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lunes, 20 de julio de 2026

Magallanes (2025)




Título original: Magalhães
Director: Lav Diaz
España/Francia/Portugal/Filipinas/Taiwán, 2025, 160 minutos

Magallanes (2025) de Lav Diaz


De la mano del también cineasta Albert Serra, esta vez ejerciendo de productor, el filipino Lav Diaz dedica su más reciente filme a una figura histórica tan relevante como controvertida. Efectivamente, Magallanes (2025) recrea diversos episodios biográficos en los que el navegante portugués (en cuya piel se mete Gael García Bernal) aparece retratado como una especie de genocida de principios del siglo XVI que siembra a su paso ríos de sangre en nombre de la Corona Castellana y de la religión católica. Y no sólo acribillando a los aborígenes de las Molucas cuando éstos reniegan del bautismo, sino incluso entre los miembros de su propia tripulación. En ese sentido, resulta especialmente violenta la escena en la que se sentencia y ejecuta a dos acusados de sodomía tras haber sido sorprendidos en pleno acto contra natura.

Sin embargo, ese mismo personaje, cruel e inflexible con quienes se le oponen, demuestra que tiene también sentimientos cuando lo vemos consolar a su amada (Ângela Azevedo Ramos) o a la madre de un niño indígena enfermo. Múltiples facetas, por tanto, de un hombre que lo mismo se sienta a la mesa con un obispo en Sevilla que firma un pacto de sangre con el líder local de una de las islas, todo ello en el contexto de una cruzada mesiánica dominada por la codicia y la imposición dogmática. 



Por lo demás, tanto la puesta en escena como la cuidada fotografía de Artur Tort beben de innegables fuentes pictóricas que hacen que cada plano se convierta prácticamente en un tableau vivant. Así pues, la flamante Espiga de Oro en el último Festival de Valladolid aborda el día a día de una tripulacion exhausta con la intención explícita de deconstruir el mito eurocéntrico de aquella supuesta gesta imperial. Para ello, Diaz se apoya en un lenguaje visual de filiación bressoniana, repleto de nativos implorando a sus dioses y arrogantes colonizadores que queman sus ídolos para imponerles la cruz cristiana, donde priman el silencio, la luz natural y los encuadres fijos.

Lejos de retratar al explorador como un héroe visionario, la narración expone la brecha irreconciliable entre la rigidez doctrinal del conquistador y la compleja realidad política y humana del sudeste asiático, evocando, en la línea de, por ejemplo, Aguirre, la cólera de Dios (1972), la locura autodestructiva de los grandes títulos del cine de conquista. En consecuencia, la cinta recrea una atmósfera contemplativa, dominada por el sonido orgánico de la naturaleza, que no sólo subvierte los relatos oficiales de la expansión europea, sino que consolida a su director como uno de los cronistas fundamentales a la hora de abordar las heridas de la memoria histórica a través del cine contemporáneo.



miércoles, 12 de marzo de 2025

Tardes de soledad (2024)




Director: Albert Serra
España/Francia/Portugal, 2024, 125 minutos

Tardes de soledad (2024) de Albert Serra


En su línea habitual de cineasta controvertido, Albert Serra vuelve a la carga con el documental Tardes de soledad (2024), flamante Concha de Oro en la última edición del Festival de San Sebastián, además de insólito retrato de la profesión taurina centrado en la figura del diestro Andrés Roca Rey. En ese sentido, los circunspectos miembros que componen su cuadrilla, a ratos heroicos, a veces ridículos, viven a flor de piel los entresijos de cada corrida, con la entrega propia de quienes saben que se juegan el tipo a diario. Y es que no se admiten tibiezas en el mundo de la tauromaquia.

Aunque lo más original de la puesta en escena ideada por Serra puede que resida en el particular uso que lleva a cabo del fuera de campo, centrando la cámara obsesivamente sobre el matador y el astado, de modo que las reacciones del público o de los numerosos incondicionales que se congregan en torno a su coche cada vez que abandona la plaza se escuchan de fondo, pero sin que lleguemos a verlas en ningún momento.




Dicha focalización, con las muecas de Roca Rey cuando entra a clavar el estoque o la lengua fuera del toro agonizante, no sólo da pie a una inaudita simbiosis entre animal y hombre, sino que ésta se refuerza por un sonido ambiente sobredimensionado en el que se escuchan los bramidos de uno y otro con perfecta nitidez.

Por último, los preparativos que preceden al salto al ruedo, sobre todo el ritual de vestirse el traje de luces, así como la solemnidad de los rostros en el interior de la furgoneta, de camino a la plaza, conforman un paisaje esencialmente masculino cuya ferocidad de sangre y arena contrasta con la delicadeza que desprende una banda sonora en la que lo mismo suenan el "Vals triste" de Sibelius que "El cisne" de Saint-Saëns o incluso un tema instrumental de Jefferson Airplane.



sábado, 27 de febrero de 2021

Cuba Libre (2013)




Director: Albert Serra
España, 2013, 18 minutos

Cuba Libre (2013) de Albert Serra


Una sala de fiestas destartalada, con el aire mortecino de las viejas boîtes. Vacilante y decaído, el speaker (interpretado por el propio cineasta) se dirige a la audiencia (escasa), en un inglés macarrónico, para introducir al artista de la velada. Ya sobre el escenario, el cantante (Xavier Gratacós) se revelará como un intérprete de voz profunda cuya tez y bigotito pudieran recordar a los de Günther Kaufmann (1947–2012).

Contribución del director de Banyoles a la dOCUMENTA (13) de la ciudad alemana de Kassel, exposición quinquenal de arte contemporáneo que tuvo lugar entre el 9 de junio y el 16 de septiembre de 2012. En principio, Serra pretendía rodar una película de más de cien horas de metraje que pusiese en relación las figuras de Fassbinder, Goethe y Hitler: proyecto megalómano y excéntrico (como todos los suyos) que, sin embargo, quedó reducido a los apenas veinte minutos de este cortometraje.



viernes, 26 de febrero de 2021

Historia de mi muerte (2013)




Título original: Història de la meva mort
Director: Albert Serra
España/Francia/Rumanía, 2013, 148 minutos

Historia de mi muerte (2013) de Albert Serra


Sin alcanzar el desenfreno libidinoso de la posterior Liberté (2019), Història de la meva mort ya exploraba ese mismo período histórico, caracterizado por el hedonismo sibarita, que fue el siglo XVIII. Y lo hacía uniendo en la pantalla a dos figuras tan rotundamente viscerales como Casanova (Vicenç Altaió) y Drácula (Eliseu Huertas). El primero, un hombre más bien decrépito que afronta el tramo final de su existencia ejercitando la gula y la lujuria, se hace acompañar por un criado un tanto tosco llamado Pompeu (Lluís Serrat); el otro, en cambio, con su aspecto inquietante, entre místico y vampírico, anuncia las tinieblas de un inminente romanticismo.

Se mire por donde se mire, hay algo malsano en el cine de Albert Serra. Por eso las cabezas biempensantes (mayoritarias en "este país de todos los demonios") lo rechazan de pleno. Sin embargo, sería igualmente injusto negarle la categoría de autor a una de las voces más sui géneris que ha dado nuestra cinematografía en los últimos veinte años y cuyo mérito principal consiste en dotar de cotidianeidad a unos personajes tradicionalmente elevados a la categoría de mito.



Diálogos tan escasos como espontáneos, con pinta de ser fruto de la improvisación, aportan una inesperada nota verista en este retrato de la decadencia moral que asola a una Europa al borde del abismo. A este respecto, Història de la meva mort aborda el impasse entre dos concepciones antagónicas de la vida y el arte: el racionalismo volteriano que encarna Casanova y la melancolía belicosa de Drácula.

Rodada en idílicos enclaves de la Provenza francesa y en la localidad rumana de Viscri, la fotografía de Jimmy Gimferrer, con luz natural, logra captar la frondosidad del boscaje en todo su esplendor para, a continuación, ir adentrándose gradualmente en un largo viaje hacia la noche que concluye con una manada de lobos merodeando por las inmediaciones y un a modo de brindis luciferino frente al cuerpo yaciente del antiguo seductor.



miércoles, 13 de noviembre de 2019

Liberté (2019)




Título en español: Libertad
Director: Albert Serra
Francia/Portugal/España, 2019, 132 minutos

Liberté (2019) de Albert Serra

Objeto, por igual, de desdenes viscerales y adhesiones inquebrantables, Albert Serra hace ya tiempo que conquistó, por derecho propio, la no siempre grata categoría de autor. Y lo es, huelga decirlo, porque posee un estilo propio, profundamente personal, pero riguroso desde el punto de vista histórico y, a la vez, concebido a conciencia.

Quienes hemos tenido ocasión de asistir, en la tarde noche de hoy, al preestreno de Liberté en la sede del Raval de la Filmoteca de Catalunya a buen seguro que tardaremos varias semanas en asimilar el contenido de una cinta cuando menos controvertida (aunque dicho calificativo, aplicado a la obra de Serra, resulta más bien redundante). “He visto cosas que vosotros no creeríais…”, que decía aquél. Pero no naves en llamas más allá de Orión ni rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser, como en Blade Runner (1982), sino las correrías (con nocturnidad y quién sabe si también con alevosía) de un grupo de aristócratas dieciochescos.




Depravación rococó no apta ni para todos los estómagos ni, menos aún, para la paciencia de cualquiera. Sin embargo, basta con echar una ojeada a la literatura de aquel período (desde el Marqués de Sade hasta Pierre Louÿs) para darse cuenta, en el acto, de que Serra no ha inventado nada que no estuviese ya perfectamente registrado en los anales del libertinaje. Y pasa un poco lo mismo en el terreno fílmico: ¿quién puede escandalizarse todavía después del Salò… (1975) de Pasolini? Aunque tampoco hace falta remontarse tan atrás: salvando las distancias, Liberté plantea situaciones y escenarios remotamente similares a lo expuesto por Lluís Miñarro en Stella cadente (2014). Por no mencionar el universo de cineastas igualmente transgresores como Bruno Dumont, Gaspar Noé o Leos Carax.

Aun así, estamos ante un artista que es, sobre todo y por encima de todo, fiel a sí mismo, como lo atestigua la frondosidad de ese bosque, ya presente en los exteriores de Honor de cavalleria (2006), el tenebrismo en el que se desenvuelve la acción, equivalente al de La mort de Louis XIV (2016), o la decrepitud barroca de caras empolvadas y pelucas revueltas en la que se enmarcan tanto el mencionado ocaso del Rey Sol como la anterior Història de la meva mort (2013). Por tanto, sólo nos queda saludar el estreno de Liberté, con sus excesos y sus defectos, como un hito más en la carrera de un director llamado a convertirse, si es que no lo es ya, en una de las figuras clave del panorama cinematográfico internacional.


martes, 10 de julio de 2018

Norte, the End of History (2013)




Título original: Norte, hangganan ng kasaysayan
Director: Lav Diaz
Filipinas, 2013, 250 minutos

Norte, the End of History (2013) de Lav Diaz


La Filmoteca de Catalunya acogía esta tarde la presencia del cineasta filipino Lav Diaz con motivo de la presentación de la retrospectiva que se le dedicará a lo largo del mes de julio en el marco del Festival Grec, que este año incluye el cine por vez primera y de forma oficial en su programación.

Con su habitual estilo y ataviado, quién sabe si para crear ambiente, con una llamativa camisa hawaiana, el también director Albert Serra le hacía los honores recordando que su amistad con Diaz (Mindanao, 1958) se remonta al Festival de Locarno de 2013, cuando éste hubo de convencer a un terco crítico suizo, miembro del jurado, para que Història de la meva mort se hiciese finalmente con el Leopardo de Oro.



El filme seleccionado para esta primera sesión, Norte, el fin de la historia, es el único en color de los dirigidos hasta la fecha por Diaz, según sus propias palabras: "Para mostrar el contraste entre la belleza de la región donde fue rodado, la misma en la que nació el dictador Marcos, y la violencia que inspira a sus habitantes". Algo comprensible, añade, teniendo en cuenta que su país padeció "cuatro siglos de colonización española, cien de dominio estadounidense, cuatro de presencia japonesa durante la Segunda Guerra Mundial y más de veinte de dictadura. ¡Y encima ahora nos gobierna un auténtico gánster!".

Libremente inspirada en Crimen y castigo, sus más de cuatro horas de duración (otro de los rasgos que definen el estilo del autor, junto con unas tomas larguísimas que, a menudo, le han valido a su cine el inapropiado calificativo de lento) narran los infortunios de dos hombres, Joaquín y Fabián: el primero, un humilde padre de familia condenado injustamente a cadena perpetua por un doble asesinato que no cometió y el segundo, autor real de los hechos, un prometedor estudiante de leyes al que, sin embargo, el sentimiento de culpa irá devorando en una feroz espiral autodestructiva.



La clave para entender el dilema planteado por Diaz y su guionista Rody Vera nos la aporta Eliza (Angeli Bayani) cuando, al conversar con una vecina, afirma que ni ella ni su marido se plantearon jamás abandonar el país para ir a trabajar al extranjero porque no querían que sus hijos crecieran sin conocer a sus padres. Que es, precisamente, la situación que les tocó vivir a Fabián (Sid Lucero) y a su hermana, hoy poseedores de una próspera granja y con posibilidad de acceder a estudios universitarios, pero desprovistos de cualquier vínculo afectivo entre ellos.

Pese a rodar, según propia confesión, con cámaras "baratas", el resultado obtenido por Diaz es de una contundencia sin paliativos: filmando la violencia fuera de campo (en eso se parece a Haneke), genera en el espectador un desasosiego a la altura de los momentos más inquietantes de la filmografía del director alemán. En ese sentido, los personajes de Norte... inspiran desprecio y compasión a partes iguales: unos, como el mencionado Fabián o el "señor" Wakwak (Soliman Cruz), por lo injusto de las atrocidades que llegan a cometer, otros (Joaquín o su esposa Eliza) por su capacidad para perdonar.


jueves, 17 de noviembre de 2016

La mort de Louis XIV (2016)










Director: Albert Serra
España/Francia/Portugal, 2016, 115 minutos



Colas interminables, varios medios de comunicación acreditados, presentación a cargo del conseller Santi Vila, presencia entre el respetable del President Puigdemont... La Filmoteca de Catalunya ha acogido esta tarde el preestreno de La mort de Louis XIV, la última película de Albert Serra. Huelga, pues, justificar el porqué de tanta expectación. Máxime si el plato fuerte del evento no es ninguno de los arriba mencionados sino el mismísimo Jean-Pierre Léaud, actor fetiche de la Nouvelle vague (principalmente de Truffaut y Godard).

Un pizpireto joven de setenta y dos años que ha hecho poner en pie a la concurrencia entre vítores y aplausos, regalándoles meditaciones como: "Me he entregado a este personaje con el mismo entusiasmo de cuando rodé Los cuatrocientos golpes, pero con la experiencia de la setentena". Algo de lo que podemos dar fe después de haberle visto encarnar al moribundo Rey Sol: son los últimos estertores de un hombre que agoniza, pero que aún conserva el gusto por las veleidades de la corte.

Los detractores del cine de Albert Serra (quien, por cierto, ha ejercido las labores de traductor de Léaud durante la presentación) dirán que se trata de una película lenta, quizá olvidando que no hay películas lentas sino espectadores acelerados. En ese sentido, La mort de Louis XIV ha sido dotada del ritmo necesario, el que tenía la vida en palacio durante el Antiguo Régimen, la justa cadencia que se requiere para mostrar un mundo que desaparece.

No nos importa afirmar que estamos ante una obra maestra de grandes proporciones, equiparable en estilo y en espíritu a La prise de pouvoir par Louis XIV de Roberto Rossellini (1966), sólo que en su reverso crepuscular, cuando al monarca ya no le queda más remedio que rendirse a la evidencia de su transitoriedad.