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lunes, 28 de febrero de 2022

Gente en sitios (2013)




Director: Juan Cavestany
España, 2013, 79 minutos

Gente en sitios (2013) de Juan Cavestany


Escenas inconexas de la vida cotidiana con un ligero toque de humor absurdo: casi una década después del estreno de Gente en sitios (2013) la película del madrileño Juan Cavestany mantiene intacta la chispa que en su momento la hizo convertirse en título de culto del cine español de los últimos años. La fórmula, consistente en reclutar a lo bueno y mejor de entre los intérpretes nacionales para rodar, a salto de mata, un proyecto alternativo, coral y sin un argumento definido, dio sus frutos en forma de premios y éxito de crítica.

Procedente del mundo teatral, Cavestany coquetea en su puesta en escena con un abanico de posibilidades que van desde el simple gag (el tipo que acaba en el interior del maletero de un coche; el padre obligado por un cámara de televisión a repetir, una y otra vez, cómo recoge a su hijo de la guardería...) hasta intrincadas e inquietantes atmósferas a lo David Lynch. No en vano, una de las secuencias ("El puente") está basada en un relato de Kafka.



Por momentos se roza, asimismo, el suspense de un cuento de terror, como en el caso de la joven pareja (Irene Escolar y Martiño Rivas) que se ve envuelta en los extraños tejemanejes de un falso agente inmobiliario (Ernesto Alterio), aunque hay también espacio para la disertación filosófica gracias a la presencia de un por entonces desconocido Juan Carlos Monedero, quien habla de esto, de lo otro y de lo de más allá desde el asiento trasero de un taxi.

¿Y qué decir de la esposa desconsolada (Nuria Gallardo) que opta por un trasplante de rostro para llamar la atención de su marido? ¿O de la pareja que acude a la consulta de un cirujano plástico interesándose por unos implantes mamarios? ¿Qué, pensar, por último, de esos tipos que han olvidado cómo se camina, cómo beber de un vaso o simplemente cómo conciliar el sueño? ¿De verdad estamos ante una comedia? ¿O se trata, más bien, de un filme tan espeluznante como la vida misma?



sábado, 1 de febrero de 2020

Te quiero, imbécil (2020)




Directora: Laura Mañá
España, 2020, 86 minutos

Te quiero, imbécil (2020) de Laura Mañá

Compuesto y sin novia, Marcos es, a sus 35 años, un individuo en plena crisis existencial. Una especie de Woody Allen de la Generación Y que nos habla directamente mirando a cámara mientras asistimos a su calamitosa experiencia con las aplicaciones para ligar. Alguien pasado de moda, inseparable de sus vinilos, camisas de cuadros y/o camisetas de Nirvana, que cree que hallará la respuesta a sus múltiples cuitas en Google, a través de los consejos de un gurú virtual de pacotilla (Ernesto Alterio) que difunde sus "sabias" enseñanzas desde un canal de YouTube.

Fiel al estilo que destilan todas sus películas, la nueva comedia de Laura Mañá contiene algunos de los elementos habituales de su cine, desde esa concepción tan desinhibida de la sexualidad y las relaciones de pareja que estaba ya presente en Sexo por compasión (2000), su debut como directora, hasta la frescura de los diálogos, directos y mordaces al igual que los de La vida empieza hoy (2010).



Título, este último, al que remiten algunas situaciones de Te quiero, imbécil, como la condición de desubicado de su protagonista (Quim Gutiérrez), forzado a volver a casa de sus padres de la misma manera que el abuelo argentino se plantaba un buen día, en aquella otra película, en el apartamento de su hijo y de su nuera.

Y es que ser hombre en el siglo XXI no parece tarea nada fácil. Sobre todo desde que, si uno quiere estar a la altura, parece que sea obligatorio depilarse el cuerpo, llevar jerséis de la talla S o pantalones tan estrechos que dificultan la circulación en las piernas... Pero el azar hará de las suyas y una antigua compañera de instituto (Natalia Tena) se cruzará en el camino de Marcos para aportarle la dosis de sentido común que tanta falta le estaba haciendo.


miércoles, 6 de junio de 2018

El método (2005)




Director: Marcelo Piñeyro
España/Argentina/Italia, 2005, 115 minutos

El método (2005) de Marcelo Piñeyro


Bon dia i benvinguts. Com ja els vam avançar, aquesta és la darrera fase del procés de selecció per accedir al càrrec de director comercial de Dekia. Vostès són els últims aspirants. Sabem que aquesta no és una prova habitual. Seguim el protocol establert per la nostra central a Suècia. Si en algun moment consideren que alguna de les propostes que els farem no és acceptable per a vostès poden abandonar el procés. La porta és oberta. Si surten d'aquesta sala, però, sigui pel motiu que sigui, entendrem que renuncien a continuar aspirant al càrrec.

Jordi Galceran
El mètode Grönholm

Recuerdo que un grupo de profesores fuimos a ver El mètode Grönholm al teatro Poliorama el 16 de diciembre de 2005 y que al día siguiente, sábado, le tocó el turno a la película, esta vez en el cine Boliche. Es más: años después, con motivo de su reposición, volvería a ver la obra el 3 de febrero de 2011, ahora con alumnos y de nuevo en el Poliorama.

Lo curioso del caso es que, en aquel entonces, la adaptación cinematográfica no me acabó de convencer, quizá porque, teniendo tan reciente el montaje teatral, uno tiende sin darse cuenta a comparar. Sobre todo tratándose de dos planteamientos tan distintos. Efectivamente, mientras el texto de Jordi Galceran, a pesar de la profundidad implícita en su análisis de los competitivos procesos de selección, no deja de ser una comedia, la película del argentino Marcelo Piñeyro, en cambio, es mucho más despiadada.



Revisada al cabo de los años, sin embargo (y ya sin el condicionante del modelo que la inspiró), compruebo con satisfacción que El método, como el buen vino, ha ganado enteros. De entrada, por haber sabido anticipar no sólo la crisis económica, sino los movimientos ciudadanos de protesta, que en el filme aparecen como trasfondo y que, en la vida real, no cuajarían hasta el 15-M de seis años más tarde. Pero también, y de un modo especial, porque los siete candidatos están magistralmente interpretados por un elenco de actores bastante notable.

Que, como suele suceder con todas las historias que transcurren en el interior de una sala cerrada a cal y canto donde un grupo de personas debe tomar una decisión, terminan por recordarnos a los Doce hombres sin piedad (1957) de Sidney Lumet. O incluso, aunque menos, a aquellos Diez negritos de Agatha Christie, por el hecho de que los aspirantes van siendo gradualmente eliminados. De cualquier modo, la competitividad y la acritud a la que deben hacer frente para ocupar un puesto ejecutivo en Dekia, lo mismo en 2005 que en 2018, no sólo mantiene su vigencia, sino que sigue dando pie a filmes similares, como la francesa Corporate que ayer ya tuvimos ocasión de comentar en la entrada anterior.


martes, 27 de diciembre de 2016

Rumbos (2016)




Directora: Manuela Burló Moreno
España, 2016, 93 minutos

Rumbos (2016) de Manuela Burló Moreno


Parece lógico que una película coral, cuya acción transcurre simultáneamente en distintos lugares de Barcelona, lleve por título Rumbos: son los caminos de cada personaje, destinados a converger en un mismo punto. Aunque, a decir verdad, no todas las historias merecen la misma credibilidad. Y no lo decimos por Pilar López de Ayala (Lucía) y Miki Esparbé (Iván), que están muy bien en su rol de pareja con crisis repentina (a él le da por decir que Lucía no está realmente enamorada, que parece que todo le da igual...) Con ellos cae la primera ficha de un dominó cuyas consecuencias repercutirán a lo largo y ancho de toda la ciudad.

Pilar López de Ayala (Lucía): compuesta y sin novio

En cambio, a Karra Elejalde haciendo de taxista enamoradísimo de su mujer como que no... Con esa cara de sátiro que va muy bien para personajes con apellido vasco, pero que aquí... Que no, que no me lo creo: ya está. Y podríamos decir lo mismo de Ernesto Alterio haciendo de conductor de ambulancia: son actores a los que estamos tan acostumbrados a verlos en papeles de cínico que, de repente, escucharlos decir cursiladas romanticonas con cara de cordero degollado nos suena a chiste. El problema es que hablan en serio...

Aunque, volviendo a lo que es estrictamente la película, hay que señalar que nos ha recordado un poco, salvando las distancias, claro, a la Babel que González Iñárritu firmó (y filmó) hace ya diez años. Sólo que, en vez de a escala planetaria, los hechos suceden a escala barcelonesa. Por otra parte, es muy original diversificar una historia para que la acción se desarrolle en un taxi, un autobús, una ambulancia, un camión y dos turismos (¡vaya hombre: se han dejado la moto...!) Con esos planos aéreos nocturnos rodados mediante dron que hacen que la peli gane en intensidad dramática. Y la voz de Julia Otero sonando en la radio de madrugada como nexo en el que se engarzan las diferentes tramas. Mola.

En cuanto a lo de Carmen Machi como prostituta de carretera que se zampa una caja de bombones derretidos en la cabina de un tráiler, no acabamos de tener una opinión del todo formada: habrá quien diga que la actriz está soberbia (y tendrá razón) y habrá quien considere que la situación, con un Fernando Albizu coladísimo por ella, y, sobre todo, su desenlace carecen de verosimilitud (y también será un poco cierto). Así que mejor no pronunciarse al respecto y que cada cual opine lo que quiera.