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miércoles, 4 de marzo de 2026

La tarta del presidente (2025)




Título original: Mamlaket al-qasab
Director: Hasan Hadi
Irak/Catar/EE.UU., 2025, 105 minutos

La tarta del presidente (2025) de Hasan Hadi


En el Irak anterior a la caída de Sadam Husein, una niña de condición social muy humilde es agraciada con un "premio" de lo más singular: prepararle una tarta de cumpleaños al presidente de la nación con motivo del cincuenta aniversario de éste. Ni que decir tiene que tal honor le supone a ella y a su abuela un auténtico quebradero de cabeza, considerando que deberán desplazarse a la ciudad con el objetivo de conseguir los ingredientes necesarios para tan alta ocasión. Circunstancia que, a fin de cuentas, no hace sino contribuir a que se precipiten los hechos descritos en esta película.

Porque, una vez en la capital, resultará que Bibi (Waheeda Thabet), la anciana a cuyo cargo está la niña, pretendía en realidad venderla a otra familia, por lo que la avispada Lamia (Baneen Ahmad Nayyef) decide escaparse, dejando a la mujer protestando airadamente en una comisaría, donde los agentes le dan largas a pesar de su insistencia para que busquen a la pequeña, mientras ésta se embarca en una auténtica odisea en compañía de su apreciado gallo Hindi y de otro muchacho, Saeed (Sajad Mohamad Qasem), vecino suyo de la aldea.



Filme de inspiración neorrealista, el interés de Mamlaket al-qasab (2025) radica sobre todo en la espontaneidad de unos personajes enfrentados a las consecuencias imprevisibles de su trágico destino. Una mirada inocente, en abierto contraste con la sordidez del ambiente que los rodea, que convierte a los niños en los verdaderos héroes de una sociedad en descomposición. En ese sentido, llama poderosamente la atención la malicia que destilan los adultos, ya sea el maestro de escuela haciendo apología de la delación en un aula repleta de alumnos a los que pretende adoctrinar o aquel otro individuo que intenta engatusar a la niña para llevársela con él a la oscuridad de una sala de cine en la que se exhiben películas eróticas.

En definitiva, la búsqueda de tan preciados ingredientes en un país donde, a causa del embargo internacional, no hay harina ni azúcar ni huevos se transforma en una cuestión de vida o muerte. De hecho, la presencia asfixiante del dictador en los murales desconchados, en los himnos escolares y, sobre todo, en el miedo de los mayores contribuye a mostrar cómo en un régimen totalitario se infantiliza a los adultos y, al mismo tiempo, se obliga a que los niños pierdan la inocencia antes de tiempo. Primera película iraquí en toda la historia en entrar en la shortlist de los Óscar que permite optar al galardón a mejor cinta extranjera.



domingo, 15 de marzo de 2020

Buried (2010)




Título en español: Enterrado
Director: Rodrigo Cortés
España, 2010, 95 minutos

Buried (2010) de Rodrigo Cortés


Vivimos días de confinamiento, atrincherados a la espera de que amaine la pandemia. Reclusión que a más de uno se le antojará insufrible, puede que hasta claustrofóbica. Aunque podría ser peor: podríamos estar bajo tierra como el protagonista de Buried, aquel guion imposible de filmar, incluido en la célebre Blacklist hollywoodense, que el gallego (y salmantino de adopción) Rodrigo Cortés se atrevió a rodar en apenas diecisiete días y con un solo intérprete.

Exigente ejercicio de estilo en la más pura tradición hitchcockiana cuya única premisa era mantener en vilo al espectador durante noventa minutos sin salir, en ningún momento, de los límites de un ataúd. Dinamismo que se logra, además de a través de la convulsa banda sonora compuesta por Víctor Reyes, jugando continuamente con una iluminación escasa pero cambiante a base de elementos tan sencillos como un encendedor, un teléfono móvil, una linterna o un led.



Ryan Reynolds se dejó literalmente la piel durante un rodaje que tuvo lugar en Barcelona, pese a que la acción transcurra teóricamente en Irak. Su personaje, conductor norteamericano para una empresa de servicios, es víctima de un ataque terrorista, por lo que será enterrado vivo a la espera de que paguen un cuantioso rescate por él.

Los verosimilistas alegarán, tal vez, que una persona difícilmente podría aguantar hora y media sepultada sin que se le acabase antes el oxígeno (sobre todo si mantiene encendido el mechero) o que la batería de su BlackBerry dura demasiado tiempo con tan sólo tres rayitas de carga. Ni siquiera a un Zippo le cabe tanta gasolina en su interior... Minucias, si se comparan con la maestría demostrada por Cortés a la hora de filmar el interior de un féretro mediante angulaciones de todo tipo y sin repetir ni un solo plano.