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viernes, 18 de mayo de 2018

Los caníbales (1970)




Título original: I cannibali
Directora: Liliana Cavani
Italia, 1970, 88 minutos

Los caníbales (1970)


Con el eco lejano de la Antígona de Sófocles, I cannibali presentaba un futuro distópico en el que las calles de Milán aparecen repletas de cadáveres que nadie puede retirar bajo pena de incurrir en un gravísimo delito. De por qué han muerto todas esas personas no se nos llega a decir la razón exacta, aunque las palabras que el Primer Ministro dirige a su hijo a propósito de que los cuerpos deben servir de advertencia a quien se atreva a tocarlos ("la muerte sirve para impedir otras muertes") dejan entrever que es la propia Autoridad quien está sembrando el terror entre la ciudadanía.

En cualquier caso, la realidad que dibuja esta película recuerda enormemente a lo ya apuntado con anterioridad por François Truffaut en Fahrenheit 451 (1966) a partir de la novela homónima de Bradbury: una sociedad de aspecto pop, pero en la que el Estado y su aparato represor, herederos de la mirada pesimista de Hobbes sobre la condición humana por aquello del "Homo homini lupus", observan con puntual rigor el estricto cumplimiento de las leyes, así como la aplicación de drásticas medidas punitivas ante la más mínima disidencia.



Que en Los caníbales está representada por Antígona (la sueca Britt Ekland) y el misterioso Tiresias (el francés Pierre Clémenti), quienes, como los personajes de la tragedia clásica, sentirán una irresistible compasión hacia su prójimo, subrayada, en esta ocasión, por el pez que utilizan como emblema y que podría remitir a los cristianos de las catacumbas.

Aunque si algo pretende transmitir esta revolucionaria fábula alegórica, oportunamente disimulada bajo el disfraz de la ciencia ficción e ilustrada por la enérgica banda sonora de Ennio Morricone, es la posibilidad (y aun el deber) de rebelarnos contra el fascismo latente en unas instituciones que, lejos de proteger al ciudadano, lo que hacen es alienarlo con la excusa del progreso y el bienestar.


sábado, 19 de marzo de 2016

El hijo de Saúl (2015)




Título original: Saul fia
Director: László Nemes
Hungría, 2015, 107 minutos

ANTÍGONA EN  A U S C H W I T Z

El hijo de Saúl (2015) de László Nemes


Debutar en el largometraje antes de los cuarenta y ganar el Óscar a la mejor película de habla no inglesa está al alcance de pocos hoy en día. Pero es lo que le ha sucedido, merecidamente, al húngaro László Nemes (Budapest, 1977). 

Rodada mediante una personal técnica que a menudo deja el encuadre desenfocado y que hace que apenas nos despeguemos del rostro del protagonista (interpretado por Géza Röhrig), en El hijo de Saúl cobran especial importancia los sonidos fuera de campo: gritos, llantos, disparos, fragmentos de conversaciones aquí y allá... Con todos estos retazos se consigue un doble objetivo: por una parte se evita el recrearse en exceso en el horror del campo de concentración al no mostrarlo directamente; por otra, se consigue que el espectador experimente el mismo estrés que debieron sentir los prisioneros. El uso de esta casi cámara subjetiva es, por lo tanto, uno de los principales hallazgos estilísticos del filme.

Por su afán de dar sepultura, cueste lo que cueste, al niño que cree su hijo, se ha comparado al protagonista de El hijo de Saúl con la Antígona de Sófocles (obsesionada con enterrar a su hermano Polinices a pesar de la prohibición expresa del rey de Tebas), si bien tanto el director como su guionista Clara Royer han negado tener en mente el mito griego a la hora de llevar a cabo un proyecto que se remonta a 2010 (o incluso a 2007).

Sea como fuere, lo que está claro es que en situaciones límite uno se agarra a lo que sea con tal de sobrevivir. A Saúl, alienado por su labor en el crematorio como miembro del Sonderkommando, le da por buscar un rabino para dar sepultura como es debido al hijo que quizá nunca tuvo. En el fondo no deja de ser una "buena" señal: significa que, antes de volverse definitivamente loco, aún le queda algo de la dignidad que empezó a perder a partir del momento en el que fue obligado a colaborar con los Nazis.