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martes, 14 de julio de 2026

Incontrolable (2025)




Título original: I Swear
Director: Kirk Jones
Reino Unido, 2025, 120 minutos

Incontrolable (2025) de Kirk Jones 


La vida de John Davidson, adolescente británico de clase obrera, da un giro inesperado cuando, en plena adolescencia, comienza a manifestar los primeros síntomas de lo que años más tarde sabrá que se llama Síndrome de Tourette. Espasmos, tics y exabruptos involuntarios que provocan de inmediato el rechazo frontal de un entorno que confunde con mala conducta lo que en realidad es un trastorno neurológico hereditario.

I Swear (2025), drama bienintencionado y hasta cierto punto tendencioso, peca de excesivamente pedagógico en su afán por concienciar al espectador a propósito de la necesidad de ser comprensivos (e inclusivos) con aquellos que se encuentran en la misma situación que el protagonista. Aun así, no cabe la menor duda de que la actuación de Robert Aramayo, el actor que interpreta al personaje en su edad adulta, se encuentra entre lo más destacable de una película que, pese a la dureza de su temática, logra arrancar las carcajadas del público (y alguna que otra lágrima).



Luego está la cuestión social, el desolador panorama (estamos en la Inglaterra de los noventa) que apenas se apunta y que sirve de telón de fondo de una historia repleta de momentos dramáticamente intensos. Entre otras cosas porque, aparte de cómo reaccionan unos y otros ante las salidas de tono de John (o precisamente a causa de ello), la cinta dirigida por Kirk Jones aborda también el ámbito doméstico y hasta qué punto la familia de adopción llega a cumplir un rol más decisivo que el de la biológica.

En última instancia, I Swear explora la complejidad de las relaciones humanas con una mezcla perfecta de sensibilidad, humor y honestidad emocional. Le sobra, quizá, toda esa moralina que se desprende hacia el final, con las charlas de la policía y los talleres motivacionales de John, si bien la película conecta de manera íntima con el espectador al ofrecerle un poderoso comentario sobre la importancia de la empatía en una época de constante ruido y desconexión. Y es que la relevancia de esta producción radica precisamente en su facultad para recordarnos que, más allá de nuestros errores, la vulnerabilidad compartida sigue siendo el puente más sólido hacia la auténtica comprensión mutua.



jueves, 9 de julio de 2026

La chica zurda (2025)




Título original: Zuo pie zi nü hai
Directora: Shih-Ching Tsou
Taiwán/Francia/EE.UU./Reino Unido, 2025, 108 minutos

La chica zurda (2025) de Shih-Ching Tsou


Además de productora y colaboradora habitual de Sean Baker, la taiwanesa Shih-Ching Tsou se ha lanzado a dirigir también sus propias películas. Left-Handed Girl (2025) es la primera que rueda en solitario, si bien coescribe el guion junto a Baker, responsable igualmente del montaje. Aunque no acaban ahí las conexiones entre ambos, ya que la cinta que nos ocupa, candidata a representar al país asiático en la última edición de los Premios Óscar, se ha rodado con un teléfono iPhone, tal y como ya sucediera una década atrás en Tangerine (2015), interesantísima cinta del propio Sean Baker en torno a las prostitutas trans de los bajos fondos hollywoodenses.

En esta ocasión, la trama sigue a una madre soltera que se establece en Taipéi con sus dos hijas: I-Ann (Shih-Yuan Ma), joven un tanto rebelde que trabaja en un puesto callejero, e I-Jing (Nina Ye), una inocente criatura de apenas cinco años. Juntas intentan sacar adelante un modesto chiringuito de comida rápida en un bullicioso mercado nocturno. Pero el conflicto central estalla cuando el abuelo de las niñas, chapado a la antigua, reprende a la pequeña I-Jing por ser zurda, advirtiéndole que la izquierda es "la mano del Diablo". Al malinterpretar dicha superstición, la niña asume que no será responsable de las travesuras que cometa con esa mano, por lo que comienza a robar baratijas en los comercios vecinos. A partir de esta anécdota, la película despliega un abanico temático mucho más amplio, a propósito de la mentira y la culpa, para finalmente desembocar en un espinoso secreto familiar.



A nivel narrativo, resulta sumamente original la idea de confrontar la mirada infantil de la niña, y su inocente lectura del tabú de la mano izquierda, con la hipocresía colectiva de los adultos, quienes perpetran delitos realmente graves (ya se trate de deudas, infidelidades o falsificaciones), pero buscan excusas con tal de no asumir ninguna responsabilidad. Asimismo, la influencia innegable del estilo de Sean Baker salta enseguida a la vista cuando se pone el foco sobre los más desfavorecidos, llegando a extraer un cierto toque humorístico de situaciones desesperadas. Sin embargo, ello no impide que sea la voz de Shih-Ching Tsou la que prevalezca al dotar a la historia de especificidad cultural taiwanesa, retratando determinadas presiones familiares tradicionales frente al avance frenético de la modernidad urbana.

En última instancia, Left-Handed Girl representa un triunfo del cine social humanista cuya directora ha sabido aportar una visión vibrante, colorida y devastadoramente honesta. Una radiografía de la supervivencia femenina que demuestra cómo, a veces, para solucionar determinados conflictos familiares es necesario romper con el peso muerto de tradiciones obsoletas. Y es que, nos recuerda, a menudo esas heridas no se heredan por destino, sino por silencio. De ahí que la ópera prima de Shih-Ching Tsou no sea sólo el retrato de la lucha diaria en los suburbios de Taipéi, sino una poderosa fábula urbana que demuestra que la verdadera madurez, y con ella la redención, comienzan cuando dejamos de buscar culpables invisibles, nos hacemos cargo de nuestros errores y elegimos, por fin, apoyarnos los unos a los otros.



martes, 16 de junio de 2026

Adoration (2019)




Título en español: Adoración
Director: Fabrice du Welz
Bélgica/Francia, 2019, 98 minutos

Adoration (2019) de Fabrice du Welz 


Dirigida por el belga Fabrice du Welz, Adoration (2019) representa la culminación de su aclamada "Trilogía de las Ardenas", que completan Calvaire (2004) y Alléluia (2014). Sin embargo, y lejos del terror visceral de sus predecesoras, esta última entrega se adentra en un terreno mucho más lírico, oscuro y febril: el de la locura compartida (folie à deux) y la pérdida absoluta de la inocencia.

La historia sigue a Paul (Thomas Gioria), un niño solitario que vive con su madre, enfermera en una clínica psiquiátrica privada rodeada de un denso bosque. Aunque su mundo cambia drásticamente cuando irrumpe en él Gloria (Fantine Harduin), una adolescente esquizofrénica de la que se enamora instantáneamente. Convencido de que ella corre peligro, Paul la ayudará a escapar.



A partir de ahí, la película se transforma en una road movie fluvial y boscosa que, en determinados momentos, con la pareja protagonista avanzando a través de un río, pudiera recordar a clásicos como La noche del cazador (1955). Así pues, lo que empieza como una aventura de rescate romántica evoluciona rápidamente a medida que la inestabilidad mental de Gloria aflora, arrastrando a Paul a una espiral de peligro, violencia y devoción ciega (de ahí el título de la película).

Du Welz explora el amor adolescente no como algo tierno, sino como una fuerza primitiva, ciega y destructiva. Por eso Paul no sólo quiere a Gloria, sino que la adora como a una deidad pagana, estando dispuesto a sacrificar su moral, su seguridad y su cordura para mantenerla a salvo, incluso cuando se hace evidente que el peligro real es ella misma. Y es que Adoration funciona como una versión retorcida y moderna de Hansel y Gretel en la que el director de fotografía Manuel Dacosse hace un trabajo soberbio con una paleta de colores que satura los verdes del bosque y los dorados del sol, envolviendo la huida de los jóvenes en una atmósfera de ensueño febril en la que el bosque deja de ser un escenario físico para convertirse en un reflejo del subconsciente de los protagonistas: un laberinto hermoso, pero amenazante.



martes, 7 de abril de 2026

Election (1999)




Título en español: Elecciones
Director: Alexander Payne
EE.UU., 1999, 103 minutos

Election (1999) de Alexander Payne


Muchas de las constantes del cine de Alexander Payne estaban ya presentes en Election (1999), aparente comedia de instituto que encierra, sin embargo, una demoledora visión crítica de la clase media norteamericana. En ese sentido, sus protagonistas son personajes que responden al arquetipo de loser con el agravante de que lo que dice su voz en off no se corresponde con la realidad mediocre que muestran los hechos en pantalla. Se trata, en una palabra, de perdedores que se ven a sí mismos mejor de lo que en realidad son.

El más patético de todos ellos sería, sin lugar a dudas, McAllister (Matthew Broderick) cuyo ojo hinchado a causa de la picadura de una avispa constituye la imagen más elocuente de su propia ridiculez. Profesor de Historia en el instituto de una pequeña localidad de la América profunda, su existencia discurre impartiendo clases a unos adolescentes a quienes intenta explicar la diferencia entre ética y moral y una vida familiar marcada por la falta de sintonía con su esposa Diane (Molly Hagan).



Lo irónico del caso es que la conducta de McAllister resulta de todo menos ejemplar, especialmente en su forma de interponerse en el camino de la perfeccionista Tracy Flick (Reese Witherspoon) para que ésta, la típica alumna sobresaliente, no alcance la presidencia del consejo estudiantil. Y es que, a diferencia de los villanos obvios, Jim se cree una buena persona. Sin embargo, su obsesión por detener a Tracy nace de un resentimiento personal y una superioridad moral injustificada. De ahí que Payne, como apuntábamos más arriba, utilice la voz en off para mostrar la desconexión entre lo que el personaje afirma y lo que realmente siente.

Filme incómodo, construido a partir de una innegable voluntad desmitificadora, parece sugerir que los procesos electorales no tratan sobre quién es el mejor líder, sino sobre quién manipula mejor el sistema o quién resulta menos irritante. En ese sentido, la falacia de la democracia, aplicada al microcosmos académico en el que transcurre la acción, adquiere un tono de sátira mordaz que conecta de pleno con el estilo igualmente socarrón de otros cineastas por entonces en pleno auge como, por ejemplo, Judd Apatow o Paul Thomas Anderson.



martes, 3 de febrero de 2026

Movida del 76 (1993)




Título original: Dazed and Confused
Director: Richard Linklater
EE.UU., 1993, 103 minutos

Movida del 76 (1993) de Richard Linklater


El subgénero de las comedias generacionales inaugurado por American Graffiti (1973) suele ser objeto, cada cierto tiempo, de recurrentes homenajes nostálgicos, como lo demuestra el hecho de que tuviese una nueva entrega de la mano de Richard Linklater, director y guionista de Dazed and Confused (1993). Filme coral de factura muy semejante a los primeros trabajos de, por ejemplo, Paul Thomas Anderson, la acción se sitúa en una pequeña localidad de Texas el último día de clase de 1976. Momento de entregarse a las juergas y ritos iniciáticos mediante los que los estudiantes del instituto de secundaria del lugar pretenden dar la bienvenida al verano y, de paso, dejar atrás la infancia.

Las notas de "Sweet Emotion", de Aerosmith, suenan de fondo durante los títulos de crédito iniciales, anunciando que varios de los personajes tienen previsto asistir a uno de los conciertos que dicha banda ofrecerá en breve. Aunque son muchas otras las canciones que conforman la columna sonora de una cinta en la que se incluyen multitud de temas míticos de aquel entonces (a cargo de Alice Cooper, Deep Purple, Black Sabbath, Bob Dylan...) y cuyos derechos de autor, según parece, supusieron buena parte del presupuesto total de la producción.



La clásica tríada compuesta por sexo, drogas y alcohol constituye, a su vez, la triple obsesión en torno a la cual giran las vidas de los protagonistas, jóvenes dispuestos a comerse el mundo y para quienes la propia existencia no deja de ser concebida como una fiesta perpetua. Sin embargo, Richard Linklater utiliza la nostalgia no como un filtro decorativo, sino como una herramienta para explorar la condición humana en un momento de transición. Así pues, los hechos expuestos dibujan un microcosmos cuya estructura social se perpetúa a través del abuso, de modo que los que en su día fueron objeto de las más crueles novatadas (caso del personaje interpretado por Ben Affleck) humillan ahora ferozmente a los recién llegados.

Y es que, a pesar del aparente tono distendido que predomina a lo largo de la película, en la actitud de la mayoría de esos muchachos subyace el temor de que la preparatoria represente en realidad el momento álgido de sus respectivas vidas, lo cual les genera una sensación de urgencia melancólica. De ahí que celebren los placeres con tanto entusiasmo, ya que intuyen que, después de esa noche, el tiempo sólo avanzará para ellos en una dirección tan terrible como monótona: la de las responsabilidades de la edad adulta. En otras palabras: para ellos la diversión bulliciosa no supone un paso adelante, sino una fase donde quedarse estancados para siempre.



viernes, 31 de octubre de 2025

Recién nacidas (2025)




Título original: Jeunes mères
Directores: Jean-Pierre y Luc Dardenne
Bélgica/Francia, 2025, 105 minutos

Recién nacidas (2025) de los Dardenne


Fieles a su estilo austero, los hermanos Dardenne presentan la enésima entrega de una forma de hacer cine en la que lo social y lo etnográfico se dan la mano. Como su propio título indica, Jeunes mères (2025) aborda en esta ocasión la realidad de unas jóvenes cuya maternidad debe ser afrontada, en la mayoría de casos, en solitario. Son chicas de extracción social humilde a las que el dilema de si quedarse o no con unos hijos que a menudo son fruto de relaciones esporádicas las coloca al borde del colapso.

De todas formas, la presencia continua de los servicios sociales atenúa en cierto modo la cruda realidad familiar de unas jóvenes que en su momento tampoco fueron criaturas deseadas. De hecho, si replican unos patrones determinados es porque crecieron bajo el influjo de lo que vieron a su alrededor. Pero, aun así, hay también lugar para la esperanza y pese a que algunas de ellas se lleven a matar con sus respectivas madres, lo cierto es que ahora son ellas las que, como en el título español de la película, están "recién nacidas" a la vida.



Asimismo, y a diferencia de lo que ocurría en muchos de sus filmes anteriores, centrados en un solo personaje, los Dardenne optan en esta ocasión por un formato coral y de múltiples perspectivas, lo cual permite explorar la experiencia de la maternidad adolescente en su diversidad. A tal efecto, los cineastas llevaron a cabo un minucioso trabajo de campo, visitando diferentes centros del área de Lieja, en consonancia con el espíritu crítico que, según ellos, ha de guiar la experiencia cinematográfica.

Sin embargo, y pese a que las cinco protagonistas (Perla, Jessica, Julie, Ariane y Naïma), se debaten entre si criar a sus bebés o bien darlos en adopción, lo cierto es que este trabajo se percibe en términos generales como uno de los más optimistas de los Dardenne hasta la fecha, poniendo el foco en la fuerza y solidaridad femeninas, así como en ciertos destellos de luz y esperanza (sirva de ejemplo el final, con algunos de los personajes cantando alegremente en torno a un piano) en medio de la adversidad.



jueves, 30 de octubre de 2025

Los domingos (2025)




Directora: Alauda Ruiz de Azúa
España/Francia, 2025, 115 minutos

Los domingos (2025) de Alauda Ruiz de Azúa


Se abre Los domingos (2025) con las notas del célebre "Quédate" de Quevedo, tal vez porque la protagonista de la Concha de Oro en el último Festival de San Sebastián es una adolescente cuya familia muestra algún que otro recelo ante la repentina vocación religiosa de la joven. Por ejemplo su tía Maite (Patricia López Arnaiz), gestora cultural y atea confesa que ya ha trazado un futuro laico y universitario para ella. O en un principio el padre (Miguel Garcés), hombre pragmático, propietario de un restaurante.

Por otra parte, el hecho de que Ainara (Blanca Soroa) flirtee fugazmente con un compañero del coro en el que canta le añade cierta dosis de incertidumbre al sutil proceso de discernimiento, repleto de altibajos, en el que se halla inmersa una chica que se debate entre las dudas e inseguridades propias de alguien de su edad.



Otro tanto ocurre con las monjas del convento en el que ingresa la futura novicia, muy seguras de su fe y de sí mismas pese a las reservas de la familia de Ainara. A este respecto, resulta especialmente tensa la escena de la entrevista a cuatro bandas que mantienen el padre y la tía con la madre priora (Nagore Aranburu) y la hermana Encarnación (Itziar Aizpuru): confrontación de dos realidades distintas y, en muchos sentidos, opuestas.

Todo un prodigio, en definitiva, de sutilidad y contención que rehúye el maniqueísmo y cualquier lectura inequívoca. De hecho, es esa misma ambigüedad sobre si la fe constituye un mero producto de la manipulación eclesiástica o si, por contra, existe un "Misterio" que la razón no puede abarcar, el mayor logro de una cinta, escrita y dirigida por la vasca Alauda Ruiz de Azúa (Baracaldo, 1978), en la que la decisión de Ainara actúa como el catalizador que obliga al resto de su familia a confrontar sus propias vidas, prejuicios y miedos.



miércoles, 3 de septiembre de 2025

Hada (2023)




Director: Àlex Mañas
España, 2023, 83 minutos

Hada (2023) de Àlex Mañas


Lleno total en los Cines Girona, con gente incluso sentada por el suelo, en el pase de hoy de Hada (2023). Su director, Àlex Mañas, ya hace tiempo que se hizo un nombre como dramaturgo y así lo atestiguan piezas teatrales como Algo (2005) o Amanda T (2018). Fue precisamente una vivencia relacionada con esta última, basada en el caso real del suicidio de una joven canadiense, la que le inspiró el tema central de su ópera prima cinematográfica.

Y es que la cinta de Mañas, protagonizada por alumnos del último curso de interpretación de la Escuela superior de arte dramático Eòlia de Barcelona, surgió a raíz de haber sabido éste que una antigua jugadora de su equipo de baloncesto (pues antes de dedicarse profesionalmente al teatro, Mañas había ejercido de entrenador en un colegio) se había quitado la vida tiempo después de asistir a una de las representaciones de Amanda T en el TNC.



En la ficción (cuyo guion es obra igualmente del cineasta), el vacío que esa persona deja en quienes la conocieron se traduce en multitud de dudas y preguntas sin respuesta. También en un sentimiento de culpa difícilmente soportable, motivo por el que unos y otros buscarán sus propias estrategias para sobrellevar el duelo como buenamente puedan.

Dejando de lado lo que podría haber sido una aproximación más dramática al tema, la película opta, en cambio, por un tono sobrio y realista en el que destacan las interpretaciones profundas de todo el reparto. Unos jóvenes, cada cual lidiando con el dolor que les genera una pérdida tan dolorosa como inexplicable, que se dan cita en el cementerio de Montjuïc para dedicarle el último adiós a la amiga que se fue demasiado pronto y sin dar explicaciones.



lunes, 1 de septiembre de 2025

Profesor Stanley Deen (2023)




Título original: Brave the Dark
Director: Damian Harris
EE.UU., 2023, 112 minutos

Profesor Stanley Deen (2023) de D. Harris


Es más que probable que Brave the Dark (2023) suscite no pocas reticencias entre algunos espectadores. Mayormente porque la factura del filme, dirigido por Damian Harris a partir de un caso real, se halla muy cerca de esas horrendas ficciones televisivas que abundan en las sobremesas de los fines de semana. Aun así, ello no impide que posea, al mismo tiempo, aspectos destacables que a continuación detallamos.

Su protagonista (Jared Harris: hermano, por cierto, del director de la película) es uno de esos profesores verdaderamente implicados en su labor docente. Valorado y aun querido en la pequeña comunidad en la que transcurren los hechos, lleva casi toda una vida impartiendo clases de teatro en un típico centro de enseñanza secundaria (de esos con taquillas en los pasillos) de la Norteamérica profunda. En cambio, Nate (Nicholas Hamilton) responde al perfil de alumno rebelde, aparentemente sin causa, que tarde o temprano termina por meterse en problemas.



Cuando ello finalmente se cumple, la policía local no duda en irrumpir en las aulas para, ante la mirada atónita de profesores y compañeros, detener al chaval y llevárselo preso. A partir de ese momento, Deen moverá cielo y tierra hasta conseguir que Nate vuelva al buen camino. Lo cual pasa por convencer previamente a los demás de que, pese a que nadie daría un duro por alguien cuya actitud violenta lo convierte en potencialmente peligroso, merece la pena darle una oportunidad.

El hecho de que Deen se lleve a casa a su protegido le acarrea no pocos dolores de cabeza, si bien el afecto y el ascendente positivo del maestro acabarán surgiendo efecto para que Nate supere el bloqueo derivado de las vivencias traumáticas de su infancia. En definitiva, se trataría de otro ejemplo más de buenrollismo académico, en la línea de Los que se quedan (2023) o incluso la más clásica El club de los poetas muertos (1989), pero con unos resultados más de andar por casa.



lunes, 28 de julio de 2025

Köln 75 (2025)




Director: Ido Fluk
Alemania/Polonia/Bélgica, 2025, 112 minutos

Köln 75 (2025) de Ido Fluk


Quien se enfrente a la experiencia de ver Köln 75 (2025) tendrá la sensación de estar disfrutando de varias películas a la vez. Comienza como si fuese un documental, después de un falso arranque en el que la protagonista, rompiendo la cuarta pared, decide rebobinar y comenzar de nuevo. Luego se convierte en una especie de biopic sobre Vera Brandes, la adolescente que hace medio siglo logró la proeza de organizar el mítico concierto de Keith Jarrett en Colonia. Pero también es la historia de un reportero freelance que trabaja para una revista de jazz y pretende entrevistar, cueste lo que cueste, al esquivo pianista. Cada una de esas tramas posee entidad propia dentro del conjunto, de modo que la música no es el único tema abordado, sino que también se habla bastante de tensiones familiares, ya sea entre hermanos o entre padres e hijos.

La actriz Mala Emde (Fráncfort, 1996) se mete en la piel de la intrépida promotora que inicia su carrera prácticamente a escondidas, como si de un juego se tratase, en el sótano de la clínica dental de su padre (Ulrich Tukur). Pese a la oposición familiar, la joven demuestra una tenacidad a prueba de bombas hasta salirse con la suya, primero montando una gira para Ronnie Scott (Daniel Betts) y más tarde afrontando el difícil reto de convencer al huraño Jarrett (John Magaro) para que actuase en el Kölner Opernhaus ante un público de casi mil quinientas personas.



Lo insólito de cuanto aquí se relata (y cien por cien verídico, según atestiguan las crónicas) es que el intérprete, por aquel entonces un joven de apenas veinte años, improvisó durante más de una hora tocando un modesto piano que hasta pocos minutos antes de que diese comienzo el recital estaba estropeado. De hecho, buena parte de la tensión dramática del filme que nos ocupa reside en los estresantes preparativos y en las incontables vicisitudes a que debe hacer frente Vera para dar con el ansiado piano de cola Imperial Bösendorfer que el artista había solicitado como condición sine qua non para salir al escenario.

Y, sin embargo, y como ya apuntábamos más arriba, la película es mucho más que eso. Constituye, por ejemplo, un retrato generacional en cuya banda sonora, más que jazz, suenan clásicos del Krautrock alemán como CAN, cuyo hipnótico "Mother Sky" se escucha de fondo durante varios minutos. Asimismo, pudiera decirse que el realizador Ido Fluk rescata del olvido la heroicidad de una mujer, empoderada avant la lettre, que supo hacerse un hueco en un mundo eminentemente masculino. Hasta el extremo de que su determinación dio como resultado uno de los discos más vendidos de la historia.



miércoles, 18 de junio de 2025

La receta perfecta (2024)




Título original: Vingt dieux
Directora: Louise Courvoisier
Francia, 2024, 92 minutos

La receta perfecta (2024) de Louise Courvoisier


Como tantas otras producciones del cine francés de los últimos años, Vingt dieux (2024) adolece de una falta total de originalidad desde el punto de vista cinematográfico, entre otras cosas porque antepone intereses de muy diversa índole antes que centrarse en lo meramente artístico. En ese orden de cosas, la ópera prima de la directora suiza Louise Courvoisier (Ginebra, 1994) constituye una suerte de publirreportaje cuyo principal objetivo sería promover entre los jóvenes las virtudes de la vida campestre, tal vez con la mira puesta en evitar la progresiva despoblación de esos departamentos del interior.

Ubicada en la región de los montes Jura, sus protagonistas son, así pues, adolescentes empeñados en sacar adelante una modesta granja o en ganar el primer premio en lucrativos concursos de elaboración artesanal de queso de vaca. Y todo ello al mismo tiempo que se divierten y se pelean, se enamoran, trabajan arduamente y cuidan de sus respectivas familias.



Una tragedia familiar, muy al principio de la trama, coloca al joven Totone (Clément Faveau) en la difícil tesitura de velar por su hermanita de escasos años y buscarse la vida como buenamente puede. Lo cual le conduce a emplearse en una quesería donde habrá de soportar las palizas que le propinan los otros muchachos que ya trabajan allí y que ven en el joven un rival incómodo, si bien Marie-Lise (Maïwène Barthélemy) entabla con él una relación sentimental.

Pese a venir avalada por un premio en el último Festival de Cannes y otros dos galardones en los César, lo cierto es que la historia deja traslucir una cierta impostura, tal vez porque el elenco de intérpretes lo integran esencialmente actores no profesionales. Algo más de atractivo, en cambio, tienen las escenas en las que Totone y sus esforzados compañeros de fatigas se las ven y se las desean para robar la leche, primero, y a continuación producir ellos mismos su propia variedad de delicioso queso Comté.



domingo, 20 de abril de 2025

Adolescencia (2025)




Título original: Adolescence
Director: Philip Barantini
Reino Unido, 2025, 410 minutos

Adolescencia (2025) de Philip Barantini


La expectación generada por los cuatro episodios de Adolescence (2025), filmados, cada uno, en un único plano secuencia, ha favorecido que dicha serie, auspiciada por la plataforma de la ene roja, esté en boca de todo el mundo. Y no es para menos si se tiene en cuenta la dureza de su temática, motivo por el que hasta el Primer Ministro británico ha sugerido que debería proyectarse en todos los centros escolares del país. A este respecto, basta ver la primera escena, con la policía irrumpiendo bruscamente en el domicilio de la familia protagonista, para darse cuenta de que la cosa va en serio.

Tras la conmoción inicial, la trama se desplazará sucesivamente a un colegio, adonde una pareja de detectives (Ashley Walters y Faye Marsay) prosigue con las pesquisas en busca de más evidencias. Es éste, tal vez, el capítulo más tendencioso de los cuatro, quizá porque la visión que subyace a propósito del sistema educativo británico deja entrever bastantes reservas sobre su eficacia, valiéndose de recursos tan poco sutiles como afirmar que el lugar apesta o que los alumnos se pasan el tiempo mirando vídeos. Para colmo, los docentes que intervienen son caracterizados como individuos que a duras penas pueden mantener la disciplina en las aulas.



Mucho más conseguido, en cambio, es el tercer episodio, un cara a cara entre el acusado (Owen Cooper) y su psicóloga (Erin Doherty) siete meses después de los hechos. Lo que en un principio comienza como un diálogo cordial en el que la mujer parece que se ha ganado la confianza de Jamie acaba degenerando en una agria contienda en la que el muchacho pierde varias veces los nervios cuando quedan al descubierto sus simpatías hacia el colectivo incel (acrónimo de "célibes involuntarios"). Se trata, sin duda, de un intenso duelo interpretativo, quizá el punto álgido de toda la serie.

Por último, el episodio final muestra las secuelas que el proceso ha dejado en los Miller, sobre todo en unos padres (Stephen Graham y Christine Tremarco) abrumados por el sentimiento de culpa y que no cesan de preguntarse, una y otra vez, qué es lo que habrán hecho mal. Duda razonable que planea de principio a fin de la serie y que interpela también a los espectadores, miembros de una sociedad que, sin saber muy bien cómo, genera pequeños monstruos empoderados. Puesto que aquí la pubertad se nos presenta sin filtros, con la aspereza de una herida mal curada.



viernes, 21 de marzo de 2025

Morlaix (2025)




Director: Jaime Rosales
España/Francia, 2025, 124 minutos

Morlaix (2025) de Jaime Rosales


El juego metacinematográfico que propone Jaime Rosales en Morlaix (2025) obedece a una manera eminentemente francesa de entender la puesta en escena. O al menos muy a lo Nouvelle Vague. A este respecto, la caligrafía de un Rohmer, pongamos por caso, resulta perfectamente reconocible en no pocos momentos de una película cuyo formato y color (a ratos panorámico, a ratos en blanco y negro) oscilan a capricho durante sus más de dos horas de metraje.

Asimismo, los adolescentes de la pequeña localidad bretona en la que transcurre buena parte de la acción manifiestan sus dudas existenciales con la inusitada madurez de unos jóvenes filósofos. Particularidad que confiere al relato un ligero toque erudito, en consonancia con la ya mencionada raigambre cinéfila del proyecto. Ecos del Godard de Bande à part (1964), por ejemplo, que se perciben en la coreografía que tres de los protagonistas ensayan en el patio del instituto.



Por otra parte, el imponente viaducto de la ciudad preside el perfil urbano de un microcosmos que se va a ver momentáneamente alterado tras la llegada del parisino Jean-Luc (Samuel Kircher). Sobre todo cuando este último y la bella Gwen (Aminthe Audiard) inicien un flirteo de consecuencias imprevisibles que, curiosamente, el grupo de amigos verá reflejado sobre la pantalla del cine Rialto durante una sesión en la sala de proyecciones local. Dicho filme es, en realidad, una representación de sus propias experiencias e intrigas, un espejo narrativo donde la ficción dentro de la ficción invita a los personajes, y de paso al espectador, a reflexionar sobre la naturaleza ilusoria de sus percepciones y emociones.

Y así, explorando la nostalgia y el impacto emocional de vivencias pasadas, Rosales se centra en los amores de adolescencia y en cómo éstos pueden dejar una huella indeleble en la vida de las personas. En ese sentido, la dinámica entre Gwen y Jean-Luc constituye un punto esencial de la película al evidenciar las complejidades del primer amor, con sus momentos de intensidad, vulnerabilidad y confusión. Ya en su etapa adulta, Mélanie Thierry y Alex Brendemühl toman el relevo de aquellos personajes, mostrando el paso del tiempo y las consecuencias de las decisiones tomadas en la juventud.



domingo, 20 de octubre de 2024

Los mocosos (1957)




Título original: Les mistons
Director: François Truffaut
Francia, 1957, 19 minutos

Los mocosos (1957) de François Truffaut


Un grupo de críos se dedica a espiar e incordiar a una pareja de novios durante sus flirteos amorosos. Aunque, en realidad, es a ella a quien adoran como si de una diosa se tratase. Y no es para menos, considerando las fantasías obscenas que la visión de la hermosa Bernadette (Bernadette Lafont), descalza y con las piernas al aire a lomos de su bicicleta, despierta entre la chiquillería del lugar. 

Curiosamente, la acción no se sitúa en los ambientes parisinos en los que la mayor parte de autores de la Nouvelle Vague situarán sus películas, sino que transcurre en las inmediaciones de Nimes, motivo por el que los personajes frecuentan el anfiteatro u otros monumentos de época romana como el acueducto. La voz en off de Michel François, desde un presente que rememora y aun idealiza el candor de aquellas correrías estivales de antaño, otorga al conjunto un innegable tono nostálgico.



Segundo cortometraje dirigido por el joven Truffaut, Les mistons (1957) pertenece a ese tipo de historias de iniciación en las que la inocencia toca a su fin para dar paso a los primeros tanteos en el terreno del amor erótico. Entronca, por así decirlo, con títulos muy posteriores como Verano del 42 (1971) de Robert Mulligan o, más en clave francesa, con Le souffle au cœur (1971) de Louis Malle. Travesuras veraniegas que, en definitiva, prefiguran el particular gusto por retratar a la infancia que el cineasta demostrará a lo largo de su filmografía.

No obstante, también hay algo en la nota luctuosa del final, la muerte del prometido (Gérard Blain) a consecuencia de un fatídico accidente de montaña, que anuncia con más de una década de antelación el desposorio frustrado de la protagonista en La mariée était en noir (1968). Elementos que revelan el talento en ciernes del futuro director dos años antes de su debut en el largo con Los cuatrocientos golpes (1959).



sábado, 19 de octubre de 2024

Los cuatrocientos golpes (1959)




Título original: Les quatre cents coups
Director: François Truffaut
Francia, 1959, 100 minutos

Los cuatrocientos golpes (1959) de François Truffaut


Este lunes, 21 de octubre, se cumplen cuarenta años exactos del fallecimiento de François Truffaut (1932-1984). Y qué mejor manera de rendirle homenaje que revisando la que fuera su ópera prima, aparte de título icónico de la Nouvelle Vague y una de las películas más influyentes de todos los tiempos. Se da la circunstancia, además, de que Les quatre cents coups (1959) inauguraba una longeva y fructífera colaboración entre el cineasta francés y su joven protagonista, Jean-Pierre Léaud, genial descubrimiento (tenía apenas quince años) que se iba a convertir en alter ego del director a lo largo de dos décadas y otros cinco largometrajes, siempre interpretando al mismo personaje: Antoine Doinel. Quien, entrega tras entrega, iría gradualmente madurando desde el díscolo adolescente del filme que nos ocupa hasta alcanzar la edad adulta. Hoy, por cierto, desde el pasado 28 de mayo, para ser exactos, Léaud es ya octogenario...

Un guion a todas luces autobiográfico arroja la impronta del calvario que debió ser la infancia y adolescencia del propio Truffaut. Todo ello precedido de un contexto familiar complejo en el que la madre (Claire Maurier) se casa con un hombre al que verdaderamente no ama (Albert Rémy) con la única intención de darle un apellido a su hijo. Y en la "aborrecida escuela" (que diría Machado) los discutibles métodos del maestro (Guy Decomble) no pintan un panorama mucho mejor que digamos. De modo que Antoine, apresado entre la espada de las trifulcas domésticas y la pared de los castigos escolares, opta por refugiarse en la lectura de Balzac o en hacer novillos para ir al cine o deambular en compañía de algún amigo por las calles de un París indiferente y plomizo.



Y, sin embargo, cuánta poesía subyace en esa misma realidad gris del muchacho incomprendido y problemático. Tal vez porque la mirada de Truffaut, quien a su vez dedica la cinta a André Bazin, destila una honestidad tan conmovedora como genuina. A este respecto, no cabe duda de que fue precisamente ese toque personal el que acabaría haciendo de esta obra maestra indiscutible, junto con À bout de souffle (1960) de Godard, uno de los hitos de un estilo cinematográfico, surgido de las inquietudes de los jóvenes críticos de la revista Cahiers du cinéma, mucho menos convencional en comparación a lo que hasta entonces se estilaba y, desde luego, más cercano a la realidad.

Cualidades que se condensan, como no podía ser de otra manera, en un desenlace memorable. Suena de fondo el pizzicato de la banda sonora de Jean Constantin. Un chaval corre jadeante y un tanto desorientado a través de una playa desierta. La cámara lo sigue hasta que se detiene a orillas del mar, en uno de los planos secuencia más emotivos que jamás se hayan filmado. También es un final abierto, sobre todo por esa mirada perdida del protagonista que nos interpela fijamente desde el otro lado de la pantalla, clavándose directamente en el objetivo y congelada para siempre bajo la palabra Fin.



lunes, 9 de septiembre de 2024

La buena vida (1996)




Director: David Trueba
España/Francia, 1996, 107 minutos

La buena vida (1996) de David Trueba


Deliciosa ópera prima de un cineasta que daría mucho que hablar en años venideros. Pero, ante todo, si La buena vida (1996) constituyó un debut brillante de David Trueba en la dirección, fue básicamente gracias a un libreto que demuestra hasta qué punto no es necesario que una historia sea verosímil para que el espectador entre de lleno en ella. En efecto, el relato en primera persona de Tristán (Fernando Ramallo) carece por completo de toda lógica y, sin embargo, es tanta la agudeza con la que se detalla el proceso de aprendizaje de un adolescente que se queda (casi) sólo en el mundo tras perder trágicamente a sus padres que parece la cosa más natural.

Tierna como lo sería la crónica de un Truffaut o cualquier otro maestro de la Nouvelle vague, la película discurre por unos cauces tremendamente frescos y originales, desde la entrañable figura del abuelo (Luis Cuenca) hasta la idealización que lleva a cabo el protagonista de la cautivadora prima Lucía (Lucía Jiménez). Y es que, además de los entresijos del primer amor, la cinta aborda también cuestiones de más hondo calado como la especial relación que se establece entre Tristán, aspirante a escritor (que hasta tiene colgado el retrato de Dostoievski en su habitación) y su profesora de lengua (Isabel Otero).



Lo cierto es que la iniciación sentimental del chico conlleva al mismo tiempo, ça va de soi, un interés creciente hacia el sexo contrario, ya sea a través de material pornográfico o recurriendo incluso a los servicios de una profesional (Alma Rosa Castellanos) que, por esos azares del destino, terminará ejerciendo de empleada doméstica al servicio del desamparado Tristán y su pobre abuelo.

En definitiva, el influjo francés de los referentes que maneja Trueba (concretados, por ejemplo, en el tema « Où irons nous dimanche prochain ? », de Charles Trenet) dan lugar a una hermosa fábula en la que el personaje central se evade de la realidad imaginando que su padre podría haber sido Voltaire o que sus progenitores sobrevuelan el cielo de París a bordo del mismo lecho nupcial en el que él y Lucía acaban de dar rienda suelta a su amor. Ensoñaciones, al fin y al cabo, cuya única finalidad consiste en hacer más llevadero el desamparo de alguien a quien las circunstancias obligan a madurar rápidamente y tomar las riendas de su propio destino.



sábado, 20 de abril de 2024

Crónica de un niño solo (1965)




Director; Leonardo Favio
Argentina, 1965, 79 minutos

Crónica de un niño solo (1965) de Leonardo Favio


Vaya por delante nuestro agradecimiento al amigo Frodo, que hace unos días nos puso en la pista de Leonardo Favio (1938-2012), director y actor argentino, además de cantante, cuya ópera prima, Crónica de un niño solo (1965), pasa por ser uno de los mejores filmes que jamás se hayan rodado en aquel país. Aun así, el caso es que el cinéfilo eurocéntrico experimentará sucesivamente diversas sensaciones al enfrentarse por vez primera a semejante obra maestra.

De entrada, la severidad del reformatorio donde transcurre la primera parte de la película, unida a la música clásica de la banda sonora (con temas de Domenico Cimarosa y Benedetto Marcello), harán pensar indefectiblemente en Truffaut y Les quatre cents coups (1959), si bien la huida de Polín (Diego Puente), recluido en una mísera celda, pudiera recordar al Robert Bresson de Un condamné à mort s'est échappé (1956). Luego, cuando el muchacho regrese a su villa natal y lo veamos bañarse en el río junto con otros chavales, será inevitable no acordarse de Pasolini, más del novelista que del cineasta.

"Piantadino", en lunfardo, vendría a ser algo así como "huido" o "fugado"


Sin embargo, llega un punto en el que uno debe rendirse a la evidencia y aceptar sin ambages la argentinidad de un autor, ideológicamente próximo al peronismo, que, aparte de dedicarle la película a su compatriota y maestro Leopoldo Torre Nilsson, se inspiró en sus propias (y terribles) vivencias de infancia a la hora de escribir un guion tan bello como estremecedor.

Y de este modo, con la pericia de los grandes, las imágenes en austero blanco y negro muestran la dura realidad de una criatura arrojada al mundo antes de tiempo, despojada de su inocencia a fuerza de palos y por ello justamente digna de lástima. Sentimiento que brilla por su ausencia entre los adultos, pero también entre los críos, a veces más crueles entre ellos mismos que incluso los propios instructores del correccional.