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viernes, 12 de abril de 2019

Un pueblo y su rey (2018)




Título original: Un peuple et son roi
Director: Pierre Schoeller
Francia/Bélgica, 2018, 121 minutos

Un pueblo y su rey (2018) de Pierre Schoeller


Demasiada solemnidad y poca realidad. O lo que viene a ser lo mismo: mucho Delacroix y apenas nada de Bresson. Porque a pesar de un cuidado diseño de vestuario y de sus localizaciones esmeradamente elegidas y/o reconstruidas, Un peuple et son roi no pasa de ser, sin embargo, un simple cromo histórico lastrado por las interpretaciones excesivamente enfáticas de su prestigioso elenco de actores. Con esto no se pretende desmerecer el trabajo del director Pierre Schoeller, sino simplemente recordar que el cine es (debería ser) otra cosa.

A buen seguro que los profesores de Historia, a la hora de ilustrar en sus clases lo que supuso la Revolución Francesa, sacarán un enorme partido de los vehementes discursos de Robespierre (Louis Garrel) o de Marat (Denis Lavant) en la recién inaugurada Asamblea Nacional. Pero, aun así, el simple espectador, el cinéfilo que, todavía en 2019, se adentra en la penumbra de la sala de proyecciones en busca de un ápice de verdad, difícilmente puede, tras dos horas de recreación reverencial y marmórea, salir del todo satisfecho.

Louis Garrel caracterizado como Robespierre


Hay, eso sí, determinados momentos en los que se produce algún que otro hallazgo. Como la escena en la que los protagonistas, miembros del Tercer Estado, contemplan absortos la demolición de la Bastilla: al sentir sobre sus rostros los rayos de sol, hasta entonces ocultos por las torres de la fortaleza, experimentan una fascinación similar a la de los simios de 2001 frente al monolito. Un influjo, el de Kubrick, que, por extraño que parezca, volvemos a percibir en escenas de interior, iluminadas con velas, un poco a lo Barry Lyndon. A fin de cuentas, ¿no fue precisamente Kubrick quien pasó décadas preparando un megalómano proyecto, que nunca llegaría a materializarse, sobre Napoleón?

Titular Un pueblo y su rey una película que versa, entre otras cosas, sobre la ejecución de Luis XVI deja la puerta abierta a posibles interpretaciones sobre la simpatía que, a día de hoy, algunos franceses puedan sentir hacia la figura del monarca guillotinado. En cualquier caso, las calles de París se llenan últimamente de otro tipo de "revolucionarios", los gilets jaunes ("chalecos amarillos") cuyas reivindicaciones, como las de los sans culottes de hace más de dos siglos, aspiran a saciar la sed de justicia social de los sectores más desfavorecidos de la sociedad.


martes, 28 de agosto de 2018

Rodin (2017)




Director: Jacques Doillon
Francia/Bélgica, 2017, 119 minutos

Rodin (2017) de Jacques Doillon


Lo que, en un principio, debía ser un documental sobre Auguste Rodin (1840-1917), con motivo del centenario de la muerte del artista, ha terminado siendo un biopic protagonizado por Vincent Lindon. Y compruebo, no sin cierto estupor, que en IMDB, tras haberla valorado 745 usuarios, apenas recibe un mísero 4,7. Vamos a ver: ya se sabe que en este tipo de cintas se corre el riesgo de que lo histórico acabe fagocitando lo cinematográfico; que Lindon no es un intérprete que despierte excesivas simpatías entre ciertos sectores del público y de la crítica; que la puesta en escena que ha llevado a cabo el realizador Jacques Doillon resulta, como suelen decir los que siempre tienen prisa, lenta... Pero de ahí a cargársela sin contemplaciones hay (o debería haber) una gran diferencia.

En cualquier caso, y a pesar de que su recepción esté siendo tan pésima, merece la pena destacar dos aspectos de Rodin: uno sería la fotografía de Christophe Beaucarne, opaca y algo melancólica, pero precisamente por ello capaz de transmitir el estado anímico de los personajes; el otro es la banda sonora compuesta por Philippe Sarde, una partitura de cámara que es la idónea para cierta idea de austeridad que flota en el ambiente.



Le sobrará, es verdad, el enfoque un tanto morboso de la relación que el escultor mantuvo con Camille Claudel (Izïa Higelin), de las disputas con su compañera (Séverine Caneele) o de ciertos escarceos sexuales con sus modelos. Tal vez se pase de puntillas sobre la amistad que le unió al poeta Rilke o la presencia de otras personalidades (Mirbeau, Monet, Cézanne...) queda, a lo mejor, un poco diluida.

Pero, en cambio, Doillon, cineasta veterano y sensible, acierta de lleno cuando muestra al protagonista en plena naturaleza, palpando la corteza de los árboles, abrazando su tronco, en busca de la inspiración que sólo la tierra podía brindarle. Poco a poco, las obras maestras de Rodin irán cobrando vida: La puerta del Infierno, Los burgueses de Calais, el Monumento a Balzac... ¿Por qué acabar la película en Japón, en el Museo al aire libre de Hakone, donde grupos de escolares juegan a los pies de una de sus esculturas? Pues quizá para remarcar la trascendencia de un legado cuya magnitud pervive en todo el mundo, aunque es probable que, también en esto, los detractores de la película verán un añadido gratuito.


lunes, 11 de julio de 2016

Un amor de verano (2015)




Título original: La belle saison
Directora: Catherine Corsini
Francia/Bélgica, 2015, 105 minutos

Un amor de verano (2015)

Nous, qui sommes sans passé, les femmes,
Nous qui n'avons pas d'histoire,
Depuis la nuit des temps, les femmes,
Nous sommes le continent noir.

Debout, femmes esclaves,
Et brisons nos entraves
Debout ! Debout ! Debout !

Que nadie se llame a engaño: a pesar de lo que pueda parecer viendo el cartel de la película, la historia de Carole y Delphine tiene poco de la morbosidad que rodeó al estreno de La vida de Adèle. En La belle saison, en cambio, lo que prima es el componente feminista, la recreación histórica de los movimientos de liberación de la mujer en la Francia del 71, al compás de proclamas como "mon corps m'appartient !" En ese sentido, puede ser calificado de filme de época y engagé a partes iguales. Posee, además, el atractivo de trasladar dicho espíritu reivindicativo al ámbito rural, a menudo ajeno a determinadas protestas que se desarrollaron esencialmente en los ambientes universitarios parisinos.

"Debout ! Debout ! Debout !"


Desde el principio, la relación que mantienen las protagonistas está condenada a fracasar, puesto que tanto la una como la otra pertenecen a mundos radicalmente opuestos: ni Delphine (Izïa Higelin) está dispuesta a deshacerse de la granja familiar ni Carole (Cécile de France) a cohibir ciertos impulsos a los que sería más fácil dar rienda suelta en la capital. Pero quizá por eso mismo se atraen. En ese aspecto, son más bien los convencionalismos sociales de sus respectivos entornos los que acabarán lastrando su historia de amor.

Sobre todo en el caso de Delphine, quien deberá hacer frente a la enfermedad de su padre y a la incomprensión de su madre (Noémie Lvovsky) y de sus vecinos. Carole es, por contra, quizá un poco más libre, aunque deberá superar igualmente el mal trago de dejar a su compañero Manuel: alguien muy progre en lo político, pero extremadamente retrógrado en lo sentimental.

Hay, a pesar de todo y siempre dentro de la lógica combativa de la película, una nota de esperanza al final de la misma, ya que, si bien cada una seguirá caminos separados, al menos ambas se habrán influido mutuamente: cinco años más tarde, Carole ha aceptado su verdadera sexualidad y Delphine, lejos de sucumbir al tradicionalismo de su aldea, ha sido capaz de independizarse.

Carole (Cécile de France) y Delphine (Izïa Higelin)

lunes, 16 de marzo de 2015

Samba (2014)




Directores: Olivier Nakache y Éric Toledano
Francia, 2014, 120 minutos

Samba (2014) de Nakache y Toledano


La más reciente película de los directores Olivier Nakache y Éric Toledano fue la encargada de cerrar la última edición del Festival de cine de San Sebastián. Cuenta la historia del senegalés Samba Cissé (Omar Sy), quien lleva una década viviendo en Francia, tiempo durante el cual se ha visto obligado a desempeñar empleos modestos de todo tipo. En cambio, Alice (Charlotte Gainsbourg) es una ejecutiva que tuvo que abandonar su trabajo debido a una crisis de estrés que le hizo agredir a uno de sus compañeros.

Ambos se conocen en una oenegé dedicada a ayudar a inmigrantes, en la que ella participa como voluntaria con la finalidad de ir poco a poco recuperando su autoestima y adonde él acude dispuesto a hacer lo que haga falta con tal de conseguir regularizar su situación en el país galo. De modo que tanto Samba como Alice tienen en común su afán por superar sus respectivos baches vitales. Por eso, entre ellos acabará germinando un idilio tan sincero y tierno como de consecuencias imprevisibles.

La otra pareja del film es la formada por Manu (la compañera de Alice en la oenegé, interpretada por Izïa Higelin) y Wilson (el pseudobrasileño al que da vida el actor Tahar Rahim).



Sea como fuere, lo cierto es que Samba no acaba de convencer. Es una de aquellas películas en las que uno se pasa todo el rato esperando que suceda algo que no llega a ocurrir nunca del todo. Y ello sea debido quizá a dos factores: el primero es que nos repitieron tantas veces, por activa y por pasiva, que Intocable era una gran película que finalmente la idea acabó por arraigar, de tal manera que ahora todo el mundo espera que Nakache y Toledano vuelvan a repetir el mismo éxito con cada uno de los filmes que estrenen en lo sucesivo. El otro motivo es de una contundencia sin ambages: la historia explicada en Samba no se aguanta por ninguna parte de lo inverosímil que resulta. No solo es superficial sino que ni Tahar Rahim es creíble como seductor carioca ni nadie se cree que la ejecutiva Alice se prende del inmigrante ilegal (por más que la campaña promocional insista en que el guion está basado en los hechos reales que vivió la novelista Delphine Coulin).

Moraleja: los taquillazos no siempre se pueden fabricar. Afortunadamente.

Los directores junto a Sy y Rahim