Mostrando entradas con la etiqueta Charles Dickens. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Charles Dickens. Mostrar todas las entradas

domingo, 2 de octubre de 2022

Oliver Twist (2005)




Director: Roman Polanski
Francia/Reino Unido/República Checa, 2005, 130 minutos

Oliver Twist (2005) de Roman Polanski


Entre los diversos edificios que son el orgullo de una ciudad, grande o pequeña, no falta uno común a la mayor parte de ellas: el destinado a hospicio, asilo o casa de caridad. Cierto día, cuya fecha no hace al caso, como tampoco el nombre de la ciudad, que no quiero bautizar con uno imaginario, ni designar con el suyo, por prudencia, nació el simple mortal cuyo nombre figura a la cabeza de este capítulo.

Charles Dickens
Oliver Twist (1837–1839)
Traducción de Vergara

La minuciosidad con la que Polanski reconstruye el Londres decimonónico en su adaptación de Oliver Twist (2005) no deja lugar a dudas respecto a la maestría de un cineasta que afrontaba el reto de añadir algo nuevo al legado de tantos ilustres colegas que le habían precedido en el intento. Especialmente David Lean, cuya versión del 48 en blanco y negro, con Sir Alec Guinness encarnando el papel de Fagin, parecía difícil de superar. Aun así, el director franco-polaco supo rodearse de un excelente equipo de profesionales, entre los que destaca la labor de Pawel Edelman en la dirección de fotografía.

Comparada con sus predecesoras, esta nueva lectura del clásico de Dickens gana en fuerza visual gracias a una ambientación en la que no se escatiman todo tipo de detalles a la hora de reflejar las precarias condiciones de vida de las clases menesterosas en el seno de una sociedad profundamente dividida entre ricos y pobres. En ese aspecto, el submundo de pequeños maleantes al que va a parar el protagonista representa la triste constatación de que no hay esperanza posible de escapar de la miseria cuando ésta parece enquistada en lo más profundo de la colectividad.



Por otra parte, la elección de Barney Clark para el personaje central añadía un rostro cándido más a la larga nómina de niños que han interpretado el papel de Oliver. De la misma manera que Ben Kingsley, impecablemente caracterizado como viejo y avaro ratero, borda la enésima encarnación de un Fagin siempre ávido de reclutar nuevos miembros que incrementen las filas de su tropa infantil de carteristas.

En cambio, nadie diría viendo el bullicio de esas calles tan típicamente británicas que los exteriores de la película se rodaron, en realidad, en la República Checa, uno de los países coproductores de la cinta. Como tampoco es cierto que Gustave Doré ilustrase ninguna edición de las obras de Dickens. Y, sin embargo, Polanski se sirve de los grabados del artista francés para embellecer los títulos de crédito, tanto los iniciales como los finales. Lo cual aporta, dicho sea de paso, una nota artesanal que no desentona a pesar del aire de thriller de suspense que adquiere la trama a raíz del secuestro del chico a manos del pérfido Bill Sikes (Jamie Foreman).



domingo, 5 de enero de 2020

Muchas gracias, Mr. Scrooge (1970)




Título original: Scrooge
Director: Ronald Neame
Reino Unido, 1970, 113 minutos

Muchas gracias, Mr. Scrooge (1970)
de Ronald Neame


Scrooge was better than his word. He did it all, and infinitely more; and to Tiny Tim, who did not die, he was a second father. He became as good a friend, as good a master, and as good a man, as the good old city knew, or any other good old city, town, or borough, in the good old world. Some people laughed to see the alteration in him, but he let them laugh, and little heeded them; for he was wise enough to know that nothing ever happened on this globe, for good, at which some people did not have their fill of laughter in the outset; and knowing that such as these would be blind anyway, he thought it quite as well that they should wrinkle up their eyes in grins, as have the malady in less attractive forms. His own heart laughed: and that was quite enough for him.

Charles Dickens
A Christmas Carol (1843)

El éxito cosechado por el musical Oliver! en 1968, con la obtención de cinco premios Óscar, explica que, dos años más tarde, se intentara repetir la jugada adaptando otro texto de Dickens, en este caso A Christmas Carol. De hecho, ambas películas se filmaron en los estudios Shepperton, llegándose a reutilizar, incluso, algunos decorados de la primera, lo cual añadía un motivo más para que las dos se parezcan tanto.

El papel de mísero prestamista recayó en Albert Finney, un actor que por aquel entonces apenas contaba treinta y tres años, pero con una trayectoria notable a sus espaldas (ya había protagonizado títulos hoy clásicos como Dos en la carretera o Tom Jones) y suficientemente dotado como para meterse en la piel de un anciano misántropo.



La historia de un hombre al que, la víspera de Navidad, se le aparece en sueños el fantasma de su difunto asociado Jacob Marley (magnífico, como siempre, Sir Alec Guinness) para mostrarle cuán mezquina es la vida que lleva. Un argumento archiconocido y de lo más eficiente para congraciarse con el espíritu navideño (y hasta con el género humano si hace falta) y del que, sin duda, Frank Capra ya había sacado previamente la inspiración para su inmortal ¡Qué bello es vivir! (1946).

Vestuario y efectos especiales más que aceptables (son célebres las escenas ambientadas en el infierno, con el pesaroso usurero encadenado) y una excelente banda sonora a cargo de Leslie Bricusse en la que sobresalen números como "I Hate People" o "Thank You Very Much" hicieron posible que Scrooge lograse cuatro nominaciones de la Academia y un Globo de Oro para su protagonista.