Título en español: Estocolmo
Director: Rodrigo Sorogoyen
España, 2013, 90 minutos
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| Stockholm (2013) de Rodrigo Sorogoyen |
La primera película que Sorogoyen dirige en solitario, después de la olvidable 8 citas (2008) y al margen de sus trabajos televisivos, es este duelo actoral entre Javier Pereira y Aura Garrido a propósito de dos extraños que entablan una relación tan fugaz como repleta de altibajos. En un principio, Él hace lo imposible por seducirla a Ella, llegando incluso a recorrer desnudo las calles de Madrid en prueba de la veracidad de su enamoramiento. Estrategia que da finalmente resultado, por lo que la joven, reticente en un principio, termina por subir al apartamento del susodicho. Situación que, a la mañana siguiente, satisfechos los deseos del seductor, se invierte por completo, de modo que ahora es Él quien muestra su verdadera cara de manipulador narcisista (y hasta violento) y Ella la que, tras haber sucumbido a sus encantos, se resiste a abandonar el piso...
Aparte de hacer referencia a la capital sueca, destino de muchos estudiantes de Erasmus, Stockholm (2013) se titula así en alusión al síndrome que a menudo desarrollan las víctimas hacia sus captores. En ese aspecto, el personaje de Aura Garrido responde a un perfil de chica, aparentemente inexpugnable, pero cuya vulnerabilidad se irá poniendo gradualmente de manifiesto conforme su oponente masculino la vaya atrapando en sus redes. Una evolución que la fotografía de Alejandro de Pablo subraya de modo especialmente evidente mediante el predominio de tonalidades frías en las escenas nocturnas y, en abierto contraste, ya en la segunda parte, el blanco radiante de las secuencias matutinas.
Es este primer Sorogoyen un cineasta en ciernes, aún obsesionado por los entresijos de las relaciones de pareja postadolescentes y al que le unen no pocos vínculos, temáticos y estilísticos, con su compañero de generación Jonás Trueba. No en vano, este último también presentaba aquel mismo año su respectiva película fundacional, Los ilusos (2013), con la particularidad, además, de que ambas producciones contaban con la presencia de Aura Garrido en el reparto. La diferencia, sin embargo, estriba en el hecho de que si bien Jonás parece que se ha estancado en un tipo de cine de vocación independiente, el otro, en cambio, ha ido abordando proyectos mucho más ambiciosos en cuanto a presupuesto y trascendencia mediática. Lo cual no impediría que sus destinos volviesen a cruzarse, una década más tarde, cuando en Volveréis (2024) se cita explícitamente el rodaje de la serie de Rodrigo Los años nuevos (2024).
En cualquier caso, y más allá de su asfixiante retrato de las dinámicas de poder entre dos desconocidos, Stockholm funciona como una brillante obra de orfebrería dramática que revela sin tapujos su vocación teatral, encapsulando en el encierro de un claustrofóbico espacio único la irreversible colisión de sus dos protagonistas. Esta estructura de cámara, sumada al perturbador viraje desde el idilio nocturno hacia la manipulación y la sumisión psicológica, evoca un eco lejano del mapa emocional de clásicos como El coleccionista (1965) de William Wyler, donde el encierro físico cede su lugar a una igual de implacable reclusión invisible. En su sobrecogedor desenlace, el firme pero sereno gesto de Ella al dirigirse al borde de la terraza y precipitarse al vacío pone un devastador punto final a esa simetría rota, ofreciendo el silencio absoluto como el único refugio posible frente al abismo de la deshumanización.


















































