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domingo, 21 de julio de 2019

Navigator, una odisea en el tiempo (1988)




Título original: The Navigator: A Medieval Odyssey
Director: Vincent Ward
Australia/Nueva Zelanda, 1988, 92 minutos

Navigator, una odisea en el tiempo (1988)
de Vincent Ward


Tal y como sucedía en la mítica El Mago de Oz (1939), las imágenes de esta odisea medieval en el tiempo alternan el color con el blanco y negro en función de si sus personajes se hallan en uno u otro mundo. Porque, por mucho que la trama se preste a innumerables lecturas, su planteamiento es, en cambio, harto sencillo.

Inglaterra, siglo XIV: acuciados por los estragos de la peste bubónica, los habitantes de una pequeña aldea toman la determinación de excavar un corredor subterráneo que los conduzca al otro lado de la Tierra... Sólo que, cuando vean por fin la luz, además de aparecer en Nueva Zelanda se encontrarán también con que están en pleno siglo XX.



Liderados por un muchacho cuyas visiones ni él mismo es capaz de descifrar, los expedicionarios deberán hacer frente al difícil reto de forjar una cruz de acero para después plantarla en la cima de la torre de una catedral. Y todo ello en un entorno hostil poblado por extraños artefactos que parecen cosa de brujería.

El cine de los ochenta, tal vez bajo el influjo de un cierto milenarismo posmoderno, frecuentó reiteradamente la Edad Media como símbolo de un período histórico tenebroso que nos devolvía la imagen de la barbarie en la que pudiera desembocar nuestra, en teoría, confortable sociedad del bienestar. En esa línea, Excalibur (1981), Lady Halcón (1985), El nombre de la rosa (1986), La princesa prometida (1987) o Willow (1988) son sólo algunas de las cintas que conectan estilística y temáticamente con The Navigator.


viernes, 19 de julio de 2019

El regreso del Capitán Invencible (1983)




Título original: The Return of Captain Invincible
Director: Philippe Mora
Australia, 1983, 96 minutos

El regreso del Capitán Invencible (1983)
de Philippe Mora


¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¡No! ¡Es un bodrio! Pero un bodrio hecho a conciencia, en la línea de las mejores parodias que alumbró la década de los ochenta. Títulos como, por ejemplo, ¡Aterriza como puedas! (Airplane!, 1980) o Top Secret! (1984) o incluso la mítica serie televisiva El gran héroe americano (1981-1986), con la que esta película guarda bastantes puntos en común. Hasta con el universo de nuestro Jesús Franco podría conectar, considerando la presencia en el reparto de Christopher Lee haciendo de malo.

Aunque, si tiramos un poco más atrás en el tiempo, sería posible compararla también con The Rocky Horror Picture Show (1975). De hecho, tres de las diez canciones contenidas en este musical tan sui géneris fueron compuestas por Richard O'Brien y Richard Hartley, responsables de la banda sonora del susodicho filme de culto.



Con todo, conviene señalar que tras la caricatura indisimulada de la figura del superhéroe como salvador de la humanidad se esconde una visión absolutamente agorera del futuro que nos aguarda: "¡Esto ya no hay quien lo arregle!", parece que nos digan los creadores de semejante engendro y, por eso mismo, convierten en protagonista a un "superhombre" torpe y cutre que se dio a la bebida cuando, en pleno macarthismo, el Comité de Actividades Antiamericanas lo acusó de comunista por lucir una capa roja...

Tiene guasa que fueran los australianos quienes imaginasen una historia tan disparatada, probablemente porque, dada su condición de periferia dentro del mundo anglosajón, debían de sentirse legitimados para afrontar con sentido del humor los devaneos de la Administración Reagan en el contexto (eran los últimos coletazos de la Guerra Fría) de la Iniciativa de Defensa Estratégica, más conocida popularmente como "Guerra de las Galaxias". Sin embargo, lo que no tiene precio es ver al ya mencionado Christopher Lee (Mr. Midnight) cantando y bailando como un descosido.


jueves, 11 de julio de 2019

Australia (2008)

















Director: Baz Luhrmann
Australia/Reino Unido/EE.UU., 2008, 165 minutos

Australia (2008) de Baz Luhrmann

Una superproducción de ciento treinta millones de dólares no es lo que se dice cualquier cosa. Sobre todo si al frente se hallan las tres estrellas más relevantes del país que la produce. El director Baz Luhrmann y los intérpretes Nicole Kidman y Hugh Jackman unieron sus talentos (y su enorme poder de convocatoria) en un proyecto que aspiraba a convertir la historia reciente de Australia en un relato épico que, de paso, sirviese como descargo de conciencia ante los reprobables procesos de asimilación a los que fueron sometidas varias generaciones de aborígenes.

Resultado: una película innecesariamente larga, mezcla de varios géneros (con predominio del wéstern) y en la que la espectacularidad destaca por encima del guion. No faltan en ella numerosas referencias cinéfilas a títulos clásicos como Red River (1948) de Hawks, en el momento de la estampida de las reses, o C'era una volta il West (1968) de Sergio Leone. Aunque la que tiene más peso, llegando a actuar de leitmotiv dentro de la propia trama, es The Wizard of Oz (1939) de Victor Fleming.



Echando un vistazo a los trabajos más personales de su filmografía —Romeo y Lulieta (1996) o Moulin Rouge (2001)—, salta enseguida a la vista que este Baz Luhrmann debe de ser un tipo curioso, de los que no se toman nada en serio, ni siquiera a sí mismo. De ahí ese aire de pastiche novelesco que se aprecia de principio a fin en Australia y que hace que las aventuras propias de un filme del Oeste convivan con los bombardeos de la ciudad de Darwin durante la Segunda Guerra Mundial. A su vez, la música de Arvo Pärt, en las primeras escenas, y "Nimrod" de las Variaciones Enigma de Elgar, aquella melodía que también sonaba al final de El abuelo (1998) de Garci, contribuyen a elevar el tono general.

Que una remilgada aristócrata británica herede una enorme hacienda en el norte de Australia parece un inicio de lo más tópico, máxime si finalmente se acaba enamorando del rudo arriero (Jackman) al que, en un principio, no podía ni ver. Como igualmente manida es la historia del pequeño mestizo huérfano Nullah y su abuelo aborigen (llamado, muy sintomáticamente, King George). En definitiva, no se le puede pedir más a un producto que es puro mainstream.


miércoles, 3 de julio de 2019

Habitantes de la pobreza (1986)




Título original: The Fringe Dwellers
Director: Bruce Beresford
Australia, 1986, 98 minutos

Habitantes de la pobreza (1986)
de Bruce Beresford


Segunda y última de las sesiones presentadas por Bruce Beresford en la Filmoteca de Catalunya. Con el valor añadido, en esta ocasión, de tratarse del primer filme íntegramente protagonizado por nativos australianos. De hecho, el director tuvo que ingeniárselas para ir seleccionando el elenco de intérpretes, ya que hace treinta y tres años no había prácticamente ni actores ni actrices aborígenes profesionales en su país.

Nene Gare (1919–1994), la autora de la novela homónima en la que se basa la película, pasó buena parte de su vida trabajando en reservas como la que aparece en The Fringe Dwellers, por lo que conocía el tema de primera mano. Su libro, publicado por vez primera en 1961 y que terminaría convirtiéndose en un verdadero clásico moderno, ha sido lectura obligatoria para varias generaciones de australianos.



La mayoría de temas que aquí se abordan son ampliamente representativos del no siempre fácil encaje de la población autóctona en una sociedad que durante tanto tiempo les dio la espalda: segregación racial, alcoholismo, deudas, adicción al juego, embarazos no deseados... Y, sin embargo, ni Trilby (Kristina Nehm) ni sus hermanos evidencian problemas de rendimiento escolar: dato más que revelador (y un tanto buenista) con el que se pretende poner de relieve el potencial de las nuevas generaciones para su promoción social.

La de los padres, en cambio, aparece retratada como una generación débil, menos luchadora (la madre que acude al hospital para pedir ayuda económica a la hija enfermera, el padre que se juega el dinero del alquiler en una timba...), pero también más apegada, en algunos casos, a las tradiciones ancestrales. En definitiva, son, unos y otros, "los habitantes de la franja", real y metafórica, que separa dos mundos a menudo antagónicos.


martes, 2 de julio de 2019

Ladies in Black (2018)




Título en español: Señoritas de negro
Director: Bruce Beresford
Australia, 2018, 109 minutos

Ladies in Black (2018) de Bruce Beresford


Nadie diría viendo a Bruce Beresford, un tipo sencillo, ya casi octogenario, que a sus órdenes han trabajado estrellas de la categoría de Sharon Stone, Morgan Freeman, Pierce Brosnan o Sean Connery. Sin embargo, la filmografía de este director australiano (Sydney, 1940) abarca más de una cincuentena de títulos entre los que, aparte de la oscarizada Driving Miss Daisy (1989), pueden encontrarse perlas como esta reciente Ladies in Black que hoy se proyectaba en la Filmoteca de Catalunya.

Y es que Beresford, encargado de representar a su país en la sección cinematográfica del Festival Grec de Barcelona, sigue, incansable, en la brecha y ya tiene un nuevo proyecto entre manos: Monash, un biopic a propósito de su compatriota Sir John Monash (1865-1931), ingeniero civil y comandante militar durante la Primera Guerra Mundial.



Ladies in Black, adaptación de la novela de Madeleine St. John, antigua compañera de estudios de Beresford y fallecida en 2006, recrea el día a día en unos grandes almacenes en el Sydney de 1959. De modo que, dada la coyuntura histórica (movimiento de liberación de la mujer, ascenso de la clase media, llegada masiva de refugiados europeos...), coincide temática y visualmente con filmes como Criadas y señoras (The Help, 2011) de Tate Taylor.

A lo largo de sus más de cien minutos de duración asistiremos a las tribulaciones de cada una de esas dependientas: Fay (Rachael Taylor), tan bella como acomplejada por su incultura, se enamora de un apuesto inmigrante húngaro; Magda (Julia Ormond) sueña con abrir su propio negocio de alta costura; Patty (Alison McGirr) intenta salvar su matrimonio y quedarse embarazada... Aunque la verdadera protagonista de la película es la joven Lisa (Angourie Rice), universitaria en ciernes y apenas salida de la infancia que no sólo habrá de convencer a sus padres de que ya no es una niña, sino que, además, deberá aprender a compatibilizar sus aspiraciones intelectuales con un medio, sumamente patriarcal, en el que la inteligencia en una mujer no está demasiado bien vista.


martes, 10 de julio de 2018

Norte, the End of History (2013)




Título original: Norte, hangganan ng kasaysayan
Director: Lav Diaz
Filipinas, 2013, 250 minutos

Norte, the End of History (2013) de Lav Diaz


La Filmoteca de Catalunya acogía esta tarde la presencia del cineasta filipino Lav Diaz con motivo de la presentación de la retrospectiva que se le dedicará a lo largo del mes de julio en el marco del Festival Grec, que este año incluye el cine por vez primera y de forma oficial en su programación.

Con su habitual estilo y ataviado, quién sabe si para crear ambiente, con una llamativa camisa hawaiana, el también director Albert Serra le hacía los honores recordando que su amistad con Diaz (Mindanao, 1958) se remonta al Festival de Locarno de 2013, cuando éste hubo de convencer a un terco crítico suizo, miembro del jurado, para que Història de la meva mort se hiciese finalmente con el Leopardo de Oro.



El filme seleccionado para esta primera sesión, Norte, el fin de la historia, es el único en color de los dirigidos hasta la fecha por Diaz, según sus propias palabras: "Para mostrar el contraste entre la belleza de la región donde fue rodado, la misma en la que nació el dictador Marcos, y la violencia que inspira a sus habitantes". Algo comprensible, añade, teniendo en cuenta que su país padeció "cuatro siglos de colonización española, cien de dominio estadounidense, cuatro de presencia japonesa durante la Segunda Guerra Mundial y más de veinte de dictadura. ¡Y encima ahora nos gobierna un auténtico gánster!".

Libremente inspirada en Crimen y castigo, sus más de cuatro horas de duración (otro de los rasgos que definen el estilo del autor, junto con unas tomas larguísimas que, a menudo, le han valido a su cine el inapropiado calificativo de lento) narran los infortunios de dos hombres, Joaquín y Fabián: el primero, un humilde padre de familia condenado injustamente a cadena perpetua por un doble asesinato que no cometió y el segundo, autor real de los hechos, un prometedor estudiante de leyes al que, sin embargo, el sentimiento de culpa irá devorando en una feroz espiral autodestructiva.



La clave para entender el dilema planteado por Diaz y su guionista Rody Vera nos la aporta Eliza (Angeli Bayani) cuando, al conversar con una vecina, afirma que ni ella ni su marido se plantearon jamás abandonar el país para ir a trabajar al extranjero porque no querían que sus hijos crecieran sin conocer a sus padres. Que es, precisamente, la situación que les tocó vivir a Fabián (Sid Lucero) y a su hermana, hoy poseedores de una próspera granja y con posibilidad de acceder a estudios universitarios, pero desprovistos de cualquier vínculo afectivo entre ellos.

Pese a rodar, según propia confesión, con cámaras "baratas", el resultado obtenido por Diaz es de una contundencia sin paliativos: filmando la violencia fuera de campo (en eso se parece a Haneke), genera en el espectador un desasosiego a la altura de los momentos más inquietantes de la filmografía del director alemán. En ese sentido, los personajes de Norte... inspiran desprecio y compasión a partes iguales: unos, como el mencionado Fabián o el "señor" Wakwak (Soliman Cruz), por lo injusto de las atrocidades que llegan a cometer, otros (Joaquín o su esposa Eliza) por su capacidad para perdonar.