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martes, 8 de diciembre de 2020

Crimen ferpecto (2004)




Director: Álex de la Iglesia
España/Italia, 2004, 105 minutos

Crimen ferpecto (2004) de Álex de la Iglesia


Con el habitual ritmo trepidante que suele imprimir a sus películas, Álex de la Iglesia situaba la acción de Crimen Ferpecto (sic) en unos grandes almacenes que bautizó con el ridículo nombre de Yeyo's: templo del consumismo desaforado y campo de batalla en el que el presuntuoso Rafael (Guillermo Toledo) y el veterano don Antonio (Luis Varela) libran una lucha encarnizada por hacerse con el codiciado puesto de jefe de planta.

A priori podría parecer una de tantas comedias, negra y alocada, en la línea de anteriores títulos del director vasco. Sin embargo, la coincidencia en el tiempo con otros filmes que abordaban la competitividad en el ámbito laboral —como El método (2005) de Marcelo Piñeyro, a partir de la obra teatral de Jordi Galceran— podría hacer pensar en un trasfondo social que va más allá de lo estrictamente cinematográfico. A fin de cuentas, la crisis se avecinaba y ese afán de los personajes por triunfar a cualquier precio denota el pánico de todo un país a la precariedad inexorable.



Aunque no sólo de trepas y de zancadillas nos habla una película cuya base argumental reside en el culto a la belleza. Porque la tragedia de la pobre Lourdes (Mónica Cervera) deriva de ser una mujer poco agraciada físicamente: la típica dependienta en la que nadie repara, y mucho menos el triunfador Rafael, tan preciado de sí mismo. Y es que en el fondo, Crimen ferpecto podría perfectamente subtitularse La rebelión de las feas. O, por lo menos, de Lourdes: testigo accidental de un homicidio y, por ende, dispuesta a reivindicarse aun valiéndose de un burdo chantaje.

¿De dónde procede la agresividad de Álex de la Iglesia? Buena pregunta, a la que únicamente él podría responder. En cualquier caso, y a falta de mejor ocasión para interrogarle al respecto, pueden aventurarse diversas hipótesis. En primer lugar, de sus referentes, desde la crueldad soterrada de Hitchcock hasta la violencia exacerbada de Tarantino. Pero hay también, a qué negarlo, una fuerte dosis de mala leche ibérica, que el cineasta traslada a sus diálogos, feroces, incisivos: "Eres fea, Lourdes: ¡muy fea! Tú no tienes la culpa, ¡pero yo tampoco! Es este mundo en el que vivimos el que me hace odiarte: la gente, las revistas, la televisión..." Prejuicios, en boca de Rafael, que no hacen sino corroborar su verdadera naturaleza de perdedor, subrayada por el triunfo final de la moda payaso. Ya se lo había augurado don Antonio: "¡Tú no eres más que un puto empleado de mierda, como todos los demás!"



lunes, 7 de diciembre de 2020

La comunidad (2000)




Director: Álex de la Iglesia
España, 2000, 110 minutos

La comunidad (2000) de Álex de la Iglesia


Planteamiento típicamente castizo, el recurso de situar la acción en una comunidad de propietarios se ha explotado hasta la saciedad, con derivaciones de todo tipo, desde la teatral Historia de una escalera, de Buero Vallejo, hasta las tiras cómicas que Ibáñez hacía transcurrir en el mítico 13, Rue del Percebe, pasando, en los últimos años, por series televisivas de enorme popularidad, como Aquí no hay quien viva o La que se avecina.

Sin embargo, y por insólito que ello pudiera parecer, Álex de la Iglesia y su guionista Jorge Guerricaechevarría concibieron una trama coral que, además de rendir homenaje a los grandes clásicos del suspense, recuperaba para la gran pantalla a intérpretes de la categoría de Sancho Gracia (Castro), María Asquerino (Encarna), Terele Pávez (Ramona) o Manuel Tejada (Chueca): veteranos, todos ellos, de la escena, cuyo protagonismo queda patente en el propio cartel promocional de la película.



Cinéfilo como es, el director bilbaíno quiso incluir diversas referencias fílmicas en La comunidad. Algunas muy evidentes, como el contubernio malévolo de los vecinos a lo Semilla del diablo (Rosemary's Baby, 1968) o la escena final de la azotea, con Carmen Maura pendiendo de un conjunto escultórico, que remite a Con la muerte en los talones (North by Northwest, 1959). De hecho, es ésta una cinta de lo más hitchcockiano ya desde sus títulos de crédito iniciales —que podrían recordar a los de Vértigo (1958)— o la sublime orquestación que compuso Roque Baños para la banda sonora.

Todo un despliegue de medios en el que brilla con luz propia Carmen Maura (Julia), encargada de dar vida a una agente inmobiliaria en horas bajas que un buen día se encuentra trescientos millones de las antiguas pesetas bajo una baldosa: tremendo golpe de fortuna que el resto de moradores del edificio, capitaneados por su maquiavélico administrador (soberbio Emilio Gutiérrez Caba), no verán precisamente con buenos ojos.

"Sporting-Real Sociedad..."


domingo, 6 de diciembre de 2020

Acción mutante (1993)




Director: Álex de la Iglesia
España/Francia, 1993, 90 minutos

Acción mutante (1993) de Álex de la Iglesia


Con estupor y cierto recelo recibían los espectadores del 93 este particular engendro llamado Acción mutante. ¿Qué hacían los hermanos Almodóvar produciendo una película en apariencia tan alejada del sello que les había valido el reconocimiento internacional? Muchos no lo entendieron. Como tampoco la caracterización de Antonio Resines, transformado en el execrable Ramón Yarritu, se ajustaba a la imagen que el público se había forjado del actor, célebre hasta entonces por sus papeles secundarios en tantísimas comedias madrileñas. Y así, hubo que esperar un par de años para que, tras el éxito arrollador de El día de la bestia (1995), quedase meridianamente claro que Álex de la Iglesia no sólo había venido para quedarse, sino que estaba llamado a ser uno de los autores más singulares de su generación.

Inaudita y excesiva, la parodia distópica que aquí se plantea gira en torno a las andanzas de un grupúsculo terrorista integrado por adefesios cuyo objetivo es atentar contra un industrial millonario (Fernando Guillén) al que le secuestran la hija en pleno bodorrio. Aunque, aquejada por el síndrome de Estocolmo, la bella Patricia (Frédérique Feder) sentirá mayor atracción hacia sus raptores que no por regresar a los brazos del novio ultrajado (Quique San Francisco) o a la opulencia de la familia Orujo.



Tras una accidentada odisea espacial a bordo del Virgen del Carmen, una ruinosa nave pesquera que bien pudiera recordar remotamente a la de Alien (1979), la banda se refugia en el inhóspito planeta Axturiax, habitado por mineros locos y donde, aparte de la propia Patricia Orujo, la presencia de mujeres es nula. De modo que puede imaginarse el revuelo que se armará cuando sus míseros residentes vean aparecer por aquellos andurriales a la rica heredera de la mano de Ramón.

Buena parte de las constantes habituales en el imaginario de Álex de la Iglesia estaban ya presentes en ésta su ópera prima. En ese sentido, Acción mutante bebe del estilo visual del cómic, pasado por el tamiz de algo profundamente autóctono que se deja notar, por ejemplo, en la llaneza de los diálogos o en ese toque vasco que le da Karra Elejalde a su personaje cuando, pertrechado con una chapela, intenta convencer al aduanero sideral de que se dirigen a Ganímedes con un cargamento de veinticuatro mil toneladas de pescado congelado: "Delicias de merluza, croquetas de bacalao y tronquitos de cangrejo y así..."



miércoles, 23 de octubre de 2019

Desenterrando Sad Hill (2017)




Director: Guillermo de Oliveira
España, 2017, 86 minutos

Desenterrando Sad Hill (2017)
de Guillermo de Oliveira

Sólo por el tesón que los protagonistas de Desenterrando Sad Hill demuestran a la hora de hacer realidad su sueño, por más descabellado que el mismo, en un principio, pudiera parecer, esta película ya sería merecedora del Óscar al Entusiasmo (y desde aquí, modestamente, apelamos a quien corresponda para que dicha categoría sea creada). Porque intentar reconstruir un cementerio que nunca existió más allá del efímero decorado de un spaghetti western es ya, de por sí, la más grande de las proezas cinéfilas.

Cabe decir, sin embargo, que la legión de admiradores de El bueno, el feo y el malo (1966) es tan sumamente cuantiosa a lo largo y ancho del planeta que, Dios mediante (y gracias al micromecenazgo, que también ayuda lo suyo), desenterrar el empedrado que un día pisara Blondie en la ficción (o sea Clint Eastwood en la vida real, aunque tales fronteras, confiesa Álex de la Iglesia, llega un punto en que terminan por difuminarse) no es sino pan comido para unos tipos que no se arredran ante nada.

Lo que queda de Sad Hill en Santo Domingo de Silos (Burgos)

Y lo mismo podría decirse en lo concerniente a apadrinar alguna de las miles de tumbas que rodean la mencionada glorieta en círculos concéntricos: voluntarios no faltan, teniendo en cuenta que hasta figuras de primera línea como James Hetfield (líder y cantante de Metallica) se muestran entusiasmadas con el proyecto.

Luego están las batallitas y demás anécdotas que rodearon el rodaje de uno de los filmes de culto más aclamados de todos los tiempos: que si el puente explosionó antes de lo previsto, que si el ejército franquista colaboró en la construcción con muchos de sus efectivos (hoy ancianos venerables), que si Sergio Leone reinventó el género dotándolo de una mayor profundidad psicológica... Nada en comparación con ese grupo de amiguetes que, armados con un pico y una pala, dedicaron tantos fines de semana de sus respectivas vidas a exhumar los restos de una quimera.


sábado, 12 de agosto de 2017

Las brujas de Zugarramurdi (2013)




Director: Álex de la Iglesia
España/Francia, 2013, 112 minutos

Las brujas de Zugarramurdi (2013)


Al incorregible y siempre excesivo Álex de la Iglesia le dio por arrancar Las brujas de Zugarramurdi (2013) con una escena que recuerda al inicio de Macbeth: un grupo de nigrománticas arrojando ingredientes al interior de una negra marmita pestilente. Pero ni de la Iglesia es Orson Welles ni sus películas obras maestras indiscutibles. Tendrán momentos más o menos acertados, podrán ser todo lo divertidas que se quiera (eso nadie se lo discute), pero el cine, el CINE con mayúsculas, debería ser otra cosa.

A la vista de los diálogos, de la estética o incluso de algunos actores de los que se rodea, queda claro que con una película de estas características buscaba un perfil de espectador muy de la calle (o muy de bar: no en vano, su último filme estrenado se titula precisamente así). Todo ello absolutamente respetable. Lo malo es que, en este país, cuando se busca de forma tan deliberada conectar con los sectores del público más populares se corre el riesgo de que el resultado final se parezca peligrosamente a las parodias televisivas de Los Morancos o de José Mota (quien, por cierto, trabajó a las órdenes del director en La chispa de la vida, 2011). Ése es el tono en Las brujas de Zugarramurdi, por lo menos el del humor utilizado.



Ahora bien: si el objetivo era dotar a la peli de un ritmo trepidante, sin duda que lo consigue. Por lo menos hasta la escena del aquelarre, momento en el que la canción "Baga biga higa" de Mikel Laboa interrumpe un tanto la acción. Con todo, hay que reconocer que es impactantemente soberbia la irrupción de la venus de Willendorf gigante (los efectos especiales de Arenas, Molina y Rodríguez lo son en general), poniéndose a la altura de títulos como El laberinto del Fauno (2006).

En fin, es lo que tiene Álex de la Iglesia: un estilo muy definido que o te chifla o no lo soportas. Así, sin término medio. Le pasa como a Tarantino (otro que tal baila), seguramente uno de sus directores de referencia. En cualquier caso, y obviando lo hasta aquí expuesto, ver a Carmen Maura o a la recientemente desaparecida Terele Pávez subirse por las paredes o caminar por los techos como si nada ya sería suficiente motivo para darle una oportunidad a una película que, quizá por algo, se llevó en su momento ocho Goyas de diez nominaciones.

Terele Pávez (1939-2017)