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sábado, 31 de agosto de 2019

Ararat (2002)




Título original: Արարատ
Director: Atom Egoyan
Canadá/Francia, 2002, 115 minutos

Ararat (2002) de Atom Egoyan


Para un cineasta de origen armenio parece casi obligado el tener que abordar el tema del genocidio en algún momento u otro de su carrera. El marsellés Robert Guédiguian ya lo ha hecho en diversas ocasiones y eso es lo que se propuso el canadiense Atom Egoyan (El Cairo, 1960) con esta película, cuya acción salta continuamente del pasado al presente y de la ficción a la realidad.

Partiendo de la figura del pintor Arshile Gorky (1904–1948), Ararat plantea las complejas relaciones entre una experta en arte (Arsinée Khanjian), su hijo Raffi (David Alpay) y la hermanastra/amante de éste (Marie-Josée Croze). El muchacho, con el pretexto de filmar unas imágenes en las ruinas de Van, viajará a Turquía para profundizar en el conocimiento de sus propias raíces, mientras que Celia no para de culpar a la madre por la muerte de su padre en extrañas circunstancias.



Aunque quizá lo más interesante de la puesta en escena de Ararat es el recurso de mostrar el rodaje de una película histórica que recrea las atrocidades cometidas por los turcos en 1915, de modo que las escenas de dicho filme, que también se titula Ararat (como el monte sagrado armenio), cumplen la función de ponernos en antecedentes. Su director (al que da vida Charles Aznavour) se llama, por cierto, Edward Saroyan, que es precisamente el mismo nombre que tenía el personaje interpretado por el cantante francés en Tirez sur le pianiste (1960) de Truffaut.

En líneas generales, podría decirse que el guion (escrito por el propio Egoyan) resulta un tanto forzado, rozando, incluso, lo inverosímil. Como, por ejemplo, el largo interrogatorio al que es sometido Raffi por un funcionario de aduanas a punto de jubilarse (Christopher Plummer) y que no es más que un pretexto para que el espectador reciba algunas nociones básicas de historia. En otras ocasiones, son algunas subtramas las que quedan un poco sin desarrollar. Sería el caso del cuadro que pinta Gorky (Simon Abkarian) en Nueva York, la tensa relación entre el funcionario de aduanas y su hijo vigilante del museo o el inexplicable romance entre hermanastros mientras de fondo suena la música de System of a Down (banda de heavy metal que es también de origen armenio).


martes, 15 de agosto de 2017

Sayat Nova. El color de la granada (1969)




Título original: Sayat Nova / Սայաթ-Նովա. Նռան գույնը
Director: Sergei Parajanov
Unión Soviética, 1969, 79 minutos

Sayat Nova. El color de la granada (1969)


Un rótulo previo nos da la clave para desentrañar la significación genuina de Sayat Nova, rebautizada por la censura soviética como El color de la granada: "Esta película no intenta contar la vida de un poeta. En su lugar, el cineasta intentó recrear el mundo interior del poeta a través de las aprensiones de su alma, sus pasiones y tormentos, usando ampliamente el simbolismo y las alegorías propias de la tradición de los trovadores de la Armenia medieval". Ahí es nada...

Y todo eso en pleno proceso de estancamiento durante la era Brézhnev. Como es natural, las autoridades culturales mutilaron y luego prohibieron un filme cuya sensibilidad artística estaba a años luz de las gélidas consignas imperantes. Vista con el margen que da el casi medio siglo transcurrido desde que fuera concebida, la obra cumbre de Sergei Parajanov se nos aparece como un primoroso estampido de color y hermosura, delicadamente estilizado en su voluntad de infundir vida a la imaginería armenia de iconos y efigies religiosas.



No en vano, si el elegido como leitmotiv fue un trovador del siglo XVIII que vivió a caballo entre Georgia y Armenia es porque el propio Parajanov, que era hijo de armenios, había nacido, sin embargo, en Tiflis al igual que el poeta. Y el misticismo de sus versos, además, se adecuaba a la poesía visual del realizador como anillo al dedo.

En los cuadros vivientes ideados por el director, tanto el diseño de vestuario como la composición espacial adquieren una enorme importancia, dando lugar, en varios momentos, a imágenes que por su apariencia vagamente surrealista hacen pensar en la posible influencia de Buñuel (por ejemplo, en la escena en la que un rebaño de ovejas invade el interior de una iglesia). De hecho, es bien sabido que la religión ejerció un enorme influjo como fuerza inspiradora sobre el genio de Calanda. Con todo, la creatividad de Parajanov, si bien se vio refrenada por el talante coercitivo de un régimen político que no le permitía expresarse a su entero albedrío, sí pudo, al menos, legarnos un esbozo aproximado de una película inclasificable por lo insólito de su puesta en escena.