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miércoles, 30 de agosto de 2017

Tener y no tener (1944)




Título original: To Have and Have Not
Director: Howard Hawks
EE.UU., 1944, 100 minutos

Tener y no tener (1944) de Howard Hawks


You know how to whistle, don't you, Steve? You just put your lips together and blow...

"Si me necesitas, silba..." Y, sin embargo, la frase ni fue escrita por los dos premios Nobel que colaboraron en la película (Hemingway por su novela y Faulkner como guionista) ni tampoco estaba previsto que formase parte de los diálogos. Como suele suceder muchas veces, la que acabaría siendo una de las máximas míticas de la historia del cine surgió fruto de la casualidad, durante un ensayo en los estudios Warner. Fue Howard Hawks el responsable de que dicha improvisación con una incipiente estrella llamada Lauren Bacall acabase incluyéndose en el guion definitivo y, por esa puerta, entrar en el olimpo de los momentos inmortalizados a través del celuloide.

Sin embargo, Tener y no tener no resultó una película multipremiada: apenas un galardón del National Board of Review concedido a Bogart por su papel de Harry Morgan fue todo su bagaje. No cumplió, pues, con la expectativa de ser otra Casablanca que la Warner había depositado en ella. Y es que, de hecho, son varios los puntos en común entre ambos clásicos, habida cuenta de la deliberada voluntad de repetir el éxito que la major había cosechado dos años antes con el mismo actor protagonista y un argumento en el que también se mezclaban héroes de la Resistencia empeñados en abandonar el aislamiento de un pequeño enclave colonial para liberar del yugo nazi a Francia y al resto del mundo.

Como ocurría en Casablanca, un pianista vuelve a animar las veladas

En este caso, la acción se trasladaba desde el norte de África hasta la Martinica, en aguas del mar Caribe, gestándose durante el rodaje una de las parejas más célebres que jamás vieron los siglos (pasados y venideros): la Slim de la pantalla era, en la vida real, apenas una principiante que a duras penas llegaba a los veinte años. Pero, a pesar de la diferencia de edad (Bogie ya tenía 44...), surgió de inmediato la química entre ambos, para delirio de mitómanos y desesperación de Howard Hawks, que ya le había echado el ojo a la sílfide. Se casaron al año siguiente y permanecerían juntos hasta que el cáncer se llevó al actor en 1957. El resto forma parte ya de la leyenda.

Aunque no hay que olvidarse de los demás secundarios que trabajaron en To Have and Have Not. Algunos, como el francés Marcel Dalio, ya habían participado en Casablanca, adonde hacía de crupier en el casino de Rick (Bogart). Aquí, vuelve a colaborar en favor de la causa aliada, pero esta vez haciendo de enlace entre Harry Morgan y el matrimonio de Bursac. El alcoholizado Eddie (Walter Brennan) es quizá el contrapunto cómico más notable de la película, con sus peculiares andares a base de saltitos y dejando a cuadros a propios y extraños con una pregunta recurrente: "Was you ever bit by a dead bee? ("¿Te ha picado alguna vez una abeja muerta?") Algo a lo que sólo la avispada Slim sabrá responder, metiéndose en el bolsillo a Eddie, a Harry y a todo ser viviente que haya visto alguna vez Tener y no tener.


miércoles, 19 de julio de 2017

Ciudad sin ley (1935)













Título original: Barbary Coast / Port of Wickedness
Director: Howard Hawks/William Wyler
EE.UU., 1935, 91 minutos

Ciudad sin ley (1935)

La "costa bárbara" a la que alude el título original de esta antigua producción de Samuel Goldwyn es la de San Francisco en 1849, durante la fiebre del oro. Junto con el "puerto de maldad" del título de reestreno y la "ciudad sin ley" del español, nos da una idea aproximada del ambiente de depravación que iba asociado a la avaricia de quienes hasta allí se desplazaban con miras a enriquecerse lo más rápida y fácilmente. 

Situar una historia de amor en un entorno tan mezquino parecía un reto complicado, sobre todo porque el guion de Ben Hecht y Charles MacArthur bebía del wéstern y del cine de gánsters sin ser ni una cosa ni la otra. Por eso Goldwyn decidió relevar en la dirección a William Wyler a las pocas semanas y entregar las riendas a alguien capaz de conferir mayor brío a una trama ya de por sí poco verosímil (el convertir a Joel McCrea en un minero erudito que ama la poesía es, tal vez, el mejor ejemplo).



No fue, pues, un rodaje placentero, en especial por la actitud caprichosa de una Miriam Hopkins empeñada en eclipsar al resto del reparto. Al parecer, tuvo sus más y sus menos con el temperamental Edward G. Robinson y el equipo, en general, acabó bastante hasta el gorro de ella. Y es curioso porque esa tensión se palpa después en la película: no se puede decir que el resultado final fuese del todo satisfactorio, teniendo en cuenta la escasa química que hubo entre los actores.

Aun así, la célebre escena de la ruleta en Casablanca tiene aquí un claro precedente que a buen seguro sirvió de inspiración a sus guionistas: cuando Mary 'Swan' Rutledge, a la sazón crupier del Bella dona, hace que la bola vaya a parar a la casilla negra en repetidas ocasiones, está resarciendo el agravio cometido contra Jim Carmichael (McCrea), al que previamente había desplumado arrebatándole su cargamento de oro en polvo. Peculiar demostración de amor hacia alguien que le permitirá huir de aquel antro, mientras los Vigilantes (cuadrilla de improvisados justicieros que se forma espontáneamente entre los vecinos del lugar) ajustan cuentas con el vil Chamalis y sus secuaces.


domingo, 12 de abril de 2015

Los conspiradores (1944)




Título original: The Conspirators
Director: Jean Negulesco
EE.UU., 1944, 101 minutos

Los conspiradores (1944) de Jean Negulesco


Vincent Van Der Lyn (Paul Henreid), un infatigable luchador por la libertad de Holanda durante la Segunda Guerra Mundial, se ve obligado a viajar a la neutral Lisboa para escapar de los nazis. Allí se une a un pequeño grupo de conspiradores que operan en la clandestinidad, cuyo líder, Ricardo Quintanilla, sabe que uno de ellos está espiando para los alemanes y necesitará de la pericia de Van Der Lyn para identificar al traidor.

Rodada dos años más tarde, Los conspiradores comparte numerosos elementos con la celebérrima Casablanca (1942), más allá de la simple historia de espionaje nazi. La película incluye la participación de actores como Paul Henreid, Sydney Greenstreet y Peter Lorre, todos ellos parte del elenco de Casablanca. En el apartado técnico, la película contó con la música de Max Steiner y la dirección de fotografía de Arthur Edeson, como ya hicieran ambos en Casablanca

"Siempre nos quedará Lisboa..."


Al igual que Casablanca, esta película fue producida por la Warner Bros. Y, lo que resulta más interesante de todo, Los Conspiradores tiene como protagonista femenina a Hedy Lamarr, para quien el papel de Ingrid Bergman en Casablanca había sido originalmente escrito antes de que lo rechazara y que había aparecido previamente en Argel (dirigida en 1938 por John Cromwell), modelo de inspiración para Casablanca. Y por si todo esto fuera poco, tanto Casablanca como Los Conspiradores fueron dirigidas por sendos cineastas nacidos en la Europa del Este: Michael Curtiz en Hungría y Jean Negulesco en Rumanía.

En cuanto al guion, también son muchas las similitudes: un local nocturno en el que se juega a la ruleta (en este caso en Estoril), una supuesta mujer fatal (que quizá no lo es tanto) se debate entre dos amores, una escena final memorable con despedida incluida... Todo ello pone de manifiesto cuál era el sistema de producción en los estudios cinematográficos americanos en una época en la que imperaba la "cadena de montaje": continuamente se reutilizaban los mismos ingredientes, porque cada semana se estrenaban un sinnúmero de filmes. Posteriormente, el tiempo y el glamour se encargarían de que se convirtiesen en míticas películas que, como Los conspiradores, en su momento solo fueron una de tantas.

Aunque los carteles promocionales aparezcan coloreados, la película fue filmada en blanco y negro

miércoles, 28 de enero de 2015

Casablanca (1942)




Director: Michael Curtiz
EE.UU., 1942, 102 minutos

Casablanca (1942) de Michael Curtiz

La que para muchos es la mejor película de la historia está ambientada durante la Segunda Guerra Mundial: el americano Rick Blaine (Humphrey Bogart) regenta el selecto Rick's Café, el local nocturno más concurrido de la ciudad de Casablanca. Se trata de un antro de juego que capta a un público de lo más variado: partidarios de la Francia de Vichy, oficiales nazis, exiliados políticos, ladrones...

Una noche llega allí un hombre llamado Ugarte (Peter Lorre) con unas cartas de tránsito, visado especial que permite la libre circulación a través de la Europa controlada por los nazis y así llegar a Lisboa, desde donde se podría partir rumbo a América. De ahí que tales documentos tengan un incalculable valor entre los refugiados que esperan en Casablanca su oportunidad para escapar. Ugarte pretende venderlos lo antes posible aunque, antes de que ello suceda, es mandado arrestar por el Capitán Renault (Claude Rains), por lo que entrega los documentos a Rick.

Es entonces cuando en la vida de Rick reaparece Ilsa Lund (Ingrid Bergman), antigua amante que lo había abandonado en París sin explicaciones, dejándolo sumido en la tristeza, y quien, junto a su marido, un destacado líder de la Resistencia llamado Victor Laszlo (Paul Henreid), entra en el Rick's Café con el objetivo de comprar los visados. La pareja necesita los salvoconductos para dejar Casablanca y salir hacia EE.UU., desde donde él podría continuar su labor. A la noche siguiente, Laszlo se entrevista con Rick, sospechando que este tiene dichos documentos, pero Rick se niega a entregárselos, pidiéndole que le pregunte a su esposa el motivo. El diálogo se ve interrumpido cuando un grupo de oficiales nazis, bajo las órdenes del mayor Strasser (Conrad Veidt), comienza a cantar “El guardia sobre el río Rin”. Enfurecido, Laszlo solicita a la orquesta del local que interprete “La Marsellesa” y enseguida el fervor patriótico durante tanto tiempo reprimido se adueña de la multitud y todos se unen al canto, ahogando el de los alemanes. Como represalia, Strasser ordena cerrar el local.

Rick sigue resentido con Ilsa, pero esa noche ella se le acerca cuando el local queda vacío. Cuando él se niega a darle los documentos, Ilsa lo amenaza con una pistola, pero es incapaz de disparar y le confiesa que sigue amándolo. Explica que cuando lo encontró por primera vez y se enamoró de él en París, pensaba que su marido había muerto en un campo de concentración. Pero en cuanto descubrió que Laszlo en realidad había conseguido escapar, dejó a Rick sin explicación alguna y regresó con su marido.

Laszlo llega al café cuando ya se ha ido Ilsa y le dice a Rick que se ha dado cuenta de que hay algo entre los dos. De hecho, intenta provocar que Ilsa y Rick tomen las cartas de tránsito, con tal de salvar la vida de su mujer. La policía llega y arresta a Laszlo. Rick interviene y convence al capitán Renault de que libere a Laszlo, prometiéndole que lo podrá acusar ante la Gestapo por la posesión de los visados. Cuando Renault le pregunta que por qué hace eso, Rick le cuenta que Ilsa y él se irán a Estados Unidos.

Más tarde, Laszlo recibe los documentos de parte de Rick, pero cuando Renault trata de arrestarlo Rick lo amenaza a punta de pistola para permitir la huida. En el último momento, Rick obliga a Ilsa a que suba al avión con su marido, diciéndole que si ella se queda se arrepentirá: «Tal vez hoy no. Tal vez tampoco mañana; pero sí pronto y para el resto de tu vida».

El mayor Strasser llega tras haber recibido el aviso por parte de Renault, pero Rick le dispara cuando trata de intervenir llamando por teléfono. Al llegar la policía, el capitán Renault salva la vida de Rick ordenando que capturen a los «sospechosos habituales». Le propone asimismo que deje Casablanca, recomendándole que se una a la Francia Libre en Brazzaville. Ambos se alejan caminando por la pista de aterrizaje en medio de la niebla con una de las frases finales más memorables de la historia del cine: «Louis, creo que este es el principio de una gran amistad».

Comentario:

Casablanca está basada en la obra teatral Todos vienen al Café de Rick (Everybody Comes to Rick’s) de Murray Burnett y Joan Alison (obra que, en realidad, nunca llegó a estrenarse). Se centra en el conflicto de Rick entre “el amor y la virtud”, pues deberá escoger entre su amada Ilsa o hacer lo correcto. Su duda es si ayudarla o no a escapar de Casablanca junto a su esposo, uno de los líderes de la Resistencia, para que este pueda continuar su lucha contra los nazis desde EE.UU.



Aunque el filme lo tenía todo para destacar, con actores renombrados y guionistas de primera, ninguno de los involucrados en su producción esperaba que pudiera ser algo fuera de lo normal. Se trataba simplemente de una más de las muchas producciones anuales de la maquinaria hollywoodiense. Casablanca tuvo un inicio sólido, pero no espectacular. Sin embargo, iría ganando popularidad a medida que pasaban los años y, sobre todo gracias a ser emitida por televisión, se fue colocando entre los primeros puestos en las listas de las mejores películas. De hecho, ya en 1977 Casablanca era la película emitida con más frecuencia por las televisiones estadounidenses.

Stephen Karnot, especialista en análisis literario de la Warner Brothers, la calificó como una «tontería sofisticada», pero sin embargo la aprobó. Irene Diamond, editora de guiones, convencería después al productor Hal B. Wallis para que comprara los derechos por 20.000 dólares, precio altísimo para una obra teatral jamás puesta en escena. El proyecto fue luego rebautizado como Casablanca, quizá a imitación del éxito de Argel (John Cromwell, 1938). El rodaje comenzó el 25 de mayo de 1942 y finalizaría el 3 de agosto del mismo año.

La película fue completamente rodada en estudio, excepto la secuencia que muestra la llegada del mayor Strasser, que se realizó en el Aeropuerto Van Nuys. El escenario se conservó en los almacenes de la Warner hasta la década de los sesenta.

Por otra parte, la estatura de la actriz Ingrid Bergman causó algunos problemas. Esta sobrepasaba en casi cinco centímetros a Bogart, por lo que el director tuvo que elevar al actor mediante una tarima, zapatos con plataforma o sentarlo sobre cojines en las escenas en las que aparecían juntos.



Tras pensar en varios candidatos, el productor Hal B. Wallis decidió escoger para dirigir el filme a su amigo Michael Curtiz. Mihály Kértész (quien americanizó su nombre por el de Michael Curtiz) era un cineasta húngaro judío, que había comenzado su carrera en 1912. En 1919 pasó a trabajar en Alemania, país en el que dirigió varios filmes, hasta que en 1926 se trasladó a EE.UU. El tercer grado fue su primera película americana. La última, un año antes de fallecer, sería Los comancheros (1961).

Michael Curtiz (1886–1962)

La banda sonora fue compuesta por el austriaco Max Steiner (célebre por la música de Lo que el viento se llevó). En cambio, la canción “As Time Goes By” es de Herman Hupfeld y había sido escogida para formar parte de la obra de teatro original; gozó de un resurgimiento que la colocó 21 semanas en las listas de éxitos. Así que Steiner basó por completo la música en dicha canción y en “La Marsellesa”, el himno nacional francés, transformándolos para que reflejaran diversas situaciones.

En el reparto de Casablanca hay una amplia variedad de nacionalidades, siendo estadounidenses sólo tres de los actores principales. El neoyorquino Bogart se convirtió en estrella gracias a Casablanca. Al inicio de su carrera había sido encasillado como gángster, pero Rick fue su primer papel verdaderamente romántico. La sueca Ingrid Bergman es Ilsa Lund, su personaje más famoso y recordado. Paul Henreid (actor austriaco) fue Victor Laszlo, aunque la verdad es que no se llevó muy bien con sus compañeros. De hecho, consideraba a Bogart «un actor mediocre», mientras que Bergman pensaba lo mismo de Henreid. Claude Rains es el capitán Louis Renault: actor londinense, curiosamente había servido en la Primera Guerra Mundial, alcanzando el grado de capitán. Sydney Greenstreet es el Señor Ferrari, propietario del Blue Parrot. También era inglés y había intervenido antes en El halcón maltés junto a Peter Lorre y Bogart. Lorre, el Señor Ugarte, fue un actor austrohúngaro que había trabajado en Alemania, país que abandonó tras la llegada de los nazis al poder en 1933. Conrad Veidt es el Mayor Strasser. Veidt, actor alemán, había aparecido en El gabinete del Doctor Caligari, en 1920, antes de huir también él y terminar su carrera interpretando a nazis en los filmes americanos. El estadounidense Dooley Wilson (Sam) era en realidad batería de jazz y, debido a un defecto en sus dedos, no podía tocar el piano…

Bogart y Henreid juegan al ajedrez, bajo la atenta
mirada de Rains, durante una pausa del rodaje

Recepción:

El filme se exhibió por primera vez en el Teatro Hollywood de Nueva York el 26 de noviembre de 1942, para coincidir con la invasión de las tropas aliadas de la costa norte de África y la captura de la ciudad de Casablanca.

En 1955 había recaudado ya 6,8 millones de dólares, colocándose en el tercer puesto entre las películas de guerra más rentables de la Warner Bros.

Por ser cultural, histórica y estéticamente significativa, Casablanca es una de las películas preservadas en el archivo de la Biblioteca del Congreso de EE.UU.

En 1997, el American Film Institute, tras encuestar a mil quinientos expertos en la cinematografía norteamericana, situó a Casablanca como la segunda mejor película estadounidense de la historia, solo tras Ciudadano Kane de Orson Welles.

En 2006, el sindicato de guionistas de cine y televisión así como de empleados de televisión y radio, eligió el guion de Casablanca como el mejor de todos los tiempos en su lista de Los 101 mejores guiones.

De hecho, muchas de las frases de dicho guion han quedado grabadas en la memoria de los espectadores de todo el mundo:

«Tócala de nuevo, Sam» («Play it again, Sam»). Esta es una de las frases más ampliamente asociadas con la película y, sin embargo, se trata en realidad de una cita errónea, la cual es en realidad el título original de la película Sueños de un seductor, protagonizada por Woody Allen en 1972.

«Esta va por ti, muñeca» («Here’s looking at you, kid»). Se trata de una frase que no se encontraba en los guiones preliminares. Su aparición en la película ha sido atribuida a las lecciones de póquer que Bogart le daba a Bergman entre toma y toma. Fue elegida por expertos estadounidenses como la quinta frase más memorable en la historia del cine de aquel país en una encuesta realizada en el 2005 por el American Film Institute.

En total, seis frases de esta película, según dicho Instituto, aparecen en sus listas como las más célebres, muchas más que de cualquier otra película. Las otras citas que aparecen en las listas son:

«Louis, creo que este es el principio de una gran amistad» («Louis, I think this is the beginning of a beautiful friendship»), en el puesto 20.

«Capturen a los sospechosos habituales» («Round up the usual suspects»), en el puesto 32.

«Siempre nos quedará París» («We’ll always have Paris») en el lugar 43.

«De todos los bares en todos los pueblos en todo el mundo, ella entra en el mío» («Of all the gin joints in all the towns in all the world, she walks into mine») en el puesto 67.

"We'll Always Have Paris..."