Título adicional: La caza de un campesino
Directores: Eduardo Campoy y José Luis Fernández Pacheco
España, 1982, 85 minutos
![]() |
| Copia 0 (1982) de Campoy y Fernández Pacheco |
El rasgo más original de Copia 0 (1982) estriba en que se trata, de hecho, de dos películas en una, de modo que la acción va saltando alternativamente de la una a la otra conforme avanza el metraje. Así pues, tenemos por un lado la historia de Carlos (Fernando Fernán-Gómez), veterano cineasta apesadumbrado por una existencia monótona que él intenta sobrellevar abusando de la bebida y a través de la relación un tanto distante que mantiene con su hija, una moderna y simpática locutora de radio (Mercedes Camins); por otra parte, el filme que Carlos está rodando, La caza de un campesino, se desarrolla ante nuestros ojos, espectadores privilegiados de esos rushes o copia cero a los que alude el título.
Evidentemente, una estructura de tales características da pie a alguna que otra ruptura, como por ejemplo cuando, transcurridos los primeros instantes, irrumpen en el plano las cámaras de lo que en realidad es un rodaje cinematográfico. Y lo cierto es que dicho contraste se va a mantener de principio a fin de la cinta, con una trama eminentemente rural y otra por completo urbana en la que, además de hacerse alusión a novedades técnicas en torno al mundo del vídeo y la edición audiovisual, no dejan de sonar de fondo los grupos de moda en aquel entonces: Alaska y los Pegamoides, Nacha Pop, Los Secretos, Cadillac...
Sin embargo, es el relato campestre el que más atañe a Carlos, ya que se basa en una antigua vivencia familiar vinculada con su padre. Los hechos descritos se sitúan hacia los años treinta, en un contexto marcado por la actitud abusiva del señorito local hacia los lugareños y los devaneos que uno de ellos, Miguel (interpretado por el malogrado Luis Suárez), mantiene con la madre del primero. Circunstancia que provocará las iras del susodicho y de ahí la ya mencionada caza que decreta contra el joven vendimiador.
En suma, resulta fácil deducir que Carlos se siente un extraño en el mundo que habita. En ese sentido, no hay más que ver su semblante serio al volante mientras en la radio del coche se escuchan las canciones pegadizas del programa que presenta su hija. O la escena que transcurre en una parada de metro, donde el hombre entabla conversación con un sin techo (Miguel Rellán) al que le presta el periódico y con quien termina compartiendo la botella de whisky que acaba de comprar. Desgana vital que él mismo verbaliza en un momento dado, ya hacia el final: "Me asusta pensar siquiera en mañana, en que tengo que volver a seguir engañando, fingiendo algo de lo que ya no queda sino un vago reflejo. Se me han escapado las horas, el tiempo, la vida... Lo único que ahora me queda es apariencia".


















































