Director: Manuel Menchón
España/Argentina, 2026, 88 minutos
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| La voz quebrada (2026) de Manuel Menchón |
El creciente interés en torno a la figura de García Lorca ha propiciado que en los últimos tiempos se estén llevando a cabo diversas aproximaciones, tanto editoriales como cinematográficas, a su vida y obra. Tras el éxito arrollador (rozando el fenómeno sociológico) de La bola negra (2026), le llega ahora el turno a La voz quebrada (2025), documental dirigido por Manuel Menchón que, al igual que la película de los Javis, pretende arrojar luz sobre un episodio relativamente desconocido de la vida sentimental del poeta granadino. En realidad, ambas propuestas, pese a obedecer a principios estéticos (y, asimismo, a una factura técnica) muy distintos, se complementan a la perfección.
Y es que los amores y desamores lorquianos, largamente silenciados por razones obvias, dan mucho de sí. Y si su relación con Rafael Rodríguez Rapún, abordada de forma tangencial en uno de los episodios de la susodicha Bola negra, arrasa en taquilla, el vínculo con Juan Ramírez de Lucas, último amor de Federico, añade una pieza más en la siempre ardua tarea de reconstruir la trayectoria vital de un escritor tan popular como paradójicamente desconocido. Así pues, la propuesta de Menchón viene a ser un ejercicio más que correcto de memoria histórica y sensibilidad cinematográfica en el que se aborda la figura de García Lorca desde una perspectiva despojada de la solemnidad del mito en un intento por rescatar al hombre vulnerable, enamoradizo y trágicamente fusilado.
Fiel al mandato de que la verdad sobre la relación que mantuvo con Lorca no podía revelarse hasta después de su fallecimiento, Menchón convierte los diarios y la correspondencia epistolar de Ramírez de Lucas, documentos archivados durante décadas, en el hilo conductor de su documental. De modo que la cinta no busca tanto recrearse en el drama del poeta mártir, sino sobre todo recuperar la dimensión íntima del literato que planeaba un futuro junto a su amante mientras la amenaza del fascismo se cernía sobre España.
De entre el valioso material expuesto, destaca especialmente el hallazgo cinematográfico de imágenes inéditas en movimiento filmadas en 1932 donde se aprecia a un Lorca risueño e hiperactivo junto al grupo teatral universitario La Barraca. A este respecto, ver al poeta sonreír, gesticular y moverse desarticula la iconografía estática a la que los libros de texto nos tienen acostumbrados, logrando una cercanía casi física con el espectador. Sensación que la voz en off de Álvaro Morte, recreando el hipotético acento andaluz del protagonista, no hace sino incrementar.

















































