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martes, 3 de febrero de 2026

Movida del 76 (1993)




Título original: Dazed and Confused
Director: Richard Linklater
EE.UU., 1993, 103 minutos

Movida del 76 (1993) de Richard Linklater


El subgénero de las comedias generacionales inaugurado por American Graffiti (1973) suele ser objeto, cada cierto tiempo, de recurrentes homenajes nostálgicos, como lo demuestra el hecho de que tuviese una nueva entrega de la mano de Richard Linklater, director y guionista de Dazed and Confused (1993). Filme coral de factura muy semejante a los primeros trabajos de, por ejemplo, Paul Thomas Anderson, la acción se sitúa en una pequeña localidad de Texas el último día de clase de 1976. Momento de entregarse a las juergas y ritos iniciáticos mediante los que los estudiantes del instituto de secundaria del lugar pretenden dar la bienvenida al verano y, de paso, dejar atrás la infancia.

Las notas de "Sweet Emotion", de Aerosmith, suenan de fondo durante los títulos de crédito iniciales, anunciando que varios de los personajes tienen previsto asistir a uno de los conciertos que dicha banda ofrecerá en breve. Aunque son muchas otras las canciones que conforman la columna sonora de una cinta en la que se incluyen multitud de temas míticos de aquel entonces (a cargo de Alice Cooper, Deep Purple, Black Sabbath, Bob Dylan...) y cuyos derechos de autor, según parece, supusieron buena parte del presupuesto total de la producción.



La clásica tríada compuesta por sexo, drogas y alcohol constituye, a su vez, la triple obsesión en torno a la cual giran las vidas de los protagonistas, jóvenes dispuestos a comerse el mundo y para quienes la propia existencia no deja de ser concebida como una fiesta perpetua. Sin embargo, Richard Linklater utiliza la nostalgia no como un filtro decorativo, sino como una herramienta para explorar la condición humana en un momento de transición. Así pues, los hechos expuestos dibujan un microcosmos cuya estructura social se perpetúa a través del abuso, de modo que los que en su día fueron objeto de las más crueles novatadas (caso del personaje interpretado por Ben Affleck) humillan ahora ferozmente a los recién llegados.

Y es que, a pesar del aparente tono distendido que predomina a lo largo de la película, en la actitud de la mayoría de esos muchachos subyace el temor de que la preparatoria represente en realidad el momento álgido de sus respectivas vidas, lo cual les genera una sensación de urgencia melancólica. De ahí que celebren los placeres con tanto entusiasmo, ya que intuyen que, después de esa noche, el tiempo sólo avanzará para ellos en una dirección tan terrible como monótona: la de las responsabilidades de la edad adulta. En otras palabras: para ellos la diversión bulliciosa no supone un paso adelante, sino una fase donde quedarse estancados para siempre.



viernes, 17 de noviembre de 2017

To the Wonder (2012)




Director: Terrence Malick
EE.UU., 2012, 112 minutos



Porque muchos son los llamados, pero pocos los escogidos... (Mateo 22:14)

Travelín hacia delante, travelín hacia atrás, tomas en ligero contrapicado, rayos de sol a través de las hojas de los árboles, personajes filmados de espaldas mientras caminan entre la hierba dejándonos oír su voz interior... La obstinación de Terrence Malick en recurrir sistemáticamente a los mismos recursos expresivos para captar lo que de sublime hay en la existencia genera en el espectador dos posibles reacciones, si bien opuestas, ambas perfectamente argumentables: para unos su cine es la quintaesencia de lo profundo, de una espiritualidad rozando el panteísmo que el director es capaz de aprehender mediante imágenes a pesar de su inefable complejidad; para otros, en cambio, los mismos elementos suponen una insufrible retahíla de lugares comunes tan gratuitos como superficiales...

En cualquier caso, lo que resulta innegable es que desde El árbol de la vida (2011) dicho lirismo se ha ido acentuando en su caligrafía. Un estilo pretendidamente poético que tiene como consecuencia más inmediata el relegar el guion a un segundo plano en aras de una mayor vehemencia. El único inconveniente es que renunciar a un hilo argumental sólido acarrea (y, de hecho, así sucede en To the Wonder) que los actores acaben improvisando frente a la cámara una suerte de danza vacía al compás de las otrora sofisticadas (y, hoy en día, trilladísimas) partituras de Górecki o Arvo Pärt.



Digámoslo bien alto y bien claro: la genialidad que antaño demostraran Kubrick o Visconti reutilizando cinematográficamente la música de los Strauss o de Mahler no aparece por parte ninguna en esta película. Su director se encuentra, sin lugar a dudas, entre los que perciben la llamada de un sentimiento sobrehumano que va más allá de lo tangible, pero ni es ni podrá ser jamás uno de los elegidos.

Son diversos los elementos que vendrían a corroborar una afirmación tan tajante como la anterior: la gratuidad de hacer hablar a los personajes en diversos idiomas; el americano que se deja deslumbrar por las maravillas del París monumental o del monte Saint-Michel; una forma de rodar, en definitiva, que quiere ser excelsa, pero que se asemeja peligrosamente al lenguaje publicitario de los anuncios televisivos. Lo cual no impide, sin embargo, que Javier Bardem sea capaz de componer un sacerdote unamuniano sumamente interesante o que aquí y allá se logren hallazgos visualmente poderosos, como aquella bola de cristal que Ben Affleck hace girar sobre una mesa y que constituye una metáfora precisa y cautivadora de lo que de cósmico tiene la obra de Malick.