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sábado, 25 de octubre de 2025

Correspondencia (2020)




Directoras: Carla Simón y Dominga Sotomayor
España/Chile, 2020, 20 minutos

Correspondencia (2020)


La chilena Dominga Sotomayor (Santiago, 1985) y la catalana Carla Simón (Barcelona, 1986) dialogan en Correspondencia (2020) mediante sendas cartas filmadas en las que una y otra abordan el tema de sus respectivos ancestros. Así pues, si la segunda de ellas lamenta el reciente fallecimiento de su abuela (la última que le quedaba viva), la primera opta por mostrar imágenes de archivo de su madre, en un spot electoral que jamás llegaría a emitirse, y de su abuela, protagonista de un corto en blanco y negro que también quedó inédito.



Aparte de reflexionar en torno al paso inevitable del tiempo y el sentimiento de pérdida que ello conlleva, las dos mujeres ahondan en algunas de sus preocupaciones más íntimas. Carla Simón aprovecha para incluir la única filmación que conserva de su madre biológica, al tiempo que se pregunta que habrá heredado de ella y de su madre adoptiva. La finca repleta de melocotoneros en la que vemos a esta última remite a Alcarràs (2022), la que sería la siguiente película de la directora. Sotomayor, en cambio, aporta imágenes de las protestas populares en un país en el que, después de haber soñado durante años con la ansiada democracia, se hace evidente que aún perduran demasiadas cosas del régimen militar.



viernes, 24 de octubre de 2025

Carta a mi madre para mi hijo (2022)




Directora: Carla Simón
España/Italia, 2022, 25 minutos

Carta a mi madre para mi hijo (2022) de Carla Simón


Además de haber dirigido tres exitosos largometrajes, la cineasta catalana Carla Simón también cuenta en su filmografía con un buen puñado de cortos. Éste en particular, que lleva por título Carta a mi madre para mi hijo (2022), enlaza de pleno con Romería (2025), su más reciente trabajo, aún en cartelera. De hecho, todas sus películas giran en torno a los recuerdos familiares o al peso que éstos tienen como condicionante. En especial cuando se trata del vacío que dejaron sus padres, fallecidos prematuramente a causa de complicaciones derivadas del sida y la adicción a las drogas.

Es por eso que la obra fílmica se convierte en un a modo de misiva hacia la eternidad mediante el que la directora pretende anunciar a la madre muerta la buena nueva de su embarazo. De ahí que al cuerpo desnudo de Carla, en avanzado estado de gestación, le siga, al cabo de pocos minutos, una idéntica estampa, tomada muchos años antes, de cuando ella se hallaba en el vientre materno: la historia se repite y el ciclo de la vida continúa, a pesar de todo.



"A Manel no le faltarán abuelos ni bisabuelos ni tíos ni un padre". O por lo menos el filme dejará constancia de cómo las generaciones se pasan el testigo las unas a las otras. Quizá por ello aparece escrita en pantalla esta reveladora declaración de intenciones de la propia autora: "Creo que hago cine para poder inventarte, e inventarme. O puede que lo haga porque no quiero morir."

Filmaciones domésticas, canciones de Lole y Manuel, ambiente estival a orillas del mar... Todo un canto a la vida en el que Ángela Molina pone rostro a la abuela de ese recién nacido para así facilitar el "milagro" (aunque sólo sea en la pantalla) de un reencuentro feliz entre madre e hija.



martes, 9 de septiembre de 2025

Romería (2025)




Directora: Carla Simón
España, 2025, 114 minutos

Romería (2025) de Carla Simón


Todo parece indicar que Carla Simón cierra un ciclo con Romería (2025). Un tríptico que engloba sus trabajos precedentes, Estiu 1993 (2017) y Alcarràs (2022), para culminar el proceso de indagación en las raíces de su propia familia. A este respecto, la directora ya ha dicho públicamente que su próximo proyecto girará en torno al mundo del flamenco y habrá que estar muy atentos para ver hacia dónde evoluciona la obra de una de las autoras más notables de nuestro actual panorama cinematográfico.

De Romería, en concreto, destaca la apariencia de diario filmado mediante el que Marina (Llúcia Garcia) deja constancia de su particular viaje a Galicia en busca de respuestas que le permitan reconstruir cómo fueron realmente sus padres y en qué condiciones pasaron sus últimos años de vida. Circunstancias que fueron edulcoradas, cuando no directamente silenciadas, por el resto de familiares debido al tabú que rodeaba al sida y al mundo de la drogodependencia.



La base de las diferentes impresiones de la protagonista, debidamente presentadas con su correspondiente número y epígrafe, procede del epistolario que dejó escrito su madre, compuesto por numerosas cartas de cuyo contenido, leído en off, se desprende la vida un tanto desordenada y siempre al límite de una joven de costumbres libérrimas en la España de los años ochenta. Así pues, lo que en principio tenía que ser un simple trámite administrativo para que la protagonista pueda optar a una beca universitaria se acaba convirtiendo en un verdadero revulsivo que le ayudará a recomponer y atar muchos cabos sueltos de su hasta entonces enigmático pasado familiar. 

Dicho proceso no sólo implica que la joven indaga entre los más allegados de su entorno, sino que gradualmente (en lo que supone uno de los principales aciertos de la película) la puesta en escena se adentra en terrenos ligeramente oníricos en los que Marina logrará visualizar a sus padres cuando éstos eran apenas una pareja que tomaba el sol en las terrazas o correteaba a orillas de la playa de su juventud radiante. Todo ello engarzado en una estructura narrativa no lineal en la que la mirada reflexiva convive con la invención poética.



viernes, 25 de noviembre de 2022

Alcarràs (2022)




Directora: Carla Simón
España/Italia, 2022, 120 minutos

Alcarràs (2022) de Carla Simón


La repercusión obtenida por Alcarràs (2022) a raíz de su meritorio Oso de Oro en Berlín, aparte de otras muchas distinciones, entre ellas la de ser la elegida para representar a España en la carrera hacia los Óscar, pudiera desviar la atención sobre el verdadero mérito de una cinta que bebe de la más pura tradición neorrealista. En ese aspecto, su extraordinario elenco de intérpretes no profesionales da vida a una familia de horticultores catalanes cuyo ancestral modus vivendi tiene los días contados. Quizá porque la globalización, ese monstruo de siete cabezas que todo lo fagocita en aras del progreso, demanda más placas solares que árboles frutales para seguir creciendo sin límite y sin fin.

Sin embargo, y al igual que en su aclamada ópera prima, la muy notable Estiu 1993 (2017), este segundo largometraje dirigido por Carla Simón aborda también los lazos que unen a los miembros de tres generaciones distintas, cada una con sus luces y sombras. Así pues, el anciano patriarca, que jamás firmó un título de propiedad de sus tierras (porque entonces los tratos se zanjaban con un apretón de manos), afronta pesaroso la inminente entrada de las máquinas excavadoras en una parcela que, al mismo tiempo, sembrará la discordia entre sus hijos.



En dicho sentido, el nudo gordiano de la trama radica en la impotencia de Quimet (Jordi Pujol Dolcet) al comprobar que sus ímprobos esfuerzos por sacar adelante la cosecha de melocotones topan con innumerables obstáculos, desde el coqueteo de su hermano con el capitoste local que pretende arrasar con todo hasta el hijo adolescente que planta cánnabis a escondidas en sus propios terrenos. Por no hablar de la incomprensión que suscitan sus actos, la mayoría fruto de la desesperación, entre las mujeres de casa.

Aunque son los niños, con su inocencia, quienes aportan la nota entrañable en una historia donde las preocupaciones de los adultos contrastan con los juegos infantiles de Iris (Ainet Jounou) y sus primos. Lo cual no impide, por otra parte, que precisamente los más pequeños, al entonar junto con el abuelo la emotiva "Cançó del pandero", se postulen como los futuros depositarios de un acervo cultural (éste, a diferencia de los cultivos frutícolas, intangible e inmune a las plagas de conejos) que se resiste a desaparecer ante el avance imparable de la especulación económica.



miércoles, 12 de julio de 2017

Estiu 1993 (2017)




Título en español: Verano 1993
Directora: Carla Simón
España, 2017, 97 minutos

Estiu 1993 (2017) de Carla Simón


Todo el mundo habla de Estiu 1993 y la verdad que con razón. Porque no sólo fue premiada en Berlín y en Málaga (y en otros tantos festivales), sino que la película apela directamente a las entrañas del espectador. Si nuestra verdadera patria es la infancia, como parece ser que dijo Rilke (aunque la frase se atribuye a tantos autores que se ha convertido prácticamente en un lugar común), nada tiene de extraño que nos sintamos identificados con Frida (Laia Artigas) y con Anna (Paula Robles). Son, por así decirlo (y sin que ellas sean conscientes), las herederas de Marta Torrent e Isabel Tellería en El espíritu de la colmena (1973) de Víctor Erice.

Dos niñas a través de cuyos ojos vemos el mundo. O, por lo menos, retazos de una realidad imprecisa que iremos completando mentalmente como si de un puzle se tratase. Aunque la pieza clave del rompecabezas nos la proporcionan ya en la primera secuencia. Es una verbena de San Juan y la gente tira petardos. Un crío se acerca a Frida y le pregunta: "I tu, per què no plores?" En esa pregunta, aparentemente inocente y casual, reside el tema de Estiu 1993: el de una criatura de corta edad incapaz de asumir, en un primer momento, el verdadero alcance de la muerte de su madre.



No estamos, por consiguiente, ante una narración canónica al término de la cual se nos desvela un misterio. Más bien al contrario, lo que se plantea es un proceso: el de la construcción del duelo por parte de una familia. En ese sentido, el último plano no es más importante que el primero, sino que hay que valorar la película en su conjunto. De ahí que el llanto de Frida no sea más que la constatación de que un ciclo se ha cumplido. En consecuencia, el espectador atento hará bien en fijarse en que una lágrima, furtiva y silenciosa, se desliza también por el rostro de Esteve (David Verdaguer), el padre adoptivo que logra canalizar, asimismo, su aflicción.

Queda claro, pues, cuán importante es el montaje en una película como ésta. De lo cual ha dado cumplida cuenta Ana Pfaff en el coloquio que esta misma tarde tenía lugar en la Barcelona School of Management de la Universidad Pompeu Fabra en el marco del seminario "Emociones autobiográficas: punto de vista, historia y ritmo del montaje en Estiu 1993 y Júlia Ist". Moderado por Gonzalo de Lucas, el acto ha contado también con la presencia de Ariadna Ribas, montadora de la ópera prima de Elena Martín. Los tres han coincidido en señalar la trascendencia de las emociones a la hora de montar una película, puesto que, además de la técnica, la intuición juega un papel primordial para dar en el clavo durante la ordenación y ensamblaje de los distintos materiales filmados.