martes, 11 de agosto de 2020

Ladrón de bicicletas (1948)




Título original: Ladri di biciclette
Director: Vittorio De Sica
Italia, 1948, 89 minutos

Ladrón de bicicletas (1948) de Vittorio De Sica

A pesar de las muchas penalidades que atosigan a Antonio Ricci y a su familia, un rayo de esperanza parece iluminar su aciago destino cuando el hombre obtiene el ansiado empleo (enganchando carteles por las calles) y, lo que es más importante, la bicicleta que es condición sine qua non para que pueda ejercerlo. En esto último juega un papel providencial el buen hacer de su esposa Maria, quien no duda en empeñar las sábanas de su propio ajuar para poder retirar el vehículo de dos ruedas de la casa de empréstitos que momentáneamente se lo había quedado.

Pero nunca dura demasiado la alegría en casa del pobre y, ya en su primera jornada de trabajo, Antonio ve con impotencia cómo le roban ante sus mismas narices el preciado medio de transporte. Comienza entonces una odisea de Antonio y su hijito Bruno a lo largo y ancho de la ciudad que es el verdadero intríngulis de la película, amén de pretexto mediante el que el guionista Zavattini aprovecha para mostrar la cara más desoladora de los ambientes humildes de la capital italiana en plena posguerra.



Contundente y entrañable, Ladri di biciclette (1948) ocupa por derecho propio un lugar destacado entre los títulos más representativos del neorrealismo y aun de la historia del cine. Y lo hace con la sencillez de un relato clásico en cuyo desarrollo intervienen elementos procedentes de la picaresca, con ribetes de episodio homérico y hasta cervantino, mezclados con la denuncia social propia de una coyuntura en la que el PCI aglutinaba las voces más críticas contra la miseria imperante entre las clases subalternas.

Una fórmula que hace de la necesidad virtud, siendo la intervención de actores no profesionales y el rodaje en plena calle sus principales señas de identidad, y a la que De Sica volvería a recurrir en años sucesivos para la realización de obras maestras de la trascendencia de Umberto D (1952). Sin embargo, la amenaza de indigencia a la que, a falta de la ansiada bicicleta, se ven abocados padre e hijo pone de manifiesto la profunda injusticia de un sistema en el que, con tal de sobrevivir, los obreros se ven obligados a robarse los unos a los otros.


10 comentarios:

  1. Como has bien dicho, todo un símbolo del cine italiano; una historia muy real, de un recordado y grande como fue Vittorio De Sica.

    Una vez más me quito el sombrero ante tu reseña, por calidad y calidez... y, aunque parezca un poco “loco”, por momentos me parecía leerte en italiano... “fare de necessità virtù”...

    Besos.

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  2. Hola Juan!
    En mi enfermiza obsesión por las localizaciones busque alguna en un viaje a Roma hace ya algunos años, en concreto recuerdo donde tiene lugar la escena en la que hablan padre e hijo sobre el futbol, creo recordar que es en el margen del rió, una acera donde se paran a charlar. Por cierto, en Roma me sorprendió ver algunos carteles que informaban precisamente sobre rodajes o escenas de películas.
    Creo haber leído que la película no gusto en ciertos círculos, al Vaticano le molesto y también provoco cierta incomodidad a sectores de la izquierda, guardaba algún articulo sobre esto pero los tengo perdidos.
    Son muchísimas las escenas a destacar, pero solo por poner un par de ejemplos, el momento cuando van a empeñar el juego de cama me parece impresionante, luego esta ese mercado de las bicicletas...
    Sin lugar a dudas una de las grandes películas de siempre.
    Saludos!

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    1. Puede que en el momento de su estreno no gustase demasiado en los ambientes pontificios, pero hoy, sin embargo, forma parte de las películas que el Vaticano recomienda por sus valores cristianos. En fin: vivir para ver...

      Saludos.

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  3. no sabía su argumento, me gustó como lo contaste... dan ganas de verla... saludos

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    1. Gracias, JLO: de hecho, es una de esas películas que hay que haber visto alguna vez en la vida, sí o sí.

      Saludos.

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  4. Una película esencial. Me gusta más que "Umberto D", cuyo final busca la lágrima del espectador con demasiado descaro.

    Un abrazo.

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    1. Pues fíjate que a mí me hace más tilín "Umberto D": cuestión de gustos.

      Un abrazo.

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  5. Recuerdo que la vi hace mucho, me la encajaron para ver en una materia. Y recuerdo que me había impactado, no porque tuviera un guión brillante, sino por los climas, los sentimientos de los personajes.
    Recuerdo que me había dejado esa sensación de anarquía en la clase obrera, pero a la vez el hijo juega el papel de la siguiente generación. La que luego de dejar atrás la posguerra se encargaría de "juzgar" esos actos. Ya no iban a ser tan inocentes.

    Además las escenas de la calle (no me acurdo bien pero creo que había hinchadas de fútbol yendo al estadio) me recordaba mucho lo que pasó luego acá, en Buenos Aires décadas después.

    Abrazo Juan!

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    1. Haces bien en comparar Italia con la Argentina, dada la enorme cantidad de ciudadanos de esa región que en su día emigraron a Buenos Aires y otras regiones de tu país. De hecho, cuando, siendo adolescente, visité Nápoles, al oírme hablar en castellano todo el mundo me preguntaba si era argentino.

      Gracias por tu comentario y hasta pronto.

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