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miércoles, 6 de mayo de 2026

Torrente: El brazo tonto de la ley (1998)




Director: Santiago Segura
España, 1998, 97 minutos

Torrente: El brazo tonto de la ley (1998)


Más que por su discutible calidad cinematográfica, la saga Torrente ha llegado a convertirse en un auténtico fenómeno sociológico. Su creador e intérprete, el mismo Santiago Segura que había saltado a la fama tres años antes, de la mano de Álex de la Iglesia, gracias al papel de heavy en El día de la bestia (1995), se metió en la piel de un ex agente corrupto, misógino e hincha del Atlético de Madrid cuyos aires de típico garrulo han dado pie, a lo largo de los años y seis entregas (la última de las cuales todavía en cartelera), a todo tipo de memes.

Además de sentar las bases de sus sucesivas reencarnaciones, Torrente: El brazo tonto de la ley (1998) contó en su reparto con la presencia de grandes secundarios (Javier Cámara, Chus Lampreave…), aparte de rescatar del olvido a viejas glorias como Tony Leblanc, encargado de dar vida, pese a las limitaciones de su delicado estado de salud, al padre del protagonista.



Sin embargo, si hay un rasgo que caracteriza la puesta en escena de ésta y posteriores continuaciones de la franquicia es la enorme cantidad de cameos que contiene. Así pues, podemos ver, entre muchos otros, a Fernando Trueba haciendo de cura o a Javier Bardem en el rol de quinqui de bar. Una larguísima nómina de celebridades en la que tuvieron también cabida estrellas televisivas como Andreu Buenafuente o Cañita Brava, este último reclamándole a Torrente 6000 pesetas de güisqui, gag que tendría continuidad posteriormente, ya en forma de autocita o incluso autoparodia.

El debut cinematográfico de Santiago Segura como director no solo reventó la taquilla, sino que creó un icono cultural que camina por la fina línea entre la sátira brillante y el "cuñadismo" más puro. Y es que no estamos únicamente ante una película, sino ante el espejo deformante en el que España se miró a finales de los 90 y en el que, sorprendentemente, se reconoció. Parodia del cine de acción estadounidense (al estilo de Cobra o Harry el Sucio), pero trasladada a la mugrienta realidad de Carabanchel, es asimismo políticamente incorrecta y técnicamente sólida. Aunque sus secuelas derivaron hacia un espectáculo más comercial y de brocha gorda, la cinta original de 1998 permanece como un éxito popular de la comedia negra española.



viernes, 23 de agosto de 2024

La reina de España (2016)




Director: Fernando Trueba
España, 2016, 128 minutos

La reina de España (2016) de Fernando Trueba


La gradual popularidad de la que ha sido objeto La niña de tus ojos (1998), uno de los títulos de mayor éxito comercial en la filmografía del director Fernando Trueba, llevó a que el cineasta madrileño proyectase una secuela con el mismo elenco de actores. Sin embargo, aquello de que "segundas partes nunca fueron buenas" parece cumplirse con La reina de España (2016), irregular continuación de las andanzas de unos personajes que, después de haberse visto inmersos en mil y una correrías en la Alemania nazi, se reencuentran al cabo de los años con motivo de una producción histórica auspiciada por los americanos.

Han transcurrido alrededor de un par de décadas y Macarena Granada (Penélope Cruz) es ahora una reputada estrella de Hollywood que regresa a la que fuera su patria para protagonizar un filme en el que interpreta a Isabel la Católica. Aunque la verdadera sorpresa se la va a llevar el resto del equipo cuando, procedente de Francia, regresa el añorado Blas Fontiveros (Antonio Resines), a quien todos daban por muerto.



Uno de los principales atractivos del guion de Trueba reside en la gran cantidad de guiños y referencias cinéfilas que encierra, tanto en los diálogos como en la propia ambientación. Así pues, los numerosos carteles de películas que adornan las paredes, por ejemplo el de El malvado Carabel (1956) de Fernán-Gómez, ayudan a contextualizar el momento exacto en el que tiene lugar la acción. Como lograda resulta, por otra parte, la alusión indirecta a determinados mitos cuyo trasunto, caso del alcoholizado John Scott (Clive Revill), remedo de John Ford, remite a la época dorada del séptimo arte.

Independientemente de que su propuesta no gozase de excesiva aceptación por parte de público y crítica, lo cierto es que el mayor del clan Trueba reunió a un buen puñado de nombres ilustres (Jorge Sanz, Javier Cámara, Rosa Maria Sardà, Ana Belén, Loles León, Neus Asensi, Santiago Segura...), aparte de otras tantas celebridades (Arturo Ripstein o hasta Bayona) que se prestaron a interpretar pequeños papeles o incluso fugaces cameos. En resumen, todo un all star al servicio de una trama tan rocambolesca como deliberadamente inverosímil, con rescate incluido en el Valle de los Caídos, que culmina con la visita del mismísimo Caudillo (Carlos Areces) al rodaje y el memorable duelo dialéctico que entabla con la protagonista.



jueves, 22 de agosto de 2024

El olvido que seremos (2020)




Director: Fernando Trueba
Colombia, 2020, 137 minutos

El olvido que seremos (2020) de Fernando Trueba


La superproducción colombiana El olvido que seremos (2020) recrea la vida del doctor y profesor universitario Héctor Abad Gómez (1921-1987), interpretado magistralmente por Javier Cámara, quien, además de meterse en la piel de tan insigne personaje, reproduce a la perfección el acento de Medellín. Y es que en dicha ciudad, precisamente, transcurre la mayor parte de la trama, que la cámara capta en color o en blanco y negro dependiendo de si los hechos narrados pertenecen a un pasado feliz o a la crispación del presente.

Años convulsos, por lo tanto, en el seno de una sociedad marcada por continuos atentados terroristas y donde la integridad personal y profesional de un honesto padre de familia y excelente médico entra en conflicto con los intereses de la oligarquía local. Situación que, sin embargo, no hará en absoluto mella sobre los principios inquebrantables del hombre.



Tal vez porque el guion de Fernando Trueba se basa en la novela autobiográfica del hijo de Abad, la película se centra especialmente en su faceta más familiar, ofreciendo un retrato entrañable (y a ratos, por qué no decirlo, un tanto sensiblero) del día a día entre el protagonista y su numerosa prole, formada por la esposa (Patricia Tamayo), cinco chicas y un varón. La mirada de este último, por cierto, tanto la del niño (Nicolás Reyes Cano) como la del adulto (Juan Pablo Urrego), resultará crucial a lo largo del relato.

Así pues, los valores humanistas que encarna el doctor Abad le hacen acreedor de una especial trascendencia en la transformación del mundo que le rodea, ya sea por su obsesión en implementar medidas higiénicas que redunden en mejores condiciones sanitarias para los sectores más desfavorecidos de la población o inculcando esos mismos valores a los suyos y a sus alumnos.



viernes, 9 de julio de 2021

Los amantes pasajeros (2013)




Director: Pedro Almodóvar
España, 2013, 90 minutos

Los amantes pasajeros (2013) de Almodóvar


Una comedia sin gracia; intento, a la desesperada, de recobrar aquel desparpajo de sus inicios que tanto le ayudó a triunfar en todo el mundo. Sin embargo, el Almodóvar que escribe y dirige Los amantes pasajeros (2013) está muy lejos del joven alocado surgido de la Movida que, de la mano de su socio McNamara, provocaba a propios y extraños vociferando aquello de "voy a ser mamá". De hecho, el país tampoco es el mismo... Curados como estamos de espanto, aquí ya nadie se escandaliza por nada (excepto cuando se toca la unidad de la patria, pero eso ya es harina de otro costal y el director manchego vuela más bajo).

Precisamente de aviones iba el tema de una película que pasó sin pena ni gloria, disparatada como ella sola y más cerca de Aterriza como puedas (Airplane!, 1980) que no de la sátira sofisticada que en un principio pretendía ser. Porque, a lo tonto a lo tonto, se lanza alguna que otra pulla contra supuestos escándalos financieros del momento (la intervención de Caja Guadiana por parte del Banco de España), la especulación inmobiliaria (caso del Aeropuerto de La Mancha) e incluso de las altas esferas del Estado (el personaje de Cecilia Roth parece estar inspirado en Bárbara Rey y unos supuestos vídeos de contenido erótico que comprometerían a los seiscientos hombres más importantes de la nación, incluido el monarca). 



Aun así, la cinta contiene momentos salvables, por supuesto, varios de ellos a causa de la vis cómica de Javier Cámara y Carlos Areces en sus respectivos papeles de azafatos afeminados. En ese aspecto, Raúl Arévalo transmite menos credibilidad, si bien la coreografía que ejecutan los tres al ritmo de "I'm So Excited" de las Pointer Sisters quedará como una de las escenas memorables del filme. En cambio, Antonio de la Torre y Hugo Silva da la impresión de que no acaban de sentirse a gusto en sus personajes.

Por lo demás, el hecho de que a los miembros de la tripulación les dé por ingerir agua de Valencia mezclada con mescalinas mientras están de servicio resulta tan grotesco como su desaforada voracidad sexual en pleno vuelo. Aunque, bien mirado, todos esos excesos constituyen la parte pintoresca de un proyecto claustrofóbico cuyo principal mérito reside en condensar la mayor parte de la acción en el interior de un Boeing de la compañía Península con destino a Méjico D. F.



lunes, 5 de julio de 2021

La mala educación (2004)




Director: Pedro Almodóvar
España, 2004, 106 minutos

La mala educación (2004) de Almodóvar


Más oscuro que otros filmes de su director, La mala educación (2004) representa un auténtico ajuste de cuentas con la infancia traumática que le tocó vivir al manchego en un colegio religioso. En ese sentido, un cierto aire de resentimiento se deja sentir de continuo flotando en el ambiente, lo cual no favorece en absoluto el perfecto desarrollo de la trama. De hecho, el final mismo, resuelto mediante paneles explicativos, denota más bien precipitación a la hora de concluir una historia que transcurre en diferentes planos de realidad: el relato "La visita", la adaptación cinematográfica del mismo, la propia reconstrucción de los hechos (relatados por uno u otro personaje).

Por lo demás, Almodóvar se mantiene fiel a su particular método de trabajo para escribir la película, por lo que resulta relativamente fácil reconocer elementos que retoma de guiones anteriores. Por ejemplo, la presencia (no acreditada) de Leonor Watling, una de las protagonistas de Hable con ella (2002), en un pequeño papel. O un más que evidente paralelismo con el planteamiento original de La ley del deseo (1987), filme cuyo protagonista, interpretado por Eusebio Poncela, se parecía enormemente al Enrique Goded (Fele Martínez) de La mala educación.



Tal vez lo más sobresaliente, en su conjunto, son las interpretaciones, comenzando por un soberbio Gael García Bernal al que secundan los no menos notables Javier Cámara, Daniel Giménez-Cacho y, sobre todo, Lluís Homar encarnando al atormentado señor Berenguer: magnífico elenco de actores a cuya maestría se suma, en el apartado técnico, la extraordinaria banda sonora de Alberto Iglesias y la fotografía de José Luis Alcaine.

A diferencia de otros títulos de su extensa filmografía, en los que se esboza un universo esencialmente femenino, el Almodóvar de La mala educación planteaba un escenario cuyos integrantes son, en su mayoría, hombres, ya sean gais, travestis o transexuales. Circunstancia, ésta, nada casual, teniendo en cuenta la enorme carga autobiográfica de una cinta concebida con el firme propósito de exorcizar los fantasmas fruto de un sistema educativo basado en la represión.



miércoles, 17 de marzo de 2021

Hable con ella (2002)




Director: Pedro Almodóvar
España, 2002, 112 minutos

Hable con ella (2002) de Almodóvar


Tras el éxito internacional obtenido por Todo sobre mi madre (1999), Hable con ella (2002) vino a confirmar la buena racha de Almodóvar con un merecidísimo Óscar al Mejor Guion y una candidatura a Mejor Director (amén de dos BAFTA, un Globo de Oro y un César, entre otros muchos galardones) que contrastan frente al pírrico Goya a Mejor Banda Sonora (a cargo, como en tantos títulos de la filmografía almodovariana, de Alberto Iglesias) que la cinta obtuvo en la edición de aquel año. Lo cual hace válido el tópico de que nadie, ni siquiera el manchego, es profeta en su propia tierra.

Palmarés al margen, la película que nos ocupa destaca por lo intrincado de su estructura, con continuas elipsis y saltos temporales, además de contener el cortometraje de inspiración expresionista Amante menguante, mudo y en blanco y negro, que aparece inserto en mitad de la trama. De igual modo, sobresale, por su enorme fuerza visual, la imagen de Rosario Flores vestida de torero, si bien la cinta es especialmente recordada a causa del insólito estado vegetativo que padecen sus dos protagonistas femeninas.



Aparte de la dedicación profesional a la danza de los personajes de Leonor Watling y Geraldine Chaplin, el filme se abre y se cierra con un par de coreografías a cargo de Pina Bausch, evidenciando así el enorme interés de Almodóvar por dicha disciplina. Y como ya sucediera en su anterior trabajo, son muchos los cameos de caras conocidas que desfilan ante el objetivo, sobre todo entre el público asistente a la actuación en vivo del brasileño Caetano Veloso, aunque también hay unos cuantos intérpretes (Ana Fernández, Elena Anaya, Lola Dueñas...) cuya presencia se limita a un breve papel episódico.

Sin embargo, y a pesar de la consabida predilección del cineasta por las actrices, son dos hombres en esta ocasión (Javier Cámara y el argentino Darío Grandinetti) quienes acaparan el protagonismo con sus respectivos roles de enfermero monomaníaco y autor de guías de viaje, ambos unidos por el amor hacia sendas bellas durmientes que acabará derivando hacia una sólida amistad de consecuencias imprevisibles.



sábado, 9 de enero de 2021

Lucía y el sexo (2001)




Director: Julio Medem
España/Francia, 2001, 128 minutos

Lucía y el sexo (2001) de Julio Medem


Si en su anterior película, Los amantes del Círculo Polar (1998), la pareja protagonista era víctima de un final trágico en los confines de Finlandia, Medem concibió Lucía y el sexo (2001) como antítesis de aquélla al situar buena parte de la acción en la luminosa Formentera. De hecho, el filme nació como resultado de fusionar dos guiones distintos (Lucía: un rayo de sol, escrito durante una breve estancia en la isla, y Sexo: novela corta en la que se profundizaba en el pasado de los personajes), lo cual se percibe de inmediato en las dos realidades paralelas en las que, alternativamente, transcurre la trama.

Un poco a la manera del Tarkovsky de La infancia de Iván (1962), cada uno de esos mundos representa dimensiones opuestas, de manera que si Madrid es el día a día de Lorenzo (Tristán Ulloa) y Lucía (Paz Vega), con sus crisis (de pareja y/o creativas), Formentera aparece retratada como un retiro irreal saturado de luz. Se diría, y Medem promueve continuamente el equívoco, que lo que acontece en ese rincón idílico del mediterráneo es la ficción a la que Lorenzo trata de dar forma en la novela que está escribiendo.



Seis años antes, el futuro escritor había tenido, en las playas de ese mismo lugar, un romance pasajero con una joven valenciana (Najwa Nimri), fruto del cual nacerá una niña llamada Luna, tal vez por haber sido concebida una noche de plenilunio. Así pues, Lorenzo ("el sol") es el padre de una criatura que, además de simbolizar su contrario, da pie a una de esas dicotomías tan del gusto del cineasta.

De nuevo el azar, las conexiones inesperadas entre personajes o los amores apasionados volvían a estar presentes en una cinta que, gracias, en parte, a las tórridas escenas de sexo que contiene, supuso el mayor éxito comercial hasta la fecha de su director. Un Julio Medem que, todo hay que decirlo, ha ido francamente de capa caída desde entonces, siguiendo una trayectoria un tanto errática en cuanto al interés y la calidad de las producciones por él dirigidas en los últimos años.



martes, 22 de diciembre de 2020

Alatriste (2006)




Director: Agustín Díaz Yanes
España, 2006, 145 minutos

Alatriste (2006) de Agustín Díaz Yanes


No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente. Se llamaba Diego Alatriste y Tenorio, y había luchado como soldado de los tercios viejos en las guerras de Flandes. Cuando lo conocí malvivía en Madrid, alquilándose por cuatro maravedís en trabajos de poco lustre, a menudo en calidad de espadachín por cuenta de otros que no tenían la destreza o los arrestos para solventar sus propias querellas. Ya saben: un marido cornudo por aquí, un pleito o una herencia dudosa por allá, deudas de juego pagadas a medias y algunos etcéteras más. Ahora es fácil criticar eso; pero en aquellos tiempos la capital de las Españas era un lugar donde la vida había que buscársela a salto de mata, en una esquina, entre el brillo de dos aceros.

Arturo Pérez-Reverte
El capitán Alatriste

Los veinticuatro millones de euros que costó llevar a cabo Alatriste la convirtieron, en su momento, en una de las producciones más caras de la historia del cine español. Derroche de extras, localizaciones y vestuario más que convincente, unidos a la fotografía tenebrista a cargo de Paco Femenia y un reparto inmejorable. Que estando encabezado por una estrella internacional de la talla de Viggo Mortensen debía garantizar el éxito del filme en todo el mundo.

No obstante, y por mucho que la espléndida partitura de Roque Baños contribuya a subrayar la espectacularidad de la puesta en escena, se percibe en última instancia una cierta sensación de acto fallido. Como si algo en el aparatoso engranaje no hubiese acabado de cuajar. De entrada, porque la dicción susurrante con la que el actor protagonista adorna su particular composición de capitán espadachín de los Tercios de Flandes dista mucho de aportarle verosimilitud al personaje (más que nada por ese improbable acento del que Mortensen no sabe desprenderse).

"Sois bueno como amigo, pero nadie os quiere como enemigo..."


Pero es que además, y ahí radica precisamente la mayor parte del problema, Alatriste se queda un poco en tierra de nadie: no es ni una recreación de base literaria al estilo de El perro del hortelano (1996) de Pilar Miró o el Cyrano de Bergerac (1990) de Jean-Paul Rappeneau —títulos de los que sí que toma, sin embargo, un similar diseño de producción con voluntad de llegar al gran público— ni una cinta de aventuras al uso. En ese sentido, le falta la enjundia de la que ya carece el texto de Pérez-Reverte (apenas una novelita superficial y amable). Tal vez por ello, de las quince nominaciones a las que optó en los Goya de aquel año (que se dice pronto) tan sólo obtuvo el premio en tres categorías, todas ellas relacionadas con el ámbito de la dirección artística.

Aun así, merece la pena destacar el esfuerzo que se lleva a cabo en la recreación del Siglo de Oro, marcado por la incipiente decadencia del imperio de Felipe IV. Un escenario de continuas intrigas palaciegas en el que la sombra alargada del conde-duque de Olivares (Javier Cámara) y la mordacidad de Quevedo (Juan Echanove) conviven con lances de capa y espada o las hostilidades derivadas de querer poner una pica en Flandes.

"Flandes me quita el sueño, pero nunca he estado allí..."


miércoles, 16 de diciembre de 2020

Que se mueran los feos (2010)




Director: Nacho G. Velilla
España, 2010, 104 minutos

Que se mueran los feos (2010) de Nacho G. Velilla


Comedia rural, popular y, sobre todo, entrañable: Que se mueran los feos pertenece a ese tipo de películas que, sin ser de altos vuelos (ni pretenderlo), nos arrancan más de una carcajada a medida que se van sucediendo las contingencias que afectan a su protagonista: Eliseo, "el feo" (Javier Cámara). Y que, lo que son las cosas, vendrá a enamorarse de su cuñada (Carmen Machi), toda vez que la desdichada se instala en la granja familiar tras haber sido abandonada por su marido.

Tratándose de la historia de un cuarentón que ansía sentirse deseado, a pesar de su "torpe aliño indumentario", la mayoría de gags giran en torno a las bromas pesadas y comentarios maliciosos de los que es objeto Eliseo por parte de sus convecinos y grupo de amigotes. Con todo y con eso, la fama de ingenuo del hombre sólo es superada por la de Bertín (Julián López), el tonto del pueblo.



Entre el resto de personajes destacan tipos no menos peculiares, como Auxilio (Juan Diego), tío de Eliseo y obsesionado con la idea de la muerte. O Javier (Lluís Villanueva), el aspirante a escritor  que es un pésimo padre de familia. O la peluquera lesbiana (Ingrid Rubio), obsesionada con ser madre a cualquier precio, aunque sea pidiéndole que le haga un hijo al párroco Abel (Tristán Ulloa) o incluso al guaperas machista de Román (Hugo Silva).

El carácter coral de la trama, marcado por situaciones memorables entre las que destacan el concurso de belleza para vacas o el uso del "Eres tú" de Mocedades en el momento álgido, ofrece una imagen de conjunto cuya nota predominante son la maledicencia y el chismorreo. Lo cual no impide que los miembros de esa misma comunidad, en apariencia despiadada con los defectos del prójimo, se comporte, en el fondo, como una gran familia dispuesta a ayudar a Eliseo en su heroica lucha por conquistar la felicidad.



martes, 28 de noviembre de 2017

Vivir es fácil con los ojos cerrados (2013)




Director: David Trueba
España, 2013, 108 minutos

Vivir es fácil con los ojos cerrados (2013)


Como sucedía en Vidas rebeldes (1961), a veces los que menos encajan pueden acabar siendo los mejores compañeros de viaje. Para el que, de momento, sigue siendo el último largometraje de David Trueba, sin contar series, telefilmes o documentales, el director decidió reunir a tres misfits en el interior de un SEAT 850 y enviarlos rumbo a Almería en busca de John Lennon, quien, por aquel entonces, se encontraba en pleno rodaje de Cómo gané la guerra (1967) de Richard Lester.

A cada uno de ellos le falta algo para dar pleno sentido a su vida: Antonio San Román (Javier Cámara) imparte clases de inglés y de latín en un colegio de Albacete. Apasionado de los Beatles, se sirve de las letras de sus canciones para enseñar a los alumnos. Sin embargo, vive obsesionado con la idea de entrevistarse con Lennon para convencerlo de que el grupo incluya las letras de sus canciones en los discos.



Afable por naturaleza, Antonio acaba "adoptando" temporalmente a dos jóvenes que han huido de sus respectivos hogares por diferentes motivos. Quizá porque él mismo confiesa que los profesores, a fuerza de tratar con niños, dejan de interesarse por el mundo de los adultos. Así que el hombre conecta la mar de bien con una muchacha embarazada y con un adolescente, hijo de un gris, que se niega a cortarse el pelo.

Acompañada de una banda sonora extraordinaria de Pat Metheny, Vivir es fácil con los ojos cerrados peca un tanto de ese tono edulcorado que a veces se le escapa a su director. Se trata de una road movie poseedora de una fotografía muy colorida, en oposición a la época en la que se ambienta, que suele ser recordada en blanco y negro en el imaginario colectivo. Detalle destinado, tal vez, a remarcar (es otra de las frases del profesor) que la vida es triste y alegre al mismo tiempo.

Trueba junto a Juan Carrión, el profesor que le inspiró el personaje
de Antonio San Román

domingo, 12 de febrero de 2017

Truman (2015)




Director: Cesc Gay
España/Argentina, 2015, 108 minutos

Truman (2015) de Cesc Gay


Que una película comience con una melodía de Toti Soler es el mejor de los presagios. Que se irán gradualmente confirmando a medida que avanza el metraje de Truman, vencedora en la edición de los premios Goya del año pasado con cinco galardones y un elenco de actores que tira de espaldas: Ricardo Darín, Javier Cámara, Eduard Fernández, Àlex Brendemühl, José Luis Gómez, Pedro Casablanc, Javier Gutiérrez, Àgata Roca, Francesc Orella, Silvia Abascal...

Decir a estas alturas lo bien que actúan Darín y Cámara puede sonar a broma, pero es que realmente es así: qué fácil hacen que parezca y qué complejo, a la vez, meterse en la piel de unos personajes con semejante carga emocional. Y si, por otra parte, ya de por sí resulta complicado definir la verdadera amistad, sobre todo cuando se mezcla con la enfermedad irreversible de uno de los protagonistas, Cesc Gay acierta, sin embargo, a plasmarla en imágenes como si tal cosa.



La mayoría de críticas, elogiosas (por otra parte), que recibió Truman coincidían en señalar la habilidad del realizador catalán a la hora de eludir el drama lacrimógeno en que podría haberse convertido un planteamiento de tales características. Pero a partir del instante en el que se sitúa al perro en el centro de la trama, como testigo mudo del vendaval de emociones suscitado a raíz del diagnóstico de su amo, la cosa se suaviza. Porque ya no se trata tanto de la aflicción motivada por los problemas de salud de Julián (Darín) en su entorno más inmediato, con las consiguientes muestras de afecto (las que se exteriorizan y, más significativas aún, las palabras que no se pronunciarán jamás), sino de la comicidad a que dan pie las situaciones que se viven al intentar buscarle un nuevo hogar al dogo.

Con todo, que nuestra atención se desvíe momentáneamente del amo al perro no es óbice para que la verdad incómoda siga ahí. En ese sentido, quizá sería interesante analizar la actitud de la pareja protagonista desde la perspectiva de la inteligencia emocional: en el caso de Tomás (Javier Cámara), porque considera más sensato desplazarse desde Canadá para apoyar a su mejor amigo; y en el de Julián, porque no le importa ir hasta Ámsterdam para celebrar el cumpleaños de su hijo. Es decir: ambos son capaces, en un momento crítico, de saber priorizar qué cosas valen realmente la pena. Y de ahí el éxito cosechado por la película, ya que el común de los mortales (como tal vez le ocurre a Paula, el personaje encarnado por la argentina Dolores Fonzi) no sabríamos encajar con esa mezcla de humor y filosofía una disyuntiva de dicho calibre.