Título en español: Bárbaro
Director: Zach Cregger
EE.UU./Bulgaria, 2022, 102 minutos
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| Barbarian (2022) de Zach Cregger |
Antes de arrasar con Weapons (2025), el director Zach Cregger ya había hecho sus pinitos en el cine de terror gracias a Barbarian (2022), cinta que plantea no pocos paralelismos con la susodicha y cuya acción se sitúa en Brightmoor, un antiguo barrio residencial de Detroit al que la recesión económica (más algún que otro inconveniente que el espectador irá descubriendo conforme avanza la trama) condenaron a la decadencia y gradual abandono por parte de sus vecinos. El caso es que Tess (Georgina Campbell) llega de noche y descubre que la casa ya está ocupada por Keith (Bill Skarsgård), por lo que a partir de ese momento, y durante los primeros cuarenta minutos, cada gesto del joven, a pesar de sus esfuerzos por resultar amable, activa las alertas de la protagonista (y de paso las nuestras), condicionados por los códigos habituales del género.
Aun así, lo que verdaderamente llama la atención de Barbarian es su osada estructura narrativa fragmentada. Y es que justo en el punto álgido del conflicto en el sótano, la película corta bruscamente hacia la presentación de AJ (Justin Long), un actor de Hollywood envuelto en acusaciones de agresión sexual, por parte de una compañera de reparto, que viaja a Detroit para tasar sus propiedades. Dicha interrupción rompe de forma deliberada el ritmo convencional, a la vez que introduce un contrapunto cómico y hasta corrosivo. De hecho, el personaje de AJ aporta incluso un matiz de sátira social sobre la hipocresía masculina, creando un enorme contraste con la claustrofobia que sufre Tess.
En otro orden de cosas, el hecho de que una parte muy concreta de la historia, pero decisiva, se desarrolle durante los años ochenta lleva implícita una crítica velada contra las políticas neoliberales implementadas a partir de aquella década por la Administración Reagan. No de otra forma hay que entender el estado ruinoso en el que se encuentra el vecindario, independientemente de que alguien se dedique a cometer atrocidades en el sótano de una de las viviendas.
Asimismo, tampoco es casualidad que la casa en cuestión, situada en el número 476 de la calle Barbary (doble alusión al título original, tomando como referencia el año de la caída del Imperio Romano de Occidente a manos de los bárbaros), se haya puesto en alquiler a través de Airbnb. En ese sentido, la imagen que se ofrece de la mencionada plataforma no puede ser peor, ya que además de provocar que hasta tres usuarios distintos (el trío protagonista) coincidan en el mismo alojamiento, el contraste entre el barrio devastado y la casa impecablemente remodelada sugiere el abandono urbano y la gentrificación propias de las comunidades olvidadas por las instituciones.


















































