Título original: The End of Oak Street
Director: David Robert Mitchell
EE.UU./Canadá/Australia, 2026, 99 minutos
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| El final de Oak Street (2026) de David R. Mitchell |
Muy altas estaban las expectativas después de que David Robert Mitchell nos regalase dos interesantísimas muestras de su talento en It Follows (2014) y Lo que esconde Silver Lake (2018). Sin embargo, no puede decirse lo mismo de The End of Oak Street (2026), su más reciente trabajo, especie de Parque Jurásico pasado por el tamiz del también cineasta y productor J.J. Abrams. Y eso que la cinta, protagonizada por Ewan McGregor y Anne Hathaway, contiene momentos impagables (que difícilmente tendrían cabida en una entrega de cualquier franquicia auspiciada por Spielberg), como el hecho de ver a una pareja de dinosaurios copulando o incluso defecando.
Tampoco el guion, obra del propio Mitchell, parece mucho más original, tratándose de una típica historia familiar repleta de lugares comunes: padres a punto de separarse, chaval adolescente víctima de bullying, chica aficionada a la astronomía (presumiblemente lesbiana) y una zona residencial de los ochenta que, por arte de birlibirloque, viaja en el tiempo hasta la era Mesozoica sin ofrecer mayores explicaciones. El hecho de que la madre (Hathaway) escriba a escondidas en el sótano una novela autobiográfica o que el padre (McGregor) se gane la vida como repartidor de pizzas a domicilio apenas contribuye a otorgarle mayor interés a un producto que se mueve en el terreno de lo convencional.
Dejando de lado que muchas de las criaturas prehistóricas que irrumpen en el jardín de los protagonistas habitaron la Tierra en diferentes períodos (a Hollywood nunca le han importado estas cuestiones anacrónicas), lo cierto es que la cinta resulta entretenida, que es lo único que se le puede exigir a un producto diseñado por la compañía Bad Robot para disfrute entusiasta de todos los públicos. Máxime si Mitchell, quien dedica la película a la memoria de su padre, fallecido hace un par de años, adorna la puesta en escena con detalles propios de autor. Así pues, aunque hacia el final se revela que la acción transcurre en 1982, previamente el espectador ya ha tenido ocasión de deducirlo gracias a canciones de la banda sonora (como "Valerie" de Steve Winwood o "More Than This" de Roxy Music) que se habían publicado en aquellas mismas fechas.
En definitiva, y pese a lo impostado de un final feliz sin mayores complicaciones, The End of Oak Street reafirma la maestría de su director para subvertir algunas convenciones del género, transformando un escenario de supervivencia prehistórica en una lúcida y tensa radiografía de la fragilidad doméstica. Apoyado en unas sólidas interpretaciones, una impecable factura visual y una narrativa que favorece el suspense sugerido sobre el espectáculo gratuito, el resultado final logra un equilibrio perfecto entre el cine más de autor y las aventuras de gran estudio, consolidándose como una propuesta tan estilizada como perturbadora sobre el colapso de nuestras certezas cotidianas.


















































