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viernes, 25 de junio de 2021

Últimas tardes con Teresa (1984)




Director: Gonzalo Herralde
España, 1984, 105 minutos

Últimas tardes con Teresa (1984) de Gonzalo Herralde


Manolo bajó los ojos un instante, tocado; y allí aquella noche como en ésta aquí, él contestó con fervor: "Es mi novia" ante alguien que sonrió incrédulo, mirándole burlonamente, casi con pena; y lo mismo que ahora, él sospechó ya entonces que lo más humillante, lo más desconsolador y doloroso no sería el ir a parar algún día a la cárcel o el tener que renunciar a Teresa, sino la brutal convicción de que a él nadie, ni aún los que le habían visto besar a Teresa con la mayor ternura, podría tomarle nunca en serio ni creerle capaz de haber podido ganar su amor.

Juan Marsé

1957: un apuesto charnego se cuela en la verbena privada de unos señores de la parte alta de Barcelona. Y, haciendo gala de su encanto natural, no sólo se gana la confianza de la anfitriona, sino que además seduce a Maruja, una de las jóvenes que asisten a la fiesta. Luego resultará que la muchacha no es más que una criada, pero eso a Manolo (Ángel Alcázar) ya le da igual. Porque el objetivo del intruso era conocer a la bella Teresa Serrat (Maribel Martín). Y Maruja (Patricia Adriani) está empleada en casa de los Serrat...

Si la novela de Marsé pasa por ser uno de los hitos de la narrativa castellana contemporánea, no puede decirse lo mismo de su versión fílmica, dirigida por Gonzalo Herralde a partir de un guion en el que, aparte de él mismo, participaron Ramón de España y el propio novelista. Aun así, la película contó con un reparto estelar en el que sobresalen, en papeles secundarios, nombres míticos de la altura de José Bódalo (Cardenal) y Alberto Closas (Oriol Serrat). Como también es relevante la presencia de Charo López (la enfermera Dina), Mónica Randall (Marta Serrat), Guillermo Montesinos (Bernardo) o Juanjo Puigcorbé (Luis).



Con todo y con eso, el resultado final, aderezado con la machacona banda sonora del maestro Bardagí, denota una falta absoluta de credibilidad, por más que la puesta en escena de Herralde contenga hallazgos como el trávelin en el que Hortensia (Cristina Marsillach) acecha a Manolo tras la verja de un jardín. Aunque todo es en vano, porque ni el pijoaparte parece un charnego de verdad ni su afán arribista está del todo conseguido. Así pues, desprovista de la mayor parte de su carga ideológica, la trama queda reducida a un mero amor imposible: apenas la crónica del idilio fugaz entre una universitaria engagé y un macarra de barrio al que la ingenua y romántica Teresa mitifica hasta el extremo de creerlo el líder de alguna célula subversiva.

Otro elemento que tiene un peso considerable en la novela, y que aquí brilla por su ausencia, es el sentido del humor. De hecho, Marsé, que sabía por propia experiencia lo que significa trabajar en un taller desde muy temprana edad, pretendía, al escribir esta historia, distanciarse de las protestas estudiantiles de finales de los cincuenta ironizando sobre el desconocimiento de esos jóvenes intelectuales de buena familia (núcleo embrionario de la futura gauche divine) a propósito de la clase obrera.



sábado, 5 de diciembre de 2020

Angustia (1987)




Director: Bigas Luna
España, 1987, 86 minutos

Angustia (1987) de Bigas Luna


Usted va a ver un film durante el cual estará sometido a mensajes subliminales y una forma benigna de hipnosis. Nada de esto le causará ningún daño físico, pero si, por algún motivo, usted pierde el control o nota que su mente se está alejando de la realidad, abandone la sala inmediatamente...

Cuando Bigas Luna no había vendido aún su alma al diablo (o a Andrés Vicente Gómez, que para el caso es lo mismo) era capaz de concebir películas notabilísimas que, como Angustia (1987), ponen de manifiesto el talento de un autor fuera de serie. Un juego de espejos, de dimensiones superpuestas desarrollándose simultáneamente, que se le ocurrió al director catalán tras haber asistido a una conferencia de Eugenio Trías en la que el filósofo analizaba los distintos planos de realidad en La ventana indiscreta (Rear Window, 1954) de Hitchcock.

Aunque entre las diversas referencias cinéfilas que contiene Angustia la más relevante sea quizá la buñueliana obsesión del protagonista por coleccionar ojos, en una cinta cuyo planteamiento metaliterario remite, asimismo, al Cortázar de "Continuidad de los parques". En todo caso, y a nivel estrictamente cinematográfico, ya dos años antes el Woody Allen de La rosa púrpura de El Cairo (1985) había ensayado en clave cómica una similar forma de contar una historia a ambos lados de la pantalla.



Rodada en un espacio a priori tan prosaico como Mercabarna, la factura visual del filme bebe, sin embargo, de modelos netamente norteamericanos a los que remeda con inusitada credibilidad. Así pues, la presencia en el reparto de la inquietante Zelda Rubinstein conecta de pleno con la saga Poltergeist. Sólo que aquí, en lugar de hacer de médium, encarna a una madre posesiva y castrante con facultades telepáticas que induce a su hijo John (Michael Lerner), quien vive junto a ella en un palacete gaudiniano repleto de pájaros enjaulados, a hacerse con el mayor número posible de retinas ajenas.

Eso en la película de terror que están viendo en el cine las adolescentes Linda y Patty. Porque en la realidad que a ellas atañe irrumpirá de inmediato un serial killer dispuesto a sembrar el pánico en la sala. Tramas paralelas que confluyen en el apoteósico desenlace, cuando lo que se está proyectando tiene su correlato con lo que ocurre en ese preciso instante en pleno patio de butacas. Se da entonces una curiosa superposición de ascendencia cervantina, que arranca con El mundo perdido (The Lost World, 1925), sigue con la ¿ficticia? The Mommy, pasa a la propia Angustia y termina con nosotros mismos al final de la cadena.



viernes, 4 de diciembre de 2020

Las edades de Lulú (1990)




Director: Bigas Luna
España, 1990, 95 minutos

Las edades de Lulú (1990) de Bigas Luna


Supongo que puede parecer extraño pero aquella imagen, aquella inocente imagen, resultó al cabo el factor más esclarecedor, el impacto más violento...

Almudena Grandes
Las edades de Lulú

Mucho antes de que las Cincuenta sombras de Grey hicieran estragos entre las mentes calenturientas de varios millones de lectores a lo largo y ancho del planeta, hubo ya, aunque circunscrita al ámbito local de aquella España de finales de los ochenta que se creía moderna sin serlo, otra novela de alto voltaje erótico que también tuvo su correspondiente adaptación cinematográfica. 

Las edades de Lulú supuso el fulgurante debut editorial de su autora, una Almudena Grandes que sería agraciada con el undécimo premio La Sonrisa Vertical. No obstante, cabría preguntarse a dónde huye la morbosidad conforme van transcurriendo las décadas. Porque lo que alguna vez suscitó el afanoso interés del público hoy apenas nos provoca una tímida sonrisa y poco más. Efectivamente, esfumada la polémica al cabo de los años, la verdad palmaria se muestra sin paliativos: el libro era malo y la película de Bigas Luna aún peor...



Vista en la actualidad, la historia de esta burguesa (Francesca Neri) que se deja arrastrar por una vorágine de sexo y tentaciones resulta a ratos cutre y a ratos ridícula. Únicamente se salva la presencia de Javier Bardem, actor en ciernes por aquel entonces, pero que ya apuntaba maneras, a pesar de la brevedad de su aparición, del extraordinario intérprete que llegaría a ser andando el tiempo.

Un Goya y un Yoga... María Barranco se llevó el preciado galardón por su papel de transexual, mientras que al inexpresivo Óscar Ladoire le fue concedido (con todo merecimiento, dicho sea de paso) el antipremio al peor actor masculino de aquella promoción. La banda sonora corrió a cargo de Carlos Segarra, líder y cantante de Los Rebeldes.



sábado, 15 de septiembre de 2018

Bilbao (1978)




Director: Bigas Luna
España, 1978, 93 minutos

Bilbao (1978) de Bigas Luna


Me gusta cómo se mueve, estoy ansioso por tenerla, sólo para mí. Dentro del coche es como de goma, me recuerda a mis cosas. Pero ella es diferente: no tiene nada que ver con lo demás...

El Bigas Luna de los inicios de su carrera fue uno de aquellos cineastas underground capaces de crear, en plena efervescencia de los años de la Transición, fascinantes atmósferas de turbadora belleza a partir de la sordidez más absoluta de la Barcelona profunda. Junto al J. A. Salgot de Mater amatísima (1980), el Ventura Pons de Ocaña, retrat intermitent (1978) y algunos otros, entre los que podrían citarse Jordi Cadena o Jesús Garay, el director catalán ensayaba una particular voz transgresora fruto de su pasión por los fetiches, el sexo y la comida, constantes todas ellas, de hecho, de buena parte de su filmografía.

Partiendo de dichos presupuestos, Bilbao (1978) narra en primera persona una historia de obsesión y erotismo latente desde el punto de vista del asocial Leo (Àngel Jové), un tipo taciturno cuya meticulosidad a la hora de observar a la joven prostituta que da nombre a la película (interpretada por la uruguaya Isabel Pisano) llegará a desembocar en un macabro ritual de amor y de muerte.



No obstante y, si bien se mira, más inquietante que el personaje de Leo es el de María (María Martín), habida cuenta de la doble moral de la que hace gala: afable y familiar de puertas hacia afuera, pero sádicamente perversa en la intimidad que comparte con Leo. Realmente, la naturaleza de su relación resulta del todo ambigua al no acabar de concretarse si existe algún grado de parentesco entre ellos.

En cualquier caso, lo que sí que es cierto, tal y como llegará a admitir Leo poco antes del desenlace, es que María es más fuerte que él, por lo que, aturdido y exasperado tras la muerte accidental del objeto de sus deseos, no le quedará más remedio que recurrir a ella para deshacerse del cuerpo. De lo que, a su vez, parece deducirse que el tío del protagonista, propietario de un matadero de cerdos, también se presta a colaborar, con lo que la aparente normalidad del clan familiar frente al carácter retraído de Leo —en principio, el único raro de la familia— queda definitivamente en entredicho.


miércoles, 20 de septiembre de 2017

Pasión lejana (1986)




Título original: Més enllà de la passió
Director: Jesús Garay
España, 1986, 98 minutos

Pasión lejana (1986) de Jesús Garay


La atmósfera que en su día recreara el cántabro Jesús Garay para Pasión lejana (1986) resulta, al cabo de tantos años, genuinamente ochentera: una cantante pop que desaparece misteriosamente antes de un concierto; una trama vagamente paranormal en la que intervienen estigmas y otros elementos de tipo mesiánico; localizaciones barcelonesas en espacios claustrofóbicos; la banda sonora de Leo Mariño a base de sintetizadores; una cadencia sosegada de las imágenes que termina desembocando en una quietud exasperante...



Juanjo Puigcorbé fue galardonado en el Festival de Sitges por su papel de Ángel y Garay como mejor director por la Generalitat de Catalunya, premios que, treinta años después, pueden parecer un tanto exagerados, pero que revelan bastante a las claras hasta qué punto fue bien acogida por la crítica una película que pretendía conectar con el espíritu inquietante del cine de David Lynch.