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martes, 23 de febrero de 2016

Buscando al señor Goodbar (1977)




Título original: Looking for Mr. Goodbar
Director: Richard Brooks
EE.UU., 1977, 136 minutos

Diane Keaton (Theresa) y Alan Feinstein (Martin)


Hace algunos días comentábamos el filme de Barbara Loden Wanda, el cual en cierto modo coincide con Buscando al señor Goodbar (1977) en el hecho de presentar a una mujer que decide adentrarse en ambientes cada vez más sórdidos. La acertada elección de ambos para formar parte del ciclo Mujeres (bastante) perdidas de la Filmoteca de Catalunya se debe a la directora Isabel Coixet, quien subrayaba en el vídeo de presentación previo a la proyección de la segunda de dichas películas el olvido en el que parece haber caído. De hecho, durante mucho tiempo Buscando al señor Goodbar ni siquiera gozó de una difusión fluida en DVD. De todas formas, se comprende que un filme de estas características no haya envejecido del todo bien. Y no sólo por su banda sonora discotequera sino sobre todo por reflejar una sociedad puritana que cultiva aquello tan manido de las virtudes públicas y los vicios privados: hoy en día, en cambio, tal vez se esté más cerca del libertinaje que no de la represión.

En todo caso, la doble vida de Theresa (que no de Verónica) puede poseer algún punto de contacto con la del protagonista de la más reciente Shame (2011), por lo que tiene de adicción patológica compensatoria a todas aquellas actividades con las que pretende llenar su inmenso vacío vital. Vacío que no se acaba de comprender del todo viendo cómo se entrega a sus alumnos sordomudos y la devoción que estos le rinden. Se diría más bien que a Theresa, al margen de la estricta educación que ha recibido y del desengaño amoroso que le supone su relación con Martin (el profesor de literatura interpretado por Alan Feinstein), lo que la empuja hacia el abismo es su gusto por coquetear con los bajos fondos, quizá porque en los bares que frecuenta experimenta la falsa sensación de sentirse más libre.

Y ahí es donde entra en juego el tono moralizante de la historia. Aunque basada en un hecho real, el final de Theresa (uno de los más impactantes que se recuerdan) solo puede ser concebido como castigo a una conducta reprobable. "Quien mal anda mal acaba", parece decirnos Richard Brooks, quizá esperando que el espectador, escarmentando en piel ajena, tome buena nota de lo que no debería hacer.

Mucho más atractiva parece, por último, una forma de narrar en la que se utiliza la elipsis con maestría, enlazando una secuencia con otra mediante un ritmo a menudo frenético. Se aprecia, asimismo, una cierta tendencia a mezclar las ensoñaciones de la protagonista con la realidad, lo cual confiere al conjunto una apariencia por momentos onírica que se acentúa en escenas como la de la supuesta muerte del padre.

Richard Gere (Tony) y Diane Keaton (Theresa)

viernes, 19 de febrero de 2016

Wanda (1970)




Directora: Barbara Loden
EE.UU., 1970, 102 minutos

¿Un pez llamado cómo...?

Wanda (1970) de Barbara Loden


Gran plano general. La diminuta silueta de una mujer avanza en mitad de un desolador paisaje de las afueras de cualquier suburbio industrial de Pensilvania. En la escena anterior la hemos visto siendo increpada por su marido ante el juez por no saber cuidar de sus hijos (la verdad es que su entrada en el juzgado, con retraso, fumando y con los rulos en la cabeza, no tiene desperdicio). Adónde le llevarán sus pasos a partir de ahora es una incógnita que se le irá desvelando al espectador conforme se adentre con ella en una aventura de consecuencias imprevisibles...

Descubierta por Elia Kazan, con quien después se casaría, la actriz Barbara Loden tuvo ocasión de escribir, dirigir e interpretar en 1970 el largometraje Wanda, apenas diez años antes de su prematura muerte a causa de un cáncer de pecho. Es un filme de una belleza conmovedora, en el que la influencia de corrientes europeas como el Free cinema, el cinéma-verité o la propia Nouvelle vague se asimilan con total naturalidad, como rara vez lo hizo el cine independiente americano.

En su huida hacia adelante, Wanda Goronski se dejará arrastrar por los acontecimientos hasta el punto de permitir que hombres indeseables como Norman Dennis (interpretado por Michael Higgins) abusen de su aparente inocencia humillándola de forma sistemática. Quizá por ello Isabel Coixet, en el vídeo de presentación que precede a todas las películas por ella elegidas en el ciclo que la Filmoteca de Catalunya le dedica estos días, se refiera a Wanda como una mujer perdida que, a fuerza de ser pusilánime, "acaba por caernos mal". Tal vez sea esta una forma exagerada o directamente equivocada de entender al personaje, pero lo que sí es cierto es que su actitud llega a desconcertar por no rebelarse ante las vejaciones a que se ve sometida. Puede que en la conducta de Wanda intervengan factores de tipo masoquista o autodestructivo. O puede que simplemente sea víctima de alguna variedad de enajenación mental transitoria.

En todo caso, sea debido a lo que fuere, lo cierto es que se verá mezclada en lances tan dispares como el atraco a un banco o una misteriosa visita a las catacumbas. Hasta le robarán sus pertenencias en un cine en el que se queda dormida viendo una película de Raphael (El golfo, 1969).

Barbara Loden es Wanda