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miércoles, 4 de junio de 2025

La trama fenicia (2025)




Título original: The Phoenician Scheme
Director: Wes Anderson
EE.UU./Alemania, 2025, 101 minutos

La trama fenicia (2025) de Wes Anderson


La enésima extravagancia de Wes Anderson (Houston, Texas, 1969) tiene por protagonista a un controvertido hombre de negocios, capaz de mil y una argucias con tal de salirse siempre con la suya. Peripecias y contratiempos, las de este intrépido Zsa-zsa Korda (interpretado con bastante solvencia por Benicio Del Toro), cuya paleta cromática vuelve a insistir en las mismas tonalidades vintage de anteriores producciones de Anderson, sólo que esta vez, en lugar del habitual Robert Yeoman, el responsable de la fotografía ha sido el francés Bruno Delbonnel.

Queda claro, por lo tanto, que estamos ante la obra de un autor (Sorrentino sería otro caso similar) para quien lo visual prevalece sobre lo argumental. Disparatado, gratuito, poseedor de un universo propio tal vez genial, su estilo bebe, sin duda, de fuentes como el cómic o los cartoons. De ahí ese ritmo trepidante tan característico, plagado de guiños cinéfilos que van desde el aterrizaje de emergencia sobre un maizal que recuerda vagamente al de Con la muerte en los talones (1959) hasta la partida de cartas a lo Viridiana (1961) de la última secuencia.



Por lo demás, The Phoenician Scheme (2025) no deja de ser otro engendro sin pies ni cabeza, adorable en su afán monumentalista e intelectualoide al son de varias piezas de Stravinski. Se parece, incluso, en determinados momentos (por ejemplo, en las escenas de temática bíblica en blanco y negro) a algunas de las últimas propuestas del griego Yorgos Lánthimos. No en vano, también pulula por ahí, en un papel menor, Willem Dafoe, actor fetiche y predilecto de todo este tipo de cineastas, en cuyas películas se prodiga con bastante asiduidad.

Del oscuro y complejo entramado familiar que se adivina entre el refinado magnate y su hija (Mia Threapleton) mejor no decir mucho: a fin de cuentas, tampoco queda muy claro en un guion delirante repleto de diálogos que rozan lo autoparódico. Eso sí: como ya viene siendo habitual en las últimas entregas de su ya extensa filmografía, Anderson se rodea de una fabulosa y exuberante troupe de intérpretes entre la que sobresalen los nombres de Tom Hanks, Bill Murray, Scarlett Johansson, Benedict Cumberbatch y hasta Mathieu Amalric.



jueves, 21 de noviembre de 2019

Buenos principios (2019)




Título original: Mon chien Stupide
Director: Yvan Attal
Francia/Bélgica, 2019, 106 minutos

Buenos principios (2019) de Yvan Attal


Veinticinco años de sequía resultan demasiados para un escritor que, en su momento, alcanzó la gloria literaria con un solo libro, pero que, después de tanto tiempo e infructuosos intentos, no ha logrado, ni siquiera por casualidad, igualar aquel éxito de ventas. Obsesionado con la ciudad de Roma, aunque viva a orillas del Atlántico, padre de cuatro hijos adolescentes con los que no termina de conectar y casado con una mujer de la que cada día parece distanciarse más y más, Henri Mohen (Yvan Attal) reúne todas las condiciones para ser un fracasado. De hecho, él está convencido de que su entorno familiar tiene la culpa de su falta de inspiración.

Sin embargo, en el transcurso de una noche de tormenta un ejemplar de mastín napolitano, descomunal y desmañado, irrumpe misteriosamente en el jardín de los Mohen para, a continuación, colarse en casa, de donde ya no habrá forma de sacarlo. Identificándose con el pobre chucho —feo, sucio y maloliente— al que nadie quiere, Henri lo bautizará con el poco agraciado nombre de Estúpido.



Tenía que haber sido Claude Berri (1934–2009) quien hubiese dirigido esta adaptación de una novela de John Fante y es por eso que Mon chien Stupide (que aquí se ha titulado Buenos principios) está dedicada a su memoria. Finalmente, el proyecto acabó en manos del actor, director y productor Yvan Attal, responsable, hace un par de años, de Una razón brillante (2017). No obstante, el enfoque de la cinta que nos ocupa adquiere una dimensión muchísimo más personal que la anterior, toda vez que Attal ha contado con la presencia en el reparto, por enésima vez, de la que es su pareja en la vida real, la actriz Charlotte Gainsbourg, además de con uno de sus hijos: Ben Attal.

La angustia, rayana en depresión, que genera una crisis creativa o las servidumbres a las que está expuesta y aun sujeta la carrera de todo novelista (ya sea en forma de agentes literarios, editores o cualquier otro tipo de intermediario entre el autor y su público) aparecen perfectamente retratados en una película cuyo principal desacierto sea, tal vez, el abuso de la voz en off del protagonista a la hora de presentar y analizar los hechos que se cuentan.


sábado, 8 de diciembre de 2018

Los fantasmas de Ismaël (2017)




Título original: Les fantômes d'Ismaël
Director: Arnaud Desplechin
Francia, 2017, 135 minutos

Los fantasmas de Ismaël (2017) de Arnaud Desplechin


¿Cómo definir una película que es de todo menos convencional? Baste decir que se trata de un filme de Arnaud Desplechin (Roubaix, 1960) y ya no hará falta añadir nada más. Hay, eso sí, en Les fantômes d'Ismaël diversos estratos sobre los que se irá saltando de un modo tan caprichoso como inesperado. Así, por ejemplo, la acción arranca en un cónclave de espías que se preguntan por el paradero del misterioso Ivan Dédalus (Louis Garrel), su agente más avispado, aunque luego resulta que ello no era más que la visualización de los diálogos que Ismaël, cineasta profesional, está escribiendo para su próximo proyecto.

Este Dédalus es, según parece, el hermano de un personaje que lleva años transitando a lo largo de la filmografía de Desplechin y cuyo nombre aparece, además de aquí, en Comment je me suis disputé... (ma vie sexuelle) (1996), Un conte de Noël (2008) y la más reciente Trois souvenirs de ma jeunesse (2015). Casi siempre interpretado por Mathieu Amalric, si bien el actor se mete, en esta ocasión, en la piel del ya mencionado Ismaël Vuillard (y Vuillard era, por cierto, el apellido de la familia que se tiraba los trastos a la cabeza en Un cuento de Navidad).

Carlotta (Marion Cotillard) e Ismaël (Mathieu Amalric)


Todo conectado, pues, aunque no por ello más claro... Aun así, el propio Desplechin nos aporta algunas claves, en forma de referencia cinematográfica, para arrojar algo de "luz" sobre la verdadera naturaleza del relato que estamos viendo. En ese sentido, el hecho de que Ismaël toque al piano el tema central de la banda sonora que Bernard Herrmann compusiera para Marnie (1964) no deja de ser un tanto equívoco, ya que es, sobre todo, de Vértigo (1958) de donde más bebe el director francés. Como sucedía en la mítica cinta de Hitchcock, Carlotta (Marion Cotillard) regresa "de entre los muertos" veintiún años después de que se la diese por desaparecida. Rasgo de tono fantasmagórico que la emparenta con la mujer que interpretaba Kim Novak hace ahora seis décadas y que —como curiosamente sucedía, asimismo, en 8 mujeres (2002) de François Ozon— nos mira fijamente desde el interior de un inquietante retrato al óleo que cuelga de la pared en casa del protagonista.

Sylvia (Charlotte Gainsbourg) es, por último, el eslabón que faltaba para completar un puzle de compleja resolución en el que no todas las piezas encajan con la misma facilidad. En cualquier caso, ella es la esposa resignada que ocupó el vacío dejado por Carlotta y que ahora deberá enfrentarse, con flemático estoicismo, a la repentina e inesperada irrupción de su predecesora (que es, por cierto, la hija de un neurótico director de cine judío con el que Ismaël tiene también sus más y sus menos y al que éste acompañará hasta Tel Aviv con motivo de una retrospectiva que allí le dedican).

Sylvia (Charlotte Gainsbourg) junto a Ismaël en el cementerio


En fin, ¿alguien da más? Y eso no es todo: quien tenga la paciencia de aguantar hasta el final las más de dos horas del montaje del director también podrá ver a la Cotillard bailando al son de Bob Dylan, así como identificar (o al menos intentarlo) las citas textuales extraídas de las obras de Lacan o Philip Roth que contienen los diálogos... No es, pues, de extrañar la frialdad con la que Los fantasmas de Ismaël fue acogida en su presentación en el Festival de Cannes del año pasado: es prácticamente la misma que le ha dispensado la cartelera barcelonesa, donde el filme sólo puede verse en un par de salas...


El director Arnaud Desplechin en pleno rodaje

lunes, 27 de agosto de 2018

Promesa al amanecer (2017)




Título original: La promesse de l'aube
Director: Éric Barbier
Francia, 2017, 131 minutos

Promesa al amanecer (2017) de Éric Barbier


La vi bajar del taxi, frente a la cantina, con el bastón en la mano y un cigarrillo en los labios y, ante la mirada burlona de los soldados, me abrió los brazos con un gesto teatral, esperando que su hijo corriera hasta ella, siguiendo la mejor tradición. […]
-Serás un héroe, serás general, Gabriele d'Annunzio, embajador de Francia... ¡Esos golfos no saben quién eres tú! […]
Ya no oía las risas, ya no veía las miradas burlonas, rodeaba sus hombros con el brazo y pensaba en todas las batallas que iba a librar por ella, en la promesa que me había hecho, al alba de mi vida, de hacerle justicia, de dar sentido a su sacrificio y de volver algún día a casa, después de haber disputado victoriosamente la posesión del mundo a aquellos cuyo poder y crueldad había aprendido a conocer tan bien, desde que empecé a dar los primeros pasos.

Romain Gary
La promesa del alba
Traducción de Noemí Sobregués

Uno de los libros con cuya lectura más he disfrutado en toda mi vida es La promesse de l’aube del irrepetible Romain Gary, autor de títulos igualmente notables como La vie devant soi o Chien blanc. De hecho, la existencia del propio Gary, paradigma del self made man, ya fue en sí misma una magnífica novela: aparte del recorrido vital que se relata en las susodichas "memorias", bastará decir que ganó el Goncourt dos veces, en 1956 y 1975 (algo insólito y que va contra las bases del premio, pero que fue posible porque los miembros del jurado ignoraban la identidad que se escondía tras el seudónimo Émile Ajar), que estuvo casado con la mítica actriz Jean Seberg entre 1962 y 1970 o que dirigió dos películas: Les oiseaux vont mourir au Pérou (1968) y Kill! (1971). Se suicidó en París el 2 de diciembre de 1980.

La relación de Gary con el cine no fue, ni mucho menos puntual. De entrada, no pocas de sus obras fueron objeto de adaptaciones, ya en vida del autor: John Huston llevó a la pantalla Las raíces del cielo (1958); Nunnally Johnson, Sin tiempo para vivir (1959); Peter Ustinov, Lady L (1965); el egipcio Moshé Mizrahi, Madame Rosa (1977); Costa-Gavras, Una mujer singular (1979); Samuel Fuller, Perro blanco (1982)... ¡Y no las hemos dicho todas!



Pero, volviendo a La promesa del alba, nos llega ahora otra versión. Otra, porque en 1970 la novela autobiográfica ya fue adaptada por el norteamericano afincado en Europa Jules Dassin, con su admirada Melina Mercouri en el papel de madre y el israelí Assi Dayan haciendo de Romain. Filme cuyo metraje no llegaba a los cien minutos, frente a las más de dos horas de esta nueva recreación que dirige Éric Barbier (Aix-en-Provence, 1960), en lo que supone su quinto largometraje, rodado en localizaciones de cuatro países distintos y con un presupuesto de infarto. El tándem Gainsbourg-Niney, actores con una sólida trayectoria a sus espaldas (sobre todo ella) y solvencia contrastada, aporta la credibilidad necesaria para que se obre el milagro y, así, Nina y su hijo se materialicen ante nuestros ojos como verdaderos personajes de carne y hueso. ¿Que hay que hablar en polaco? Hecho: los grandes intérpretes no se arredran frente a los retos.

Ésa sería la parte positiva. En cambio, parece mucho menos convincente la estructura por la que al final se decanta Barbier: hacer que la acción arranque en Méjico y que una amiga de Gary, mientras a él lo aquejan fuertes dolores de cabeza, lea el manuscrito de la novela sirve de excusa para que la omnipresente voz en off del protagonista narre la historia de pe a pa. Recurso facilón donde los haya y en absoluto imaginativo que le resta enteros al resultado final. De todos modos, que Romain Gary y su obra estén de actualidad siempre es una buena noticia, especialmente porque Promesa al amanecer (y en eso la película sabe captar la esencia del texto) es uno de los más bellos homenajes que se hayan hecho jamás a las madres, seguido muy de cerca por el Réquiem para una madre de Albert Cohen, otro tótem de la literatura francesa. Recuerdo que en Mis tardes con Margueritte (2010) de Jean Becker, cinta mucho más modesta aunque no menos entrañable, uno de los libros que la casi centenaria Gisèle Casadesus le leía al gaznápiro Germain (Gérard Depardieu) era precisamente La promesse de l'aube, lo cual da una idea bastante precisa de la relevancia de la que goza este clásico en nuestro país vecino.


jueves, 3 de agosto de 2017

21 gramos (2003)




Título original: 21 Grams
Director: Alejandro González Iñárritu
EE.UU., 2003, 124 minutos



La tierra giró para acercarnos,
giró sobre sí misma y en nosotros,
hasta juntarnos por fin en este sueño,
como fue escrito en el Simposio.
Pasaron noches, nieves y solsticios;
pasó el tiempo en minutos y milenios.
Una carreta que iba para Nínive
llegó a Nebraska.
Un gallo cantó lejos del mundo,
en la previda a menos mil de nuestros padres.
La tierra giró musicalmente
llevándonos a bordo;
no cesó de girar un solo instante,
como si tanto amor, tanto milagro
sólo fuera un adagio hace mucho ya escrito
entre las partituras del Simposio.

Eugenio Montejo (1938-2008)

A González Iñárritu le gusta contar historias de un modo original. Lo hizo en Birdman (2014) con un único plano secuencia. Y, antes, en Babel (2006), interconectando cuatro tramas en cuatro partes distintas del mundo. Es, precisamente, esa idea de que todo lo que hacemos, de uno u otro modo, acaba influyendo en las vidas de los demás la que sirve de tema a 21 gramos, segundo largometraje del autor tras Amores perros (2000) y primero que dirigió en Estados Unidos.

Sean Penn y Charlotte Gainsbourg en 21 gramos (2003)


Narrada como un puzle, este rompecabezas en apariencia inconexo irá progresivamente adquiriendo sentido conforme avance la acción, de manera que, llegados al final, el espectador dispondrá de todos los cabos para hacerse una idea precisa de lo que ha sucedido, ordenando los diversos elementos en su cabeza.

Una estructura tan fragmentada sólo podía surgir de la imaginación de Guillermo Arriaga, colaborador habitual de Iñárritu por aquel entonces, y que escribió un guion en el que tres personajes sin conexión aparente veían entrecruzarse sus destinos: un profesor de matemáticas (Sean Penn) que debe ser sometido a un trasplante de corazón; una mujer (Naomi Watts) cuyo marido e hijas fallecen atropellados en plena calle y un converso (Benicio Del Toro) que cree hallar en Dios su tabla de salvación para dejar atrás un pasado de delincuente común.

Sin saberlo, a todos ellos les une algún tipo de experiencia cercana a la muerte, aunque, curiosa paradoja, es ahí donde muchas veces radica precisamente el misterio de la vida, expresado numéricamente en esos 21 gramos del título que aluden al supuesto peso del alma humana.


sábado, 31 de octubre de 2015

3 corazones (2014)




Título original: 3 coeurs
Director: Benoît Jacquot
Francia/Alemania/Bélgica, 2014, 106 minutos

3 corazones (2014) de Benoît Jacquot


La última película del francés Benoît Jacquot estrenada entre nosotros tiene como punto de partida el encuentro casual de un hombre y una mujer una noche en una ciudad de provincias. Él (Benoît Poelvoorde) acaba de perder su tren; ella (Charlotte Gainsbourg) ha bajado al estanco a comprar cigarrillos. ¿Por qué debían conocerse y mucho menos gustarse? Y, lo que es más inverosímil todavía: ¿por qué debían quedar en encontrarse algunos días más tarde en París, en los jardines de Luxemburgo? Mientras tanto, la música de Bruno Coulais ha ido anticipando desde los títulos de crédito que algo terrible va a ocurrir, con inquietantes ráfagas de la sección de metal (un poco a lo Hans Zimmer en Origen, auque ambas películas no tengan absolutamente nada que ver entre ellas).



Tal y como sucedía en Tú y yo de Leo McCarey, ambos acudirán a la cita, pero no a la vez, por lo que el que se cansa de esperar cree que el otro ha faltado a su palabra. Poco tiempo después, Marc conoce a otra mujer (Chiara Mastroianni), con la que se casa sin saber que es hermana de la primera... Para acabar de redondear la inverosimilitud del guion, de repente aparece una misteriosa voz en off en mitad del film, anónimo (e innecesario) narrador omnisciente que comenta lo que van a hacer los personajes. Y, por si fuera poco, a Marc (que además es inspector fiscal) le queda tiempo para investigar al alcalde que lo casó con Sophie. De lo que pasa cuando Sylvie regresa de Estados Unidos mejor no avanzar nada...



Como se suele decir en estos casos, la historia no pega ni con cola. Claro que siempre resulta divertido que los protagonistas de la película sean también familia en la vida real: la madre de las hermanas Berger es nada más y nada menos que Catherine Deneuve (madre de Chiara Mastroianni, cuya pareja sentimental fuera de la pantalla es realmente Benoît Poelvoorde).



En fin, el director de Villa Amalia (2009) y Adiós a la reina (2012) parece que no ha sabido en esta ocasión acabar de resolver satisfactoriamente el triángulo que se traía entre manos. Ya se sabe que, en estos casos, tres son multitud...

lunes, 16 de marzo de 2015

Samba (2014)




Directores: Olivier Nakache y Éric Toledano
Francia, 2014, 120 minutos

Samba (2014) de Nakache y Toledano


La más reciente película de los directores Olivier Nakache y Éric Toledano fue la encargada de cerrar la última edición del Festival de cine de San Sebastián. Cuenta la historia del senegalés Samba Cissé (Omar Sy), quien lleva una década viviendo en Francia, tiempo durante el cual se ha visto obligado a desempeñar empleos modestos de todo tipo. En cambio, Alice (Charlotte Gainsbourg) es una ejecutiva que tuvo que abandonar su trabajo debido a una crisis de estrés que le hizo agredir a uno de sus compañeros.

Ambos se conocen en una oenegé dedicada a ayudar a inmigrantes, en la que ella participa como voluntaria con la finalidad de ir poco a poco recuperando su autoestima y adonde él acude dispuesto a hacer lo que haga falta con tal de conseguir regularizar su situación en el país galo. De modo que tanto Samba como Alice tienen en común su afán por superar sus respectivos baches vitales. Por eso, entre ellos acabará germinando un idilio tan sincero y tierno como de consecuencias imprevisibles.

La otra pareja del film es la formada por Manu (la compañera de Alice en la oenegé, interpretada por Izïa Higelin) y Wilson (el pseudobrasileño al que da vida el actor Tahar Rahim).



Sea como fuere, lo cierto es que Samba no acaba de convencer. Es una de aquellas películas en las que uno se pasa todo el rato esperando que suceda algo que no llega a ocurrir nunca del todo. Y ello sea debido quizá a dos factores: el primero es que nos repitieron tantas veces, por activa y por pasiva, que Intocable era una gran película que finalmente la idea acabó por arraigar, de tal manera que ahora todo el mundo espera que Nakache y Toledano vuelvan a repetir el mismo éxito con cada uno de los filmes que estrenen en lo sucesivo. El otro motivo es de una contundencia sin ambages: la historia explicada en Samba no se aguanta por ninguna parte de lo inverosímil que resulta. No solo es superficial sino que ni Tahar Rahim es creíble como seductor carioca ni nadie se cree que la ejecutiva Alice se prende del inmigrante ilegal (por más que la campaña promocional insista en que el guion está basado en los hechos reales que vivió la novelista Delphine Coulin).

Moraleja: los taquillazos no siempre se pueden fabricar. Afortunadamente.

Los directores junto a Sy y Rahim