Título original: Power Ballad
Director: John Carney
Irlanda/EE.UU., 2026, 98 minutos
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| Letras robadas (2026) de John Carney |
La premisa de la cual parte Power Ballad (2026), un caso de apropiación intelectual, nos recuerda que los litigios en el mundo de la música son un fenómeno bastante más frecuente de lo que a veces pensamos. Y es que de figurar o no como compositor de un éxito de ventas (o de descargas, escuchas, visualizaciones...) depende el hecho de vivir de rentas el resto de tus días o simplemente permanecer en el anonimato sin mayor pena ni gloria.
En ese orden de cosas, Rick (Paul Rudd) es el vocalista de un modesto conjunto que ameniza banquetes de boda con el habitual repertorio de hits ochenteros llenapistas. Aunque una noche, después de una actuación, el azar propicia el encuentro del cantante con el ídolo de masas Danny Wilson (interpretado por Nick Jonas, ex miembro de los célebres Jonas Brothers en la vida real) y, entre cerveza y cerveza, ambos terminan compartiendo canciones y confesiones. El problema vendrá cuando, meses más tarde, Rick descubre que el otro ha hecho suya una composición que, para colmo, termina convirtiéndose en un fenómeno viral...
Como ya sucediera en Once (2006) o la posterior Sing Street (2016), la música vuelve a jugar un papel determinante en la última película del irlandés John Carney (Dublín, 1972). Y no sólo porque sus personajes se dediquen de pleno a dicha actividad, sino sobre todo por el carácter eminentemente liberador que sobre ellos ejerce en tanto que verdadero motor de curación emocional y conexión humana. Aun así, lo que eleva a Power Ballad sobre otras comedias por el estilo es cómo aborda el binomio éxito-fracaso, ya que Carney profundiza en el dolor silencioso de quienes se quedan a las puertas de la gloria, conviviendo con la sombra de lo que pudo haber sido.
De modo que el director de la cinta nos ofrece aquí una entrega más de la fórmula que lleva años perfeccionando. Una propuesta honesta, divertida y a ratos agridulce, en la que entran también en juego temas como la amistad (tremendo Peter McDonald en su papel de colega entrañablemente torpe del protagonista) y la familia (con la mujer y la hija de Rick apoyándole y a veces burlándose de él), que funciona como bálsamo para el público en general, recordándonos que el valor real de crear algo hermoso reside muchas veces en el acto mismo de hacerlo, y no tanto en los focos que lo iluminan.


















































