Mostrando entradas con la etiqueta Jean-Pierre Dardenne. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jean-Pierre Dardenne. Mostrar todas las entradas

viernes, 31 de octubre de 2025

Recién nacidas (2025)




Título original: Jeunes mères
Directores: Jean-Pierre y Luc Dardenne
Bélgica/Francia, 2025, 105 minutos

Recién nacidas (2025) de los Dardenne


Fieles a su estilo austero, los hermanos Dardenne presentan la enésima entrega de una forma de hacer cine en la que lo social y lo etnográfico se dan la mano. Como su propio título indica, Jeunes mères (2025) aborda en esta ocasión la realidad de unas jóvenes cuya maternidad debe ser afrontada, en la mayoría de casos, en solitario. Son chicas de extracción social humilde a las que el dilema de si quedarse o no con unos hijos que a menudo son fruto de relaciones esporádicas las coloca al borde del colapso.

De todas formas, la presencia continua de los servicios sociales atenúa en cierto modo la cruda realidad familiar de unas jóvenes que en su momento tampoco fueron criaturas deseadas. De hecho, si replican unos patrones determinados es porque crecieron bajo el influjo de lo que vieron a su alrededor. Pero, aun así, hay también lugar para la esperanza y pese a que algunas de ellas se lleven a matar con sus respectivas madres, lo cierto es que ahora son ellas las que, como en el título español de la película, están "recién nacidas" a la vida.



Asimismo, y a diferencia de lo que ocurría en muchos de sus filmes anteriores, centrados en un solo personaje, los Dardenne optan en esta ocasión por un formato coral y de múltiples perspectivas, lo cual permite explorar la experiencia de la maternidad adolescente en su diversidad. A tal efecto, los cineastas llevaron a cabo un minucioso trabajo de campo, visitando diferentes centros del área de Lieja, en consonancia con el espíritu crítico que, según ellos, ha de guiar la experiencia cinematográfica.

Sin embargo, y pese a que las cinco protagonistas (Perla, Jessica, Julie, Ariane y Naïma), se debaten entre si criar a sus bebés o bien darlos en adopción, lo cierto es que este trabajo se percibe en términos generales como uno de los más optimistas de los Dardenne hasta la fecha, poniendo el foco en la fuerza y solidaridad femeninas, así como en ciertos destellos de luz y esperanza (sirva de ejemplo el final, con algunos de los personajes cantando alegremente en torno a un piano) en medio de la adversidad.



lunes, 23 de diciembre de 2024

Emilia Pérez (2024)




Director: Jacques Audiard
Francia/Bélgica/Méjico, 2024, 132 minutos

Emilia Pérez (2024) de Jacques Audiard


Ni es un musical propiamente dicho ni una película que encaje con facilidad en la mayoría de géneros al uso. De ahí la expectación generada por Emilia Pérez (2024) ya desde su presentación en el último Festival de Cannes, donde se alzó con varios galardones, entre ellos el obtenido por el cuarteto de actrices protagonistas: Zoe Saldaña, Selena Gómez, Adriana Paz y Karla Sofía Gascón, con mención especial para esta última.

Y es que el hecho de que un capo del narcotráfico mejicano opte por cambiar de sexo (y de paso de vida) es un argumento como mínimo original, máxime cuando el papel corre a cargo de un portento tan sumamente arrollador como la ya mencionada intérprete trans, española en realidad que un buen día cruzó el charco para forjarse una carrera actuando en diversas producciones de la televisión azteca.



A todo esto, resulta que el filme en cuestión, mitad ópera mitad melodrama, es un proyecto mayoritariamente franco-belga, dirigido por Jacques Audiard a partir de canciones de Camille y producido, ahí es nada, por los mismísimos hermanos Dardenne. Nadie lo diría, habida cuenta del genuino sabor charro que destila la historia. Aunque, a decir verdad, no han faltado voces discordantes que lamentan la imagen estereotipada que se ofrece de la sociedad mejicana o incluso de lo que consideran una visión hasta cierto punto retrógrada del colectivo trans.

Sea como fuere, lo cierto es que el resultado final, y puede que ahí resida el mérito de una cinta que no suele dejar a nadie indiferente, sitúa al espectador en una disyuntiva un tanto incómoda: la de si tomarse en serio o en broma una película que aborda temas tan importantes como la violencia sistémica en América Latina. A fin de cuentas, y por más que el feroz líder de un cártel se transforme en la "compasiva" responsable de una ONG llamada La Lucecita, dedicada a recuperar los cadáveres de sus propias víctimas, el problema sigue latente. Irónica metáfora de un mundo en el que, con demasiada frecuencia, se tiende a blanquear la crueldad.



martes, 22 de noviembre de 2022

Tori y Lokita (2022)




Título original: Tori et Lokita
Directores: Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne
Bélgica/Francia, 2022, 88 minutos

Tori y Lokita (2022) de los Dardenne


Fieles a su proverbial austeridad, los Dardenne vuelven a la carga con Tori et Lokita (2022), uno de esos crudos dramas sociales que sitúan al espectador frente a la vileza de las nuevas formas de explotación en el seno de una sociedad teóricamente avanzada. ¿Nuevas? A decir verdad, las vicisitudes a las que debe hacer frente la pareja protagonista, dos menores africanos sin papeles, son consecuencia directa de la misma miseria de siempre. Sólo que hoy en día, desprovistos de reparos de cualquier tipo, los ciudadanos de la Europa del (aparente) bienestar prefieren mirar hacia otro lado.

La lucha diaria por la supervivencia de una adolescente y su supuesto hermano adquiere entonces proporciones heroicas cuando lo que está en juego no es sólo el saldar la deuda contraída con los intermediarios de la trata de personas, sino la propia integridad física. Y así, abocados a la amenaza continua de las mafias sin escrúpulos, Lokita (Joely Mbundu) y el pequeño Tori (Pablo Schils) terminarán trapicheando con sustancias ilícitas o, lo que es aún peor, transigiendo ante el dilema de la prostitución.



Sin embargo, no todo es tan sombrío en el universo particular de dos criaturas entre las que, a pesar de los pesares, se establece un fuerte vínculo fraternal. A este respecto, resulta verdaderamente enternecedor oírles cantar "Alla fiera dell'est", una antigua composición del cantautor Angelo Branduardi que alguien les enseñó durante su fugaz estancia en tierras italianas, previo paso a recalar en la inhóspita y fría Bélgica.

Lo demás responde un poco a lo de siempre, a los clichés habituales en el cine de denuncia de un tándem ya veterano cuya fórmula no parece tener fecha de caducidad. Por lo menos mientras en el mundo se sigan cometiendo abusos como los aquí descritos, sobre todo cuando las víctimas son seres vulnerables de inocencia mancillada, apenas niños que un buen día llamaron a nuestra puerta con la esperanza de reunir algo de dinero y enviárselo a sus padres en sus países de origen.



domingo, 16 de febrero de 2020

Los hermanos Sisters (2018)




Título original: Les frères Sisters
Director: Jacques Audiard
Francia/España/Rumanía/Bélgica/EE.UU., 2018, 122 minutos

Los hermanos Sisters (2018) de Jacques Audiard


¿Qué relación puede haber entre los Dardenne, Atresmedia y el lejano Oeste? Pues la hay. Y es este wéstern un tanto atípico, de producción europea, rodado, como en los viejos tiempos del spaghetti, en Almería y los Monegros, aunque protagonizado por los norteamericanos Joaquin Phoenix y John C. Reilly. Lo dirige, para más inri, el francés Jacques Audiard. Y los susodichos hermanos belgas forman parte de la profusa nómina de productores asociados que han hecho posible semejante engendro.

Por cierto que de eso trata precisamente la película: de una pareja de cobradores de deudas, hijos de la misma madre, pero que, sin embargo, responden al paradójico apellido de Sisters. Su jefe, el Comodoro de no sé dónde, está interpretado por el mítico (y hoy ya difunto) Rutger Hauer, si bien el buen hombre no pronuncia ni una sola palabra durante los escasos segundos en que interviene.



Pero eso de reclamar deudas ajenas, pese a la habilidad que ambos muestran en el manejo del revólver, parece que no acaba de llenarles. De modo que terminarán asociándose con los mismos a los que persiguen, seducidos, tal vez, por la posibilidad de amasar una inmensa fortuna como buscadores de oro. Sólo que el método elegido, una fórmula maravillosa que ilumina las pepitas en plena noche, no sólo corroe las almas de pura avaricia, sino incluso la carne de más de un incauto.

Sería exagerado decir que Les frères Sisters es una obra maestra en su género (para ello le falta concreción y le sobra alguna que otra gratuidad), pero no menos cierto es que el filme se deja ver con agrado. Bien es verdad que destila el habitual tono crepuscular de tantísimos wésterns modernos —no hay más que observar a Eli (Reilly) aprendiendo a cepillarse los dientes para cerciorarse de ello—, pese a que los cazarrecompensas, como los viejos roqueros, nunca mueren, por más que éstos vuelvan finalmente al redil con su mamá.


jueves, 12 de diciembre de 2019

El joven Ahmed (2019)




Título original: Le jeune Ahmed
Directores: Jean-Pierre y Luc Dardenne
Bélgica/Francia, 2019, 90 minutos

El joven Ahmed (2019)
de Jean-Pierre y Luc Dardenne


Fieles a la habitual inmediatez de cámara en mano pegada a la espalda de sus personajes, los Dardenne contraatacan de nuevo con el enésimo caso moral de una filmografía tan extensa como admirable. Y lo hacen, en esta ocasión, abordando el siempre espinoso asunto del integrismo islámico en su faceta más desgarradora: la radicalización de un adolescente musulmán, como consecuencia del adoctrinamiento a que es sometido por parte del líder espiritual de su mezquita, en el seno de la en teoría tolerante y próspera sociedad europea. Inquietud que, en el ámbito francófono y a raíz de la amenaza terrorista, adquiere tintes aún más dramáticos si cabe.

El protagonista, un joven atolondrado que se toma muy en serio la doctrina coránica (por lo menos la versión que le ha inculcado su imán), da muestras de una incapacidad preocupante a la hora de empatizar con otros seres humanos, sobre todo si pertenecen al sexo opuesto. En ese orden de cosas, y considerando a la mujer un ser impuro al que ni siquiera se le puede dar la mano, Ahmed irá sucesivamente eludiendo el más mínimo vínculo afectivo con su profesora, con su madre y hasta con una granjera de su misma edad que a punto está de hacerle caer en la tentación.



Aunque ya se sabe que esa pretendida objetividad de los hermanos belgas encierra, en realidad, una flagrante toma de partido en favor de posiciones mucho más avanzadas que la intransigencia del niño mártir. A este respecto, Le jeune Ahmed no se libra de la consabida moralina ("esto es lo que le ocurre a los chicos malos") cuando el protagonista termine maltrecho tras haber huido de los agentes de la fiscalía de menores que lo custodiaban.

Porque desde el minuto uno se masca la tragedia, preparando al espectador para algo grave que se intuye pasará de un momento a otro. Sin embargo, está por ver si el arrepentimiento de un asesino en potencia merece toda la credibilidad que cabría esperar por parte de un individuo que ha sido sometido a unos planes de reinserción social que, tal vez, pecan de ingenuos al considerar que basta con el contacto con los animales de una granja para rehabilitarlo de su fanatismo religioso.


lunes, 27 de marzo de 2017

El silencio de Lorna (2008)




Título original: Le silence de Lorna
Directores: Luc Dardenne y Jean-Pierre Dardenne
Bélgica/Francia/Italia/Alemania, 2008, 105 minutos

Domingo 26 de marzo

El silencio de Lorna (2008)

Amantes de los conflictos de orden moral, los hermanos Dardenne planteaban en Le silence de Lorna (2008) el caso de una muchacha albanesa que, habiéndose casado por conveniencia con un drogodependiente, se encuentra en la disyuntiva de si acatar las premisas de la mafia gracias a la cual consiguió la nacionalidad belga o si seguir, en cambio, lo que le dicta su instinto.

viernes, 17 de marzo de 2017

El hijo (2002)




Título original: Le fils
Directores: Jean-Pierre y Luc Dardenne
Bélgica/Francia, 99 minutos

El hijo (2002)


La exmujer de un circunspecto maderero que se gana la vida enseñando el oficio a muchachos problemáticos se presenta un buen día en su casa para comunicarle que está embarazada y que piensa casarse de nuevo. He ahí el punto de inflexión que hará reaccionar al hombre.

Lo comentábamos hace unos días al hablar de Rosetta (1999) y volvemos a insistir en ello tras el visionado de Le fils: la cámara de los Dardenne atosiga hasta tal extremo a los personajes (sobre todo al carpintero interpretado por Olivier Gourmet) que acaba por incordiar también al espectador. Como si de una mosca cojonera se tratase, el objetivo se adhiere al cogote del protagonista para no soltarlo ni a la de tres: ¿que el hombre sube unas escaleras? Pues allí que se va la cámara tras él; ¿que echa a correr? Pues tres cuartos de lo mismo.



De nuevo sin un ápice de música incidental; de nuevo ahondando en una depuración estilística que es más una deconstrucción conducente a mostrar las contradicciones y ambigüedades de la condición humana. Porque en el caso de Olivier el hijo muerto se irá paulatinamente transformando en un hijo recobrado. Y, al mismo tiempo, en ese proceso de aceptación el carpintero se convertirá para el joven Francis (Morgan Marinne) en una figura paternal que llene el vacío que le condujo a delinquir y acabar absurdamente con la vida de otro muchacho...

En esa misma línea, la situación planteada en El hijo por la pareja de cineastas belga sería una carambola del destino, en la que el adulto, a punto de incurrir en el mismo error que arruinó la vida del joven, pecará muy a menudo de medroso frente a la valiente generosidad del menor. Por lo que no le quedará más remedio, mal que le pese, que ir poco a poco tomándole cariño.


viernes, 10 de marzo de 2017

Pienso en ti (1992)




Título original: Je pense à vous
Directores: Luc y Jean-Pierre Dardenne
Bélgica/Francia/Luxemburgo, 1992, 95 minutos

Pienso en ti (1992) de Luc y Jean-Pierre Dardenne


¡Miel sobre hojuelas! Los cineastas más laureados de Bélgica junto al compositor estandarte de aquel país: los hermanos Dardenne y Wim Mertens uniendo sus respectivos talentos en una película que, sin ser todavía una obra maestra, apuntaba ya hacia dónde iba a evolucionar el personal estilo que los define. Ambientada, como es habitual en toda su filmografía, en Seraing (la ciudad obrera de las inmediaciones de Lieja en la que se criaron), Luc y Jean-Pierre Dardenne analizaban en Je pense à vous las consecuencias de la desindustrialización sobre los miembros de una familia obrera.

Fabrice (Robin Renucci) y Céline (Fabienne Babe) son un joven matrimonio con un hijo de corta edad, todos ellos muy felices hasta que a él lo despiden tras el cierre de la fundición en la que llevaba trabajando toda la vida. A partir de este hecho desencadenante, Fabrice entrará en una vorágine autodestructiva que incluso lo llevará a desaparecer durante un tiempo.

Lejos aún de la depuración que les hará prescindir, a partir de La promesa (su siguiente película), de la música incidental y demás elementos superfluos, en Pienso en ti los Dardenne están todavía en una fase de tanteo, con una puesta en escena cuya factura se acerca peligrosamente a la de un telefilme. Hasta el desenlace, un tanto romántico y en plena rúa carnavalesca, tiene más del Rossellini de Viaggio in Italia (Te querré siempre, 1954) que no de los inquietantes finales abiertos a los que los belgas nos tienen acostumbrados en los últimos tiempos.

Tampoco la pareja protagonista parece muy convincente (de hecho, tanto ella como él tienen más de modelo que no de obreros del sector metalúrgico). Algo que mejorará notablemente con la irrupción en sus dramas sociales de Olivier Gourmet y otros nuevos rostros con los que se logra una mayor credibilidad a la hora de retratar las penalidades de la clase trabajadora.


jueves, 9 de marzo de 2017

Rosetta (1999)




Directores: Luc y Jean-Pierre Dardenne
Bélgica/Francia, 1999, 95 minutos

Rosetta (1999) de los Dardenne


Accidentada proyección de Rosetta en la Filmo. Pero al margen de las continuas interrupciones (es lo que tienen, a veces, las copias en 35 mm), la película de los hermanos Dardenne sigue manteniendo intacta la rabia que los llevó a ganar la Palma de Oro en Cannes. Furia que transmiten las imágenes rodadas cámara en mano y siguiendo muy de cerca a su protagonista, una Émilie Dequenne que se daba a conocer con este filme, al igual que Fabrizio Rongione, su partenaire en la ficción.

Extremo es el adjetivo que probablemente mejor define el perfil de los personajes, comenzando por la joven cuyo nombre sirve de título al filme: Rosetta, como la homónima estela egipcia, es la clave que permite descifrar el verdadero alcance de unas existencias vividas intensamente al límite. Porque de no entrar en conflicto con su entorno más inmediato no habría detonante de la acción.



Mas, ¿qué incomoda a la protagonista? De entrada, el que su propia madre se dedique a la prostitución ocasional, en la caravana en la que viven, para sufragarse el alcohol al que es adicta. No es poca cosa, sin duda. Pero es que, además, Rosetta está enfadada con el mundo, ya que, necesitada de empleo para poder huir de un ambiente familiar tan tóxico como opresivo, únicamente parece hallar una cierta tabla de salvación en el panadero encarnado por Olivier Gourmet. De lo que se deriva que no dude en traicionar a Riquet: pura cuestión de supervivencia.

Y todo ello sin olvidar la intensa escena de lucha con la que se abre el filme, en la que la muchacha, visiblemente alterada, es perseguida por los servicios de seguridad de la fábrica de la que acaba de ser despedida. Parece mentira, a la vista de la creciente precarización que vive la sociedad europea a todos los niveles, que una película como ésta se rodase en 1999. Lo cual nos lleva a concluir dos cosas: la primera es el evidente carácter visionario del cine de los Dardenne; la segunda, su indiscutible maestría a la hora de profundizar en unas formas narrativas (en apariencia deslavazadas, pero que conllevan una minuciosa planificación) que han creado escuela en las dos últimas décadas.


domingo, 5 de marzo de 2017

Falsch (1987)




Directores: Jean-Pierre y Luc Dardenne
Bélgica, 1987, 82 minutos

Falsch (1987)


Unos compases de la Noche transfigurada de Schönberg servían para dar inicio al primer largometraje de ficción de los hermanos Dardenne. Falsch, adaptación de la obra teatral homónima de René Kalisky, se rodó de noche en el aeropuerto de Ostende. De ahí la frialdad de un filme que, dicho sea de paso, aún dista muchísimo de la fórmula depurada que han hecho célebre sus creadores: vista con la perspectiva de los años, no sólo se ve muy de los ochenta sino que tal vez abusa de la música incidental a base de sintetizador y cajas de ritmo. Por no hablar del entonces toque postmoderno (y hoy bastante ridículo) del, pongamos por caso, orondo señor ataviado con pajarita que baila en mitad de la soledad de un aeródromo vacío.

Pero, gradualmente, la acción se irá decantando hacia el drama más amargo: el de los fantasmas que, a lo Pedro Páramo, pueblan la escena. Joe (Bruno Cremer) es el único superviviente de una familia judía que sucumbió al horror del holocausto nazi. Los Falsch, exiliados en Inglaterra o Palestina, acabarían pereciendo bajo las bombas de Berlín cuando no en los campos de concentración. De modo que Joe, que ha viajado solo en un avión de hélices, deberá enfrentarse a un último ajuste de cuentas con todos ellos cuarenta años después.

Fragmentos del Oratorio de Auschwitz de Krzysztof Penderecki, Kaiser Walser (de nuevo de Arnold Schönberg) y la canción "Swanee" de Al Jolson, en referencia a uno de los personajes, que lleva la cara pintada de negro como el Cantor de Jazz, completan la banda sonora de una película más teatral que cinematográfica, más onírica que realista. De hecho, los propios hermanos Dardenne reconocían en el dossier de prensa de la época: "Dans cette adaptation, nous essayons d'être fidèles à cet adage selon lequel le privilège d'une œuvre adaptée est de pouvoir naître deux fois".


Il court, il court, le monde (1987)













Título en español: El mundo corre
Directores: Jean-Pierre y Luc Dardenne
Bélgica, 1987, 10 minutos



En los inicios de su carrera como cineastas de ficción, los hermanos Dardenne firmaron este cortometraje cómico a propósito de un excéntrico realizador de televisión que prepara un programa de reportajes sobre la celeridad de la vida moderna.

Lo primero que vemos es la espalda de Luc Dardenne, sentado en el asiento delantero de un coche en marcha en el que viaja un equipo que está rodando exteriores para enviarlos a los estudios centrales (de dicho material procede el fotograma que encabeza estas líneas).



Mientras, el responsable del espacio revisa con sus colaboradores lo que de momento llevan grabado, pero tiene que salir pitando tras una llamada telefónica de Sophie, su amante. Los demás continúan con la edición de las imágenes para desesperación del productor, hombre tradicional y pragmático que no ve con muy buenos ojos ni las extravagancias del showman ni la línea editorial que pretende seguir de cara a la audiencia.

En realidad, Il court, il court, le monde no deja de ser un divertimento intrascendente, apenas una probatura en la que los belgas ensayan sus primeros tanteos en el terreno de la fabulación cinematográfica.


jueves, 2 de marzo de 2017

La promesa (1996)




Título original: La promesse
Directores: Luc y Jean-Pierre Dardenne
Bélgica/Francia/Luxemburgo/Tunicia, 1996, 90 minutos

La promesa (1996)


Segunda (y última) sesión presentada personalmente por Luc y Jean-Pierre Dardenne en la Filmoteca de Catalunya, si bien la retrospectiva continuará a lo largo de todo el mes de marzo. Es La promesse una cinta descarnada en torno al drama de la inmigración ilegal en Europa. Hasta tal punto, que resulta inevitable pensar en el final de Los olvidados de Buñuel cuando Roger (Olivier Gourmet) se deshace del cuerpo sin vida de Amidou. Sin embargo, lo que en el genio de Calanda era punto de llegada para los belgas es el inicio de uno de esos dilemas morales a los que tan dados son: los remordimientos de conciencia que llevan al adolescente Igor (Jérémie Renier) a prometer al moribundo que se hará cargo de su viuda.

Finalizada la proyección, comentan varias cosas interesantes durante el coloquio con los asistentes. Reconocen que es inevitable el hecho de que haya similitudes entre su cine y el de otros realizadores: admiten que hay algo en su estilo de Bresson (aunque bromean diciendo que para él lo que hacen los Dardenne sería puro teatro). De todas maneras, confiesan no ser excesivamente cinéfilos.



En cuanto a la desaparición de los formatos analógicos frente a la presencia imperante del digital, comentan que no todo está perdido: hay cámaras digitales que permiten recrear en pantalla una textura similar a la de la película de 35 mm. y, además, la Cinematek de Bruselas ha podido restaurar (y nosotros disfrutar estos días en Barcelona) la filmografía de los hermanos Dardenne gracias a la tecnología digital.

Por último, hay lugar también para las anécdotas. Como aquella ocasión, con motivo del Festival de Toronto, en la que, tras un pase de Le gamin au vélo, fueron abordados en la calle por tres ancianitas ataviadas con bambas de colores: "Your film is fantastic! No sex, no violence, no bad words!" Ríe el público la ocurrencia, quedando claro, una vez más, el excelente sentido del humor de estos cineastas.


En la oscuridad (2007)




Título original: Dans l'obscurité
Directores: Luc y Jean-Pierre Dardenne
Bélgica, 2007, 3 minutos

Breve (y notable) aportación de los hermanos Dardenne para el filme colectivo Chacun son cinéma ou Ce petit coup au coeur quand la lumière s'éteint et que le film commence (2007). Aunque inicialmente no estaba previsto en el programa, la Filmoteca ha querido premiar a los asistentes con este cortometraje en el que los directores, a su vez, rendían tributo a Robert Bresson y, más concretamente, a Au hasard Balthazar (1966), cuya banda sonora con música de Schubert y bullicio campestre puede escucharse de fondo: de hecho, ésa es la película que está viendo en un cine de Lieja (Bélgica) la protagonista del corto.


miércoles, 1 de marzo de 2017

La chica desconocida (2016)




Título original: La fille inconnue
Directores: Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne
Bélgica/Francia, 2016, 113 minutos

La chica desconocida (2016)


Vistos desde lejos se diría que son Paul Newman y Henry Fonda. Pero no: son los Dardenne (Jean-Pierre y Luc) que hoy y mañana jueves visitan la Filmoteca de Catalunya para inaugurar la retrospectiva que allí se les dedica. Y no defraudan. Porque, a pesar de llevar toda la tarde concediendo entrevistas, con rueda de prensa incluida, aún han querido dedicar media hora larga a presentar su última película antes de la proyección. Por supuesto, la Sala Chomón está a reventar con todas las localidades vendidas.

Tampoco les falta el sentido del humor: "Una vez, en el Festival de Gante, nos tocó introducir a otros hermanos cineastas: los Taviani. El animador de la gala hizo una primera pregunta a uno de ellos y éste se explayó en su respuesta durante más de diez minutos. Transcurridos los cuales, nos preguntó algo distinto a nosotros. Pero entonces, el otro Taviani lo interrumpió airadamente diciendo: 'No, no, no! Siamo due!' Y se tiró otros diez minutos respondiendo a la primera pregunta..." Aviso para navegantes: aguantar las fraternales explicaciones de una pareja de cineastas puede llegar a ser desesperantemente tedioso. El que avisa no es traidor.

Pero los belgas, lejos de cumplir tan desalentador vaticinio, no nos han aburrido, ni mucho menos, a pesar de su advertencia inicial. Todo lo contrario: han obsequiado a los presentes con algunas curiosidades dignas de ser referidas. Como el hecho de que, tras ser exhibida en Cannes (de cuya Palma, por cierto, no han sido merecedores esta vez), decidieron cortar algunos minutos de La fille inconnue. O de cómo originariamente el protagonista iba a ser un médico, hasta que se cruzó en su camino la joven actriz Adèle Haenel y cayeron de inmediato rendidos ante su natural encanto.

La doctora Davin (Adèle Haenel) evolucionará, en su relación con los demás,
desde la severidad hacia una compasión de consecuencias imprevisibles


Hay en La chica desconocida algunas de las constantes habituales del cine de los hermanos que la han dirigido: acción ubicada en Seraing (la pequeña ciudad obrera en la que transcurre la práctica totalidad de su filmografía), ausencia de música incidental, un personaje en apariencia fuerte (en este caso la doctora Davin) que debe enfrentarse, tras descubrir su debilidad, a alguien todavía más débil que ella, etc. Y una curiosa investigación, en plan thriller, por parte de una protagonista que no logra sobreponerse al sentimiento de culpa que le genera el no haber querido abrirle la puerta de su consulta a una muchacha de origen africano que aparecerá muerta al día siguiente. He ahí el detonante de toda la historia.

Lo llamativo del caso es que dicho planteamiento no deja de ser metáfora palmaria de la situación que está viviendo Europa con la crisis de los refugiados. Tema que ya fue abordado por los Dardenne hace veinte años en La promesse, pero que desgraciadamente mantiene toda su vigencia.

No podemos resistirnos, por último, a consignar cómo determinados detalles de La fille inconnue recuerdan al Haneke de Caché: ese aire de maldad flotando en el ambiente; la incertidumbre sobre lo que realmente ha ocurrido (las circunstancias simplemente se exponen y es el espectador quien extrae sus propias conclusiones); la importancia que tiene una grabación en vídeo para el desarrollo posterior de la trama; la más que presumible implicación de un adolescente en los hechos... En definitiva, nadie que ame realmente el cine podrá sentirse decepcionado ante la inteligente propuesta que nos ofrecen los hermanos Dardenne.


jueves, 19 de enero de 2017

Le monde vivant (2003)




Título en español: El mundo vivo
Director: Eugène Green
Francia/Bélgica, 2003, 75 minutos

Le monde vivant (2003) de Eugène Green


De nuevo Eugène Green y de nuevo producido por los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne. En la presentación y posterior coloquio de esta tarde en la Filmoteca de Catalunya, el cineasta ha vuelto a insistir en algunas de las premisas que ya apuntara ayer, como esa obsesión, rayana en lo enfermizo, de declararse oriundo de Barbaria y no de Estados Unidos. Hasta tal punto llega su fijación que prefiere hablar de noche bárbara en lugar de usar el término noche americana (técnica utilizada para simular una ambientación nocturna en una escena rodada a la luz del día). Quizá llevado por la misma tirria, al preguntarle una espectadora a propósito de cuáles son los cineastas vivos que más le interesan, se enfrasca en una lista interminable que incluye a directores de todo el mundo (entre ellos los españoles José Luis Guerín y Oliver Laxe), pero a ningún estadounidense. ¿Significa tal omisión que Jim Jarmusch, por citar un ejemplo incontournable, es para Green otro bárbaro? Bueno... Sentido del humor no le falta al hombre, como ya quedó patente en nuestra anterior entrada.

En el terreno estrictamente cinematográfico, Le monde vivant ya mostraba algunos de los procedimientos habituales en la posterior filmografía de Green (recitado del texto mirando a cámara, largos silencios, predominio de lo espiritual por encima de la material y, por ende, de la parole por encima de los mots...), sólo que en esta ocasión sus referentes son más medievales que barrocos. Así pues, la acción, aunque actual, se sitúa en los dominios de un ogro vociferante que ha secuestrado a un par de niños, los cuales deberán ser rescatados por dos caballeros andantes en tejanos que cuentan con la complicidad de la esposa vegetariana del inhumano monstruo.



Tras la proyección, Esteve Riambau ha sondeado al realizador a propósito del ascendiente que la obra de Bertolt Brecht haya podido ejercer sobre su modo de filmar. Algo a lo que Green se muestra aquiescente, concediendo que su película se beneficia de una cierta teatralidad que tiene por objeto hacer creíble el argumento sin recurrir a mayores artificios. Y pone varios ejemplos: al ogro no lo vemos nunca íntegramente sino que apenas se muestran partes de su cuerpo (los pies, la espalda...), puesto que enseñándolo al completo se restaría verosimilitud y se caería en el ridículo. Otro tanto ocurre con el león que acompaña a uno de los caballeros: por más que en pantalla veamos un perro, basta con llamarlo león para que automáticamente se obre el milagro en nuestra imaginación a través del poder evocador de la palabra.

Le monde vivant se rodó en el departamento de Pyrénées-Atlantiques (nombre que, en palabras de Green, "la Sacrosanta República Francesa da al País Vasco francés"), ya que sus bosques y zonas montañosas, además de ofrecerle las localizaciones idóneas para la historia que quería contar, representaban una buena oportunidad para rendir homenaje a una región que admira: en ella transcurre la trama de dos de sus novelas e incluso proyecta rodar un filme en euskera. Y Riambau, a quien le ha llegado el rumor de que tal vez el realizador haga lo propio en catalán, le pide a Green que, de ser así, el estreno tenga lugar en la Filmoteca.


miércoles, 18 de enero de 2017

El hijo de José (2016)




Título original: Le fils de Joseph
Director: Eugène Green
Francia/Bélgica, 2016, 115 minutos

El hijo de José (2016)


Dice Eugène Green que él no nació en Estados Unidos sino en Barbaria, al tiempo que anuncia una oleada de barbarización a escala planetaria. Lo ha dicho esta tarde/noche en la Filmoteca de Catalunya durante la presentación del ciclo Eugène Green: el cineasta barroco. Y, acompañándolo, la actriz Maria de Medeiros, de quien Esteve Riambau ha señalado medio en broma que han adoptado estos últimos días, dado lo mucho que se prodiga últimamente por allí (y todavía tiene que volver otra vez para presentar Airbag).

Justo antes de comenzar la proyección de la recién estrenada Le fils de Joseph, Green se dirige a la concurrencia haciendo gala de su sentido del humor: "Mi cine es muy peculiar, por eso no me molestaré si en mitad de la película se levantan ustedes y se marchan: ya estoy acostumbrado." Esto último, por suerte, no llega a suceder (el público de la Filmo sabe lo que se hace...), pero sí que es bastante palpable la primera parte de su afirmación: mirando directamente a cámara, valiéndose del plano contra plano en muchos diálogos, Green obliga a los actores a recitar el texto como lo hubieran hecho los personajes de Corneille o de Racine. Dicha frontalidad ha llevado a Esteve Riambau a decir que el suyo es un cine de la parole, lo que en francés vendría a ser el uso concreto de la lengua.

Texto del que los intérpretes, por cierto, no tienen permitido cambiar ni una coma. Maria de Medeiros bromea al respecto: "Sólo me atreví a sugerirle una pequeña adición una vez... ¡y se lo comenté con tres semanas de antelación!" La frase, todo sea dicho, se mantuvo en el montaje final: es aquella, pronunciada en plena embriaguez durante una fiesta, en la que Violette Tréfouille, la extravagante crítica literaria interpretada por Medeiros, habla de Marcel Proust como si aún viviese y afirma "que últimamente ya no es el que solía".



Viendo El hijo de José es fácil que nos vengan al pensamiento los nombres de Manoel de Oliveira o de Robert Bresson. A requerimiento de un espectador, Green admite la influencia del cineasta francés, si bien en Bresson no hay sentido del humor. Es curioso, al respecto, cómo Green pone en boca del personaje de Vincent (Victor Ezenfis) determinados chistes lingüísticos que bien podrían pasar por enigmàrius de los que Màrius Serra propone a sus oyentes de Catalunya Ràdio. De hecho, nos regala otro, en vivo y en directo, a los presentes en la Sala Chomón, al traducir cocktail por "cola de gallo".

De todos modos, si algo transmite Le fils de Joseph es espiritualidad (que no misticismo). Más aún: Maria de Medeiros ha hablado de étonnement ('asombro', 'estupefacción'). Esos silencios, junto con lo cuidado del sonido ambiente, son el mejor aliado para tratar una historia de resonancias bíblicas que Eugène Green ha querido relacionar con los nuevos modelos de familia. En ese sentido, el filme vendría a demostrar que la verdadera paternidad tiene poco que ver con la genética y mucho con el afecto. Por eso Vincent decide vengarse de su padre biológico, el editor Oscar Pormenor (Mathieu Amalric), y enseguida se siente atraído por Joseph (el belga Fabrizio Rongione), sin saber que, en realidad, este último es su tío. Claro que, si Vincent, hijo de Joseph y de Marie (Natacha Régnier), el mismo que mortifica a la rata Gargantúa, el mismo que sufre de manía persecutoria hacia Pormenor, el mismo que en determinados momentos parece un personaje de Haneke, debe ser equiparado con Jesús... Entonces se abren un montón de inquietantes posibilidades que nos llevan a pensar cuánto tardarán las fuerzas reaccionarias (la barbarie que tanto detesta Green) en acusarlo de blasfemo. El tiempo lo dirá.