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domingo, 4 de enero de 2026

Father Mother Sister Brother (2025)




Título en español: Padre Madre Hermana Hermano
Director: Jim Jarmusch
EE.UU./Italia/Francia/Irlanda/Alemania, 2025, 110 minutos

Father Mother Sister Brother (2025)


Las tres historias que conforman Father Mother Sister Brother (2025) responden a una forma de hacer cine cuya característica más notable sería el sosiego que transmiten las distintas situaciones expuestas. Algo que, por otra parte, viene siendo habitual en la filmografía de Jarmusch, director independiente estadounidense al que, sin embargo, hace ya tiempo que se le valora más en Europa, razón por la cual esta su última película es una coproducción entre varios países, situándose la acción de dos de los episodios (el segundo y el último) en Dublín y en París, respectivamente.

En el primero de los fragmentos es el padre (Tom Waits), un anciano decrépito que vive solo en su cabaña a las afueras de New Jersey, quien recibe la visita de sus dos hijos (Adam Driver y Mayim Bialik), a los que hace mucho tiempo que no veía. Algo similar a lo que ocurre en el siguiente, donde ahora es una madre (Charlotte Rampling), novelista de éxito, la que acoge a dos hermanas (Cate Blanchett y Vicky Krieps) enormemente distintas entre sí. En cambio, el tercero explica el reencuentro de dos hermanos (Luka Sabbat e Indya Moore) que visitan el antiguo apartamento de sus padres, ya fallecidos.



Aparte de la predilección de Jarmusch por los planos en ángulo cenital, sobre todo de las mesas donde se sirve la comida, hay una serie de constantes que se irán repitiendo en los tres segmentos, ya sean frases (como el modismo alusivo a un tal tío Bob) o esos jóvenes skaters que avanzan a cámara lenta por las calles y que tanto recuerdan a los de Paranoid Park (2007) de Gus Van Sant. Todo ello inmerso en una banda sonora, compuesta por el propio cineasta en colaboración con Annika Henderson, cuya sonoridad envolvente remite al sonido ambient a lo Music for Airports (1978) de Brian Eno.

Aunque lo más remarcable de la cinta, premiada con el León de Oro en la última edición del Festival de Venecia, es el sentimiento de pérdida que se percibe en todas las historias, esos lazos familiares debilitados por el paso del tiempo o simplemente por la desidia fruto de un mundo, el de la sociedad líquida, en el que todo va demasiado deprisa, incluso las relaciones humanas. Secretos y mentiras (o por lo menos medias verdades), silencios incómodos y demás temas recurrentes que propician que los personajes, pese al vínculo que los une, sean en realidad unos perfectos desconocidos los unos para los otros.



miércoles, 30 de abril de 2025

El último suspiro (2024)




Título original: Le dernier souffle
Director: Costa-Gavras
Francia, 2024, 97 minutos

El último suspiro (2024) de Costa-Gavras


Un insistente aroma a despedida flota de principio a fin en Le dernier souffle (2024), título de resonancias buñuelianas con el que el veterano Costa-Gavras pudiera estar cerrando su ya extensa filmografía. Circunstancia que, por otra parte, se hace aún más evidente con la obsesión por la muerte que demuestran los personajes de un filme absolutamente crepuscular, aunque en absoluto pomposo.

A este respecto, el fallo positivo que anuncian las pruebas médicas a las que Fabrice Toussaint (Denis Podalydès) es sometido da lugar a una serie de reflexiones entre el filósofo y el equipo de cuidados paliativos que lo atiende, encabezado por el doctor Augustin Masset (Kad Merad), generalmente ilustradas con antiguos casos en forma de flashback procedentes de la experiencia profesional de los galenos, un poco al estilo de las digresiones en los ensayos freudianos.

Charlotte Rampling en un breve papel de enferma terminal


Sin embargo, la certeza ante el final de la vida no se traduce, ni mucho menos, en una actitud pesimista, sino todo lo contrario, como lo demuestra el halo mágico que desprende la secuencia en la que una niña gitana ameniza el séquito de Estrella (Ángela Molina) entonando la canción "Deux escargots s'en vont à l'enterrement d'une feuille morte" de Prévert y Kosma.

Asimismo, y pese a la acritud mostrada por Sidonie (Charlotte Rampling), el tono general de la cinta resulta optimista más que otra cosa (o por lo menos dulcemente resignado), como lo demuestra el hecho de que la última palabra que se pronuncia, en boca de la oncóloga Eléonore (Karin Viard), sea "futuro".



martes, 1 de abril de 2025

Recuerdos (1980)




Título original: Stardust Memories
Director: Woody Allen
EE.UU., 1980, 89 minutos

Recuerdos (1980) de Woody Allen


Por más que Woody Allen haya asegurado, por activa y por pasiva, que Stardust Memories (1980) no es un filme autobiográfico, se hace difícil no reconocer en su protagonista a un alter ego del cineasta neoyorquino. Entre otras cosas porque, como él, Sandy Bates manifiesta las mismas filias y fobias. Como dato curioso, llama poderosamente la atención que la partenaire femenina no fuese esta vez Diane Keaton o Mia Farrow, sino una estupenda Charlotte Rampling que se mete en la piel del gran amor/obsesión de un hombre que, pese al éxito y reconocimiento profesional de los que goza, pese a la atracción que siente hacia otras mujeres (Jessica Harper, Marie-Christine Barrault), no ha logrado superar aún la ruptura sentimental con la que fuese su musa.

Aunque, a decir verdad, si por algo destaca esta excelente comedia en blanco y negro es por el homenaje, rozando la parodia, que rinde al Fellini de (1963). Y es que la crisis creativa en la que se halla inmerso el susodicho Bates, a vueltas con los inconvenientes que comporta la fama, entronca de pleno con la que vivía en aquella película el personaje interpretado por Marcello Mastroianni. Asimismo, el primer cuarto de hora, sin diálogos (la supuesta obra maestra de un genio incomprendido), remite también al cine de Bergman o Antonioni, con esos viajeros encerrados en vagones de tren que conducen a un vertedero.



Relato de un director un tanto neurótico al que los fans acosan allá adonde va y cuya presencia en festivales levanta verdadera expectación, el origen de semejante planteamiento cabe buscarlo en la recepción que habían obtenido títulos anteriores de Allen cuando éste, a finales de la década de los setenta, había decidido ponerse "serio" con obras de la altura de Annie Hall (1977) o Interiores (1978). Lo cual convertía a la cinta que nos ocupa en una suerte de réplica cínica contra la industria y la crítica que siempre esperan del cineasta que los deleite con los mismos chistes.

Y, sin embargo, toda la carga existencial que se intuye en el trasfondo, todas las secuencias oníricas de inspiración surrealista, repletas de saltos temporales en el marco de la difusa línea entre realidad y fantasía que ello comporta, no impiden que los diálogos contengan réplicas divertidísimas mediante las que Woody Allen satiriza la obsesión del público por las celebridades, así como la constante invasión de su privacidad por parte de esos mismos cinéfilos ávidos de autógrafos. Definitivamente, una de las producciones más inspiradas del siempre genial Allan Stewart Konigsberg.



sábado, 29 de marzo de 2025

El portero de noche (1974)




Título original: Il portiere di notte
Directora: Liliana Cavani
Italia/Francia, 1974, 118 minutos

El portero de noche (1974) de Liliana Cavani


Viena, 1957. La rutina diaria de una próspera y apacible capital centroeuropea encubre realidades incómodas de un pasado no tan remoto que amenazan con aflorar en cualquier momento. Circunstancia que se precipita cuando el reencuentro casual entre dos personas cuyos destinos se vuelven a cruzar pone de manifiesto que, pese a los años transcurridos, el vínculo entre ellas permanece intacto...

Un modesto recepcionista de hotel (Dirk Bogarde) y la esposa de un reputado director de ópera (Charlotte Rampling) protagonizan esta insólita historia de connotaciones abiertamente sadomasoquistas entre quienes una vez fueron torturador y víctima en los campos de exterminio nazi. En su momento, un crítico del New York Times llegó a tildar de "pornografía romántica" a una película controvertida donde las haya. Detalle que pone, sin duda, de manifiesto hasta qué punto resultó polémico el estreno de Il portiere di notte (1974).

En The Servant (1963), de Losey, Dirk Bogarde interpretaba un papel similar


Visualmente estamos ante una propuesta deudora de lo que Visconti ya había llevado a cabo, con los mismos actores, por cierto, en la no menos incómoda La caída de los dioses (1969): burguesía decadente y ambigua, sordidez de costumbres, etc. Sólo que aquí la cosa adquiere una dimensión mucho más procaz, habiéndose convertido la estampa del personaje de Lucía (Rampling), con los senos al aire, gorra de plato y tirantes, en el símbolo de una estética perturbadoramente sexualizada.

Elementos que, en definitiva, contribuyeron a generar un escándalo mayúsculo ante lo que se consideró una banalización del holocausto, así como la peligrosa apología de estereotipos nocivos en materia de sumisión femenina. Una auténtica tormenta de críticas que, sin embargo, no hizo sino avivar el interés por una cinta que, al igual que ocurriera previamente con El último tango en París (1972), estaba llamada a marcar una época.



viernes, 3 de enero de 2025

La caída de los dioses (1969)




Título original: La caduta degli dei (Götterdämmerung)
Director: Luchino Visconti
Italia/Alemania/Suiza, 1969, 158 minutos

La caída de los dioses (1969) de Luchino Visconti


Con La caduta degli dei (1969) Visconti iniciaba lo que acabaría siendo su trilogía alemana, completada posteriormente por Muerte en Venecia (1971) y la monumental Luis II de Baviera (1973). Sin embargo, en el momento de su estreno, a finales de los sesenta, la película fue objeto de bastante controversia, hasta el extremo de que en Estados Unidos la clasificaron X a consecuencia de una escena incestuosa entre madre e hijo.

A decir verdad, la decadencia de la familia Essenbeck, propietaria de una lucrativa compañía siderúrgica por cuyo control todos se pelean, sirve de pretexto para establecer un evidente paralelismo con la Alemania nazi. Son los años treinta y el ambiente de descomposición social que se respira tanto en casa como en la calle preludia la debacle sin remedio que en breve se consumaría a todos los niveles.



De todos modos, algo profundamente personal se intuye en el fondo de un filme que arremete contra la institución familiar con la misma virulencia que cuestiona la moral hipócrita de la alta burguesía. Parece como si su director y guionista, surgido de la aristocracia, hubiese querido llevar a cabo algún ajuste de cuentas que, en puridad, ya estaba presente en Vaghe stelle dell'Orsa... (1965) y sobre el que volverá años más tarde en Confidencias (1974).

En ese sentido, la depravación y ambigüedad de los personajes, ya se trate de Friedrich (Dirk Bogarde), de Sophie (Ingrid Thulin) o del sibilino Martin (Helmut Berger), deja entrever la complicidad de la élite industrial alemana con el auge del nuevo régimen, en cuyo ascenso ven una oportunidad para mantener y aumentar su propio poder. Hasta el punto de que la ambición desmedida de dicha clase social, tan corrupta como caduca, terminará traduciéndose en la práctica autodestrucción de sus miembros y de todo un país.



martes, 27 de junio de 2023

Bajo la arena (2000)




Título original: Sous le sable
Director: François Ozon
Francia, 2000, 93 minutos

Bajo la arena (2000) de François Ozon


Dirigida por François Ozon en los albores del siglo XXI, Sous le sable (2000) explora la lucha interna de una mujer de mediana edad (Charlotte Rampling) después de que su esposo Jean (Bruno Cremer) desaparezca inesperadamente a plena luz del día a orillas de una playa. A partir de ese momento, la película se centra en la experiencia emocional de Marie mientras ésta intenta asumir su pérdida. 

De hecho, conforme avance la trama se irá profundizando en su negación y en cómo llega a crear una realidad paralela con tal de mantener viva la esperanza de que el marido regresará alguna vez. En ese aspecto, la interpretación de Rampling resulta excepcional al hacer verosímil el dolor y la soledad de la protagonista.



Asimismo, se logra crear una envolvente atmósfera melancólica, valiéndose de paisajes costeros y escenas íntimas para transmitir las dificultades a las que se enfrentan los personajes. De ahí que la cinta destaque por su representación realista de las diferentes etapas del duelo y la forma que tiene cada individuo de superarlo. Por ejemplo, el pragmatismo de Gérard (Pierre Vernier) y Amanda (Alexandra Stewart) contrasta vivamente con la terquedad con la que Marie, pese a tener delante el cuerpo sin vida de Jean, seguirá negando los hechos en su afán por encontrar paz en medio de la tragedia.

En resumen, Ozon subraya la fragilidad de las relaciones humanas a través de una inteligente puesta en escena, introspectiva y conmovedora, que se desarrolla en un ritmo pausado, permitiendo que el espectador pueda empatizar con la angustia vital de Marie. Lo cual no impide que la trama deje en el aire determinadas incógnitas sobre el futuro inmediato que aguarda a esta mujer, sobre todo en lo concerniente a su nueva relación con Vincent (Jacques Nolot), repleta de silencios elocuentes que agregan profundidad narrativa y permiten, a la vez, un final hasta cierto punto abierto.



lunes, 26 de junio de 2023

Swimming Pool (2003)




Director: François Ozon
Francia/Reino Unido, 2003, 103 minutos

Swimming pool (2003) de François Ozon


La autora de best sellers Sarah Morton (Charlotte Rampling) se traslada desde la inhóspita City londinense a las apacibles inmediaciones del sur de Francia con el firme propósito de hallar inspiración para su próxima novela. Sin embargo, lo que no podía imaginar la célebre narradora británica es que la casa que le ha prestado su editor y amigo John Bosload (Charles Dance) está habitada por una procaz veinteañera...

La sensualidad que transmite el personaje de Julie (Ludivine Sagnier) entronca directamente con la figura de una típica Lolita, si bien los referentes de los que se sirve François Ozon abarcan un espectro muchísimo más amplio de influencias que irían desde las insinuaciones lésbicas de Persona (1966) hasta el morbo latente de Belle de jour (1967) pasando por la tensión erótica de La piscina (1969), de la que el filme que nos ocupa vendría a ser una especie de remake oficioso.



Rodada mayoritariamente en inglés, Swimming Pool (2003) combina elementos propios de los relatos policíacos con una original parábola en torno a la creación literaria, de tal modo que lo que visualiza el espectador no deja de ser el proceso de escritura de una historia que finalmente sólo existe en el imaginario de la propia novelista.

En ese sentido, los límites entre ficción y realidad se desdibujan a lo largo del relato dando pie a una creciente intriga en la que la atracción irresistible que la joven Julie ejerce sobre el resto de personajes irá en aumento hasta desembocar en una turbia trama de secretos inconfesables y crímenes pasionales.



sábado, 24 de junio de 2023

Ángel (2007)




Título original: Angel
Director: François Ozon
Francia/Bélgica/Reino Unido

Ángel (2007) de François Ozon


Segunda incursión en lengua inglesa del francés François Ozon (tras el éxito comercial de la afamada Swimming Pool, 2004), Angel (2007) no pasa de ser un simple biopic a propósito de una exitosa novelista británica. En realidad, el personaje central, Angel Deverell, interpretado por Romola Garai, vendría a ser una especie de trasunto de Marie Corelli (1855-1924) tal y como la imaginó la escritora Elizabeth Taylor (no confundir con la actriz del mismo nombre) en su libro de 1957.

Fantasiosa y rebelde, la joven Angel ascenderá meteóricamente desde la humilde tienda de comestibles que regenta su madre, una oronda viuda sin excesiva fe en el talento de su hija, hasta los salones más selectos de la sociedad eduardiana, adonde, además de ser aclamada gracias a sus frívolas novelas románticas, se enamorará locamente de Esmé (Michael Fassbender), un sombrío pintor que, a pesar de la tortuosa relación que los une (ella todo pasión y alegría; él gris y atormentado), acabará siendo el amor de su vida.



A decir verdad, lo cierto es que el estilo de Ozon, provocativo y un tanto histriónico en muchas de sus películas francesas, queda aquí diluido en aras de un producto decididamente convencional no exento, eso sí, de algún que otro guiño, como la equívoca relación entre la protagonista y Nora (Lucy Russell), hermana de Esmé y devota asistente personal de la literata. En ese orden de cosas, se nota que los productores de la cinta eligieron al director de 8 mujeres (2002) como el candidato idóneo para hacerse cargo de una historia cuyo personaje central destaca por haber llevado una existencia al margen de las convenciones sociales. 

El problema radica en que Ozon, transgresor cuando afronta proyectos personales sobre los que ejerce el control (cuasi) absoluto, difícilmente podía desplegar al cien por cien su temperamento iconoclasta en una coproducción internacional dirigida a un público mainstream. Aun así, o precisamente a causa de ello, la presencia en el reparto de estrellas consagradas como Sam Neill o Charlotte Rampling aporta la necesaria dosis de empaque para salvar un interesante filme de época, pero que, sin embargo, no pasa de correcto retrato de una mujer avanzada a su tiempo.



domingo, 11 de junio de 2023

Joven y bonita (2013)




Título original: Jeune et jolie
Director: François Ozon
Francia, 2013, 95 minutos

Joven y bonita (2013) de François Ozon


Fiel a su gusto por los temas escabrosos, François Ozon le daba otra vuelta de tuerca a la figura de la Lolita osando llegar mucho más lejos de lo que Nabokov y Kubrick jamás tuvieron en mente. Porque los tiempos han cambiado y ahora internet y los dispositivos móviles empoderan a la protagonista de Jeune et jolie (2013) hasta el extremo de vender su cuerpo al mejor postor pese a no haber alcanzado aún la mayoría de edad. Pero, además, sin manifestar tapujos ni una morbosidad transgresora al estilo de Belle de jour (1967), sino más bien instalada en la gélida amoralidad de una juventud materialista y apática.

Ni que decir tiene que esta doble vida, como si de una Melibea moderna se tratase, transcurre ante las mismas narices de unos padres que viven ajenos a los tejemanejes de su en apariencia ingenua hija adolescente. Aunque Isabelle (Marine Vacth) hace ya tiempo que dejó de jugar con muñecas y frente a su selecta clientela de hombres maduros se presenta como la sensual Léa.



Aparte de los referentes arriba expuestos, el guion, escrito por el propio Ozon, bebe de fuentes más o menos reconocibles, como pudieran ser Hardcore (1979) de Paul Schrader. Sin embargo, lo que le mueve no es tanto homenajear los lugares comunes a propósito de un asunto que no es nuevo, sino denunciar la hipocresía de la moral burguesa en torno a la vacuidad de los valores que inculcan a sus hijos. Hasta el extremo de insinuar que los coqueteos de Isabelle con la prostitución de lujo son el reflejo de la misma falsedad que se respira en casa, donde la madre (Géraldine Pailhas) podría estar manteniendo un affaire extramarital con un amigo de la familia y el padrastro (Frédéric Pierrot) deja entrever una cierta atracción física hacia su alnada.

Lo malo es que cuando Isabelle, descubierta tras el fallecimiento repentino de uno de sus clientes, decida relacionarse con muchachos de su edad, se va a dar cuenta de que está insensibilizada, tanto o más que un año antes, cuando perdió la virginidad con un chico alemán al que conoció durante las vacaciones de verano. Pequeña gran tragedia de una generación precoz que, habiendo consumido pornografía desde edades cada vez más tempranas, se verán abocados a una irremisible insatisfacción permanente.



sábado, 10 de junio de 2023

Todo ha ido bien (2021)




Título original: Tout s'est bien passé
Director: François Ozon
Francia/Bélgica, 2021, 113 minutos

Todo ha ido bien (2021) de François Ozon


Emotiva cinta en torno al siempre controvertido asunto de la eutanasia, Tout s'est bien passé (2021) nos devuelve al Ozon más intimista, capaz de abordar temáticas que toquen la fibra del espectador, tal y como ya hiciera en anteriores títulos de su prolífica filmografía como, por ejemplo, Mi refugio (2009) o El tiempo que queda (2005). En ese aspecto, la situación de un octogenario gravemente impedido tras sufrir un derrame cerebral (magníficamente interpretado por André Dussollier) propicia que el director francés lleve a cabo un delicado ejercicio de introspección que tiene su principal baza en la entrega de las dos hijas del hombre (Sophie Marceau y Géraldine Pailhas) a la hora de eludir los escollos legales que pudieran impedir el cumplimiento de la última y conmovedora voluntad paterna.

Sin embargo, la relación familiar entre unos y otros a lo largo de los años no ha sido precisamente un camino de rosas, en especial con la madre (Charlotte Rampling), escultora de renombre pero desdichada a causa del infeliz matrimonio con un individuo que jamás ocultó sus inclinaciones homosexuales. De hecho, aún pulula por el hospital un curioso personaje (Grégory Gadebois) cuyo vínculo con el anciano irá paulatinamente quedando claro conforme los familiares venzan sus reticencias iniciales para permitirle el acceso a la habitación.



El protagonismo, no obstante, recae plenamente sobre Emmanuèle (Marceau), escritora e hija "predilecta" del convaleciente pese a las muchas rencillas que la mujer arrastra de una infancia difícil junto al ahora venerable anciano y que irá sucesivamente rememorando mediante diversas secuencias retrospectivas. Ante ella se abre, por tanto, el espinoso dilema, en forma de sándwich mordido, de si ayudar a morir al que fuera un mal padre no será, al mismo tiempo, un cruel ajuste de cuentas.

Basada en la obra autobiográfica de una antigua guionista del propio Ozon, Emmanuèle Bernheim (1955-2017), la película plantea cuestiones de hondo calado ético que el cineasta resuelve con su habitual estilo entre melodramático y ligeramente frívolo. A destacar la presencia en el reparto de Éric Caravaca, en el papel de Serge Toubiana, y, sobre todo, de la legendaria Hanna Schygulla como responsable de la organización helvética que garantiza la muerte digna de quienes se acogen a sus servicios.



martes, 20 de diciembre de 2022

Zardoz (1974)




Director: John Boorman
Irlanda/EE.UU./Reino Unido, 1974, 107 minutos

Zardoz (1974) de John Boorman


"Si esto es pensamiento intelectual, entonces el Pato Donald merece el Premio Nobel". Así se refería a Zardoz (1974) el autor de una contundente reseña sobre la película que apareció publicada en las páginas del Daily Express. De lo cual se infiere la pésima recepción que en su momento mereció una cinta masacrada por crítica y público hasta el extremo de que, según algunas fuentes, muchos espectadores que salían horrorizados de los cines desanimaban a quienes esperaban en la cola antes de entrar, lo cual contribuiría más aún a su estrepitoso descalabro en taquilla.

Lo cierto es que el propio John Boorman, director y guionista del engendro, admitiría tiempo después que por aquellos días se hallaba tan enganchado a las drogas que ni él mismo tiene muy claro de qué trataba el argumento de una historia repleta de incongruencias. Baste decir que la acción se sitúa en un lejano 2293, cuando las condiciones de vida en la Tierra se han vuelto tan sumamente hostiles que apenas cinco clanes (los brutales, los eternos, los renegados, los apáticos y los feroces exterminadores) se reparten los escasos recursos del planeta.



Sin embargo, el paso del tiempo, siempre tan caprichoso en lo que a modas y gustos se refiere, ha convertido en título de culto lo que en el momento de su estreno no pasó de simple fracaso comercial. Tanto es así que hoy se nos aparece como una rareza digna de estudio, en torno a temas como la inmortalidad o las relaciones de poder, cuyos personajes habitan en la burbuja del Vórtice bajo la atenta supervisión del todopoderoso Tabernáculo (especie de cerebro electrónico que permite presagiar la importancia que la inteligencia artificial llegará a tener en nuestro día a día).

Queda para la posteridad el peculiar atuendo que luce Sean Connery en su papel del aguerrido Zed: una exigua vestimenta, tan sensual como hortera, que sería la prueba fehaciente de lo desesperado que debió de sentirse el intérprete escocés, en horas bajas tras abandonar la franquicia Bond. Como también llama poderosamente la atención esa enorme cabeza flotante de piedra que incita a la violencia desaforada de sus adeptos mientras escupe rifles por la boca.



sábado, 2 de junio de 2018

Hannah (2017)




Director: Andrea Pallaoro
Italia/Francia/Bélgica, 2017, 95 minutos

Hannah (2017) de Andrea Pallaoro


Planos larguísimos, cámara estática, silencios incómodos, escenas cotidianas: la tragedia fuera de campo. Hannah no aporta ninguna respuesta, sino que es el espectador quien debe intuir qué está sucediendo. Aunque no llegue a ninguna conclusión definitiva. Cierto que vemos ingresar en la cárcel al marido de la protagonista. Que el hijo del matrimonio no quiere saber nada de ellos, impidiendo, incluso, que la mujer asista al cumpleaños del nieto. Pero la razón última de lo que ocurre se nos escapa.

Hay determinados momentos en los que incluso llegamos a dudar sobre la veracidad de lo que aparece en pantalla, como si los delirios del personaje de Charlotte Rampling se mezclasen con la realidad: ¿qué es ese aguanieve que inunda las calles un par de veces? ¿Y los niños del piso de arriba que se bañan en un líquido naranja?



De todos modos, Hannah se aferra a la normalidad de su vacua existencia asistiendo a clases de teatro y mediante su trabajo como empleada doméstica. Quizá el joven director italiano Andrea Pallaoro haya querido así, mostrándola como una mujer capaz de convivir con otros, de sentir afecto por el hijo pequeño de la mujer a la que le limpia la casa, que nos pongamos de su parte, que, como mínimo, lleguemos a palpar lo doloroso de su soledad.

Una actuación impecable que le valió a Rampling la Copa Volpi del Festival de Venecia y que sitúa a su director en la nómina de cineastas a tener en cuenta durante los próximos años.

Rampling y Pallaoro durante el rodaje de Hannah

miércoles, 8 de febrero de 2017

45 años (2015)




Título original: 45 Years
Director: Andrew Haigh
Reino Unido, 2015, 91 minutos

45 años (2015) de Andrew Haigh


En la presentación que tenía lugar esta tarde en la Filmoteca de Catalunya, Judith Vives ha calificado 45 Years (2015) de "película de cámara". Lo cual es bastante certero, teniendo en cuenta que el peso de la acción dramática recae básicamente sobre la pareja protagonista, unos Charlotte Rampling y Tom Courtenay que, como marca el tópico, están "en estado de gracia" en sus respectivos papeles.

A partir del relato In Another Country de David Constantine, el británico Andrew Haigh ha sabido, en el tercero de los largometrajes que dirige, dosificar las emociones para narrar una historia sumamente contenida en la que el descubrimiento en un glaciar suizo de los restos de Katya, la primera pareja de Geoff (Courtenay), trastoca los cimientos del matrimonio Mercer en vísperas de la celebración de su cuadragésimo quinto aniversario de bodas.



Es ésta una historia antigua, que tiene su precedente más ilustre en la Rebeca (1940) de Hitchcock, pero que no por ello ha perdido ni un ápice de su efectividad. Sobre todo porque el ánimo de Kate (Rampling) irá siendo minado por el conocimiento de pequeños detalles que su marido no ha sido capaz de confesarle tras tantos años de convivencia.

La guinda y sabia conclusión a tantos larvados sentimientos será ese baile en la fiesta del final de la película, en el que la letra de Smoke Gets in Your Eyes de los Platters condensa a la perfección lo que está pasando entre ambos, en especial la amarga decepción de ella al comprobar que su marido no es más que un viejo egoísta y patético.