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sábado, 19 de julio de 2025

El zurdo (1958)




Título original: The Left Handed Gun
Director: Arthur Penn
EE.UU., 1958, 103 minutos

El zurdo (1958) de Arthur Penn


Después de haberse formado en el ámbito televisivo, el director Arthur Penn (1922-2010) debutaba en el cine con el wéstern The Left Handed Gun (1958), una película de la que finalmente no quedaría del todo satisfecho. La razón habría que buscarla en los métodos de producción de una industria para la que el criterio de los cineastas apenas si contaba, motivo por el que los ejecutivos de la Warner dejaron a Penn al margen del proceso de montaje, así como de la elección del final.

Tampoco el guionista Gore Vidal la tenía en mucha estima, aunque en su caso la razón era más de índole personal, ya que no le sentó del todo bien que se le encargase a Leslie Stevens la reescritura de un libreto que previamente había servido de base para el telefilme The Death of Billy the Kid (1955), también protagonizado por Paul Newman.



Se ha comentado a menudo la inconveniencia de escoger a dicho actor para el papel principal (en un principio era James Dean el candidato, fallecido dos años antes en accidente automovilístico), considerando que Newman ya rebasaba por aquel entonces la treintena. Pero aunque Billy el Niño fuese originalmente un chaval de apenas dieciocho primaveras, lo cierto es que Newman, gracias a la destreza adquirida tras su paso por el Actor's Studio, supo dotar al personaje de una inusual carga psicológica que le venía muy bien para reflejar el carácter atormentado del mismo.

El ya mencionado Gore Vidal afirmó en su día, quizá cargado de razón, pero también de bastante mala leche, que éste era el tipo de película que sólo podía gustar a los franceses... Lo cual fue hasta cierto punto cierto si se tiene en cuenta que en América cosechó un auténtico fracaso de taquilla, mientras que la crítica europea contribuyó a ensalzar la celebridad de una cinta que reinventaba a Billy the Kid no como una figura histórica precisa, sino como un joven problemático e inadaptado, sediento de venganza, que no logra integrarse en una sociedad deliberadamente cruel con los que son diferentes.



domingo, 2 de febrero de 2020

Roma (1972)




Director: Federico Fellini
Italia/Francia, 1972, 120 minutos

Roma (1972) de Federico Fellini


¿Qué siento cuando oigo la palabra "Roma"? Me lo he preguntado con frecuencia, y más o menos lo sé. [...] Roma es una ciudad horizontal, de agua y de tierra, tumbada, y por tanto es la plataforma ideal para llevar a cabo vuelos fantásticos con la tranquilidad que procura un cordón umbilical que se mantiene firmemente anclado a lo concreto. Puesto que Roma es una madre, la madre ideal, porque es indiferente.

Federico Fellini
La dulce visión
Traducción de Regina López Muñoz

Basta una sola palabra para llenar la pantalla durante los títulos de crédito iniciales: el poder evocador de Roma alcanza hasta la recóndita Rímini, donde un hito medio derruido por la desidia y el tiempo marcaba la distancia que separaba al villorrio de la capital del Estado. Una vez más en primera persona, nos cuenta Fellini cómo el maestro de escuela, emulando a César, hacía cruzar el Rubicón a sus discípulos. Recuerdos remotos de una infancia marcada por la retórica fascista que el cineasta rememora, al cabo de los años, entremezclados de nostalgia y de leyenda.

Roma representa para Fellini, y aun para tantos hombres de su generación, el rito iniciático de cualquier joven que, recién llegado de la provincia, aspira a labrarse una carrera no sin antes degustar los placeres ocultos (y a menudo prohibidos) que le aguardan en la urbe milenaria. Memorias tristes de lupanares sórdidos o bulliciosos patios de vecinos en los que la algarabía de sus residentes se confunde, aquí y allá, con fragmentos de algún discurso del Duce, retransmitido con efusiva pompa por la radio oficial.



Son también los inmundos locales de varietés, cuyo espectáculo más sugestivo no radica tanto en las mediocres actuaciones que se suceden monótonamente sobre el escenario, sino en un patio de butacas habitado por camorristas ávidos de jarana a costa de los pobres comediantes o, si se tercia, hasta de la propia concurrencia que abarrota la sala.

Anécdotas y remembranzas que culminan en el éxtasis del onírico desfile de modas para la curia pontificia al completo, con la aparición estelar, cual Deus ex machina, del Santo Padre. Secuencia que a menudo ha eclipsado el verdadero espíritu de la película: ¿qué queda de la Ciudad eterna? ¿Son esos jóvenes melenudos que ocupan sus plazas y con los que conversa el director los nuevos romanos? ¿Qué destino inquietante aguarda a la atronadora horda de motoristas que invade sus calles en la última escena?


miércoles, 27 de julio de 2016

De repente, el último verano (1959)




Título original: Suddenly, Last Summer
Director: Joseph L. Mankiewicz
EE.UU., 1959, 114 minutos

De repente, el último verano (1959) de J.L. Mankiewicz


Palabras mayores: una película cuyos protagonistas demuestran poseer una psicología densa y compleja. En realidad, todo ello obedece a un subterfugio de guionistas y productores para evitar la estricta censura del Código Hays. Porque de lo que habla en realidad Suddenly, Last Summer (1959), aunque el término no se llegue a mencionar en ningún momento, es de homosexualidad. Puede que hasta de relaciones incestuosas. Y de cómo la madre y la prima del malogrado Sebastian le proporcionaban contactos durante sus viajes...

Tiene la historia, como todo lo concebido por Tennessee Williams, un halo impenetrable de trauma no resuelto, máxime si su colaborador en esta ocasión fue Gore Vidal. De ahí que las alusiones al canibalismo y otros extraños elementos presentes en el relato de la atormentada Catherine (Elizabeth Taylor) deban ser interpretados, en realidad, en clave sexual.



Pero es que el reparto también se las trae: Clift, Taylor, Hepburn... Apellidos con tanto peso como los traumas que martirizan a los personajes que interpretan: trastornos obsesivos que sólo podrán ser curados gracias a las lobotomías que practica el dulce doctor Cukrowicz (su apellido significa "azúcar" en polaco).

Un aire de pesadilla flota en el sanatorio de Nueva Orleans en el que transcurren los hechos, pero también en la mansión de la viuda Violet Venable: es antológica la escena en la que la vieja dama desciende de las alturas en un ascensor, siempre hablando antes de que los demás la vean...

Algunas secuencias de De repente, el último verano se rodaron en la Costa Brava, concretamente en Begur y S'Agaró, y otras en Mallorca, aunque en la ficción representa que se encuentran en un lugar llamado Cabeza de Lobo, donde el sol abrasa con el mismo brío que el hambre que azuza a las cuadrillas de muchachos.