, 18 de marzo de 2023

Robin Hood (2010)




Director: Ridley Scott
EE.UU./Reino Unido, 2010, 156 minutos

Robin Hood (2010) de Ridley Scott


—¿Qué sugieres? ¿Un castillo para cada hombre? 
—El hogar de todo inglés es su castillo. Lo que pedimos, majestad, es libertad. ¡Libertad por ley!

Tal vez habría que achacar el relativo fracaso comercial de Robin Hood (2010) al hecho de que no acabó de entenderse muy bien el que Ridley Scott decidiese abordar un tema para entonces tan trillado como la enésima incursión en las aventuras del célebre arquero inglés. En cualquier caso, y al margen de que una superproducción épica de tales proporciones quedase un poco en agua de borrajas, hay que admitir que el enfoque que le daba a la historia el guion de Brian Helgeland pretendía remontarse a los orígenes del personaje hasta el extremo de ofrecer una precuela aparentemente bien documentada. De ahí que se escuche hablar en francés más que en ninguna otra de las numerosas entregas que la precedieron en el tiempo (de sobras es sabido que los nobles normandos de aquel entonces se expresaban mayoritariamente en esa lengua).

Por otra parte, uno de los alicientes de la película fue, sin duda, su reparto, encabezado por el australiano (aunque neozelandés de nacimiento) Russell Crowe, colaborador habitual de Ridley Scott desde los días de Gladiator (2000), y Cate Blanchett en el papel de Marion de Loxley. Completaban el elenco nombres míticos como los del sueco Max von Sydow (Sir Walter Loxley) o William Hurt (William Marshal), así como jóvenes promesas, por ejemplo Oscar Isaac (Príncipe Juan) o Léa Seydoux (Isabel de Angulema), que ya comenzaban a despuntar. Incluso Denis Ménochet, hoy célebre por su trabajo en As bestas (2022), aparece fugazmente entre las huestes del pérfido Godofredo (Mark Strong).

El director, Ridley Scott, durante una pausa del rodaje


Curiosamente, la base de la trama radica en un equívoco: al hacerse con la corona del difunto Ricardo Corazón de León (Danny Huston), Robin y sus hombres planean regresar a Inglaterra desde Tierra Santa haciendo que el primero de ellos adopte la identidad de Sir Robert Loxley (Douglas Hodge). Arriesgada artimaña que los llevará de Jerusalén a Londres, donde harán entrega del preciado objeto a Leonor de Aquitania (Eileen Atkins) y, de paso, se verán envueltos en las muchas intrigas en las que se halla inmerso el reino.

Lo curioso del caso es que la puesta en escena, precisa en su afán por retratar una Edad Media de villorrios pestilentes, ofrece también una imagen un tanto inusual de los forajidos que habitan en las profundidades del bosque de Sherwood: apenas una camarilla de críos escrofulosos, con pinta de zombis o tribu perdida amazónica, que primero recibirán los cuidados maternales de Marion y a quienes, ya al final de las más de dos horas y media de metraje, se unirán Robin y los suyos bajo el epígrafe de "And so the legend begins..." ('Y así comienza la leyenda').



martes, 15 de noviembre de 2022

As bestas (2022)




Título en español: Las bestias
Director: Rodrigo Sorogoyen
España/Francia, 2022, 137 minutos

As bestas (2022) de Rodrigo Sorogoyen


Ya Cervantes dejó constancia de cómo un soñador puede llegar a estrellarse contra unos simples molinos de viento. Que, en el caso que nos ocupa, representan, además, motivo de discordia entre los escasos vecinos de un modesto villorrio galaico. Pocos y mal avenidos desde que un matrimonio francés, residente en la zona, se negara a firmar para que una compañía eólica instalase sus aerogeneradores en los terrenos del concejo. Lo cual dará pie a que los hermanos Xan (Luis Zahera) y Lorenzo (Diego Anido) hostiguen permanentemente a quienes ellos consideran unos intrusos que vinieron a estorbar sus planes de futuro.

La aureola de la que llega precedida As bestas (2022) no sólo confirma el talento de su director, el mismo Rodrigo Sorogoyen que anteriormente había deslumbrado con títulos como Madre (2019) o El reino (2018), sino que pone también de manifiesto el carácter de película de culto de una cinta que aborda las miserias de la España negra en tiempos de las telecomunicaciones. En ese sentido, el drama que se cierne sobre Antoine (Denis Ménochet) y Olga (Marina Foïs) es el de unos forasteros, cargados de buenas intenciones, cuyo proyecto de restaurar los pazos en ruinas de una comarca condenada a la despoblación choca de pleno con los intereses económicos de los lugareños.



Asimismo, hay latente en esta historia un conflicto familiar a propósito de los riesgos que comporta idealizar la vida campestre o, incluso, sobre cómo los hijos ponen en tela de juicio los ideales de sus padres cuando éstos entran en contradicción con los avatares del progreso. De ahí que la actitud individualista de Marie (Marie Colomb) contraste con la obstinación de su madre en esclarecer los hechos a pesar de la aparente indolencia de la Guardia Civil.

Por último, conviene llamar la atención sobre un par de premisas (una consecuencia de la otra) a propósito de la particular puesta en escena del filme. De entrada, sorprende la enorme contención de los intérpretes a pesar de la creciente tirantez que se respira en el ambiente, tal vez porque lo que se pretende evitar a toda costa (he ahí la segunda característica relevante) es cualquier tipo de ensañamiento. Así pues, y por más odiosas que se nos hagan las continuas provocaciones a las que deben hacer frente los protagonistas, lo que acaba prevaleciendo no es el revanchismo sino la serenidad: la misma que distingue a las personas de las bestias.



domingo, 13 de noviembre de 2022

Sólo las bestias (2019)




Título original: Seules les bêtes
Director: Dominik Moll
Francia/Alemania, 2019, 117 minutos

Seules les bêtes (2019) de Dominik Moll


Resulta inevitable contemplar los gélidos paisajes nevados de Seules les bêtes (2019) sin que se nos vengan a la mente títulos como Fargo (1996) o la menos citada, pero igualmente magistral, Affliction (1997) de Paul Schrader. Por otra parte, ocurre lo mismo con la multiplicidad de puntos de vista y tramas interconectadas en distintos lugares del planeta que ya había explorado el González Iñárritu de Babel (2006) y que aquí volvía a ser un elemento clave de la mano del francoalemán Dominik Moll.

Adaptación de la novela homónima de Colin Niel (el novelista, por cierto, interpreta un breve papel como dependiente en una cooperativa), los hechos descritos constituyen un sólido thriller en el que todas las piezas irán encajando hasta completar un panorama desolador a propósito de las relaciones humanas en un mundo cada vez más global y menos de fiar (si es que alguna vez lo fue...).



El caso es que todos y cada uno de los personajes que integran este caleidoscopio de destinos entre la Francia profunda y los barrios populosos de Abiyán, la capital económica de Costa de Marfil, mienten de alguna forma. O, por lo menos, se resignan a llevar una doble vida que el azar (esa fuerza poderosa que, según el hechicero al que acude el joven Armand, es más grande que cualquiera de nosotros) a punto está de hacer saltar por los aires.

Aunque no es ésa exactamente la enseñanza más valiosa de cuantas el sabio Papa Sanou (Christian Ezan) le aporta al joven africano (Guy Roger 'Bibisse' N'Drin). En realidad, la esencia de todo lo que afirma el brujo se resume en una sola frase: "El amor es dar lo que no se tiene". Quizá si Michel (Denis Ménochet) lo hubiese sabido, habría valorado más su matrimonio con Alice (Laure Calamy) y así, tal vez, no se habría precipitado el pernicioso efecto dominó que atrae la fatalidad sobre buena parte de los protagonistas de esta historia.



jueves, 1 de agosto de 2019

El emperador de París (2018)




Título original: L'Empereur de Paris
Director: Jean-François Richet
Francia, 2018, 110 minutos

El emperador de París (2018) de Jean-François Richet


Aparte de la inverosímil semblanza llevada a cabo por Pitof en 2001, han sido muchos los filmes dedicados a ensalzar la figura del célebre detective François-Eugène Vidocq (1775–1857). Ya en la época del cine mudo, su vida se llevó a la pantalla hasta en cuatro ocasiones, mientras que en 1939 sería Jacques Daroy, con André Brulé como protagonista, el encargado de dirigir la primera versión sonora. También Hollywood mostró interés por el personaje, correspondiendo a Douglas Sirk la realización de Escándalo en París (1946), con George Sanders en el papel principal. Y todavía en 1967, la televisión francesa emitiría una serie de trece episodios con Bernard Noël haciendo de Vidocq.

Queda clara, pues, la estima (o por lo menos el gancho) que el susodicho tiene en el país vecino, por lo que no es de extrañar que se haya recurrido a él por enésima vez. A diferencia de la anterior incursión en el tema (interpretada por Depardieu), L'Empereur de Paris se distingue por una puesta en escena mucho más pausada, cuyos referentes más reconocibles giran en torno a modelos literarios decimonónicos como el Jean Valjean de Los miserables o el Edmond Dantès de El conde de Montecristo.



En ese sentido, el actor Vincent Cassel se mete en la piel del futuro director de la Sûreté Nationale cuando éste es apenas un presidiario condenado a galeras. Que, una vez huido de la Justicia, se hará pasar por comerciante de telas. Pero la fama adquirida por Vidocq entre los miembros del hampa es tan poderosa que muy pronto termina recalando en la guarida de su archienemigo Maillard (Denis Lavant), una especie de Fagin que, al igual que el personaje creado por Dickens, lidera a los delincuentes valiéndose del temor que les infunde. Aunque Vidocq, que no se deja arredrar ni por nada ni por nadie, no dudará en ofrecerse a la policía como confidente con tal de salir adelante y obtener el ansiado indulto.

Y es en ese proceso, que le llevará hasta las más altas instancias del poder, cuando el mismo que colabora en la regeneración de la sociedad adquiere conciencia exacta de los oscuros entresijos que allí se fraguan. Sobre todo alrededor de Fouché (Fabrice Luchini), el "genio tenebroso" que ejerció su autoridad durante la Revolución francesa y el imperio napoleónico: hombre sibilino y maquinador que promete mucho, pero cumple poco, y cuyo carácter intrigante contribuirá, en buena medida, a hacer de Vidocq un individuo desengañado.


jueves, 25 de abril de 2019

Gracias a Dios (2018)




Título original: Grâce à Dieu
Director: François Ozon
Francia/Bélgica, 2018, 137 minutos

Gracias a Dios (2018) de François Ozon


Encargar a François Ozon que escriba y dirija una película sobre los casos de pederastia en el seno de la Iglesia vendría a ser, salvando las distancias, como pedirle a Almodóvar que realizase el spot publicitario para la campaña electoral de Vox: lo que no puede ser no puede ser y además es imposible. Bueno, imposible: cosas más raras se han visto. De hecho, ahora que lo pienso, La mala educación (2004) se acercaría bastante a dicho enfoque. Pero a lo que me vengo a referir es a que no hace falta esperar a la publicación del resultado final para saber de antemano que éste será forzosamente tendencioso.

Pues bien: dicho y hecho. Lo último del prolífico director francés responde al nada inocente título de Grâce à Dieu y posee una estructura un tanto errática (por no decir desconcertante). Comienza con el relato en primera persona de Alexandre (Melvil Poupaud) —cuarenta años, padre de familia numerosa, católico practicante—, aunque la acción irá gradualmente alejándose de este supuesto "protagonista" hasta convertirse en coral.



Porque será la decisión de este primero de dar el paso y denunciar ante los tribunales unos hechos acaecidos muchos años atrás la que desencadene un crucial efecto dominó, de modo que buen número de antiguos Scouts, víctimas de los abusos del padre Preynat (Bernard Verley), unan sus fuerzas para sentar al pedófilo en el banquillo.

El tema, de candente actualidad, pone encima de la mesa un asunto no menos espinoso: el del silencio, cuando no encubrimiento, por parte de la jerarquía eclesiástica y hasta de algunas familias creyentes cuya fe, más ciega que sincera, abocó a los Emmanuel (Swann Arlaud), Gilles (Éric Caravaca) o François (Denis Ménochet) de turno a padecer graves secuelas psicológicas ya en la edad adulta. Cuestión delicada donde las haya que Ozon resuelve con más o menos destreza si no fuera por esos inquietantes insertos (y de ahí el elemento tendencioso al que antes aludíamos) en los que un Preynat de áspero semblante conduce de la mano a sus tiernos efebos hasta el cuarto oscuro.


lunes, 23 de abril de 2018

Custodia compartida (2017)




Título original: Jusqu'à la garde
Director: Xavier Legrand
Francia, 2017, 93 minutos

Custodia compartida (2017)


"Entre Hitchcock y Chabrol..." Pues bueno: es sorprendente de lo que son capaces las productoras con tal de promocionar una película para que los incautos espectadores se lancen a verla sin pensárselo dos veces. Lo curioso es que Custodia compartida (Xavier Legrand, 2017) no tiene nada, a nuestro parecer, de ninguno de los dos directores con los que la compara el eslogan publicitario. Si un caso, hay momentos puntuales en los que parece asomar el inquietante influjo de un Haneke, por ejemplo. Pero tampoco demasiado.

Su director, el actor y realizador francés Xavier Legrand, debuta en el largometraje con un filme intenso, casi abrumador, que desarrolla el mismo planteamiento y personajes de Avant que de tout perdre (2013), corto por el que optara al Oscar y que ahora ha dado pie a esta historia doblemente premiada en Venecia y San Sebastián.



En su afán por hacernos partícipes de la angustia que atenaza a los protagonistas, Legrand sitúa la cámara justo delante de los actores (caso de la larga comparecencia judicial con la que se abre la película) o la lanza tras ellos, como cuando Julien (Thomas Gioria) sale huyendo despavorido del coche ante la ira del padre (Denis Ménochet): colocándonos en plano de igualdad con los personajes se genera una tensión dramática que llega a su punto álgido en la escena del allanamiento, "con nocturnidad y alevosía", del domicilio donde habitan madre e hijo. Tirantez que, en los momentos previos a la airada irrupción de Antoine, se ve incrementada por la incertidumbre que generan, tanto en Miriam (Léa Drucker) como en nosotros mismos, el silencio y la oscuridad que se adueñan de la pantalla.

Otra de las secuencias a tener en cuenta de Jusqu'à la garde es la fiesta en la que Joséphine (Mathilde Auneveux), la hija mayor de Antoine y Miriam, interpreta junto a Samuel (Mathieu Saikaly) el tema "Proud Mary", si bien no en la versión original que John Fogerty compusiera para los Credence Clearwater Revival, sino en la que harían célebre Ike y Tina Turner en 1971. Detalle en absoluto baladí, habida cuenta de la tempestuosa relación que protagonizó dicha pareja artística dentro y (sobre todo) fuera de los escenarios y que sería llevada al cine por Brian Gibson en 1993 con el biopic Tina.


domingo, 28 de enero de 2018

Les adoptés (2011)




Título en español: Los adoptados
Directora: Mélanie Laurent
Francia, 2011, 96 minutos

Les adoptés (2011) de M. Laurent


Sentimental tirando a sensiblero: he ahí, a nuestro parecer, el balance del que fuera debut en la dirección de la actriz francesa Mélanie Laurent (París, 21 de febrero del 83). Y no es que hiciera un mal trabajo, ni mucho menos. Pero se nota que es la película de una realizadora primeriza, encantada de filmar a sus actores ahora llorando ahora riendo, lo mismo pellizcándose que discutiendo. Es, es ese sentido, un filme hecho por y para veinteañeros que fingen tomarse la vida a la ligera, pero a los que, en realidad, les encanta dramatizar y tomársela muy en serio.

Narra la historia de dos hermanas adoptivas que, llegadas a la edad adulta, siguen compartiendo apartamento en Lyon junto a la madre de ambas y el hijo de apenas cinco años de la mayor de ellas. Lisa (Mélanie Laurent) es madre soltera y aspira a consolidarse como cantautora; en cambio, Marine (Marie Denarnaud) posee una librería (L'écume des pages) especializada en narrativa anglosajona. Aun siendo muy diferentes entre ellas, son del todo inseparables.



Hasta que un día lluvioso irrumpe en la librería Alex (Denis Ménochet) y se enamora en el acto de Marine. Aunque ello tendrá sus consecuencias, pues ni Lisa conecta con Alex ni las hermanas están tan unidas como solían. Pero entonces ocurre algo terrible: al salir del trabajo, Marine es arrollada en plena calle por un vehículo y se queda en coma. Situación que se volverá aún más tremebunda cuando los médicos constaten que la joven está embarazada de tres meses. A partir de ese momento, Lisa y Alex irán limando sus asperezas hasta convertirse en buenos amigos.

A pesar del exceso de emotividad al que antes aludíamos, hay en Les adoptés, sin embargo, alguna escena bastante lograda, como aquella en la que Alex imagina que Marine, aun llevando varios meses ingresada en el hospital, sigue en el coche con él. Momentos, como éste, de una gran delicadeza, debidamente subrayados por la música a lo Érik Satie compuesta por Jonathan Morali, del grupo Syd Matters, y la fotografía de tintes apagados a cargo de Arnaud Potier.