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martes, 1 de noviembre de 2022

Kanal (1957)




Título alternativo: La patrulla de la muerte
Director: Andrzej Wajda
Polonia, 1957, 94 minutos

Kanal (1957) de Andrzej Wajda


Aparte de que no hacen presagiar nada bueno, las desoladoras imágenes con las que se abre Kanał (1957), mostrando desde el aire las ruinas de la capital polaca, contrastan abiertamente con el argumento de una película que, en su mayor parte, va a transcurrir bajo tierra. Curiosa manera ideada por Wajda para hacer sentir al espectador que no hay escapatoria posible frente a la destrucción que asola la ciudad. Continúan los títulos de crédito con más escenas devastadoras, ahora de oficiales nazis provistos de lanzallamas cuyo mortífero contenido liquida las fachadas que aún quedaban en pie hasta reducirlas a escombros.

Pero Andrzej Wajda es un cineasta de grandes proporciones y, no contento con semejante preámbulo, todavía nos depara un larguísimo trávelin de varios minutos durante los cuales aprovecha para presentar a sus personajes a través de una voz en off: "Éstos son los héroes de la tragedia. Obsérvenlos con cuidado, pues son éstas las últimas horas de sus vidas".



Estamos a finales de septiembre de 1944 y la insurrección de Varsovia se halla próxima a su fin. No obstante, a los integrantes de la patrulla del teniente Zadra (Wienczyslaw Glinski) aún les espera un calvario cuyo punto álgido se desarrollará a lo largo de las pestilentes galerías del alcantarillado urbano (Kanał, en polaco). La sensación claustrofóbica, por descontado, se irá incrementando conforme avancen en pos de una libertad que ya sabemos de antemano que no lograrán...

Segunda entrega de su Trilogía de la Guerra, la puesta en escena de Wajda no deja lugar a dudas sobre la maestría de un director capaz de trasladar al subsuelo la tensión del conflicto que se vive en la superficie. Y lo hace a base de primeros planos del rostro de unos individuos, hombres y mujeres de toda condición (Polanski aparece fugazmente, arrastrándose por el cieno), a los que la angustia provoca delirios dantescos. Cualidades que le valieron a la cinta el Premio Especial del Jurado en Cannes, compartido con El séptimo sello de Bergman.



lunes, 31 de octubre de 2022

Generación (1955)




Título original: Pokolenie
Director: Andrzej Wajda
Polonia, 1955, 87 minutos

Generación (1955) de Andrzej Wajda


Arranca Pokolenie (1955) con una magistral panorámica de casi 360º que termina convirtiéndose en un largo plano secuencia a través de un mísero barrio de chabolas a las afueras de Varsovia. Sin embargo, la banda sonora de Andrzej Markowski transmite mientras tanto la idea de que, a pesar de las penurias que puedan estar soportando, los habitantes de aquel poblado son pobres pero honrados. Luego la voz en off del protagonista acabará de poner al espectador en situación, dando a entender que todo lo que sigue no es sino un largo flashback a propósito de lo que fue su juventud y toma de conciencia política.

Primer largometraje en la filmografía de Wajda, la película que nos ocupa iniciaba también su Trilogía de la Guerra, completada en años sucesivos por La patrulla de la muerte (Kanal, 1957) y Cenizas y diamantes (Popiól i diament, 1958). Títulos, todos ellos, caracterizados por un realismo no exento de la distancia necesaria para juzgar los terribles acontecimientos que en ellos se exponen. En ese sentido, la historia del joven Stach (Tadeusz Lomnicki), pese a reflejar el heroísmo del pueblo polaco en su lucha contra el invasor nazi, contiene, asimismo, elementos que lo alejan del típico tono propagandístico auspiciado por el régimen comunista.



Por otra parte, la presencia de Polanski entre el grupo de amigos del protagonista aporta una nota curiosa en un filme donde lo ideológico se mezcla con las ilusiones propias de la edad. De ahí que los personajes, ladronzuelos de carbón o aprendices en algún taller de mala muerte, acaben involucrándose en la lucha armada como si de un juego se tratase. Candidez que, en lo referente a Stach, se hace todavía más evidente por el hecho de que su activismo nace de la atracción que siente hacia la bella líder estudiantil Dorota (Urszula Modrzynska).

De todo lo cual se puede concluir que es esa vertiente humana la que aporta autenticidad al relato. Especialmente si se tiene en cuenta que el sacrificio de la generación a la que alude el título no ha sido en vano, como lo atestigua el relevo implícito en el plano final, con todos esos nuevos adeptos para la causa que la cámara muestra en contrapicado con la intención de realzar el sentimiento de esperanza en un futuro mejor.



domingo, 30 de octubre de 2022

Tres relatos (1953)




Título original: Trzy opowieści
Directores: Czeslaw Petelski, Konrad Nalecki y Ewa Poleska
Polonia, 1953, 100 minutos

Tres relatos (1953) de VV.AA.


El debut de Polanski como actor se produjo gracias a esta cinta de propaganda en tres actos dirigida por y para la juventud de un país que anhelaba su reconstrucción después de haber sido literalmente arrasado durante los aciagos años de la Segunda Guerra Mundial. Al trío de debutantes que se puso tras las cámaras (Petelski, Nalecki y Poleska, todos ellos alumnos de la Escuela de Cine de Łódź) estaba previsto que se uniese también Andrzej Wajda, aunque ese cuarto episodio no llegaría a rodarse jamás.

La primera de las historias que componen Trzy opowieści (1953) es, al mismo tiempo, la más panfletaria, con sus brigadas de jóvenes trabajadores dispuestos a sacrificarse en pro de los planes quinquenales de la revolución socialista. Sin embargo, y por más que la mayoría de ellos tenga colgado en su habitación el retrato de Lenin, hay un infiltrado que sabotea la red de tuberías echando a perder numerosos sacos de cemento almacenados. Aun así, el culpable será de inmediato identificado por uno de los capataces, quien arriesgará su vida con tal de detenerlo.



Un díscolo recluta llamado Jacek (Lech Pietrasz) es el protagonista del segundo relato, si bien el espíritu de camaradería que se respira en el cuartel será determinante para encarrilar al muchacho por la senda de la ortodoxia estalinista. Es en esta parte de la película en la que un jovencísimo Polanski, de apenas veinte años, interpreta un breve papel.

Por último, Ewa Poleska (más tarde Petelska, tras contraer matrimonio con Czeslaw Petelski, director del primero de los relatos que integran este mismo filme) se encarga de una puesta en escena de ambientación rural en la que un simple caballo siembra la discordia entre los vecinos. Y es que Adam (Ferdynand Matysik) regresa del servicio militar con un rocín que le regala a su padrino Wierzbicka (Wanda Szczepanska), quien, hasta la fecha, se había negado reiteradamente a formar parte de la cooperativa agrícola local.



jueves, 8 de marzo de 2018

Korczak (1990)




Director: Andrzej Wajda
Polonia/Alemania/Francia, 1990, 118 minutos

Korczak (1990) de Andrzej Wajda


Un grupo de niños juega despreocupadamente a la rayuela en plena calle. Junto a ellos, el cuerpo sin vida de un hombre desnudo yace olvidado sobre la acera. La escena, fugaz y aparentemente casual, resume, sin embargo, a la perfección el espíritu de una película como Korczak (1990), recreación biográfica que llevara a cabo el polaco Andrzej Wajda a partir de la figura del pedagogo Henryk Goldszmit (verdadero nombre de Janusz Korczak), compatriota suyo y personalidad clave en aquel país. Es ese lado cotidiano de la muerte, el haberse habituado a ella como si tal cosa, lo que impacta de una terrible instantánea del gueto de Varsovia en la que el orfanato dirigido por el protagonista supondrá la única esperanza para cientos de jóvenes.

Tal vez constituya una soberana obviedad el decirlo, pero tanto el tratamiento de la fotografía en blanco y negro como la manera de aproximarse a un hombre que, a pesar de sus luces y de sus sombras, se ve en la tesitura de querer ayudar al prójimo en mitad de la debacle nazi demuestran bien a las claras que Spielberg debió de inspirarse en Korczak a la hora de rodar, tres años más tarde, La lista de Schindler (1993). Si bien aquí nos libramos del lacrimógeno violín con sordina de Itzhak Perlman en beneficio de la más heroica partitura del siempre fastuoso Wojciech Kilar.



Con motivo de la reciente publicación de los diarios de Korczak (Seix Barral), la Filmoteca de Catalunya ha proyectado esta tarde la película que nos ocupa. En la presentación previa, Anna Rubió Rodon, Jerzy Slawomirski y Antoni Tort incidían en el carácter polémico de personaje y película. Idea en la que han ahondado durante el coloquio posterior. Porque siendo, como todo parece indicar, un judío asimilado, el Korczak descrito por Wajda no se ajustaba en absoluto a los estereotipos generalmente aceptados por las diversas facciones en liza: demasiado burgués para los marxistas, heterodoxo en exceso para los hebreos, su perfil reunía semejante gama de matices que acabó resultando incómodo para todos (de ahí el relativo olvido en el que ha terminado cayendo).

Sus métodos, por último, tampoco dejaban a nadie indiferente: conductor de un programa de radio en el que daba consejos a la juventud adoptando el papel de viejo doctor; promotor de una revista íntegramente redactada e impresa por y para adolescentes; garante de una suerte de autogobierno de los niños en el hospicio que administraba... Sistema, en definitiva, de lo más innovador, cierto, pero que deja traslucir al mismo tiempo un temperamento vehemente. Quizá por ello el guion de la hoy afamada realizadora Agnieszka Holland lo presentaba como un sereno estoico dispuesto a adentrarse en la niebla de Treblinka escoltado por sus pupilos mientras enarbola el estandarte con la estrella de David.


sábado, 11 de febrero de 2017

Cenizas y diamantes (1958)




Título original: Popiół i diament
Director: Andrzej Wajda
Polonia, 1958, 98 minutos

Cenizas y diamantes (1958) de A. Wajda

Coraz to z ciebie, jako z drzazgi smolnej,
Wokoło lecą szmaty zapalone;
Gorejąc nie wiesz, czy Stawasz się wolny,
Czy to, co twoje, ma być zatracone?
Czy popiół tylko zostanie i zamęt,
Co idzie w przepaść z burzą? – czy zostanie
Na dnie popiołu gwiaździsty dyjament,
Wiekuistego zwycięstwa zaranie…

Cyprian Kamil Norwid (1821–1883)
Po to właśnie


Los versos que preceden estas líneas sirvieron de inspiración al escritor polaco Jerzy Andrzejewski, de cuya novela Cenizas y diamantes prepararía Andrzej Wajda la versión cinematográfica años más tarde. Son los mismos que la joven Krystyna (interpretada por Ewa Krzyzewska) lee en la inscripción de la iglesia en ruinas que visita junto a Maciek, un Zbigniew Cybulski que fue nominado al BAFTA por su papel de miembro de la Resistencia y al que a menudo se ha comparado con James Dean.

La acción narrada en Popiół i diament (1958) abarca apenas dos días: el 8 y 9 de mayo de 1945, fecha marcada para eliminar a Szczuka (Waclaw Zastrzezynski), el líder comunista del distrito y antiguo combatiente en la Guerra Civil Española. Pero la primera intentona resultará fallida, cosa que hará que Maciek se replantee algunos de sus principios al haber matado a gente inocente.

La venta de gafas de sol aumentó en toda Polonia debido a este filme


En el plano estrictamente técnico, la fotografía en blanco y negro de Jerzy Wójcik puede recordar en algunos momentos al trabajo que Gregg Toland llevara a cabo para Orson Welles en Ciudadano Kane (1941), filmando a los actores en un ligero contrapicado e incluyendo techos en todos los estudios en los que se realizó el rodaje.

Aunque lo verdaderamente impactante de Cenizas y diamantes (1958), aparte de los fuegos artificiales que estallarán justo en el clímax dramático, son esas escenas que transcurren en el interior de una iglesia bombardeada, con el Cristo derrengado y pendiendo boca abajo, pues es en ese momento cuando se hace evidente el carácter simbólico del título: Maciek y Krystyna serían los diamantes que han visto su juventud truncada en un país que ha quedado reducido a cenizas tras la guerra.