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viernes, 24 de enero de 2025

Marcado por el odio (1956)




Título original: Somebody Up There Likes Me
Director: Robert Wise
EE.UU., 1956, 113 minutos

Marcado por el odio (1956) de Robert Wise


Tras haberse fogueado en la televisión y el teatro, uno de los primeros papeles cinematográficos del prometedor Paul Newman fue este biopic a propósito de una estrella del boxeo surgida de los barrios bajos neoyorquinos. Basado en la autobiografía de Rocky Graziano, por entonces una leyenda viva de los cuadriláteros que asesoró a Newman para su papel de campeón mundial de los pesos medios, Somebody Up There Likes Me (1956) tenía que haber sido protagonizada, sin embargo, por el malogrado James Dean, fallecido trágicamente en accidente de tráfico en septiembre del 55.

A medio camino entre el cine negro y un cierto toque neorrealista, la puesta en escena ideada por Robert Wise ponía el acento en la crudeza de unos ambientes sórdidos, a menudo filmados en plena calle, que le valió el Óscar a la mejor fotografía en blanco y negro a Joseph Ruttenberg, así como el de mejor dirección artística al equipo encabezado por el mítico Cedric Gibbons.



La ferocidad de los combates pone en evidencia el gran trabajo llevado a cabo por un intérprete surgido del Actors Studio, cuyo célebre Método, aparte de proporcionarle las herramientas necesarias para llegar al fondo de las motivaciones del personaje, ocasionó que Newman adoptase algunos tics similares a los de otro ilustre alumno surgido de dicha escuela: Marlon Brando. De hecho, las comparaciones entre ambos fueron constantes en esta primera fase de la carrera de Newman, quien llegó a aborrecer cualquier tipo de alusión al respecto por parte de la crítica o la prensa.

Pero el caso es que su convincente composición del joven rebelde que, tras una infancia difícil y su convulso paso por el ejército, desfila por infinidad de correccionales hasta tocar la gloria le valió un reconocimiento que, en lo sucesivo, le ayudaría a cimentar una sólida carrera. Como ya había sucedido en El cáliz de plata (1954), le acompaña de nuevo la italiana Pier Angeli, encargada esta vez de dar vida a Norma, novia y luego esposa del rudo púgil que, como indica el título original en inglés, parece que cuenta con la simpatía del Altísimo para salir airoso de cuantos escollos le depara la vida.



jueves, 4 de junio de 2015

La dama de Shanghai (1947)




Título original: The Lady from Shanghai
Director: Orson Welles
EE.UU., 1947, 87 minutos

La dama de Shanghai (1947) de Orson Welles


Once, off the hump of Brazil I saw the ocean so darkened with blood it was black and the sun fainting away over the lip of the sky.We'd put in at Fortaleza, and a few of us had lines out for a bit of idle fishing. It was me had the first strike. A shark it was. Then there was another, and another shark again, 'till all about, the sea was made of sharks and more sharks still, and no water at all. My shark had torn himself from the hook, and the scent, or maybe the stain it was, and him bleeding his life away drove the rest of them mad. Then the beasts to to eating each other. In their frenzy, they ate at themselves.You could feel the lust of murder like a wind stinging your eyes, and you could smell the death, reeking up out of the sea. I never saw anything worse... until this little picnic tonight. And you know, there wasn't one of them sharks in the whole crazy pack that survived.

Los personajes de La dama de Shanghai son verdaderamente como tiburones que se devoran entre ellos, tal y como dice Michael O'Hara, el personaje interpretado por Orson Welles, en la cita que encabeza estas líneas.



En la presentación del filme en la Filmoteca de Catalunya, Chris Welles (la hija mayor de Orson) ha comentado cómo logró convencer a su padre para aparecer fugazmente en las escenas iniciales de la película: una niña comiendo un helado en un pueblo mejicano.

Por enésima vez, Welles tuvo problemas con el productor ejecutivo de turno (en este caso Harry Cohn, de la Columbia), viéndose obligado a acatar sus dictados: básicamente, añadir un cuarto de hora de metraje con primeros planos sugerentes de Rita, la estrella del estudio. Así, por ejemplo, la escena en la que Hayworth canta (o más bien susurra) "Please, don't kiss me". François Thomas, sin embargo, ha señalado que una pequeña venganza que se permitió Welles a cambio fue incluir diversos primeros planos de los actores secundarios, una provocación que tenía por objetivo desplazar la atención del espectador.

De todas formas, La dama de Shanghai fue la producción más cara de la carrera de su director (dos millones de dólares de la época). Aunque, curiosamente, en los títulos de crédito no figura quién la dirigió: Welles aparece únicamente como guionista y productor.

Aún así, la melena sacrificada de Rita Hayworth, su divorcio de Welles tras el rodaje, el laberinto expresionista de espejos, el juicio cómico en el que Arthur Bannister (Everett Sloane) se interroga a sí mismo, el pasado de O'Hara en las Brigadas Internacionales durante la guerra civil española (y su ocultación en el doblaje castellano que impuso la censura franquista), la secuencia en el teatro chino... hacen de esta película un título mítico del cine negro americano de los cuarenta.




François Thomas, Chris Welles, Esteve Riambau

miércoles, 29 de abril de 2015

Ciudadano Kane (1941)




Título original: Citizen Kane
Director: Orson Welles
EE.UU., 1941, 114 minutos

"Non qui parum habet sed qui plus cupit pauper est..."

Ciudadano Kane (1941) de Orson Welles


El mundo (el cinematográfico, al menos) no volvió a ser el mismo tras el estreno en 1941 de Ciudadano Kane. Orson Welles apenas tenía 25 años. Nadie lo diría teniendo en cuenta su pericia en la dirección y viéndolo envejecer en la pantalla al darle vida a Charles Foster Kane. Palabras ya míticas como Rosebud o Xanadú, por otra parte, han sobrepasado ampliamente el celuloide para incorporarse a nuestro acervo cultural colectivo. Pero, ¿qué tiene de especial esta película que, con el permiso de Casablanca o Vértigo, ha sido considerada una y otra vez por la Crítica la mejor de todos los tiempos? De entrada, que contó en su equipo de rodaje con los especialistas más notables del momento: Gregg Toland en la fotografía, Bernard Herrmann en la banda sonora, Robert Wise en el montaje, Herman J. Mankiewicz en el guion… Otros se convertirían en estrellas por haber intervenido en la misma, como Joseph Cotten y el resto de actores del Mercury Theather, la compañía teatral de Welles: Agnes Moorehead, Everett Sloane, Ray Collins, George Coulouris, Erskine Sanford… A los que habría que añadir, a nivel anecdótico, al mallorquín Fortunio Bonanova (de verdadero nombre Josep Lluís Moll, 1895-1969) quien interpreta al histriónico Matiste, el profesor de música que se las ve y se las desea para enseñar a cantar a Susan Kane.

Pese a todo, la intención inicial de Orson Welles era debutar en el largometraje con una adaptación de El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad, cosa que no convenció a los directivos de la RKO. Así que, tras seis versiones, el guion que en un principio debía titularse simplemente American acabó siendo la película que hoy conocemos como Citizen Kane. Aunque Welles, que venía precedido de la fama adquirida en el mundo del teatro y de la radio, ya había rodado previamente tres cortometrajes de corte experimental, por lo que no se puede decir que fuera exactamente un debutante.

El rodaje de Ciudadano Kane se prolongó entre el 30 de julio y el 23 de octubre de 1940, contando con un presupuesto de casi 700.000 dólares, y el resultado final supuso una verdadera revolución. Los objetivos Cooke de corta distancia focal (24 milímetros) elegidos por Gregg Toland, así como la película Eastman Kodak super XX (cuatro veces más sensible a la luz que las entonces habituales) contribuyeron a conseguir, junto al empleo de lámparas en arco, una profundidad de campo hasta aquel momento poco usual. Otro tanto sucede con el montaje: en el inicio, por ejemplo, se presentan los alrededores de Xanadú y la habitación del moribundo Kane mediante un plano en el que conviven elementos fijos y otros que se van encadenando mediante fundidos. Semejante collage visual ya había sido explotado por el cine mudo, pero Welles sabe recuperarlo otorgándole una nueva dimensión. Por último, los encuadres plagados de ángulos picados y contrapicados van a ser otra de las novedades más llamativas de la personal forma de narrar que acabará por imponerse a partir de Ciudadano Kane.

Y ¿qué decir del ritmo trepidante copiado de los noticiarios con el que se cuenta la historia? ¿O de los continuos saltos temporales? Tiene gracia ver, por ejemplo, cómo en sucesivas tomas del matrimonio Kane durante el desayuno ella se va desilusionando al comprobar que su marido le dedica más tiempo al Inquirer. -“¡Preferiría una rival de carne y hueso!”-llegará a decir. Han pasado varios años, pero nosotros hemos asistido a ese proceso en apenas unos segundos. O cuando Susan (Dorothy Comingore), su amante y más tarde segunda esposa, comienza cantando al piano una canción, bajo la atenta mirada de Kane, en una habitación destartalada que progresivamente se irá transformando en una lujosa suite. No hacen falta mayores explicaciones para entender que su relación se ha consolidado.

Como tampoco es necesario aclarar en el célebre plano final qué puede tener de especial un viejo trineo que no tengan todas las riquezas de la tierra… Magistral. Sin duda, el nacimiento del cine moderno tal y como lo entendemos desde entonces. Ya lo dijo Séneca: “No es más pobre quien menos tiene sino quien más se deja arrastrar por la codicia”.


La película, como la vida de Kane, tiene estructura de puzle
¿Quién fue realmente Charles Foster Kane?
Ejemplo del uso de la profundidad de campo
El legado de Kane...