Mostrando entradas con la etiqueta Herbie Hancock. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Herbie Hancock. Mostrar todas las entradas

jueves, 16 de julio de 2026

Un talento único (2025)




Título original: Tuner
Director: Daniel Roher
Canadá/EE.UU., 2025, 107 minutos

Un talento único (2025) de Daniel Roher


Tras alzarse con el Óscar por el aclamado documental Navalny (2022), el cineasta canadiense Daniel Roher realiza un audaz viraje hacia la ficción con Tuner (2025), elegante thriller de tintes neo-noir. La trama se articula en torno a Niki White (interpretado con brillante contención por Leo Woodall), joven prodigio de la música cuya carrera se vio truncada por culpa de su hipersensibilidad auditiva y su oído absoluto. Trabajando como aprendiz de Harry Horowitz (Dustin Hoffman), un veterano reparador de pianos, Niki se verá forzado a buscar ingresos rápidos. Esta desesperada encrucijada lo lleva a descubrir que su finísimo oído no sólo sirve para afinar los Steinway, sino también para descifrar las combinaciones de las cajas fuertes, arrastrándolo de pleno a una turbia organización criminal liderada por un tal Uri (Lior Raz).

​El gran acierto de la propuesta radica en un diseño de sonido extraordinario y envolvente, concebido como elemento clave dentro de la narrativa. De este modo, la producción sumerge al espectador en la psique del protagonista, amplificando desde la vibración metálica de una cuerda de piano hasta la tensión milimétrica de un engranaje de seguridad, logrando que los contrastes entre el silencio absoluto de los robos y el caos urbano resulten asfixiantes. Este portentoso despliegue sensorial se complementa con la magnética química intergeneracional entre los personajes de Woodall y Hoffman, cuya relación aporta una calidez melancólica en torno a la musica jazz (de la que Harry es un fanático) y una interesante reflexión sobre el apego por los oficios manuales en un contexto hoy ya bastante deshumanizado.



No obstante, este minucioso equilibrio formal flaquea levemente al adentrarse en devaneos que aceleran el ritmo de manera abrupta en favor de una mayor espectacularidad comercial. Así pues, la introducción de subtramas algo forzadas, como la que involucra al célebre compositor encarnado por Jean Reno, genera un contraste innecesario con el tono sobrio, elegante y realista que impera en la mayor parte del metraje. Afortunadamente, Roher esquiva los clichés más manidos de Hollywood al reconducir la historia hacia una conclusión narrativamente coherente en la que Niki hará lo imposible por apartarse del crimen organizado y retomar su relación con Ruthie (Havana Rose Liu).

​En definitiva, Tuner constituye una soberbia ópera prima ficcional que demuestra la versatilidad de su director para transitar con éxito más allá de otros géneros cinematográficos. Aun así, pese a que la estructura del cine de atracos se intuye vagamente, la frescura de su premisa acústica y una impecable ejecución técnica salvan al filme de cualquier atisbo de monotonía. Lo cual da pie, en última instancia, a una obra estilizada y rítmica que no sólo se ve, sino que se escucha y se sigue con el alma en vilo gracias a su reflexión implícita sobre cómo el talento puede corromperse en un mundo donde la supervivencia difumina demasiado a menudo la línea entre la honestidad y la criminalidad.



miércoles, 21 de noviembre de 2018

Alrededor de la medianoche (1986)




Título original: 'Round Midnight
Director: Bertrand Tavernier
EE.UU./Francia, 1986, 133 minutos

Alrededor de la medianoche (1986) de Bertrand Tavernier


Maxine, la viuda del saxofonista Dexter Gordon (1923-1990), visitaba en la tarde de hoy la sede de la Filmoteca de Catalunya para presentar Sophisticated Giant, el libro que ella misma ha escrito sobre la vida y el legado de quien fuese uno de los tenores abanderados del bebop y estandarte del sello Blue Note. Y, como no podía ser de otra manera, el filme elegido para ilustrar la sesión ha sido la mítica 'Round Midnight (1986), emotivo homenaje que el francés Bertrand Tavernier dedicara al mundo del jazz inspirándose en la figura de los no menos legendarios Bud Powell y Lester Young.

La película, ambientada en el París de finales de los cincuenta, le valió a Gordon la nominación al Óscar como mejor actor de aquel año (premio que finalmente iría a parar a Paul Newman por El color del dinero). Aunque fueron las palabras de Marlon Brando, quien elogió las dotes interpretativas de Gordon en su papel del jazzman ficticio —y un poco filósofo— Dale Turner, lo que verdaderamente haría ilusión al músico.



El verdadero mérito de la película es su banda sonora, interpretada por Herbie Hancock y virtuosos de la talla de Wayne Shorter, Chet Baker, Bobby McFerrin o el vibrafonista Bobby Hutcherson. De hecho, todos los números musicales que contiene 'Round Midnight fueron interpretados en directo, por lo que otro de los alicientes de la cinta radica en que las versiones que aquí se escuchan no son las mismas que contiene el álbum editado por Columbia.

No obstante, hay que admitir que el guion carece de fundamento y que hoy en día, diluida definitivamente la frontera entre cine de ficción y cine documental, es muy probable que la película se rodase de un modo muy distinto, prescindiendo del inverosímil personaje que interpreta François Cluzet y de toda esa subtrama un tanto ñoña del padre que se hace cargo de su hija tras ser abandonado por la esposa. Con todo, ello no es óbice para que la voz cavernosa del colosal Dexter (medía casi dos metros) se mantenga como uno de los atractivos del filme, a la vez que la inesperada presencia de Martin Scorsese en un breve papel ya hacia el final, cuando la acción se traslada momentáneamente a Nueva York.


domingo, 18 de marzo de 2018

Blow-Up (Deseo de una mañana de verano) (1966)




Título original: Blow-up
Director: Michelangelo Antonioni
Reino Unido/Italia/EE.UU., 1966, 111 minutos

Blow-Up (1966) de Michelangelo Antonioni


Tarde ideal para volver a ver Blow-up: domingo, primavera incipiente, algunas gotas de lluvia... Y al otro lado de la pantalla: Londres, mediados de los sesenta, la espalda desnuda de Vanessa Redgrave, un relato de Cortázar y la música jazz de Herbie Hancock o el rock de los Yardbirds (con Jimmy Page y Jeff Beck, en una célebre escena, hacia el final de la película, destrozando su guitarra en plena actuación).

Segundo trabajo en color, tras El desierto rojo, de un Antonioni que rodaba por vez primera en inglés y fuera de su país, Blow-up supuso la máxima expresión de la cultura pop, con sus largos silencios (característicos del estilo del director italiano) puestos ahora al servicio de un atractivo estallido visual. Es el comienzo de las top model glamurosas, de la escena underground, representados en la película por nombres propios como los arriba indicados o una rubia Jane Birkin que poco después se trasladaría a París para asociar definitivamente su destino al de Gainsbourg. También por esa turbamulta de jóvenes mimos que recorre las calles en confusa algarabía y que protagonizará un peculiar partido de tenis.



Cinematográficamente hablando, Blow-up fue un curioso experimento que se vería recompensado con la Palma de Oro en Cannes: cómo investigar un posible crimen con el único auxilio de la cámara fotográfica, escudriñando y ampliando (de ahí el título) la frondosa espesura de los parques londinenses. Un verdor tras el que se ocultan secretos y misterios, la intuición de algo terrible que apenas se llega a concretar. Un primer eslabón sin el que no habrían existido obras posteriores como Blade Runner (1982) o Tren de sombras (1997) de José Luis Guerín.

Más que película de culto, Blow-up ha quedado como uno de esos títulos icónicos que definen a la perfección una época, la efervescencia de un momento irrepetible, quizá tan difícil de retener como las siluetas espectrales que Thomas (David Hemmings) escruta entre las profundidades de un fotograma que su objetivo captó al azar en una tarde como la de hoy, pero de hace medio siglo...