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miércoles, 30 de julio de 2025

Leer Lolita en Teherán (2024)




Título original: Reading Lolita in Tehran
Director: Eran Riklis
Israel/Italia, 2024, 108 minutos

Leer Lolita en Teherán (2024) de Eran Riklis


Adaptación del libro homónimo de Azar Nafisi, Reading Lolita in Tehran (2024) se articula en distintas partes que transcurren en momentos clave de la historia reciente de aquel país. Así pues, la acción arranca en 1979, justo cuando la Revolución Islámica ha triunfado y algunos iraníes residentes hasta entonces en el extranjero, como la protagonista, deciden regresar a su tierra natal "pese a las advertencias". Sobre todo si, como es el caso, se trata de una profesora universitaria de literatura inglesa.

El trágico devenir de los hechos marcará irremediablemente la trayectoria de Azar (Golshifteh Farahani), aunque eso no significa que ésta se resigne a aceptar su destino como si tal cosa, sin oponer una mínima resistencia. Lo cual, tratándose de una mujer inteligente y con carácter como ella, se traduce en que trasladará al salón de su casa el pensamiento crítico que no le permiten transmitir en las aulas.



Las clases particulares de Azar congregan a un grupo heterogéneo de mujeres, de distintas edades y condición, pero todas ellas con el denominador común de necesitar un espacio de libertad, por pequeño que sea, en el que librarse del dichoso hiyab y demás restricciones impuestas por el estricto régimen de los ayatolás. A este respecto, conviene no perder de vista que estamos hablando de una película israelí, por lo que la intencionalidad a la hora de juzgar los métodos de uno de sus enemigos históricos parece más que evidente.

Aun así, quizá lo más interesante del planteamiento sean los continuos paralelismos entre las novelas comentadas por las alumnas y la situación política que en aquel preciso instante se vive en las calles de la capital. Así pues, las páginas de El gran Gatsby, Orgullo y prejuicio o la pecaminosa Lolita de Nabokov darán pie a preguntas, a menudo incómodas o incluso comprometedoras, pero también a hondas reflexiones en torno a la condición humana.



sábado, 26 de julio de 2025

El gran Gatsby (2013)




Título original: The Great Gatsby
Director: Baz Luhrmann
Australia/EE.UU., 2013, 143 minutos

El gran Gatsby (2013) de Baz Luhrmann


Aquella noche, cuando regresé a West Egg, temí por un momento que mi casa estuviera ardiendo. Eran las dos de la madrugada; todo aquel ángulo de la península parecía llameante de luz que caía, desconcertante, sobre los matorrales, produciendo sutiles y alargados destellos sobre los alambres de la carretera. Al dar la vuelta a un recodo, advertí que el origen del fenómeno era la casa de Gatsby, iluminada de la Torre a los sótanos.

F. Scott Fitzgerald
El gran Gatsby (1925)
Traducción de E. Piñas

La fastuosidad gratuita de la que se sirve Baz Luhrmann en The Great Gatsby (2013), despliegue habitual, por otra parte, en las películas del director australiano, no termina de encajar del todo bien en una adaptación de la novela homónima de Scott Fitzgerald que, sin embargo, se mantiene bastante fiel al texto original salvo por una licencia: convertir a Nick Carraway (Tobey Maguire) en trasunto del escritor norteamericano y, por ende, en autor del libro. Lo cual es consecuencia, a su vez, de la terapia a la que el personaje es sometido por su psicoanalista, quien le aconseja que ponga por escrito sus vivencias más traumáticas para así liberarse de ellas.

Tampoco el jazz está muy presente en la banda sonora de una propuesta en la que, pese a mantener la estética de los años veinte (época en la que se sitúa la acción), se opta por ambientar los hechos a base de rap, hip-hop y otras sonoridades más contemporáneas. Rasgo marca de la casa, tratándose de un cineasta tirando a iconoclasta que previamente ya había ensayado puestas al día semejantes con clásicos de la altura de Romeo y Julieta (1996).



DiCaprio encarna a un Gatsby solvente, digno sucesor de quienes, como Robert Redford (o antes Alan Ladd), le precedieron en ese mismo papel, si bien su carácter trágico de self-made Man de origen dudoso queda un tanto velado aquí ante la parafernalia discotequera, rayana en la parodia, con la que es revestido por el siempre excesivo Lurhmann.

En definitiva, se trata de una adaptación que traslada la euforia y la decadencia de aquella época a un lenguaje visual cuyo montaje frenético y movimientos de cámara vertiginosos, especialmente en las escenas de fiesta, sumergen al espectador en un torbellino de hedonismo y desenfreno fácilmente comprensible para una audiencia contemporánea, haciendo que el pasado se sienta actual y visceral. Así, el eco de los felices años veinte se convierte en el ritmo del hip-hop, conectando la opulencia y el vacío de la era de Gatsby con la cultura moderna de la celebridad y la riqueza.



martes, 22 de julio de 2025

El gran Gatsby (1949)




Título original: The Great Gatsby
Director: Elliott Nugent
EE.UU., 1949, 92 minutos

El gran Gatsby (1949) de Elliott Nugent


Gatsby creía en la luz verde, el orgiástico futuro que, año tras año, aparece ante nosotros... Nos esquiva, pero no importa; mañana correremos más deprisa, abriremos los brazos, y... un buen día... 
Y así vamos adelante, botes que reman contra la corriente, incesantemente arrastrados hacia el pasado.

Francis Scott Fitzgerald
El gran Gatsby (1925)
Traducción de E. Piñas

Las férreas restricciones morales que imperaban en Hollywood como consecuencia de la aplicación del ominoso Código Hays retrasaron durante años la adaptación cinematográfica de El gran Gatsby (1949), obra cumbre de la narrativa contemporánea norteamericana que ya en la época muda había sido merecedora de una primera versión, hoy perdida, pero que tardó lo suyo en materializarse de nuevo.

Fruto de las tendencias estéticas que imperaban en la industria a finales de los cuarenta, la cinta que nos ocupa se enmarca en las coordenadas de lo que sería el cine negro, trufada, además, de pinceladas moralizantes cuyo objeto no era otro sino desmarcarse de posibles objeciones respecto al espíritu licencioso que se desprende del texto de Scott Fitzgerald.



Así pues, que la acción arranque en un cementerio, ante la tumba del protagonista, veinte años después de su fallecimiento, anuncia ya de entrada cuál será el destino de un hombre al que vemos abatir a tiros a otro individuo como consecuencia de oscuros tejemanejes relativos a la venta clandestina de bebidas alcohólicas. Por supuesto que nada de todo eso se encuentra en la novela.

Por lo demás, la trama se estructura muy hábilmente a base de flashbacks (algunos, por cierto, como el referente a su mentor, Dan Cody, omitidos en la posterior versión del 74, de Jack Clayton) que permiten reconstruir la trayectoria vital de un hombre hecho a sí mismo a quien el azar y el amor pondrán fatalmente a prueba.



lunes, 21 de julio de 2025

El gran Gatsby (1974)




Título original: The Great Gatsby
Director: Jack Clayton
EE.UU., 1974, 144 minutos

El gran Gatsby (1974) de Jack Clayton


En mi primera infancia mi padre me dio un consejo que, desde entonces, no ha cesado de darme vueltas por la cabeza. 
«Cada vez que te sientas inclinado a criticar a alguien —me dijo— ten presente que no todo el mundo ha tenido tus ventajas...»

Francis Scott Fitzgerald
El gran Gatsby (1925)
Traducción de E. Piñas

Los rostros sudorosos de los personajes de The Great Gatsby (1974) indican que la acción transcurre en pleno verano, si bien esas gotas que perlan las frentes de unos y otros son igualmente síntoma de las pasiones desenfrenadas que suscitó la vorágine de los locos años veinte. En ese orden de cosas, cabe decir que la presente adaptación del clásico de Scott Fitzgerald, con guion de Coppola (después de que los ejecutivos de la Paramount rechazasen otro previo de Truman Capote) y el británico Jack Clayton en la dirección, pese a ser enormemente fiel a la novela, resulta un tanto fallida.

En primer lugar, la falta de química entre Robert Redford y Mia Farrow salta enseguida a la vista, quizá porque él (hombre de firmes convicciones demócratas) andaba por esos días más preocupado por el escándalo del Watergate que no por un proyecto en el que no acababa de creer del todo, mientras que ella (embarazada en aquel entonces, aunque no se note en pantalla) había sido la última de una larga lista de candidatas que optaban a interpretar el papel de Daisy.



Sea como fuere, la fastuosidad de decorados y vestuario (diseñado por Theoni V. Aldredge, que ganó el Oscar) se vio recompensada con un par de premios de la Academia, aparte de algún Globo de Oro y varios BAFTA. Éxito relativo que contrasta, sin embargo, con la frialdad del insulso Sam Waterston encarnando a Nick Carraway o la rigidez de una puesta en escena excesivamente convencional e incluso conservadora. Bruce Dern, en cambio, está bastante convincente como Tom Buchanan, lo mismo que Karen Black haciendo de Myrtle Wilson, la amante de este último.

Con todo y con eso, no deja de tener su encanto la forma en que Clayton, con la ayuda inestimable del director de fotografía Douglas Slocombe, recrea el tiempo de los fastos anteriores a la Gran Depresión, cuando cualquier buscavidas de origen incierto podía aspirar a amasar una fortuna descomunal o fingir que había estudiado en Oxford. Una ambientación lujosa, de fascinante belleza física, con la que se evocaba la era del jazz, aunque carente de profundidad y emoción, por lo que no logra transmitir temas esenciales del texto original como la decadencia moral de una época o la propia crítica al "sueño americano".



viernes, 21 de junio de 2019

Burning (2018)




Título original: Beoning
Director: Lee Chang-dong
Corea del Sur, 2018, 148 minutos

Burning (2018) de Lee Chang-dong


Aún corro todas las mañanas por el camino de los cinco graneros y ninguno ha sido pasto de las llamas. Tampoco tengo noticia del incendio de ninguno en otro lugar. Llegó otra vez el mes de diciembre y los pájaros de invierno sobrevolaron mi cabeza. Así fui cumpliendo años.

En la oscuridad de la noche, a veces pienso en graneros que se derrumban al incendiarse.

Haruki Murakami
"Quemar graneros" (1983)
Traducción de Fernando Cordobés González y Yoko Ogihara

No hace falta decir gran cosa para explicarlo todo. En ese aspecto, el coreano Lee Chang-dong (Daegu, 1954) se alinea con otros aventajados cineastas asiáticos de su misma generación que comparten con él una tan rara habilidad. Así, por ejemplo, el filipino Lav Diaz o el japonés Hirokazu Koreeda: directores, todos ellos, especializados en el sabio arte de la sobriedad.

Burning traza un panorama desalentador de ciertos sectores de la sociedad surcoreana, cuyos individuos, producto del materialismo capitalista, aspiran a una suerte de egolatría en la que el éxito social se mide a partir de elementos tan vacuos y dispares como conducir un Porsche negro o escuchar música jazz mientras se cocina un plato de pasta en un apartamento de doscientos metros cuadrados.



Un esnobismo, el del exclusivo distrito Gangnam-gu de Seúl, que contrasta vivamente con la frustración que atenaza al protagonista, ese muchacho solitario de apariencia pusilánime que, a la espera de que se dicte sentencia contra su padre (acusado de haber agredido a un funcionario público), se ocupa de la destartalada granja familiar, cerca de la frontera norcoreana. Falto de afecto, creerá haber encontrado a su media naranja cuando una antigua vecina reaparece en su vida. Pero la felicidad es un animal caprichoso, escurridizo como una gata invisible...

Son muchos los referentes (algunos de ellos occidentales) que se acaban dando cita en una película a medio camino entre el drama social y el suspense psicológico. De entrada, porque el relato de Haruki Murakami en el que se basa remite a otro de Faulkner, de 1939, titulado "Barn Burning". Pero es que, además, el triángulo formado por Jong-su, Hae-mi y Ben, así como el atractivo y misterioso tren de vida que lleva este último, conectan, igualmente, con el universo de El gran Gatsby de Scott Fitzgerald. Tupida red de referencias, el momento álgido de la cual se produce cuando la muchacha, en la hora mágica del véspero, danza y se quita la ropa al son de la trompeta de Miles Davis.