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viernes, 16 de junio de 2023

En la casa (2012)




Título original: Dans la maison
Director: François Ozon
Francia, 2012, 105 minutos

En la casa (2012) de François Ozon


La turbadora situación planteada por el dramaturgo Juan Mayorga en su pieza teatral El chico de la última fila, cuyo estreno había tenido lugar en 2006, encaja como anillo al dedo con el universo de un cineasta tan sumamente provocativo como el francés François Ozon, quien supo dar forma a la particular relación profesor-alumno del texto original hasta convertirla en una de sus películas más personales. 

Por muchos motivos, Dans la maison (2012) responde a los mismos parámetros que grandes títulos de la historia del cine como Teorema (1968) o La ventana indiscreta (1954). De la primera, citada explícitamente en los diálogos del filme, toma la intromisión de un joven apolíneo en el ámbito privado de una familia burguesa; de la segunda, en cambio, el carácter observador de un joven (Ernst Umhauer) ávido de husmear las vidas ajenas en busca de inspiración para sus relatos escolares.



En realidad, la idea del maestro que acaba cayendo en las redes de su propio discípulo está más que presente en la filmografía de un director que, como en L'amant double (2017)Une nouvelle amie (2014), vuelve una y otra vez a los mismos lugares comunes. Con la salvedad de que aquí, por aquello del contexto académico en el que se desarrolla la acción, el vínculo que se establece entre los personajes resulta más intelectual que pasional.

Tal vez por ello, la cultura libresca que destila Fabrice Luchini en su papel de docto educador experto en literatura francesa recuerda vagamente a la de otros trabajos protagonizados por el actor en los últimos años como, por ejemplo, Le mystère Henri Pick (2019), si bien la presencia en el reparto de Kristin Scott Thomas y, sobre todo, Emmanuelle Seigner confieren al conjunto un cierto toque a lo Polanski que no desentona en absoluto con la crítica implícita del guion a los valores superficiales de la clase media.



martes, 11 de octubre de 2022

Roman Polanski: Odd Man Out (2012)




Título en español: Roman Polanski: hombre extraño fuera
Directora: Marina Zenovich
EE.UU., 2012, 85 minutos

Roman Polanski: Odd Man Out (2012)


Los hechos acaecidos en Suiza a partir de septiembre de 2009, con motivo de la detención de Polanski por parte de las autoridades helvéticas, obligaron a la cineasta Marina Zenovich a filmar una segunda parte de su aclamado documental Roman Polanski: Wanted and Desired (2008). Sobre todo porque, tal y como ella misma señala a través de la voz en off de su propia narración, se sintió hasta cierto punto responsable de desempolvar un caso que, tras la huida de EE.UU. a finales de los setenta del director de origen polaco, llevaba más de treinta años paralizado.

Así pues, son varias las tesis que se exponen a lo largo de Roman Polanski: Odd Man Out (2012) con el objetivo de esclarecer por qué un país teóricamente neutral se prestó a escuchar la demanda de extradición que pesaba sobre un ciudadano que hasta aquel entonces había visitado e incluso residido en Suiza con bastante frecuencia. 



Una de las razones aducidas apunta en la dirección del escándalo relacionado con la manipulación de divisas que poco antes salpicó a la entidad financiera UBS (Unión de Bancos Suizos). Según esta teoría conspirativa, la detención del célebre director habría sido una forma, por parte del Gobierno de la Confederación, de congraciarse con los fiscales estadounidenses encargados de investigar a los clientes que evaden o directamente blanquean su capital mediante cuentas bancarias depositadas en el país centroeuropeo.

Y a todo esto, la que en su día fuera víctima de los abusos, Samantha Geimer, se presta a ofrecer todo tipo de declaraciones, sonriente y rodeada de su familia, incluidos su madre y su marido, recalcando, una y otra vez, que la prensa sensacionalista le ha hecho mucho más daño que Polanski, al que perdonó públicamente años atrás. También el círculo próximo al acusado (el montador Hervé de Luze, sus abogados, la cineasta Danièle Thompson, el novelista Pascal Bruckner, etc.) aporta su visión de los hechos mientras el circo mediático, siempre ávido de carnaza, rodea el chalé de Gstaad en busca de alguna imagen de su ilustre confinado.



lunes, 10 de octubre de 2022

Confesiones de Roman Polanski (2011)




Título original: Roman Polanski: A Film Memoir
Director: Laurent Bouzereau
Reino Unido/Italia/Alemania, 2011, 94 minutos

Confesiones de Roman Polanski (2011)


La inacabable pesadilla de Roman Polanski con la justicia norteamericana vivió un episodio más en 2009 cuando el director franco-polaco, que se había desplazado hasta Zúrich para recibir el premio que el festival de cine de dicha ciudad le concediese por el conjunto de su carrera, era detenido por las autoridades suizas. Resultado: varias semanas de cárcel y otros tantos meses de arresto domiciliario en Gstaad.

Aprovechando precisamente ese período de reclusión, el productor Andrew Braunsberg (íntimo amigo del cineasta desde que se conocieran en Londres, allá por 1964) mantiene una larga conversación con Polanski en la que éste repasa su trayectoria personal y profesional desde los aciagos días del gueto de Varsovia hasta el momento de filmación de la entrevista.



Es ese toque cercano, en primera persona, lo que hace de Roman Polanski: A Film Memoir (2011) un documento único por lo que tiene de confesión frente a la cámara, llegando a ser varios los momentos en los que a Polanski se le saltan las lágrimas al recordar a su madre, exterminada en Auschwitz, o el brutal asesinato de su esposa, la actriz Sharon Tate, víctima de la locura de una secta satánica.

Claro que ese mismo planteamiento también pudiera interpretarse en clave muy distinta, como una simple justificación del personaje orquestada por su entorno más cercano. No en vano, tanto el director de la cinta, Laurent Bouzereau, colaborador habitual del cineasta (es el autor del Making-of de buena parte de sus largometrajes), como el ya mencionado Braunsberg forman parte del círculo exclusivo de fieles ayudantes del encausado.



viernes, 30 de septiembre de 2022

Lunas de hiel (1992)




Título original: Bitter Moon
Director: Roman Polanski
Francia/Reino Unido, 1992, 139 minutos

Lunas de hiel (1992) de Roman Polanski


Sería muy fácil cargarse de un plumazo una película como Bitter Moon (1992) alegando que se trata de un bodrio, una sarta de situaciones disparatadas unidas por el nexo común de un erotismo tan vulgar como rancio. Sin embargo, cabría también la posibilidad de hacer un esfuerzo para ponerse en la piel de Polanski e intentar comprender qué debió de pasar por su cabeza cuando, a principios de los noventa, decidió embarcarse en semejante proyecto.

Tal vez pudiera aducirse en su descargo que la inmensa mayoría de directores sufren algún que otro traspiés a lo largo de sus respectivas carreras. O que el cine que se llevaba por aquel entonces, infectado de una cierta morbosidad no exenta de atractivo para el público menos exigente, tampoco distaba gran cosa de cintas como ésta. ¿O acaso Instinto básico (Basic Instinct, 1992) no se había estrenado apenas unos meses antes precedida de la habitual controversia que suele rodear a este tipo de producciones?



Sea como fuere, lo cierto es que la historia de estos dos matrimonios que coinciden en el mismo barco durante un crucero en alta mar carece por completo de credibilidad. En ese aspecto, ni la turbulenta relación entre Oscar (Peter Coyote) y Mimi (Emmanuelle Seigner) ni la sobriedad británica de Fiona (Kristin Scott Thomas) y Nigel (Hugh Grant) responden a un patrón mínimamente verosímil. Así pues, en el primer caso asistimos a la típica escalada de experiencias truculentas de un amour fou, donde ella y él interpretarán, sucesivamente, el rol de dominante y dominado. En cambio, sus compañeros de viaje van a ver alterada la teórica paz conyugal de la que gozaban hasta la fecha a medida que Nigel se deje seducir por los relatos del escritor inválido y la voluptuosidad que desprende su bella esposa.

En definitiva, y ahora que se cumplen treinta años exactos del estreno del filme, adaptación de la novela homónima de Pascal Bruckner, quizá resulte más sencillo valorar en su justa medida los excesos de una trama tirando a folletinesca a la que el paso del tiempo no le ha sentado especialmente bien. De hecho, vista hoy en día se asemeja más a una comedia bufa o incluso a una parodia en clave parisina de determinados clichés en torno a la pasión amorosa.



lunes, 26 de septiembre de 2022

Frenético (1988)




Título original: Frantic
Director: Roman Polanski
Francia/EE.UU., 1988, 120 minutos

Frenético (1988) de Roman Polanski


Son muchos los ecos hitchcockianos de una cinta tan sumamente dinámica como Frantic (1988), desde las correrías de los protagonistas sobre los tejados parisinos hasta la utilización de un Macguffin cualquiera con tal de lograr que avance la trama. De la misma forma que, de acuerdo con esos mismos paralelismos, se hace difícil no pensar en el Cary Grant de Con la muerte en los talones (North by Northwest, 1959) al contemplar la efigie de Harrison Ford, rebautizado para la ocasión con el irónico apellido de Walker ("andariego"), dispuesto a patearse entera la Ciudad de las Luces en busca de su esposa desaparecida.

No puede negarse que Polanski y su colaborador habitual Gérard Brach (1927–2006) tuvieron en mente al mago del suspense a la hora de escribir el guion de una película tal vez inverosímil, sí, pero capaz de mantener al espectador pegado a su butaca de principio a fin del relato. Porque, por muy descabellado que resulte el argumento, son las propias convenciones del género las que determinan unos hechos que vienen dados por la misma inercia de la historia.



Así pues, ¿cómo no va a ser posible que una jovencita de reputación dudosa, a pesar de las muchas diferencias que la separan del prestigioso cirujano estadounidense, de visita en la capital francesa para asistir a un congreso médico, se vea envuelta en una difusa intriga internacional, con terroristas de por medio, por el simple hecho de haber confundido en el aeropuerto un par de maletas Samsonite idénticas? La actriz que le da vida, por cierto, responde al nombre de Emmanuelle Seigner y, desde entonces en adelante, se convertiría en musa artística y compañera sentimental del cineasta polaco.

Poco más se puede añadir al respecto, si no es para hacer hincapié en la voluntad renovadora de un filme que, manteniendo la esencia de los thrillers clásicos, introduce, sin embargo, elementos rejuvenecedores sabiamente dosificados, como esos locales nocturnos de ambiente posmoderno en los que no para de sonar la música de Grace Jones a todas horas.



sábado, 4 de enero de 2020

El oficial y el espía (2019)




Título original: J'accuse
Director: Roman Polanski
Francia/Italia, 2019, 132 minutos

El oficial y el espía (2019) de Roman Polanski


Je n’ai qu’une passion, celle de la lumière, au nom de l’humanité qui a tant souffert et qui a droit au bonheur. Ma protestation enflammée n’est que le cri de mon âme...

Émile Zola

Remontarse al affaire Dreyfus supone retrotraerse a la madre de todos los escándalos, la injusticia mayor que se recuerda y origen de uno de los primeros juicios paralelos de la historia, en el que el célebre "J'accuse... !" que entonara Zola desde las páginas de L'aurore a buen seguro que contribuyó enormemente a mitificar los hechos en el ideario colectivo. Episodio que, por cierto, ya fue llevado a la pantalla en 1958 por el director e intérprete puertorriqueño José Ferrer.

Y es que, al margen de consideraciones históricas o políticas, queda claro que la figura del falso culpable ha sido ampliamente explotada por la industria cinematográfica en numerosas ocasiones, y ahí está el cine de Hitchcock para demostrarlo. Una fórmula que, en cierta manera, tendría su correlato en la vida real con los asuntos que el propio Polanski ha debido o tiene aún que saldar ante la justicia (y que, por ser de sobras conocidos, no nos vamos a detener ahora a explicar aquí).



En cualquier caso, hay que rendirse ante la evidencia y admitir que El oficial y el espía (título español de J'accuse) es una obra maestra sin paliativos. Evidentemente, no faltarán quienes tachen a su director de oportunista o de querer justificarse a sí mismo a través del atropello cometido por el Estado contra un capitán de origen judío. No obstante, y aunque así fuera, ello no ha sido óbice para narrar la trama con firme pulso narrativo, logrando una solidez considerable en las actuaciones de su reparto, encabezado por Jean Dujardin (Picquart) y en el que también interviene lo más granado de la actual escena francesa, desde Louis Garrel (Dreyfus) hasta Mathieu Amalric (Bertillon), pasando por Vincent Pérez (Leblois) o Melvil Poupaud (Labori).

Y como ya viene siendo habitual en muchas producciones ambientadas a finales del siglo XIX o principios del XX que han podido verse en los últimos tiempos —tal sería el caso de Nos vemos allá arriba (2017) o El collar rojo (2018)— la fotografía del polaco Pawel Edelman remeda la coloración que solían presentar las instantáneas tomadas durante aquel período, con especial predominio de tonalidades frías que dotan de un cierto aire de cromo al conjunto (probablemente, no hay que olvidarlo, por lo que tiene el filme de recreación histórica). Sea como fuere, y eso es un mérito innegable, Polanski ofrece con J'accuse un fresco imponente de los acontecimientos que un día pusieron en jaque al Estado Mayor de la República Francesa.


jueves, 12 de septiembre de 2019

La venus de las pieles (2013)




Título original: La Vénus à la fourrure
Director: Roman Polanski
Francia/Polonia, 2013, 96 minutos

La venus de las pieles (2013) de Roman Polanski


Lejos de ser un defecto, la innegable esencia teatral del filme que nos ocupa representa un reto para la pareja de intérpretes que se baten en este tour de force intensamente perverso. Porque lo que empieza como una típica disputa entre el gato y el ratón, terminará por degenerar en cruel apología contra las prerrogativas del patriarcado: la masculinidad atrapada en su propia trampa. Lectura en clave feminista a la que también se prestan otros títulos de la filmografía de Polanski, siendo el caso más flagrante la comprometedora situación en la que acaba inmerso el personaje de Donald Pleasence en Cul-de-sac (1966)

Y todo ello enmarcado en una atmósfera de irrealidad en la que distintos planos de ficción se entremezclan constantemente hasta dejarnos casi tan confundidos como al director escénico al que da vida Mathieu Amalric. A este respecto, y dado su alto grado de onirismo, más que una película que se ve, La Venus de las pieles (2013) sería, en todo caso, una película que se sueña.



Fruto de esa particular evolución de los personajes, Vanda (Emmanuelle Seigner) se irá gradualmente transformando ante los ojos del espectador desde la vulgar aspirante a hacerse con el papel protagonista de una adaptación de la novela de Sacher-Masoch, en las primeras escenas, hasta la deidad dominatriz con pinta de bacante griega que somete a su propio amo en el desenlace.

Pero ¿de dónde sale realmente esta mujer? En ese sentido, la estructura circular del filme, precedida y rematada con un trávelin en el que la cámara se adentra y luego abandona el interior de un destartalado teatro parisino, no deja lugar a dudas: Vanda es fruto de la imaginación de un director devorado por los fantasmas que atormentan su soledad; es la culpa hecha carne; la personificación de sus deseos más recónditos e inconfesables. De ahí que Thomas, en el momento culminante de la relación que los une, le acabe revelando a su fustigadora que "Nada es más sensual que el dolor ni nada es más excitante que la degradación."


domingo, 1 de septiembre de 2019

La novena puerta (1999)




Título original: The Ninth Gate
Director: Roman Polanski
Francia/España/EE.UU., 1999, 133 minutos

La novena puerta (1999) de Roman Polanski


Corso era un mercenario de la bibliofilia; un cazador de libros por cuenta ajena. Eso incluye los dedos sucios y el verbo fácil, buenos reflejos, paciencia y mucha suerte. También una memoria prodigiosa, capaz de recordar en qué rincón polvoriento de una tienda de viejo duerme ese ejemplar por el que pagan una fortuna. Su clientela era selecta y reducida: una veintena de libreros de Milán, París, Londres, Barcelona o Lausana, de los que sólo venden por catálogo, invierten sobre seguro y nunca manejan más de medio centenar de títulos a la vez; aristócratas del incunable para quienes pergamino en lugar de vitela, o tres centímetros más en el margen de página, suponen miles de dólares. Chacales de Gutenberg, pirañas de las ferias de anticuario, sanguijuelas de almoneda, son capaces de vender a su madre por una edición príncipe; pero reciben a los clientes en salones con sofá de cuero, vistas al Duomo o al lago Constanza, y nunca se manchan las manos, ni la conciencia. Para eso están los tipos como Corso...

Arturo Pérez-Reverte
El Club Dumas

Puede que no sea el mejor Polanski, pero, aun así, sigue siendo Polanski... Algo que podría hacerse extensivo a la(s) novela(s) de Pérez-Reverte, el escritor sobrevalorado por antonomasia. Sea como fuere, lo verdaderamente admirable de una película como The Ninth Gate (1999) es la insistencia en abordar el tema demoníaco por parte de un director que no sólo alcanzó la fama internacional gracias a La semilla del diablo (Rosemary's Baby, 1968), sino que le tocó vivir en primera persona el asesinato de su esposa a manos de una secta satánica. Lo cual le añade, sin duda, un punto de morbosidad a una trama ya de por sí bastante sobrecogedora.

Otra cosa, en cambio, es la falta de rigor que destila la puesta en escena a la hora de plasmar el mundo de los bibliófilos. Y es que, según parece, en un filme protagonizado por Johnny Depp, el postureo debe acabar prevaleciendo, a la fuerza, por encima de consideraciones más de tipo formal. ¿Cómo es posible manejar volúmenes de incalculable valor sin ni siquiera ponerse unos tristes guantes? ¿Por qué el tal Corso fuma despreocupadamente mientras (h)ojea sus preciados tomos o los deja junto a un vaso de güisqui que, de derramarse, causaría irremediables desperfectos? Preguntas ociosas por nuestra parte, toda vez que ésta es una película de género en la que lo verosímil forzosamente se supedita a la acción en aras de una mayor espectacularidad.



Fantasía desbordante que Polanski pone al servicio de una complicada intriga internacional en la que la posesión de un codiciado libro acarreará, a unos y a otros, consecuencias imprevisibles. De hecho, hay quien sostiene que dicha obra fue escrita por el mismísimo Lucifer, si bien la realidad, como acostumbra a suceder en estos casos, es mucho más prosaica, puesto que los grabados que ilustran los tres únicos ejemplares de la obra de Aristide Torchia son los mismos que se incluyen en cualquier edición de El Club Dumas...

Verosímil o no, lo cierto es que La novena puerta posee más de un punto en común con la película que otro gran cineasta, Stanley Kubrick, estrenó aquel mismo año: Eyes Wide Shut (1999), cuya celebración secreta entre los selectos miembros de una hermandad de enmascarados se parece enormemente a la misa negra que aquí preside la viuda Telfer (Lena Olin). Aunque el polaco, tal vez consciente de que lo que se traía entre manos era mucho menos profundo, rebaja el tono valiéndose de escenas como la de los hermanos Ceniza, bajo la identidad de los cuales se esconde una misma persona: el español José López Rodero.


sábado, 2 de marzo de 2019

Van Gogh, a las puertas de la eternidad (2018)




Título original: At Eternity's Gate
Director: Julian Schnabel
Suiza/Irlanda/Reino Unido/Francia/EE.UU., 2018, 111 minutos

Van Gogh, a las puertas de la eternidad (2018)
de Julian Schnabel

Ten el ojo del pintor. El pintor crea mirando...

Robert Bresson
Notas sobre el cinematógrafo
Traducción de Daniel Aragó Strasser

Algo debe de tener Van Gogh cuando tantísimos directores se han interesado por llevar su vida a la pantalla. Así, a bote pronto, nos vienen a la memoria las recreaciones de Minnelli, Robert Altman, Maurice Pialat o el reciente filme de animación Loving Vincent (2017). Scorsese lo interpretó en un segmento de Los sueños de Akira Kurosawa (1990). Hasta Benedict Cumberbatch se metió en la piel del pintor en la producción televisiva Van Gogh: Painted with Words (2010).

Lista inagotable de títulos a la que ahora vienen a sumarse Willem Dafoe y el cineasta norteamericano Julian Schnabel con la singular At Eternity's Gate, que le ha valido al primero la copa Volpi del Festival de Venecia, así como una nominación al Óscar. A diferencia de anteriores aproximaciones a la vida del artista, Schnabel (que también es pintor) ha escrito junto a Jean-Claude Carrière y Louise Kugelberg un guion en el que se esbozan los últimos días de la vida del holandés en el sur de Francia.



Fogonazos de color y de pasión mediante los que se perfila el alma atormentada de un incomprendido, consciente de que habrá de ser la posteridad quien valore el alcance revolucionario de su obra. Ni siquiera Gauguin (Oscar Isaac), alma gemela, en muchos aspectos, del "loco del pelo rojo", permanecerá mucho tiempo a su lado, circunstancia que motiva el que Van Gogh se acabe cortando la oreja en señal de protesta.

Como ya sucediera en La escafandra y la mariposa (Le scaphandre et le papillon, 2007), Schnabel se decanta por adoptar el punto de vista del personaje principal, haciéndonos ver la realidad a través de sus propios ojos. De ahí que, en determinados momentos, el encuadre recree en pantalla, aderezadas con las notas al piano de Tatiana Lisovskaya, las imperfecciones de la mirada delirante de un genio que moriría, en la más absoluta miseria, a consecuencia de un balazo, el 29 de julio de 1890. Tenía 37 años.


sábado, 2 de junio de 2018

Basada en hechos reales (2017)




Título original: D'après une histoire vraie
Director: Roman Polanski
Francia/Polonia/Bélgica, 2017, 100 minutos

Basada en hechos reales (2017)


Para unos, inadmisiblemente previsible; para otros, la última genialidad de un cineasta autorreferencial. En cualquier caso, D'après une histoire vraie llega avalada por el aura  que sólo Polanski sabe conferir a todo lo que sale de sus manos. Que, en esta ocasión, no es ni más ni menos que la adaptación de un best seller de la francesa Delphine de Vigan (directora ocasional, por cierto, como lo prueba la comedia À coup sûr, estrenada en 2014, aunque inédita por estos lares).

Protagonizada una vez más por su esposa, la actriz Emmanuelle Seigner, la película se centra en la crisis creativa que padece una novelista de éxito, repentinamente aterrada por el horror vacui de la página en blanco y que, poco a poco, irá cayendo en las redes de una misteriosa joven llamada Elle: Elle comme Elizabeth ? Ou Elle comme Emmanuelle... ? Las conexiones con la obra y la vida del director francopolaco son constantes y fácilmente identificables. De hecho, uno de sus últimos trabajos (The Ghost Writer, 2010) giraba en torno a un tema bastante similar.



Por otra parte, la presencia en el guion del también realizador Olivier Assayas confiere al conjunto un toque ligeramente fantasmagórico muy cercano al de la reciente Personal Shopper (2016), si bien en este caso la problemática de la protagonista parece obedecer más bien a algún tipo de desorden mental que la lleva a desdoblarse en una amiga imaginaria tan solícita como dañina y que sólo ella puede ver. Aun así, no deja de ser llamativa la coincidencia de que tanto el último filme de Assayas como Basada en hechos reales giren en torno a la relación entre una afamada mujer madura y una joven arribista (por no hablar de que, hace un par de años, el holandés Paul Verhoeven también se sirvió del nombre Elle como título para su largometraje con Isabelle Huppert).

Quizá porque Polanski es desde hace mucho un autor consagrado (o, mejor dicho, porque el muy astuto ya está de vuelta de todo), es, asimismo, llamativo el hecho de que a lo largo de la película se mencionen tantos nombres de escritores vivos: ¿homenaje? ¿Publicidad? Vista la tendencia a incluir determinadas marcas en algunos planos (como la manzanita de Apple, visible en dos o tres ocasiones) no sería descabellado pensar en lo segundo. Aunque en el caso de Catherine Deneuve podría tratarse de un guiño hacia la actriz de Repulsión (1965), cuya protagonista padecía un trastorno similar al de la escritora de D'après une histoire vraie. Paranoia a la que sin duda obedecen las escenas oníricas que atenazan los sueños de Delphine y que son una de las constantes de la película.


sábado, 17 de febrero de 2018

L'homme qui rit (2012)




Título en español: El hombre que ríe
Director: Jean-Pierre Améris
Francia/República Checa, 2012, 90 minutos



La nuit était épaisse et sourde, l’eau était profonde. Il s’engloutit. Ce fut une disparition calme et sombre. Personne ne vit ni n’entendit rien. Le navire continua de voguer et le fleuve de couler.

Peu après le navire entra dans l’océan.

Quand Ursus revint à lui, il ne vit plus Gwynplaine, et il aperçut près du bord Homo qui hurlait dans l’ombre en regardant la mer.

Victor Hugo
L'homme qui rit
Conclusion: «La Mer et la nuit»



Nueva versión, a partir del clásico de Victor Hugo, de un argumento que ya adaptaran previamente Julius Herska (1921), Paul Leni (1928), Sergio Corbucci (1966) y Jean Kerchbron (1971). El director francés Jean-Pierre Améris, con títulos en su haber como Tímidos anónimos (2010) o La historia de Marie Heurtin (2014), afrontaba este proyecto, rodado en estudio y parcialmente en Praga, optando por una solución de lo más discutible: la de remedar el universo de Tim Burton. Craso error, si se tiene en cuenta que una película a lo Tim Burton, pero sin Tim Burton, es como anunciar la actuación de los Rolling Stones para que luego, a la hora de la verdad, sea apenas una banda de tributo la que dé finalmente el concierto.

No vamos a poner en tela de juicio el buen hacer de todo el equipo, encabezado por Gérard Depardieu (Ursus), Marc-André Grondin (Gwynplaine), Christa Théret (Déa) y Emmanuelle Seigner (la Duquesa Josiane), si bien el resultado final transmite una impresión de déjà vu que, en líneas generales, le resta fuerza al verdadero potencial de uno de los textos más imaginativos del Romanticismo francés.



Con respecto a la versión de Paul Leni, son varias las diferencias, algunas de ellas bastante significativas. Por ejemplo, Améris prescinde de referencias espacio-temporales concretas, situando la acción en un impreciso siglo XIX frente a la Inglaterra de 1690 en la que arranca la película muda. La otra gran divergencia afecta al final, con un típico happy ending a la americana en 1928 que contrasta con la amargura de las líneas que reproducimos más arriba y que, en esencia, se ha respetado en esta última adaptación.

Otras novedades son el uso del humor en no pocos pasajes o la introducción de un nuevo personaje, Sylvain (Swann Arlaud), encargado de los efectos de sonido durante las representaciones de la troupe de Ursus. Aunque hay también semejanzas que llaman poderosamente la atención, como el inicio, que en ambos casos recurre a un reguero de huellas sobre la nieve para conducirnos hasta el cuerpo sin vida de la madre de Déa.


jueves, 17 de agosto de 2017

Reparar a los vivos (2016)




Título original: Réparer les vivants
Directora: Katell Quillévéré
Francia/Bélgica, 103 minutos, 2016

Reparar a los vivos (2016)


Nacida en Costa de Marfil en 1980, la joven realizadora Katell Quillévéré adapta, en el que supone su tercer largometraje, la célebre novela homónima de Maylis De Kerangal. Pese a abordar una temática nada fácil de digerir, si hay, sin embargo, una virtud que posee Réparer les vivants (2016) ésa es la de acertar a traducir en imágenes nuestra propia vulnerabilidad. Quizá por ello no hay en la película un protagonista claro, sino que es el conjunto de personajes el que asume, cada cual en función de su situación vital, uno u otro grado de fragilidad.

Todo comienza con Simon (Gabin Verdet), el joven de diecisiete años al que, tras sufrir un accidente de tráfico cuando regresaba de practicar surf con otros compañeros, se le diagnostica muerte cerebral. Entran entonces en liza sus padres (Emmanuelle Seigner y Kool Shen), quienes deberán enfrentarse al complicado dilema de si donar o no los órganos de Simon. Mientras tanto, en otro lugar, Claire (Anne Dorval), a pesar del apoyo de sus dos hijos, no las tiene todas consigo a la hora de afrontar un posible trasplante de corazón, al mismo tiempo que se reencuentra con un antiguo amor. Por último, todo el personal médico, tanto los que atienden al muchacho como la cirujana de Anne o el equipo que gestiona las donaciones de órganos se verán obligados a tomar decisiones de enorme relevancia.

Marianne (Emmanuelle Seigner) y Vincent (Kool Shen)


Aunque entre los activos más poderosos de Réparer les vivants cabe contar la majestuosa banda sonora de Alexandre Desplat, a la que, en el momento culminante, se une el tema "Five Years" de David Bowie.

Puede que por un exceso de aprensión, el cine no suela mostrar habitualmente escenas de operaciones quirúrgicas ni, mucho menos, de trasplantes (quizá, si mal no recuerdo, en 21 gramos de González Iñárritu y no muchas más películas se hace alusión directa al tema). Pero Quillévéré prueba con suma elegancia que se puede mostrar una intervención a corazón abierto sin escabrosidad ninguna y, lo que es más importante, incidiendo en los problemas de tipo ético que ello suscita en las partes implicadas desde un punto de vista deontológico.

Simon (Gabin Verdet) y el doctor Rémige (Tahar Rahim)