Mostrando entradas con la etiqueta Agustín Díaz Yanes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Agustín Díaz Yanes. Mostrar todas las entradas

martes, 22 de diciembre de 2020

Alatriste (2006)




Director: Agustín Díaz Yanes
España, 2006, 145 minutos

Alatriste (2006) de Agustín Díaz Yanes


No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente. Se llamaba Diego Alatriste y Tenorio, y había luchado como soldado de los tercios viejos en las guerras de Flandes. Cuando lo conocí malvivía en Madrid, alquilándose por cuatro maravedís en trabajos de poco lustre, a menudo en calidad de espadachín por cuenta de otros que no tenían la destreza o los arrestos para solventar sus propias querellas. Ya saben: un marido cornudo por aquí, un pleito o una herencia dudosa por allá, deudas de juego pagadas a medias y algunos etcéteras más. Ahora es fácil criticar eso; pero en aquellos tiempos la capital de las Españas era un lugar donde la vida había que buscársela a salto de mata, en una esquina, entre el brillo de dos aceros.

Arturo Pérez-Reverte
El capitán Alatriste

Los veinticuatro millones de euros que costó llevar a cabo Alatriste la convirtieron, en su momento, en una de las producciones más caras de la historia del cine español. Derroche de extras, localizaciones y vestuario más que convincente, unidos a la fotografía tenebrista a cargo de Paco Femenia y un reparto inmejorable. Que estando encabezado por una estrella internacional de la talla de Viggo Mortensen debía garantizar el éxito del filme en todo el mundo.

No obstante, y por mucho que la espléndida partitura de Roque Baños contribuya a subrayar la espectacularidad de la puesta en escena, se percibe en última instancia una cierta sensación de acto fallido. Como si algo en el aparatoso engranaje no hubiese acabado de cuajar. De entrada, porque la dicción susurrante con la que el actor protagonista adorna su particular composición de capitán espadachín de los Tercios de Flandes dista mucho de aportarle verosimilitud al personaje (más que nada por ese improbable acento del que Mortensen no sabe desprenderse).

"Sois bueno como amigo, pero nadie os quiere como enemigo..."


Pero es que además, y ahí radica precisamente la mayor parte del problema, Alatriste se queda un poco en tierra de nadie: no es ni una recreación de base literaria al estilo de El perro del hortelano (1996) de Pilar Miró o el Cyrano de Bergerac (1990) de Jean-Paul Rappeneau —títulos de los que sí que toma, sin embargo, un similar diseño de producción con voluntad de llegar al gran público— ni una cinta de aventuras al uso. En ese sentido, le falta la enjundia de la que ya carece el texto de Pérez-Reverte (apenas una novelita superficial y amable). Tal vez por ello, de las quince nominaciones a las que optó en los Goya de aquel año (que se dice pronto) tan sólo obtuvo el premio en tres categorías, todas ellas relacionadas con el ámbito de la dirección artística.

Aun así, merece la pena destacar el esfuerzo que se lleva a cabo en la recreación del Siglo de Oro, marcado por la incipiente decadencia del imperio de Felipe IV. Un escenario de continuas intrigas palaciegas en el que la sombra alargada del conde-duque de Olivares (Javier Cámara) y la mordacidad de Quevedo (Juan Echanove) conviven con lances de capa y espada o las hostilidades derivadas de querer poner una pica en Flandes.

"Flandes me quita el sueño, pero nunca he estado allí..."


lunes, 21 de diciembre de 2020

Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto (1995)




Director: Agustín Díaz Yanes
España/Méjico/Francia, 1995, 104 minutos

Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto (1995)
de Agustín Díaz Yanes


Mucho antes de que se pusiera de moda el término empoderamiento, el título de esta ópera prima era ya en sí mismo toda una declaración de principios: Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto, un thriller al más puro estilo Hollywood, sangriento y con narcotraficantes mejicanos de por medio, pero rodado en Madrid… El hasta entonces guionista Agustín Díaz Yanes daba el salto a la dirección con un largometraje protagonizado por Victoria Abril y en el que también tuvieron papeles destacados Pilar Bardem y el argentino Federico Luppi.

Buen conocedor de las convenciones del género, Díaz Yanes se sirve de recursos típicos del cine negro clásico como, por ejemplo, cuando hace que Gloria (Victoria Abril) perfore el suelo de un apartamento para acceder al botín que hay en la peletería del piso de abajo. Procedimiento harto expeditivo que el espectador avezado recordará haber visto en Rififi (1955) de Jules Dassin.



En otras ocasiones, en cambio, caso de la violenta escena inicial, se percibe la impronta de referentes mucho más modernos, como el Tarantino de Reservoir Dogs (1992), si bien pasada por un tamiz tauromáquico que es una de las señas de identidad de la película y que tal vez explique por qué un bolígrafo puede utilizarse con la misma mortífera destreza que un estoque.

Sin embargo, y en clara oposición a dichos elementos de tradición gansteril, se percibe, asimismo, un apunte metafísico en esa lucha interna que sostiene Eduardo (Federico Luppi) en su particular pulso con Dios, e incluso una nota social en el personaje de doña Julia (Pilar Bardem), antigua líder comunista venida a menos que aún conserva el retrato de la Pasionaria colgado en las paredes de su casa.