Mostrando entradas con la etiqueta Jean-François Laguionie. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jean-François Laguionie. Mostrar todas las entradas

martes, 3 de diciembre de 2019

El lienzo (2011)




Título original: Le tableau
Director: Jean-François Laguionie
Francia/Bélgica/Canadá, 2011, 77 minutos

El lienzo (2011) de Jean-François Laguionie


Filme de innegable raigambre pirandelliana, Le tableau (2011) plantea la azarosa odisea de cuatro personajes en busca de pintor. Ni son todos iguales ni aspiran a los mismos objetivos, pero su condición de figuras en apariencia apátridas (sin padre ni patria) las convierte, como ya sucedía en la pieza teatral del dramaturgo italiano, en metáfora de la orfandad del individuo en las sociedades modernas.

También se percibe, en menor medida, un cierto eco unamuniano cuando, ya en la escena final, es una de esas criaturas la que le pide explicaciones a su creador, un poco a la manera de Augusto Pérez en Niebla, a propósito de quién lo ha pintado a él. Lo cual da pie a que el encuadre acabe coincidiendo con las dimensiones de un marco, sutil forma de apelar al espectador para que tome conciencia no sólo del carácter de lienzo de la película, sino de su propia condición de títere.



Jean-François Laguionie (Besançon, 1939), veterano cineasta experto en animación, imagina en el interior de un cuadro inconcluso todo un universo poblado por criaturas cuya sociedad se vertebra jerárquicamente en función de su acabado: los Toupins (o "totalmente pintados"), los Pafinis (o "sin terminar") y, por último, los esquemáticos Reufs (o "esbozos"). Todo un canto a la diferencia y al afán de superación que Laguionie soluciona con un trazo colorista heredero de pintores como, por ejemplo, Matisse.

En realidad, si es que esa palabra tuvo alguna vez algún significado preciso, Lola y sus amigos viajan a través del taller del artista, saltando de una a otra pintura, dialogando con otras creaciones hasta confundirse en el bullicio del carnaval veneciano o el fragor de las guerras napoleónicas. Buscan el resquicio que les permita dar con la respuesta a sus dudas existenciales, aunque, una vez encuentren a su dios particular, que es el pintor, el enigma se reformulará en un juego sin fin.