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jueves, 25 de diciembre de 2025

El huésped de las tinieblas (1948)




Director: Antonio del Amo
España, 1948, 109 minutos

El huésped de las tinieblas (1948) de Antonio del Amo


Un cartel tras los créditos iniciales de El huésped de las tinieblas (1948) nos advierte que "Esta película no es una biografía de Gustavo Adolfo Bécquer, sino una interpretación fantástica de los sueños atormentados y sublimes del gran poeta sevillano". Lo cual queda sobradamente demostrado conforme avanza la trama, según guion de Manuel Mur Oti, y nos encontramos con un drama histórico que apenas toma como pretexto la figura del escritor. En ese sentido, los hechos recreados obedecen a una pura ficción, si bien el tono novelesco que se respira de principio a fin de la cinta conecta de pleno con la imagen idealizada que habitualmente se tiene del autor de las Rimas.

No faltan, a este respecto, elementos típicamente románticos, como ese duelo del principio que dará pie, acto seguido, a que el protagonista conozca y caiga perdidamente enamorado de la bella Dora (Pastora Peña). Por descontado, se trata de un amor imposible, ya que él está casado con Casta Esteban (María Carrizo) y ella es la prometida del lord inglés Arthur Arlen (Tomás Blanco), de modo que el poeta se retira al monasterio de Veruela donde, además de respirar los aires del Moncayo y hacerse amigo del padre Diego (Nicolás Perchicot), termina sucumbiendo a ardientes delirios en los que llega a ver su propio entierro.



En esa misma línea, son varios los versos y lugares comunes que se citan a lo largo de la película, como por ejemplo la célebre rima LII ("Olas gigantes que os rompéis bramando / […] ¡llevadme con vosotras!"), mientras en pantalla (recurso manido donde los haya) aparecen sobreimpresionadas imágenes de archivo de un mar embravecido y palmeras abatidas por el vendaval, o aquello tan típico de "¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas...?", perteneciente a la rima XXI.

La dirección de Antonio del Amo, elegantemente adornada con la fotografía en blanco y negro de Manuel Berenguer y la banda sonora, con coros y gran orquesta, de Jesús García Leoz, responde a los parámetros habituales de lo que era una producción cinematográfica de estas características en la España de finales de los cuarenta. De ahí ese tono grandilocuente de exaltación continua que convierte a Bécquer (interpretado por Carlos Muñoz) en prácticamente un mártir elevado a los altares.



domingo, 16 de mayo de 2021

El fantasma de la libertad (1974)




Título original: Le fantôme de la liberté
Director: Luis Buñuel
Francia/Italia, 1974, 104 minutos

El fantasma de la libertad (1974) de Luis Buñuel


La película, muy ambiciosa, difícil de escribir y de realizar, me pareció un poco frustrante. Inevitablemente, ciertos episodios predominan sobre otros. Pero, de todos modos, sigue siendo una de las películas mías que prefiero.

Luis Buñuel
Mi último suspiro
Traducción de Ana Mª de la Fuente

Toledo, 1808. Un grupo de condenados a muerte espera impasible ante el pelotón de fusilamiento. "¡Vivan las caenas!", grita uno de ellos justo antes de que la escuadra napoleónica abra fuego. En los rostros de esos cuatro desgraciados el espectador atento reconocerá al propio Luis Buñuel, el productor Serge Silberman, José Luis Barros y José Bergamín. La acción, tal y como se señala previamente en un rótulo en los créditos iniciales, está basada en una leyenda de Bécquer ("El beso", para ser exactos), si bien ello es sólo el punto de partida de una mezcolanza tan insólita como a veces divertida.

Le fantôme de la liberté (1974) supuso la enésima (y penúltima) recreación de algunos de los lugares comunes más gratos al cineasta aragonés. Con especial predilección hacia aquellos que ya estaban presentes en su anterior filme (Le charme discret de la bourgeoisie, 1972). Por ejemplo, la breve aparición de Michel Piccoli, en un papel prácticamente calcado, o la escena del francotirador que encañona a sus víctimas desde lo alto de un rascacielos y que remite a una similar imagen con Fernando Rey como protagonista.



Por lo demás, el título de la película procede del inicio del Manifiesto comunista ("Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo..."), aunque el concepto de libertad, en este caso y desde una óptica buñueliana, aludiría no tanto a lo político, sino más bien a la libertad creadora del autor, siempre ávido de despojarse de todas aquellas cortapisas que limitan la expresión de su mundo interior.

No puede negarse que un aire inequívoco de comedia preside buena parte de lo que aquí se muestra, desde el hostal de carretera en el que se hospeda el personaje interpretado por Milena Vukotic hasta la loca academia de policía cuyos gendarmes sabotean la clase del pobre profesor que intenta enseñarles la relatividad de las costumbres y las leyes. Y lo mismo pudiera decirse de los padres que denuncian la desaparición de una niña que no ha desaparecido o de los burgueses que defecan en grupo y comen a solas. "El mundo está loco", parecen decirnos Buñuel y Carrière, de modo que la acción sólo podía acabar en un zoológico, bajo la atenta mirada de un emú y con el ruido de fondo de las mismas ráfagas que un lejano día de 1808 asolaron Toledo.



viernes, 3 de noviembre de 2017

El concilio de los pájaros (2014)




Título original: Zerrumpelt Herz
Director: Timm Kröger
Alemania, 2014, 81 minutos

El concilio de los pájaros (2014) de Timm Kröger

Yo sé un himno gigante y extraño
que anuncia en la noche del alma una aurora...

Bécquer

1929. Una cabaña perdida en las profundidades de un recóndito bosque. El matrimonio Leinert y su amigo Willi Krück se adentran en la espesura en busca de Otto Schiffmann, un compositor que vive desde hace algún tiempo retirado del mundanal ruido, buscando inspiración en la naturaleza y el melodioso canto de los pájaros para componer su ambiciosa sinfonía. Pero al llegar allí no hay ni rastro de él...

En Zerrumpelt Herz se respira un ambiente de silencios prolongados y misteriosa quietud que se realza mediante el uso puntual de la música de Wagner y Mahler. Es, a la vez, una película de suspense y de época. Pese a lo cual, cuando finalmente aparezca Otto ni se desvelará el enigma ni dispondremos de mayor indicio para comprender el porqué de su extraña conducta.



Todo lo más, se desprende una vaga idea de panteísmo en una historia que Timm Kröger y su guionista Roderick Warich no han sabido resolver. La presentan con mucho brío, eso es cierto, pero luego se pierden en la mística del individuo frente a los árboles, del artista que se funde con la naturaleza tras penetrar sus arcanos. Para acabar desembocando en el topicazo del Adagietto de la Quinta de Mahler, cuya majestuosa languidez quedó para siempre ligada a la Muerte en Venecia de Visconti.

Quizá, nos atrevemos a sugerir, el conjunto habría salido ganando si se hubiese prescindido de cualquier tipo de banda sonora (en especial de partituras de tradición romántica excesivamente manidas), de modo que el gorjeo de las aves cobrase el protagonismo que, a juzgar por el título del filme, debiera tener.


martes, 8 de agosto de 2017

La tortuga roja (2016)




Título original: La tortue rouge
Director: Michael Dudok de Wit
Francia/Bélgica/Japón, 2016, 77 minutos

La tortuga roja (2016)


Los cuerpos inertes yacen sobre la arena. Bocanadas de color lo inundan todo y, de noche, las estrellas. La brisa mece las hojas en un bosque de bambú. Él es un náufrago. Ella, quizá una tortuga; tal vez mitad sirena mitad mujer. Un hijo vendrá. Todo es silencio. Y el tiempo que pasa al compás de las olas, cumpliéndose un ciclo...

Filme de rara belleza, la lógica de La tortuga roja es la de la poesía y los sueños: como si en El rayo de luna, la leyenda de Gustavo Adolfo Bécquer, el protagonista hubiese conseguido dar alcance a la mujer de singular belleza que creyó ver flotando en el fondo de una alameda durante apenas un instante. O como en las Soledades de Góngora, de cuyo náufrago también desconocemos la identidad y su pasado.



Sin embargo, una película como ésta no sale de la nada, sino que viene de unos referentes fácilmente reconocibles. Así, por ejemplo, al toque oriental de los coproductores japoneses se suma un cierto parecido con La isla desnuda de Kaneto Shindô, donde, igual que aquí, la acción transcurría en una isla y no había diálogo, además de que los protagonistas trabajaban denodadamente para sobrevivir con esfuerzos equiparables a los del náufrago construyendo balsas. Aunque sería, asimismo, posible encontrar un eco de Robinson Crusoe y hasta de Thoreau, ahora que tanto se habla del regreso a la naturaleza por él propugnado.

Vale la pena, por último, destacar el espléndido trabajo realizado por Laurent Pérez del Mar componiendo una banda sonora de delicada belleza, capaz de emular, en su plenitud orquestal, la compleja sencillez del elegante estilo de animación tan característico de Studio Ghibli.


miércoles, 6 de julio de 2016

¿Ángel o diablo? (1945)




Título original: Fallen Angel

Director: Otto Preminger
EE.UU., 1945, 98 minutos

¿Ángel o diablo? (1945) de Otto Preminger

    XI
—Yo soy ardiente, yo soy morena,
yo soy el símbolo de la pasión,
de ansia de goces mi alma está llena.
¿A mí me buscas?
                                        —No es a ti, no.
—Mi frente es pálida, mis trenzas de oro,
puedo brindarte dichas sin fin.
Yo de ternura guardo un tesoro.
¿A mí me llamas?
                                        —No, no es a ti.
—Yo soy un sueño, un imposible,
vano fantasma de niebla y luz.
Soy incorpórea, soy intangible,
no puedo amarte.
                                      —¡Oh ven, ven tú!

Puede que el Cine negro americano nada tenga que ver con las Rimas de Bécquer, pero viendo ¿Ángel o diablo? de Otto Preminger es fácil pensar en el poema anterior, toda vez que Eric Stanton (Dana Andrews) se debate entre la pasión arrebatadora de la morena Stella (una camarera interpretada por Linda Darnell) y el amor incondicional de la rubia June (la rica heredera a la que da vida Alice Faye). Lo cual tendrá unas consecuencias que van más allá de la simple elección caprichosa de la una o de la otra, puesto que estamos ante una historia de redención: la del timador de poca monta que encarrilará definitivamente su vida gracias al afecto que encuentra en su mujer. Esposa, todo hay que decirlo, con la que Eric acaba de contraer matrimonio por interés y a la que también él servirá de salvación que la libere del influjo de su posesiva hermana Clara (Anne Revere).

Stella (Linda Darnell) y Eric (Dana Andrews)

June (Alice Faye) y Eric (Dana Andrews)


Es Eric, por tanto, el ángel caído (caído en una pequeña ciudad de provincias) al que alude el título original. La clave nos la proporciona el siguiente diálogo del film:

June Mills: I need you, Eric.
Eric Stanton: [sarcastically] You need me, right.
June Mills: You're my husband, and I'm your wife.
Eric Stanton: Right out of a book, again.
June Mills: Yes, out of a book: "We were born to tread the earth as angels, to seek out heaven this side of the sky. But they who race above shall stumble in the dark, and fall from grace."
Eric Stanton: Go on. Sounds good.
June Mills: "Then love alone can make the fallen angel rise. For only two together can enter Paradise."

June: Te necesito, Eric.
Eric Stanton: [con sarcasmo] Me necesitas, sí.
Junio Mills: Eres mi marido y yo tu mujer.
Eric Stanton: ¡Vaya: Otra frasecita sacada de un libro...!
Junio Mills: Sí, de un libro: "Hemos nacido para pisar esta tierra como ángeles, para tratar de buscar el Paraíso a este lado del cielo. Pero los que se dedican a corretear de aquí para allá deberían tropezar en la oscuridad, y caer en desgracia."
Eric Stanton: Continúa. Eso suena muy bien.
Junio Mills: "Entonces, sólo el amor puede hacer que el ángel caído se levante. Porque sólo dos que vayan juntos podrán entrar en el Paraíso."

Suena a Milton, pero no es de Milton. En todo caso, la cita resume a la perfección la vocación moralizante de una película que nos mantendrá en vilo hasta el final, preguntándonos quién puede ser el asesino: ¿será el misterioso Profesor Madley (John Carradine)? ¿O el pusilánime Pop (Percy Kilbride)? ¿Habrá sido Eric...?

viernes, 31 de julio de 2015

Carta de una desconocida (1948)




Título original: Letter from an Unknown Woman
Director: Max Ophüls
EE.UU., 1948, 86 minutos

Carta de una desconocida (1948) de Max Ophüls

Después de una excursión de tres días por la montaña, el famoso novelista R. volvió a Viena por la mañana temprano, compró un diario en la estación y, al hojearlo, se dio cuenta de que era el día de su cumpleaños. “Cuarenta y uno” pensó, y el hecho no le produjo ni frío ni calor. Volvió a hojear ligeramente el diario y se dirigió a su casa en un taxi. El criado le informó de las visitas que había tenido durante su ausencia, así como de las llamadas telefónicas, y le entregó la correspondencia sobre una bandeja. Él la miró distraído, abrió algunos sobres, cuyos remitentes le interesaban, y dejó a un lado uno de letra desconocida, que le pareció muy voluminoso...

Traducción de Berta Conill

Así comienza Carta de una desconocida, la novela corta publicada por Stefan Zweig en 1922 y que Max Ophüls llevaría a la gran pantalla años más tarde. Ya en la primera línea, se observa que el destinatario de la misiva es novelista y no pianista como acontece en la película. Es uno de los cambios que introdujo Howard Koch (el mítico guionista que ya había trabajado en Casablanca), sin duda para dotar a la historia de un mayor aliciente romántico de cara al público.

Lisa (Joan Fontaine) siente verdadera veneración por Stefan

Lo cierto es que Ophüls era el director ideal para adaptar a Zweig, escritor muy dado a recrear los elegantes ambientes vieneses y cuyo estilo refinado encajaba a la perfección con la exquisitez de Ophüls para filmar argumentos de regusto decimonónico. No en vano, ambos procedían del mismo mundo.

De los muchos momentos memorables de esta larga "carta" cabe destacar, por ejemplo, el paralelismo que Ophüls (maestro de la puesta en escena) lleva a cabo mediante sendos adioses en el andén de la estación de tren. Primero será Stefan (Louis Jourdan) quien se despida de Lisa (Joan Fontaine) desde la ventanilla: "¡Dos semanas! ¡Dos semanas!" Cuando tiempo después la escena se repita exactamente igual, pero siendo ahora Stefan junior el que se marcha, Lisa (y el espectador con ella) presentirá los peores augurios. ¿Se puede expresar más con menos?

Los padres de Lisa intentarán, en vano, casarla con este mozalbete

También es digna de ser mencionada la interpretación de Joan Fontaine, sobre todo su facultad para encarnar a la niña que fue Lisa (y que parezca realmente una niña, cuando en la vida real ya había cumplido los treinta años) y después verla evolucionar hasta convertirse en mujer.

La película está narrada a través de un larguísimo flash-back en el que Stefan, al tiempo que lee la epístola, tendrá conocimiento de la secreta pasión que Lisa albergó por él y que él, a su vez, ignoraba completamente. De hecho, el pianista y la modelo poseen caracteres divergentes: él, despreocupado y vividor; ella, leal y ardiente. Como diría Gustavo Adolfo Bécquer en la rima XLI:

Tú eras el huracán y yo la alta
torre que desafía su poder:
¡tenías que estrellarte o que abatirme!...
¡No pudo ser!

Tú eras el océano y yo la enhiesta
roca que firme aguarda su vaivén:
¡tenías que romperte o que arrancarme!...
¡No pudo ser!

Hermosa tú, yo altivo: acostumbrados
uno a arrollar, el otro a no ceder;
la senda estrecha, inevitable el choque...
¡No pudo ser!

Stefan (Louis Jourdan) leyendo la carta de la olvidada Lisa