Título en español: Seis días corrientes
Directora: Neus Ballús
España, 2021, 85 minutos
Héroes cotidianos
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| Sis dies corrents (2021) de Neus Ballús |
El espacio en el que transcurre Sis dies corrents (2021) se circunscribe al mismo universo, entre fantasmal y decadente, en el que José Luis Guerín situaría, años más tarde, sus Historias del Buen Valle (2025): un cinturón industrial barcelonés de ciudades dormitorio (Cornellà, Hospitalet, Torrebaró...) que tradicionalmente no ha tenido cabida en las producciones cinematográficas al uso. Asimismo, sus protagonistas, interpretados por actores no profesionales, proceden de una extracción social que antaño habríamos denominado obrera y que en la actualidad se dedica a hacer chapuzas a domicilio.
En efecto, la cineasta catalana Neus Ballús adorna su puesta en escena con una ligera nota cómica cuyo trasfondo documental nos habla de la verdadera naturaleza de una sociedad multicultural fruto de sucesivas olas inmigratorias. Así pues, si el veterano Pep, ya a punto de jubilarse, encarna el perfil prototípico de la clase trabajadora de toda la vida, Valero vendría a ser la versión moderna del charnego. De ahí la desconfianza con la que recibe a Moha, el ayudante marroquí que recién acaba de incorporarse a la modesta empresa de reformas para la que trabajan los tres.
Es este último, precisamente, quien cumple la función de narrador, confesando al inicio del relato que el oficio de lampista le permite hacer realidad el sueño que tenía de niño de colarse en las casas de los demás. Quizá por ello conecta enseguida con algunos de sus moradores, ya se trate de unas niñas traviesas, del anciano centenario del primer apartamento o de la fotógrafa especializada en erotismo que logra convencerlo para que pose para ella. Un afán por integrarse que le lleva, igualmente, a tomarse muy en serio sus clases de catalán pese a las continuas burlas de sus compañeros de piso.
Sin embargo, si hay un personaje tan insoportable como fascinante, ése es Valero, entre otras cosas por su marcada ambivalencia, ya que mientras se le calienta la boca lanzando improperios contra el pobre Moha, no mueve ni un solo dedo, dedicándose a mirar cómo su nuevo compañero hace todo el trabajo pesado. Una inercia que contrasta cómicamente con su casi neurótica obsesión por adelgazar para poderse embutir en un traje de boda, lo cual pone de manifiesto que su verdadera lucha no es contra el recién llegado (al que llega a apreciar a su manera), sino contra sus propias inseguridades y el pánico a ser desplazado.


















































