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domingo, 14 de julio de 2019

Seven (1995)




Título original: Se7en
Director: David Fincher
EE.UU., 1995, 127 minutos

Seven (1995) de David Fincher


Aunque cueste trabajo aceptarlo, Seven ya es una película "antigua". Y no tanto en el sentido peyorativo del término, puesto que el guion de Andrew Kevin Walker sigue manteniendo intacta su frescura, sino porque el mundo que aparece en ella reflejado hace mucho tiempo que dejó de existir. Por ejemplo: los personajes no usan teléfono móvil; el detective interpretado por Morgan Freeman tiene que desplazarse hasta una biblioteca pública para consultar obras que, como la Divina comedia de Dante o el Paraíso perdido de Milton, hoy se encuentran disponibles en la red con sólo apretar un botón... Y, para colmo, ¡hace fotocopias de los pasajes que le interesan!

Evidentemente, una observación como la anterior es propia de alguien que pasa de los cuarenta y peina canas, así que más vale centrarse en los aspectos que han hecho de este thriller, con toda justicia, uno de los títulos de culto del cine de los noventa. David Fincher tenía apenas treinta y tres años cuando la dirigió, pese a que llevaba una década rodando videoclips. Y antes ya había estrenado Alien³ (1992). De modo que basta con ver los títulos de crédito iniciales (que luego han sido tan aclamados) para darse cuenta de que el tipo sabía lo que se traía entre manos.



Del casting de actores, aparte de la pareja protagonista (Brad Pitt encarnando al poli novato y el mencionado Freeman en la piel de un veterano agente a punto de jubilarse), Gwyneth Paltrow en el papel de esposa inocente o Kevin Spacey haciendo de malo malísimo, merece la pena destacar la presencia de R. Lee Ermey (quien diera vida al inolvidable sargento Hartman en La chaqueta metálica) como capitán de la policía. Asimismo, también es curioso, en uno de esos guiños que, a veces, tienen los guionistas, que el personaje de Morgan Freeman se llame William Somerset, en clara alusión al escritor W. Somerset Maugham (1874-1965), máxime cuando él y su ayudante hacen referencia, mientras revisan en el coche la lista de libros susceptibles de haber inspirado al asesino, a Servidumbre humana, una de las novelas más célebres del autor británico.

En términos estrictamente cinematográficos, Seven es una película oscura, digna heredera del Hitchcock más mordaz y ambientada en un Nueva York inhóspito en el que no para de llover a cántaros. Se diría que Blade Runner (1982), con aquel futuro distópico habitado por replicantes, se hubiera, al fin, hecho realidad con el único afán de castigar a los habitantes de la nueva Gomorra, acusados de cometer, a diario, los siete pecados capitales.


viernes, 10 de febrero de 2017

Henry & June (El diario íntimo de Anaïs Nin) (1990)




Título original: Henry & June
Director: Philip Kaufman
EE.UU./Francia, 1990, 136 minutos



Cuando Henry llegó, hizo varias observaciones contradictorias. Que podía vivir sin nada, que se sentiría muy bien si consiguiera un empleo, que su integridad le impedía escribir guiones en Hollywood. Al final dije: 
-¿Y qué hay de la integridad cuando se escriben relatos por dinero? 
Henry se echó a reír, admitió la paradoja y las contradicciones, volvió a reírse y zanjó el tema.

Anaïs Nin
Diario (Traducción de Víctor Vega)

Si vivir es lo supremo, entonces viviré, aun cuando deba volverme un caníbal. Hasta ahora he procurado salvar mi preciosa piel, he procurado preservar los pocos pedazos de carne que me cubren los huesos. Eso se acabó. He llegado al límite de la resistencia. Estoy de espaldas contra la pared; no puedo retroceder más. Por lo que se refiere a la historia, estoy muerto. Si hay algo más allá, tendré que reaccionar. He encontrado a Dios, pero no es suficiente. Sólo estoy muerto espiritualmente. Físicamente estoy vivo. Moralmente soy libre. El mundo que he abandonado es una casa de fieras. El amanecer se alza sobre un mundo nuevo, una jungla en que vagan espíritus flacos y con garras aguzadas. Si soy una hiena, soy una hiena flaca y hambrienta: salgo de caza para engordar.

Henry Miller
Trópico de Cáncer (Traducción de Carlos Manzano)

Cuando una película comienza con los acordes iniciales de La consagración de la primavera de Stravinski y el hijo de Buñuel (Juan Luis) interpretando un pequeño papel (el de editor de las obras de Anaïs Nin), se está poniendo el listón altísimo. Sobre todo si a la escritora la interpreta la portuguesa María de Medeiros, cuya exótica belleza casaba a la perfección con el personaje.

Fue Henry & June una oportunidad perdida de plasmar en imágenes semejante período de notable efervescencia artística: el de los inicios de los años treinta en la capital francesa. Queriendo adentrarse en los entresijos de la pasión amorosa que unió a Henry Miller (Fred Ward) y su mujer (Uma Thurman) con la autora de ascendencia cubano-española, el director Philip Kaufman acabó mostrando un París de acordeones y atardeceres a orillas del Sena. Era inevitable, pues siempre que Hollywood ha pretendido retratar la ciudad de las luces ha terminado sucumbiendo a los mismos topicazos: los de la postal idílica del "americano en París" que juega a ser bohemio.

Así pues, de la interesante actividad literaria y artística que llevaron a cabo los personajes cuya vida retrata el filme apenas nos llega el eco como trasfondo histórico, fagocitada aquélla por un erotismo que vendría a ser la versión sofisticada y superficial de El último tango en París. De hecho, Henry & June daría pie a la creación de una nueva categoría para clasificar las películas por edades: la de no recomendada para menores de 17 años.