Mostrando entradas con la etiqueta Kira Miró. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Kira Miró. Mostrar todas las entradas

miércoles, 16 de diciembre de 2020

Que se mueran los feos (2010)




Director: Nacho G. Velilla
España, 2010, 104 minutos

Que se mueran los feos (2010) de Nacho G. Velilla


Comedia rural, popular y, sobre todo, entrañable: Que se mueran los feos pertenece a ese tipo de películas que, sin ser de altos vuelos (ni pretenderlo), nos arrancan más de una carcajada a medida que se van sucediendo las contingencias que afectan a su protagonista: Eliseo, "el feo" (Javier Cámara). Y que, lo que son las cosas, vendrá a enamorarse de su cuñada (Carmen Machi), toda vez que la desdichada se instala en la granja familiar tras haber sido abandonada por su marido.

Tratándose de la historia de un cuarentón que ansía sentirse deseado, a pesar de su "torpe aliño indumentario", la mayoría de gags giran en torno a las bromas pesadas y comentarios maliciosos de los que es objeto Eliseo por parte de sus convecinos y grupo de amigotes. Con todo y con eso, la fama de ingenuo del hombre sólo es superada por la de Bertín (Julián López), el tonto del pueblo.



Entre el resto de personajes destacan tipos no menos peculiares, como Auxilio (Juan Diego), tío de Eliseo y obsesionado con la idea de la muerte. O Javier (Lluís Villanueva), el aspirante a escritor  que es un pésimo padre de familia. O la peluquera lesbiana (Ingrid Rubio), obsesionada con ser madre a cualquier precio, aunque sea pidiéndole que le haga un hijo al párroco Abel (Tristán Ulloa) o incluso al guaperas machista de Román (Hugo Silva).

El carácter coral de la trama, marcado por situaciones memorables entre las que destacan el concurso de belleza para vacas o el uso del "Eres tú" de Mocedades en el momento álgido, ofrece una imagen de conjunto cuya nota predominante son la maledicencia y el chismorreo. Lo cual no impide que los miembros de esa misma comunidad, en apariencia despiadada con los defectos del prójimo, se comporte, en el fondo, como una gran familia dispuesta a ayudar a Eliseo en su heroica lucha por conquistar la felicidad.



martes, 8 de diciembre de 2020

Crimen ferpecto (2004)




Director: Álex de la Iglesia
España/Italia, 2004, 105 minutos

Crimen ferpecto (2004) de Álex de la Iglesia


Con el habitual ritmo trepidante que suele imprimir a sus películas, Álex de la Iglesia situaba la acción de Crimen Ferpecto (sic) en unos grandes almacenes que bautizó con el ridículo nombre de Yeyo's: templo del consumismo desaforado y campo de batalla en el que el presuntuoso Rafael (Guillermo Toledo) y el veterano don Antonio (Luis Varela) libran una lucha encarnizada por hacerse con el codiciado puesto de jefe de planta.

A priori podría parecer una de tantas comedias, negra y alocada, en la línea de anteriores títulos del director vasco. Sin embargo, la coincidencia en el tiempo con otros filmes que abordaban la competitividad en el ámbito laboral —como El método (2005) de Marcelo Piñeyro, a partir de la obra teatral de Jordi Galceran— podría hacer pensar en un trasfondo social que va más allá de lo estrictamente cinematográfico. A fin de cuentas, la crisis se avecinaba y ese afán de los personajes por triunfar a cualquier precio denota el pánico de todo un país a la precariedad inexorable.



Aunque no sólo de trepas y de zancadillas nos habla una película cuya base argumental reside en el culto a la belleza. Porque la tragedia de la pobre Lourdes (Mónica Cervera) deriva de ser una mujer poco agraciada físicamente: la típica dependienta en la que nadie repara, y mucho menos el triunfador Rafael, tan preciado de sí mismo. Y es que en el fondo, Crimen ferpecto podría perfectamente subtitularse La rebelión de las feas. O, por lo menos, de Lourdes: testigo accidental de un homicidio y, por ende, dispuesta a reivindicarse aun valiéndose de un burdo chantaje.

¿De dónde procede la agresividad de Álex de la Iglesia? Buena pregunta, a la que únicamente él podría responder. En cualquier caso, y a falta de mejor ocasión para interrogarle al respecto, pueden aventurarse diversas hipótesis. En primer lugar, de sus referentes, desde la crueldad soterrada de Hitchcock hasta la violencia exacerbada de Tarantino. Pero hay también, a qué negarlo, una fuerte dosis de mala leche ibérica, que el cineasta traslada a sus diálogos, feroces, incisivos: "Eres fea, Lourdes: ¡muy fea! Tú no tienes la culpa, ¡pero yo tampoco! Es este mundo en el que vivimos el que me hace odiarte: la gente, las revistas, la televisión..." Prejuicios, en boca de Rafael, que no hacen sino corroborar su verdadera naturaleza de perdedor, subrayada por el triunfo final de la moda payaso. Ya se lo había augurado don Antonio: "¡Tú no eres más que un puto empleado de mierda, como todos los demás!"



domingo, 12 de febrero de 2017

Truman (2015)




Director: Cesc Gay
España/Argentina, 2015, 108 minutos

Truman (2015) de Cesc Gay


Que una película comience con una melodía de Toti Soler es el mejor de los presagios. Que se irán gradualmente confirmando a medida que avanza el metraje de Truman, vencedora en la edición de los premios Goya del año pasado con cinco galardones y un elenco de actores que tira de espaldas: Ricardo Darín, Javier Cámara, Eduard Fernández, Àlex Brendemühl, José Luis Gómez, Pedro Casablanc, Javier Gutiérrez, Àgata Roca, Francesc Orella, Silvia Abascal...

Decir a estas alturas lo bien que actúan Darín y Cámara puede sonar a broma, pero es que realmente es así: qué fácil hacen que parezca y qué complejo, a la vez, meterse en la piel de unos personajes con semejante carga emocional. Y si, por otra parte, ya de por sí resulta complicado definir la verdadera amistad, sobre todo cuando se mezcla con la enfermedad irreversible de uno de los protagonistas, Cesc Gay acierta, sin embargo, a plasmarla en imágenes como si tal cosa.



La mayoría de críticas, elogiosas (por otra parte), que recibió Truman coincidían en señalar la habilidad del realizador catalán a la hora de eludir el drama lacrimógeno en que podría haberse convertido un planteamiento de tales características. Pero a partir del instante en el que se sitúa al perro en el centro de la trama, como testigo mudo del vendaval de emociones suscitado a raíz del diagnóstico de su amo, la cosa se suaviza. Porque ya no se trata tanto de la aflicción motivada por los problemas de salud de Julián (Darín) en su entorno más inmediato, con las consiguientes muestras de afecto (las que se exteriorizan y, más significativas aún, las palabras que no se pronunciarán jamás), sino de la comicidad a que dan pie las situaciones que se viven al intentar buscarle un nuevo hogar al dogo.

Con todo, que nuestra atención se desvíe momentáneamente del amo al perro no es óbice para que la verdad incómoda siga ahí. En ese sentido, quizá sería interesante analizar la actitud de la pareja protagonista desde la perspectiva de la inteligencia emocional: en el caso de Tomás (Javier Cámara), porque considera más sensato desplazarse desde Canadá para apoyar a su mejor amigo; y en el de Julián, porque no le importa ir hasta Ámsterdam para celebrar el cumpleaños de su hijo. Es decir: ambos son capaces, en un momento crítico, de saber priorizar qué cosas valen realmente la pena. Y de ahí el éxito cosechado por la película, ya que el común de los mortales (como tal vez le ocurre a Paula, el personaje encarnado por la argentina Dolores Fonzi) no sabríamos encajar con esa mezcla de humor y filosofía una disyuntiva de dicho calibre.