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miércoles, 20 de septiembre de 2017

Pasión lejana (1986)




Título original: Més enllà de la passió
Director: Jesús Garay
España, 1986, 98 minutos

Pasión lejana (1986) de Jesús Garay


La atmósfera que en su día recreara el cántabro Jesús Garay para Pasión lejana (1986) resulta, al cabo de tantos años, genuinamente ochentera: una cantante pop que desaparece misteriosamente antes de un concierto; una trama vagamente paranormal en la que intervienen estigmas y otros elementos de tipo mesiánico; localizaciones barcelonesas en espacios claustrofóbicos; la banda sonora de Leo Mariño a base de sintetizadores; una cadencia sosegada de las imágenes que termina desembocando en una quietud exasperante...



Juanjo Puigcorbé fue galardonado en el Festival de Sitges por su papel de Ángel y Garay como mejor director por la Generalitat de Catalunya, premios que, treinta años después, pueden parecer un tanto exagerados, pero que revelan bastante a las claras hasta qué punto fue bien acogida por la crítica una película que pretendía conectar con el espíritu inquietante del cine de David Lynch.


martes, 28 de febrero de 2017

Manderley (1981)




Director: Jesús Garay
España, 1981, 114 minutos

"Anoche soñé que volvía a Manderley..."

Manderley (1981) de Jesús Garay


¿Película de culto o filme oculto? Con este juego de palabras, en clara alusión a su accidentada carrera comercial y a lo complicado que es poderla ver hoy en día, presentaba esta tarde Jesús Garay, en la Filmoteca de Catalunya, el que fuera su debut como director cinematográfico. Realmente, ni es una película fácil ni el paso del tiempo la ha tratado con piedad. De hecho, Garay se ha valido de otro retruécano para expresar hasta qué punto le cuesta identificarse con ella: el ADN sería ya el de otro, aunque su DNI coincide con el de la persona que la filmó.

Fruto de la fantasía delirante que supuso la Transición, Manderley fue una cinta underground a propósito de lo polimorfo perverso: un intento de disertación sobre el deseo sin límites, tanto en horizontal como en vertical, en un escenario en el que se han abolido los géneros. O lo que vendría a ser lo mismo: transgresión en pleno choque con la realidad, seguida de la enorme frustración que forzosamente ello conlleva. En este sentido, sus tres protagonistas se sienten atrapados en un cuerpo que no les corresponde y en una sociedad en la que tampoco encajan.

Las anécdotas que rodearon el rodaje fueron múltiples y peliagudas. De entrada porque, a punto de comenzarlo, uno de los actores inicialmente previstos se echó atrás, por lo que hubo de ser sustituido por Joan Ferrer. A lo que habría que sumar el temor de Garay a que otro de los dos restantes fuese retenido por su familia, por lo que cada mañana oteaba el horizonte preocupado hasta verlo aparecer. Y, por si fuera poco, la Guardia Civil se plantó en Santander exigiendo el permiso de rodaje, algo que, afortunadamente, por aquel entonces había dejado de ser obligatorio.

Paula (Quique Rada) interpretando su peculiar versión de "Aline"

Confiesa Garay que si lograron rodar en el Palacio de la Magdalena fue gracias a que tenía un amigo concejal en el ayuntamiento. Lo cual le vino muy bien para reconducir la historia que quería contar hacia el universo imaginado en Rebeca por Daphne du Maurier, ya que, de hecho, Quique Rada pretendía originariamente hacer de reina de Inglaterra... De modo que el estilo arquitectónico del edificio, a medio camino entre casona cántabra y mansión de los Tudor, resultaba idóneo para recrear ese psiquiátrico fantasmagórico junto a los abruptos acantilados del cantábrico que trascendía lo que en la adaptación de Hitchcock era apenas una mala maqueta.

En cuanto a los momentos álgidos del filme, destacan especialmente dos por su intensidad dramática: en uno podemos ver a Ocaña recitando la "Elegía a Ramón Sijé" de Miguel Hernández, cuyos versos han quedado tan asociados a Serrat que, en la voz del sevillano, parecen renacer con renovado ímpetu. El otro tiene como protagonista al rapsoda Pío Muriedas (1903-1992), quien declama un fragmento de "New York (oficina y denuncia)" de García Lorca.

La película participó en algunos festivales. En Rotterdam coincidió con la primera de Jarmusch (Permanent vacation) y en San Sebastián con Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (la ópera prima de Almodóvar). De modo que, en ambas ocasiones, Manderley quedó eclipsada. Por otra parte, aquí fue calificada como S, por lo que su exhibición quedó limitada a salas X, inicio del calvario que prácticamente la ha condenado, desde entonces, a la invisibilidad.


miércoles, 16 de septiembre de 2015

Lock-Out (1973)




Título original: Lock-Out
Director: Antoni Padrós
España, 1973, 130 min

Rosa Morata y Walter Cots


Una cuadrilla de jóvenes "ácratas" formada por tres mujeres (una de ellas embarazada) y dos varones se dedica a la vida contemplativa en un ambiente de extrema dejadez. A pesar de la degradación que los rodea, ellos conviven en una aparente apacibilidad, dedicando su tiempo a la lectura de El Capital y otros textos revolucionarios. En un momento dado, el grupo decidirá emprender una peregrinación que los conducirá hacia un incierto destino...

Rodada en blanco y negro, con escasísimos medios y en el más puro estilo underground, a lo largo de varios fines de semana, Lock-Out supuso una de las cimas creativas de su realizador junto a Shirley Temple Story, de 1976. Por lo liberador y libertario de su mensaje, se podría decir que conecta a la perfección con el estilo del Cinema Novo brasileño, si bien su inesperado final sangriento parece convidar más al pesimismo que a otra cosa.

Imagen de conjunto de los jóvenes protagonistas


En la presentación del filme que ha tenido lugar esta tarde en la Filmoteca de Catalunya y que ha contado con la presencia de Esteve Riambau y del propio Antoni Padrós, este último ha señalado cómo, a pesar de la censura, conseguiría presentar Lock-Out clandestinamente a diferentes festivales de cine, como el de Mannheim (Alemania), gracias a los que la cinta logró una cierta difusión a nivel internacional.

Entre las curiosidades que alberga la película se encuentra la participación como intérprete, en un breve papel, del hoy director Jesús Garay, quien lee ante la cámara un ocurrente manifiesto.

Morata y Cots caracterizados de Arlequín