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sábado, 5 de abril de 2025

Ángeles sin paraíso (1963)




Título original: A Child Is Waiting
Director: John Cassavetes
EE.UU., 1963, 105 minutos

Ángeles sin paraíso (1963) de John Cassavetes


Más que una película de Cassavetes, A Child is Waiting (1963) responde plenamente al estilo que su productor, Stanley Kramer, solía imprimir a cuantos guiones caían en sus manos. A este respecto, la naturaleza reivindicativa de un filme ambientado en un centro escolar para niños con necesidades educativas especiales queda de sobras patente desde la primera secuencia, en la que, como el propio título indica, un nuevo alumno aguarda, desde el interior de un coche, a que alguien se haga cargo de él. La imagen, suficientemente explícita, volverá a repetirse al final de la cinta, aunque con otro chaval, dando a entender que siempre habrá quien necesite de nuestra ayuda y comprensión para salir adelante.

Sin embargo, todo parece indicar que la sociedad estadounidense de aquel entonces aún no estaba preparada para afrontar una realidad tan sumamente incómoda. O eso al menos es lo que se desprende del estrepitoso fracaso de taquilla sufrido por una producción que había costado dos millones de dólares de la época y que, pese a estar protagonizada por una pareja de estrellas de la talla de Burt Lancaster y Judy Garland, pasó sin pena ni gloria por las salas comerciales de un país que acogió el estreno con absoluta frialdad.



Por si todo ello no fuese poco, las diferencias de criterio artístico entre Cassavetes y Kramer dieron como resultado que el primero, más innovador en su visión de la puesta en escena, acabase siendo despedido cuando la película se hallaba ya en fase de posproducción. Lo cual se traduciría en una lectura tirando a conformista de la versión final, ya que en el montaje de Kramer se da a entender que los niños con dificultades derivadas de un retraso madurativo deben permanecer ingresados en instituciones como la que dirige el doctor Matthew Clark (Lancaster).

En todo caso, se sigue notando la impronta de Cassavetes en un cierto toque documental, así como en la forma en que la cámara se aproxima a los personajes, con profusión de primeros planos, si bien cuando se trata del rostro de Judy Garland, un filtro difumina los estragos del tiempo y las adicciones... Particularidades de un filme cuyo destino fue quedar en un relativo e inmerecido olvido, pero que vale la pena rescatar, aunque sus títulos de crédito iniciales no sean más que una burda copia de los de Matar a un ruiseñor (1962).



miércoles, 31 de julio de 2019

El pirata (1948)




Título original: The Pirate
Director: Vincente Minnelli
EE.UU., 1948, 102 minutos

El pirata (1948) de Vincente Minnelli


Parece mentira que un musical en apariencia tan inocente como El pirata suscitase en el momento de su estreno tantísima polémica. De entrada, porque participaban en él algunos bailarines afroamericanos, como los Nicholas Brothers, circunstancia que acabaría motivando que en algunos estados del sur se censurase su número. Pero es que, por si no fuera poco, el legendario jerarca de la Metro, Louis B. Mayer, puso el grito en el cielo ante la considerable carga erótica que, según él, desprendían algunas de las escenas de baile que comparten Gene Kelly y Judy Garland.

En IMDb se pueden leer otras curiosas anécdotas a propósito del rodaje, muchas de ellas relacionadas con la frágil esposa de Minnelli, una Judy Garland que se ausentó por enfermedad en noventa y nueve de los ciento treinta y cinco días que duró la filmación, que fumaba hasta cuatro paquetes diarios de cigarrillos y a quien correspondió el dudoso honor de ser la primera estrella a la que unos estudios cinematográficos le impusieron un psiquiatra que garantizase su estabilidad emocional.

La actriz durante una pausa del rodaje


Y, encima, la película fue un fracaso en taquilla... Sin embargo, El pirata se nos aparece hoy en día como un portento de música y color en el que los decorados, el vestuario y, sobre todo, las espectaculares coreografías de Gene Kelly desprenden imaginación a raudales. Cierto que su exiguo argumento no deja de ser una mera exaltación de un exotismo caribeño, rodado en estudio, tan encantador como artificial. Pero ¿qué más da cuando lo que verdaderamente importa es disfrutar de las oscilaciones del pícaro Serafín, empeñado en seducir y hasta hipnotizar a la bella Manuela? (Por cierto: ¿ha reparado alguien en cuánto se parece Gene Kelly a Antonio Banderas en esta película?)

Todo lo cual no habría sido posible, huelga decirlo, sin las excepcionales composiciones del mítico Cole Porter. Algunas trepidantes, como la inicial "Mack the Black", otras sensuales ("Niña", "Love of My Life"...) e incluso una de ellas, la optimista "Be a Clown", con la que se cierra el filme, que sería descaradamente plagiada años más tarde en otro clásico del cine musical: el "Make 'Em Laugh" de Cantando bajo la lluvia (1952).


miércoles, 17 de julio de 2019

Los hijos de la farándula (1939)




Título original: Babes in Arms
Director: Busby Berkeley
EE.UU., 1939, 94 minutos

Los hijos de la farándula (1939)
de Busby Berkeley


Constato con estupor que son muchos los "cinéfilos" de nueva hornada (de ésos que luego alardean de saberlo todo) que no han oído hablar jamás de Busby Berkeley (1895–1976). Lo cual es tan extraño como preocupante, considerando que se trata de uno de los grandes genios de la época dorada de Hollywood, creador de coreografías inolvidables —para La calle 42 (1933), por ejemplo— que, en épocas mucho más recientes, han inspirado a cineastas de la talla de los hermanos Coen: la escena de El gran Lebowski (1998) en la que El Notas (Jeff Bridges) sueña que desfila por entre las piernas de una hilera interminable de chicas es un claro homenaje al estilo que, en su día, acuñara este director y coreógrafo.

Estrenada apenas unos meses después de El Mago de Oz, uno de los títulos míticos de la historia del cine, Babes in Arms no sólo fue producida por el mismo ejecutivo de la Metro (Arthur Freed), sino que contaba también con dos actrices que ya habían coincidido en el reparto de dicha película: Judy Garland (que aquí forma pareja con el histriónico Mickey Rooney) y Margaret Hamilton (la severa Miss Gulch y Bruja Mala del Oeste, de nuevo en un papel calcado de estricta institutriz).

Bajo el betún que embadurna sus rostros se encuentran
Mickey Rooney y Judy Garland


Los verdaderos cinéfilos (y no los que desconocen a Busby Berkeley...) disfrutarán al descubrir que Babes in Arms contiene el célebre número musical "Good Morning", recuperado años más tarde por otro clásico, Cantando bajo la lluvia (1952): de hecho, la mayoría de canciones que integraban el filme de Stanley Donen, incluido el celebérrimo tema que le da título, eran viejos éxitos que el buen hacer de Gene Kelly contribuyó a inmortalizar definitivamente.

Y en lo que al contenido de Babes in Arms se refiere (rebautizada en España con el impagable Los hijos de la farándula) son tres subtramas las que en ella se dan cita: por una parte, la decadencia de los viejos artistas de vodevil, que ven cómo el cine sonoro les arrebata el favor del público; en segundo lugar, la irrupción de jóvenes valores, deseosos de renovar el repertorio de sus padres mediante innovaciones escénicas que atraigan de nuevo a los espectadores y, por último, una cierta dosis de propaganda patriótica, bastante premonitoria, por cierto, de lo que iba a suponer el auge del fascismo en Europa.

Los susodichos, ahora sin betún y compartiendo una Coca-Cola

domingo, 6 de enero de 2019

¿Vencedores o vencidos? (1961)




Título original: Judgment at Nuremberg
Director: Stanley Kramer
EE.UU., 1961, 186 minutos

¿Vencedores o vencidos? (1961)
de Stanley Kramer


Hay películas que, por la especial relevancia del tema abordado, merecen que se las considere aparte. Algo que ya dijimos semanas atrás al comentar Senderos de gloria (1957) y que hoy no tenemos inconveniente en repetir a propósito de otro monumento cinematográfico en favor de la libertad: Judgment at Nuremberg (el programa de la Filmoteca de Catalunya hace notar, con muy buen criterio, que eso de ¿Vencedores o vencidos? no fue más que un título "tendencioso" auspiciado por las autoridades franquistas en el momento de su estreno en España).

¿Qué decir de un reparto tan abrumador, en el que se dan cita nombres de la talla de Spencer Tracy, Burt Lancaster, Marlene Dietrich, Monty Clift, Judy Garland o Richard Widmark? Uno sólo de ellos bastaría para que se aguantase cualquier producción medianamente importante, por lo que conviene tener en cuenta que el productor/director Stanley Kramer no se anduvo por las ramas a la hora de poner toda la carne en el asador, si bien la mayoría de dichas estrellas se avino a rebajar sus honorarios por el orgullo que suponía ser parte de un filme de tales características.



Se dice que hasta Marlon Brando suspiraba por el papel de fiscal, pero que Kramer y su equipo, conmovidos por la soberbia actuación del joven intérprete austriaco Maximilian Schell —que ya había participado en la versión televisiva— no dudaron en mantenerlo, pese a tratarse de un perfecto desconocido para el gran público. Intuición que, al fin y a la postre, se acabaría revelando del todo acertada, habida cuenta del Óscar con el que Schell fue finalmente recompensado.

Como el guionista Abby Mann (1927–2008), el otro agraciado de entre las once nominaciones a las que optó la película y autor de frases tan memorables como aquella que le espeta el veterano e insobornable juez Haywood (Spencer Tracy) a su homólogo Janning (Burt Lancaster) justo antes de abandonar la celda de este último: "Herr Janning, se llegó a eso [a tolerar el exterminio de millones de personas] la primera vez que usted condenó a muerte a un hombre aun a sabiendas de que era inocente..."


viernes, 27 de noviembre de 2015

El mago de Oz (1939)




Título original: The Wizard of Oz
Directores: Victor Fleming, Richard Thorpe, George Cuckor y King Vidor
EE.UU., 1939, 102 minutos

El mago de Oz (1939) de Victor Fleming et alii

Argumento:

Dorothy es una huérfana de Kansas que vive en una granja con su tía Emma, su tío Henry y tres peculiares peones: Hunk, Zeke y Hickory. Un día la estricta Miss Gulch es mordida por Totó, el perro de Dorothy. Miss Gulch se lo requisa a pesar de las protestas de la niña y de tía Emma. Pero Totó escapa y regresa con Dorothy, la cual se alegra momentáneamente, aunque pronto piensa que quizá Miss Gulch regresará. Decide, por tanto, llevarse a Totó y se fugan en busca de una vida mejor “en algún lugar sobre el arco iris”.

Dorothy encuentra al Profesor Marvel, un adivino de feria que la “engaña” haciéndola creer que tía Emma está enferma. La niña se da prisa en volver a la granja, pero un repentino tornado obliga a su familia a esconderse en el sótano, mientras que ella cae inconsciente a causa de un golpe.

Dorothy recobra el sentido aún medio desorientada y descubre que su casa ha sido atrapada dentro del tornado. Incluso ve a Miss Gulch a través de una de las ventanas transformarse en una bruja que vuela a lomos de su escoba. Instantes después, la casa caerá estrepitosamente sobre el reino de Oz, aplastando a la Bruja Mala del Este. Una vez allí, llega Glinda, la Bruja Buena del Norte, e informa a Dorothy de que se encuentran en Munchkinland.

Lo que supuestamente parece el cielo es, en realidad, el suelo del estudio:
dando marcha atrás da la sensación de que caiga desde las alturas

Los vergonzosos munchkins empiezan a salir de sus escondites alentados por Glinda y celebran la muerte de la bruja con cantos, bailes y desfiles hasta que la Bruja Mala del Oeste aparece para reclamar los poderosos zapatos de rubíes que calzaba su difunta hermana. Para evitarlo, Glinda transporta mágicamente dichos zapatos a los pies de Dorothy y le recuerda a la bruja que su poder carece de efectos en Munchkinland. La bruja jura entonces vengarse de Dorothy y se va de la misma forma en que llegó, en medio de una nube de fuego y humo rojo. Glinda le explica a Dorothy que la única manera de regresar a Kansas es pidiéndole ayuda al misterioso Mago de Oz en la Ciudad Esmeralda y le advierte que nunca se quite los zapatos, “siguiendo el camino de ladrillos amarillos” para llegar allí.

The Lollipop Guild: el Gremio de la Piruleta

A lo largo de dicho sendero, Dorothy irá encontrando y se hará amiga, sucesivamente, de un espantapájaros sin cerebro, un hombre de hojalata sin corazón y un león cobarde. Los tres deciden unirse a Dorothy para ir a ver al Mago con la esperanza de obtener sus deseos (un cerebro, un corazón y coraje, respectivamente). Aunque durante el recorrido serán atormentados por los numerosos intentos fallidos de la bruja para detenerlos.

Cuando finalmente logran llegar a la Ciudad Esmeralda, el Mago se les aparece, al final de un largo pasillo, como una terrorífica cabeza flotante, envuelta en humo de colores y espectaculares llamaradas, y que solo acepta ayudarlos si consiguen la escoba voladora de la bruja.



Pero, yendo al castillo donde aquella reside, son atacados por una bandada de monos alados que se llevan a Dorothy y a Totó por los aires y los entregan a la bruja, la cual reclama los zapatos de rubíes. Cuando Dorothy se niega, la bruja trata de sacárselos, pero unos chispazos se lo impiden. Ella se da cuenta de que los zapatos no podrán ser quitados mientras Dorothy esté viva, así que planea entonces cómo acabar con la muchacha.

Margaret Hamilton: la Bruja Mala del Oeste

Totó escapa y guía al Espantapájaros, al Hombre de Hojalata y al León hacia el castillo. Allí, mientras permanecen escondidos, tres soldados les atacan. Los tres amigos aprovechan la oportunidad para plantarles cara y vestirse con sus ropas y así poder colarse en el castillo. Una vez dentro, liberan a Dorothy e intentan escapar. La bruja arrincona al grupo con la ayuda de sus soldados y prende fuego al Espantapájaros. Dorothy coge entonces un cubo de agua para apagar el fuego, pero moja por accidente a la horrorizada bruja, la cual se derrite a causa del líquido. Para sorpresa del grupo, los soldados reaccionan positivamente y le dan a Dorothy la escoba en agradecimiento por liberarlos de la bruja. 

De regreso con el Mago, este les dice: “Marchaos y volved mañana.” Pero descubren, gracias a Totó, que el Mago no es realmente un mago sino solo un anciano detrás de una cortina, por lo que se sienten decepcionados, aunque resolverá sus deseos a través del sentido común: al Espantapájaros le da un diploma, al Hombre de Hojalata le da un reloj con forma de corazón y al León le entrega una medalla al valor.

El Mago les explica que él también es de Kansas y que llegó a Oz en un globo aerostático que perdió el control, así que promete llevar a Dorothy a casa en el suyo después de dejar al Espantapájaros, al Hombre de Hojalata y al León al frente de la Ciudad Esmeralda. Pero justo antes de despegar, Totó salta de la canasta persiguiendo a un gato. Dorothy intenta atraparlo y el Mago, incapaz de controlar el globo, se va sin ella. Y cuando parece que ya se resigna tristemente a pasar el resto de su vida en Oz, aparece Glinda y le dice que puede usar los zapatos de rubíes para regresar a casa con Totó. Si no se lo había dicho antes era para que Dorothy aprendiera que “En caso de no poder encontrar el deseo de tu corazón en tu propia tierra, entonces es que nunca lo perdiste realmente”.

Dorothy y Totó se despiden de sus amigos y siguen las instrucciones de Glinda de golpear los talones tres veces y repetir las palabras: “No hay lugar como el hogar”. Tras esto se despierta en su habitación rodeada de su familia y amigos y les cuenta su viaje. Estos ríen y le dicen que todo ha sido un mal sueño. Una feliz Dorothy, aún convencida de que su viaje fue real, abraza a Totó y dice: “¡No hay lugar como el hogar!”

Comentario

Producido en 1939 por la Metro-Goldwyn-Mayer, el musical de fantasía El Mago de Oz es considerado hoy en día, a pesar de su antigüedad y de ser inicialmente una fábula cinematográfica para niños, una película de culto y un clásico del cine debido a los muchos valores que transmite.

En el plano estrictamente formal, uno de los aspectos a destacar es el uso que se lleva a cabo del flash forward, técnica que consiste en anticipar algunos de los elementos que posteriormente irán apareciendo conforme avance la película. Así pues, se podría decir que en el prólogo rodado en sepia y que tiene lugar en la granja de Kansas ya está concentrada toda la película.

El filme está basado en la novela infantil El Maravilloso Mago de Oz (1900) de Lyman Frank Baum. Tanto fue el éxito de este libro, que su autor continuó la saga con otros trece volúmenes. Y no solo él, sino que tras su muerte en 1919 haría lo propio Ruth Plumly Thompson con veintiuna secuelas más. En 1995, además, Gregory Maguire escribió la novela para adultos Wicked: Memorias de una Bruja Mala, convertida en musical en 2003. Ya en la época del cine mudo, la obra fue objeto de dos adaptaciones cinematográficas, una en 1910 y la otra en 1925, si bien la versión que todo el mundo recuerda es la producida por Mervyn LeRoy. Pero no sería la última: en 1978 se volvió de nuevo a rodar una versión más, The Wiz, en esta ocasión basada en un musical de Broadway e interpretada por Michael Jackson en el papel de Espantapájaros.

Lyman Frank Baum

El rodaje de la versión de 1939 fue muy caro y accidentado, ya que costó más de dos millones y medio de dólares de la época. No sólo se sucedieron diferentes directores al frente del proyecto (Richard Thorpe, George Cuckor y King Vidor, además de Victor Fleming) sino que los actores debieron someterse a duras sesiones de maquillaje. Tanto es así que Ray Bolger (el Espantapájaros) y Margaret Hamilton (la Bruja Mala del Oeste) estuvieron a punto de intoxicarse con el cobre que contenía su abundante maquillaje. No tuvo tanta suerte, sin embargo, el primer actor encargado de representar el papel de Hombre de Hojalata, ya que se intoxicó gravemente con el polvo de aluminio que contenía su maquillaje y se vio obligado a dejar el rodaje, siendo sustituido por Jack Haley. Se cuenta, incluso, que el disfraz de León utilizado por el actor Bert Lahr pesaba más de cuarenta kilos. Otra curiosidad es que Totó era en realidad una perrita llamada Terry, que intervino en quince películas hasta su muerte en 1945.

Fotografía tomada durante el rodaje: en ella se aprecia el uso de la grúa

Judy Garland en una pausa del rodaje