Mostrando entradas con la etiqueta Dean Martin. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dean Martin. Mostrar todas las entradas

miércoles, 13 de agosto de 2025

Ella y sus maridos (1964)




Título original: What a Way to Go!
Director: J. Lee Thompson
EE.UU., 1964, 111 minutos

Ella y sus maridos (1964) de J. Lee Thompson


A medio camino entre la comedia negra y (literalmente) la comedia rosa, What a Way to Go! (1964) tenía que haber sido en un principio protagonizada por Marilyn Monroe, luego, tras la muerte repentina de ésta, por Elizabeth Taylor, hasta que el papel fue a parar, por último, a Shirley McLaine. Y otro tanto ocurrió con los actores que debían interpretar a los infortunados maridos de esta versión moderna de viuda alegre, que estaba previsto que fuesen, sucesivamente, Frank Sinatra, Burt Lancaster, Kirk Douglas y Tony Curtis, en lugar de, como así fue finalmente, Dick Van Dyke, Paul Newman, Robert Mitchum y Gene Kelly. Evidentemente, aquélla habría sido una película muy distinta, si bien no deja de ser curioso que quedasen varias referencias a Cleopatra en los diálogos, seguramente como guiño a la Taylor (actriz que, como ya queda dicho, encabezaba inicialmente el reparto).

Asimismo, la estructura episódica del filme da pie a que cada parte adopte un formato visual diferente con el objetivo de parodiar otros tantos géneros cinematográficos. Así pues, la idílica cabaña donde Louisa (MacLaine) y Edgar Hopper (Van Dyke) deciden instalarse, siguiendo las teorías de Thoreau, recuerda enormemente a la de Chaplin y Paulette Godard en Tiempos modernos (1936), mientras que el segmento de París contiene una secuencia rodada como si fuese un filme de la Nouvelle vague. En cambio, la lujosa mansión de Rod Anderson (Mitchung) parece el escenario de cualquier superproducción romántica, mientras que en los números de Pinky Benson (Kelly) se percibe la impronta de los grandes títulos que, como por ejemplo Cantando bajo la lluvia (1952), marcaron la época dorada de los musicales.



Al mismo tiempo, y por muy frívola que parezca la trama, lo cierto es que comporta toda una reflexión de fondo a propósito de la obsesión por el dinero y de cómo el estrés por lograr más y más beneficios conduce a los sucesivos maridos de la protagonista a una muerte prematura. Lo "gracioso" del asunto es que siempre sea la propia Louisa la que propicia o parece condenada a repetir ese mismo patrón. De ahí que se sienta desquiciada y busque la ayuda de un terapeuta (Robert Cummings), lo cual, en términos narrativos, favorece que la mujer, recostada en el diván, pueda rememorar toda su trayectoria en forma de flashbacks.

Por último, además de su eclecticismo y de un elenco estelar, merece la pena llamar la atención sobre el extravagante sentido del humor de una cinta cuya protagonista pretende donar más de 211 millones de dólares a la Seguridad Social sólo porque se siente víctima de algún tipo de maldición. Curioso planteamiento que generará no pocas situaciones de lo más hilarante. Y todo ello enmarcado en un cuidadísimo diseño de producción y vestuario, a cargo de la mítica Edith Head (1897-1981), merecedores, en ambos casos, de sendas nominaciones al Óscar.



jueves, 6 de abril de 2023

4 gángsters de Chicago (1964)




Título original: Robin and the 7 Hoods
Director: Gordon Douglas
EE.UU., 1964, 124 minutos

4 gángsters de Chicago (1964) de Gordon Douglas


Versión moderna de una leyenda harto conocida, Robin and the 7 Hoods (1964) reunía de nuevo a los integrantes del Rat Pack (liderados por Frank Sinatra junto a Dean Martin y Sammy Davis Jr.), si bien dos de sus miembros originales (Peter Lawford y Joey Bishop) fueron reemplazados para la ocasión por Peter Falk y Bing Crosby, respectivamente. El caso es que el éxito previo de Ocean's 11 (1960) había abierto la puerta a sucesivas reediciones de un formato que aquí llegaría a su punto álgido y que supuso, además, la última vez en que los pesos pesados del grupo encabezaban el reparto de un mismo filme.

A diferencia de lo que ocurría en la historia del célebre forajido inglés, la acción se traslada del medievo al Chicago de los años veinte. Robbo (Sinatra) es el cabecilla de un clan mafioso que se opone a los dictados del nuevo capo Guy Gisborne (Peter Falk), lo cual dará pie a que ambas facciones se enfrenten en una guerra sin cuartel. Previamente, Gisborne había liquidado a su predecesor Big Jim (Edward G. Robinson), de modo que la exquisita hija de este último, llamada Marian (Barbara Rush), intenta convencer a Robbo de que la ayude a vengar la memoria de su difunto padre. Pero el interfecto hace caso omiso de la petición y decide donar a un orfanato los cincuenta mil dólares que le ha dado Marian. Cuando se enteren, los periódicos propagarán la noticia a los cuatro vientos, bautizando al generoso gánster como "el nuevo Robin Hood".



Sin ser más que un vehículo para el lucimiento de sus intérpretes, el guion de David R. Schwartz (1911-2003) planteaba inteligentes paralelismos con la fuente en que se basa. Así, por ejemplo, la tradicional lucha a bastonazos entre Robin y Little John (Dean Martin) queda sustituida por una partida de billar en la que el segundo deja en evidencia a su futuro jefe mientras entona la balada "Any Man Who Loves His Mother". Porque no hay que perder de vista que, además de comedia, la cinta que nos ocupa fue, ante todo, un musical (el último, por cierto, en el que intervino el mítico Bing Crosby). De hecho, uno de los temas que integraban la banda sonora, "My Kind of Town (Chicago Is)", optó al Óscar a Mejor Canción Original.

Sin embargo, lo que debería haber sido un rodaje de lo más plácido se vio enrarecido por circunstancias extracinematográficas que a punto estuvieron de dar al traste con la película. De entrada, porque el presidente Kennedy (amigo personal de Sinatra y razón de que el crooner se enemistara con Peter Lawford) murió asesinado en noviembre del 63, casualmente el mismo día en que se filmó la escena del entierro de Big Jim. Y, por si esto no fuera poco, el hijo de Sinatra, Frank Sinatra Jr., permaneció secuestrado durante varios días hasta que el padre pagó 240.000 dólares de rescate. De modo que, cuando hoy, sesenta años después, pasamos una agradable tarde admirando las progresiones de Sammy Davis Jr. sobre la barra en la que interpreta "Bang! Bang!"; cada vez que nos desternillamos con el logrado acento italiano del personaje de Peter Falk o viendo desfilar a los comensales por el apartamento de la tentadora Marian, no queda más remedio que dar gracias por la milagrosa finalización de una joya que parecía predestinada a quedar inconclusa.



martes, 17 de octubre de 2017

El profesor chiflado (1963)




Título original: The Nutty Professor
Director: Jerry Lewis
EE.UU., 1963, 107 minutos

El profesor chiflado (1963) de Jerry Lewis


And I think that the lesson that I learned came just in time. I don't want to be something that I'm not. I didn't like being someone else. At the same time I'm very glad I was cause I found out something that I never knew. You might as well like yourself. Just think about all the time you're going to have to spend with you. And if you don't think too much of yourself, how do you expect others to?

La cálida alocución que el profesor Julius Kelp dirige a la concurrencia al mismo tiempo que se va desprendiendo gradualmente del odioso Buddy Love para volver a ser él mismo contiene el verdadero mensaje de una de las comedias más hilarantes de la historia del cine: "Si tú no te tienes en gran estima, ¿cómo esperas que lo hagan los demás?"



Se dice que para componer al alter ego de su personaje, Jerry Lewis se inspiró en Dean Martin, el que fuera pareja artística del histriónico actor durante varios años. Verdad o no, lo cierto es que estos particulares Jekyll y Hyde representan los dos polos más opuestos imaginables: uno puro intelecto, aunque poco agraciado y muy torpe; el otro tan apolíneo como vanidoso.

En realidad, El profesor chiflado pretende darnos la lección a nosotros, puesto que es el espectador quien debe reflexionar, a partir de lo visto, sobre por qué el arrogante Buddy goza de la aceptación social que se le niega al enclenque Kelp. Materia, por cierto, de una actualidad considerable, toda vez que la ingesta de medicamentos con la finalidad de corregir determinados trastornos de conducta está a la orden del día. ¿Que el déficit de atención e hiperactividad impiden a un alumno obtener buenos resultados académicos? Pues se incrementa la dosis y listo. ¿Que la timidez o el desánimo dificultan el relacionarse con los otros? Pues se ingiere algún antidepresivo que, como la fórmula ideada por Kelp, permita desinhibir nuestra expansividad y punto. De cómo le va al bueno de Julius con sus experimentos nos da cumplida cuenta el desenlace de la película. Para ver, en cambio, en qué queda tanta prescripción de estimulantes en la sociedad de hoy en día quizá tendremos que esperar un poco más...


jueves, 3 de agosto de 2017

Río Bravo (1959)




Título original: Rio Bravo
Director: Howard Hawks
EE.UU., 1959, 141 minutos

Río Bravo (1959) de Howard Hawks 


Dicen que dice Tarantino (en esto, como en todo, allá cada cual con creérselo o no) que cuando inicia una relación con una mujer le hace ver Río Bravo: si le gusta la película, la cosa tira adelante; pero si no... entonces mejor dejarlo. La anécdota, probablemente apócrifa, revela, sin embargo, hasta qué punto este wéstern tardío de Howard Hawks se ha convertido en un filme de culto. 

Su rodaje, en cambio, vino precedido de un parón profesional de cuatro años (motivado por el fracaso en taquilla de su anterior trabajo: Tierra de faraones) durante los que el director se trasladó a vivir a Europa. Y sería en el viejo continente donde Hawks se dio cuenta de lo populares que eran aún las películas del Oeste, cuyos estereotipos habían dado lugar a un imaginario fascinante.

No sólo buena parte del reparto había trabajado con John Ford, sino que
en planos como éste, calcado de The Searchers, su influencia es notable


De ahí que en Río Bravo los personajes tengan más relevancia que la propia trama: el sheriff que nunca se da por vencido (John Wayne), el ayudante alcoholizado a causa de un desengaño amoroso (Dean Martin), el joven aguerrido (un Ricky Nelson de apenas dieciocho años)... Nómina en la que no podían faltar ni la chica (Angie Dickinson haciendo de tahúr seductora) ni el cascarrabias entrañable (Walter Brennan).

Los jóvenes de la Nouvelle vague francesa, sensibles, como es bien sabido, a la política de los autores, vieron en Hawks a un cineasta con estilo propio, capaz de profundizar en la psicología de sus personajes, dispuesto a demostrar mediante Río Bravo que la actitud prudente del marshal Kane no era la más adecuada en Sólo ante el peligro, película de la que, en cierto modo, se considera la réplica un tanto paródica, como demuestran la escena de los cartuchos de dinamita o la actitud bufa del cojo Stumpy.