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viernes, 13 de febrero de 2026

La Pointe-Courte (1955)




Directora: Agnès Varda
Francia, 1955, 81 minutos

La Pointe-Courte (1955) de Agnès Varda


Más que una película, La Pointe-Courte (1955) constituye, por encima de todo, el acta de nacimiento de la modernidad cinematográfica. Efectivamente, varios años antes de que Godard irrumpiera con Al final de la escapada (1960) o incluso antes de que Truffaut estrenara Los cuatrocientos golpes (1959), una joven fotógrafa llamada Agnès Varda —sin formación cinematográfica previa— sentó las bases de lo que hoy conocemos como la Nouvelle Vague. Y lo hizo con un filme de extrema sencillez cuyas imágenes en blanco y negro rezuman austeridad y elegancia a partes iguales.

El uso del trávelin, a través de callejones repletos de ropa tendida o a lo largo de la mesa en la que los hombres entonan fraternalmente una canción popular, propicia ese aire documental tan característico del cine de Varda. De ahí que la lucha de las familias contra las regulaciones sanitarias que afectan a la pesca o la cochambre de las viviendas en las que habitan, en deplorables condiciones de salubridad, adquieran también una innegable dimensión de crítica social.



Varda construye su puesta en escena sobre una estructura binaria dividida en dos tramas que se alternan, pero que rara vez se cruzan: el retrato colectivo, en clave neorrealista, casi etnográfica, de los pescadores de Sète (en el barrio de La Pointe-Courte, que da título a la cinta) y el drama existencial de una pareja, interpretada por Philippe Noiret y Silvia Monfort, que deambula por el pueblo discutiendo lo que pudiera ser el fin de su relación.

Gracias al montaje de Alain Resnais, el hilo narrativo explora la brecha entre los "intelectuales" parisinos (básicamente la pareja protagonista) y la clase trabajadora del lugar. Y aunque en ningún momento unos u otros son juzgados, lo cierto es que se evidencia que pertenecen a realidades opuestas, por mucho que convivan dentro del mismo espacio geográfico. En cualquier caso, Agnès Varda no sólo captura el paso del tiempo en dicho contexto, sino que además demuestra que el cine es el arte de esculpir el silencio entre dos personas que se amaron, pero que ya no saben cómo decirse nada.



sábado, 11 de enero de 2025

El año pasado en Marienbad (1961)




Título original: L'année dernière à Marienbad
Director: Alain Resnais
Francia/Italia, 1961, 95 minutos

El año pasado en Marienbad (1961) de Alain Resnais


Una película que es muchas películas a la vez, río interminable de posibles interpretaciones tan abiertas como crípticas. Quien se haya enfrentado en alguna ocasión a las imágenes en blanco y negro de L'année dernière à Marienbad (1961) habrá quizá experimentado el desconcierto inicial de no saber muy bien qué diantre es lo que ocurre en aquel palacio gélido y pomposo en el que transcurre la "acción". Sensación que a lo mejor pudiera atenuarse si se considera que las estatuas humanas que pueblan los jardines y estancias del lugar se hallan fuera del tiempo y del espacio, en una dimensión cuyas coordenadas se corresponderían más bien con las de los sueños.

Antes de dirigir sus propios filmes, el novelista Alain Robbe-Grillet (1922-2008) firma un guion en el que se dan cita buena parte de las constantes de su obra narrativa. De ahí el carácter fragmentario de esa especie de rompecabezas que la reiterativa voz en off desglosa mediante interminables descripciones, a menudo la misma repetida hasta la saciedad. El hieratismo de los personajes, la omnipresente música de órgano (casi litúrgica) y una puesta en escena a base de largos trávelin por los pasillos sin fin del balneario, captando en contrapicado la abigarrada decoración barroca de los techos, contribuyen a crear una atmósfera claustrofóbica que se encuentra entre las principales señas de identidad de la cinta.



Independientemente de que la posterior filmografía de Alain Resnais discurriese por derroteros muy distintos a los que se pueden apreciar en Marienbad, ello no es óbice para que esta obra, por más inclasificable que resulte, haya llegado a convertirse en título de culto. Una naturaleza imprecisa que, asimismo, tampoco impide que se puedan establecer paralelismos con otros universos cinematográficos de similar factura hipnótica, ya se trate de El ángel exterminador (1962) de Buñuel, El resplandor (1980) de Kubrick o la mayor parte de filmes de Tarkovski.

En definitiva, las divagaciones entre X (Giorgio Albertazzi) y la sofisticada A (Delphine Seyrig) a propósito del supuesto idilio que ambos mantuvieron un año atrás en las geométricas avenidas de un jardín neoclásico sirven como vehículo para construir una turbadora película-reto de carácter onírico y laberíntico en torno a las sucesivas presencias que habitaron aquel espacio y se miraron en sus espejos, dando pie así a una ruptura con la narración tradicional que invita al espectador a reflexionar sobre la naturaleza subjetiva del tiempo y de la memoria.



domingo, 26 de julio de 2020

Hiroshima, mon amour (1959)




Director: Alain Resnais
Francia/Japón, 1959, 90 minutos

Hiroshima, mon amour (1959) de Alain Resnais

Dos desconocidos en una ciudad espectral cuyo nombre permanecerá para siempre asociado al horror de una explosión nuclear. Él (Eiji Okada) sobrevivió a la bomba y ahora trabaja como arquitecto. Ella (Emmanuelle Riva) es una actriz francesa que se halla de paso en Japón para rodar una película antibelicista. Tanto el uno como la otra quedaron marcados por vivencias traumáticas. Ambos están casados. El suyo es, pues, un amor imposible. Lo cual no impide que mantengan una relación fugaz.

Título fundacional de la Nouvelle vague, Hiroshima mon amour (1959) conserva intacta, seis décadas después de su presentación en el Festival de Cannes, la elegancia de un estilo minimalista construido, en sobrio blanco y negro, a base de flashbacks. Una forma radicalmente innovadora de hacer cine que, en lo sucesivo, iba a revolucionar el lenguaje fílmico hasta remover por completo los cimientos de la propia gramática audiovisual.



Sin embargo, lo verdaderamente significativo, más que su forma, es el mensaje de una cinta protagonizada por dos seres que pretenden aliviar con un poco de amor (aunque sea pasajero y furtivo) el nihilismo que atenaza sus respectivas existencias. ¿Cómo sobrevivir, si no, en la vacuidad del mundo surgido tras la Segunda Guerra Mundial? En ese sentido, las terribles imágenes con las que se abre la película, procedentes del filme Hiroshima (1953) de Hideo Sekigawa, no invitan precisamente al optimismo. Como tampoco parece que Ella se haya recuperado del todo del calvario que le hicieron pasar en la pequeña localidad de Nevers...

Y es que Resnais plantea, a partir del guion de Marguerite Duras, un curioso paralelismo según el cual las heridas causadas por la intolerancia tardan tanto o más en cicatrizar que las ocasionadas por la metralla. De modo que la muchacha, a quien los vecinos le raparon la cabeza y sus propios padres la encerraron en un frío sótano por haberse enamorado de un soldado alemán, padece ahora las secuelas de tantas penalidades como sufrió.


viernes, 16 de diciembre de 2016

L'amant del silenci (2016)




Título en español: La amante del silencio
Director: Jordi Cadena
España, 2016, 64 minutos

L'amant del silenci (2016) de Jordi Cadena


Es Jordi Cadena un director que está viviendo una segunda juventud: irse, no se ha ido nunca, pero sí que es cierto que en los últimos años se prodiga un poco más. Suyas son Els passos perduts (2010), Elisa K (2010) y La por (2013). Y ahora también L'amant del silenci, basada en la novela El silencio (Madrid, Ed. Caballo de Troya, 2008) de Maria Àngels Cabré y preestrenada esta tarde en la Sala Laya de la Filmoteca catalana.

En la breve presentación, a la que han asistido novelista, cineasta y director del ente (junto con el resto del equipo, repartido entre el público), se ha remarcado que, más que low cost, ésta es una producción no cost: cine sin subvenciones concebido como un acto de resistencia y al que su autor no duda en calificar de "experimental" (las comillas son suyas). Cadena nos explica la génesis del proyecto: "Nos encontrábamos rodando un cortometraje con el mismo equipo que después ha realizado L'amant del silenci, cuando llegó a mis manos la novela de Maria Àngels. Entusiasmado con la idea de llevarla a la pantalla, les propuse si estarían dispuestos a, manteniendo las mismas condiciones (es decir: sin cobrar ni un duro), hacer un largo en lugar de un corto. Y, para mi sorpresa, respondieron que sí."

Rodada en Pallejà, en lo que antiguamente fue una enorme residencia veraniega de la burguesía barcelonesa y que en la actualidad permanece prácticamente abandonada, los tres únicos actores (los casi debutantes Zaida Fornieles y Chesco Simón y el veterano Hermann Bonnín) deambulan de aquí para allá al son de la banda sonora compuesta por Joan Vilà. Cine poético en la línea de lo ya ensayado por su director en És quan dormo que hi veig clar (1989). Sólo que aquí el referente no son los versos de J. V. Foix sino el silencio, entendido como metáfora del aislamiento que busca la mujer protagonista para protegerse del ruido ocasionado por su marido, al que ni siquiera veremos. Los otros dos hombres ("el oscuro" y "el de la barba cana") actuarán como un mero refugio momentáneo.

Viendo las imágenes en blanco y negro y escuchando la hipnótica voz en off de Joan Berlanga es fácil pensar en referentes como Hiroshima mon amour (1959) o El año pasado en Marienbad (1961), ambas de Alain Resnais. Algo que confirma Cadena, sobre todo en alusión a la guionista de la primera de ellas: "Soy un enamorado de la obra de Marguerite Duras. No sólo de sus novelas, sino también de las películas que dirigió. Hoy en día, gracias a Youtube, he conseguido ver muchas de ellas (no en las mejores condiciones, es cierto, pero más vale eso que nada)." Pequeña y amistosa pulla contra Esteve Riambau, que sonríe a su lado, en clara referencia a los ciclos que tal vez debería organizar la Filmoteca...

martes, 25 de agosto de 2015

Amar, beber y cantar (2014)




Título original: Aimer, boire et chanter
Director: Alain Resnais
Francia, 2014, 108 minutos

Amar, beber y cantar (2014) de Alain Resnais


La película póstuma de Alain Resnais vuelve a tener un evidente componente teatral, tal y como fuera habitual en sus últimas producciones. Amar, beber y cantar es la adaptación de Life of Riley, una pieza de 2010 del dramaturgo británico Alan Ayckbourn. Es la tercera vez que Resnais recurre a dicho autor (lo hizo en 1993 con Smoking / No smoking y en 2006 con Asuntos privados en lugares públicos).

En esta ocasión, tres parejas maduras viven a lo largo de siete meses el proceso de la enfermedad terminal de George, un amigo común, aunque el susodicho no llega a aparecer nunca en escena a pesar de lo mucho que se le menciona y de cómo llega a influir en la vida de los tres matrimonios. Las mismas parejas, por otra parte, preparan una obra de teatro, hecho que contribuirá a generar todavía más equívocos.

Caroline Sihol, Sandrine Kiberlain y Sabine Azéma


La puesta en escena es sobria, destacando el uso de paneles pintados y trampantojos como decorado. Se le confiere, así, un cierto aire naif al film que hace pensar en Ocho mujeres (François Ozon, 2002), otra película francesa de planteamiento teatral y en la que, curiosamente, también se aludía a un personaje, el padre de familia asesinado, ausente durante toda la trama.

Sin habérselo propuesto (o quizá presintiéndolo a sus casi 92 años), Resnais se despide del cine y del mundo con una película sobre un personaje cuya presencia planea en todo momento (significativo paralelismo con la figura de un director de cine) y ante cuyo féretro se despiden los actores en la última secuencia. En este caso, bien podría decirse que la ficción supera a la realidad.

Alain Resnais durante el rodaje

domingo, 31 de mayo de 2015

Quiero ir a casa (1989)




Título original: I Want to Go Home
Director: Alain Resnais
Francia, 1989, 100 minutos

Quiero ir a casa (1989) de Alain Resnais


Muchas han sido las películas que han explotado la imagen del estadounidense en la capital francesa: Un americano en París (1951), La última vez que vi París (1954), Alrededor de la medianoche (1986), Frenético (1988), Midnight in Paris (2011)… Los americanos han visto siempre en París una ciudad romántica y con un legado cultural que, llevados por su proverbial complejo de inferioridad de país sin historia, admiran enormemente.

Gérard Depardieu y Adolph Green

Alain Resnais tuvo a bien realizar su personal contribución a este peculiar subgénero con Quiero ir a casa (1989). En ella Joey Wellman, un caricaturista estadounidense bastante cascarrabias al que da vida el actor Adolph Green, acepta una invitación para asistir a una exposición en París, ya que su hija Elsie (de la que está muy distanciado) estudia allí. Llega a Francia con su novia Lena Apthrop (Linda Lavin), pero muy pronto se querrá ir de vuelta a casa porque el choque cultural es demasiado fuerte para él: ¿por qué diablos los franceses tienen monedas y billetes con el mismo valor? ¿Por qué usan tarjetas para llamar en las cabinas de teléfono?  Elsie, por otra parte, evita reunirse con su padre porque está ocupada tratando de contactar con el profesor Christian Gauthier (Gérard Depardieu), con el fin de conseguir que lea su tesis doctoral sobre Flaubert. Sin embargo, Gauthier está enamorado de la cultura norteamericana, e invita a Joey y a otros estadounidenses a pasar el fin de semana en la villa que su madre posee en el campo. Elsie llegará a la reunión a tiempo para la fiesta de disfraces y para ver cómo su padre comienza a "apreciar" la cultura francesa.

Escrita por el dibujante Jules Feiffer, Quiero ir a casa incluye diversas escenas de animación, como aquellas en las que intervienen, a modo de conciencia, los personajes con los que dialogan padre e hija.

A pesar de la barrera del idioma, Joey acaba haciendo amigos


viernes, 22 de mayo de 2015

Te amo, te amo (1968)




Título original: Je t'aime, je t'aime
Director: Alain Resnais
Francia, 1968, 94 minutos
Te amo, te amo (1968)


Curiosa cinta de ciencia ficción en la línea de lo que en 1972 llevaría a cabo Tarkovsky en Solaris. Más que los efectos especiales lo que realmente tiene en cuenta Resnais es "cómo sustituir el orden lógico por el orden afectivo". Así pues, nos enfrentamos a una sucesión caótica de secuencias (a menudo repetidas) mediante las cuales se pretende explicar la historia de Claude Ridder quien, con tal de recuperarse de un intento de suicidio, es seleccionado por una organización secreta para participar en unas pruebas de viaje en el tiempo que solo se han probado previamente con ratones.

¿Es una calabaza, es un ajo...? ¡No, es una máquina del tiempo!


Los científicos responsables informan a Claude de que será enviado justo un año atrás, cuando estaba disfrutando de sus vacaciones en la playa con su novia. A tal efecto, es introducido en una cápsula junto a uno de esos ratones blancos de laboratorio. Aun así, un error de cálculo en dicho experimento hará que el hombre pase a vivir momentos de su pasado en un orden completamente aleatorio y caleidoscópico.


Amalgama de recuerdos...


La música coral del polaco Krzysztof Penderecki contribuye a aumentar la atmósfera de críptico misterio tal y como sucede con el Réquiem de Ligeti en 2001, rodada el mismo año que Je t'aime, je t'aime. Aun así, el resultado final dista mucho de igualar el conseguido por Kubrick o Tarkovsky, amén de que el paso del tiempo no ha jugado a favor de la película.

Dentro de la cápsula
 

domingo, 10 de mayo de 2015

En la boca no (2003)




Título original: Pas sur la bouche
Director: Alain Resnais
Francia/Suiza, 2003, 115 minutos

En la boca no (2003) de Alain Resnais


El cine francés es especialmente dado a las comedias musicales. Sirvan de ejemplo las dirigidas por Jacques Demy o, en el trayecto final de su dilatada carrera, las de Alain Resnais.

En la boca no (2003) es la adaptación de una opereta estrenada en 1925 con libreto de André Barde y que ya fue llevada a la pantalla en 1931 por los francorusos Nicolas Evreinoff y Nicolas Rimsky. Con su grupo habitual de actores (entre ellos, su mujer: Sabine Azéma) y el acostumbrado toque teatral de sus últimas películas, Resnais nos ofrece no pocas escenas repletas de elegante sofisticación y sentido del humor. Como aquella en la que Georges Valandray (Pierre Arditi) se sitúa justo delante de una enorme cornamenta de ciervo que se halla colgada a sus espaldas en la pared: ¡y él que creía que su mujer Gilberte no había estado casada con nadie más! Poco podía imaginar que el astuto americano Eric Thomson (Lambert Wilson) fue su primer marido y que no sólo ha venido para hablar de negocios...

Otros actores que destacan son Audrey Tautou como Hugette Verberie y Jalil Lespert en el papel de Charley, un joven y algo pretencioso artista de vanguardia.



domingo, 26 de abril de 2015

Muriel (1963)




Título original: Muriel ou Le temps d'un retour
Director: Alain Resnais
Francia, 1963, 117 minutos

Muriel (1963) de Alain Resnais


Durante mucho tiempo la guerra de Argelia fue un tema considerado tabú en la sociedad francesa. Apenas un año tras la independencia del país africano, Alain Resnais se atrevía a tratar el asunto en una película que muy oportunamente llevaba como subtítulo El tiempo de un retorno, toda vez que su protagonista masculino (el atormentado Bernard, al que da vida Jean-Baptiste Thierrée) era un antiguo combatiente a todas horas martirizado por el recuerdo de las atrocidades que le tocó vivir en el frente: de hecho, la Muriel del título no es más que el nombre de una muchacha a la que hubo de torturar allí.

Tampoco Alphonse (Jean-Pierre Kérien) y Hélène (Delphine Seyrig) lo han tenido fácil: se conocieron en el París desolado tras la liberación y ahora que se reencuentran tantos años después en el inhóspito norte de Francia apenas queda nada del amor que una vez los unió. El triángulo lo completa la bella Françoise, una joven actriz que el maduro Alphonse presenta como su sobrina y que en seguida se sentirá atraída por el desquiciado Bernard.

Nita Klein (Françoise) y Jean-Baptiste Thierrée (Bernard)


Mediante los fogonazos que, a modo de puzle, se van sucediendo ante nuestros ojos en forma de escenas, tenemos ocasión de comprobar hasta qué punto el conflicto condicionó y aun destrozó la vida de unos personajes que luchan en vano por retomar con normalidad su lugar en el mundo.

Delphine Seyrig en el papel de Hélène Aughain