Título original: Under the Silver Lake
Director: David Robert Mitchell
EE.UU., 2018, 139 minutos
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| Lo que esconde Silver Lake (2018) de D.R. Mitchell |
Un aura onírica flota en el ambiente de principio a fin en Under the Silver Lake (2018), atípico thriller con el que el norteamericano David Robert Mitchell pretendía renovar el éxito cosechado cuatro años antes gracias a la no menos inquietante It Follows (2014). De hecho, ese aire de ensueño, en el que nunca llega a quedar del todo claro si lo que vemos es o no una pesadilla del protagonista, le viene muy bien a una cinta en la que, por otra parte, se rinde homenaje explícito a maestros del género como Alfred Hitchcock. De ahí que Sam (Andrew Garfield) espíe a sus vecinas desde el balcón de su apartamento emulando el voyerismo de James Stewart en La ventana indiscreta (1954). O la obsesión, rayana en locura, por la misteriosa muchacha rubia que se baña en la piscina comunitaria y cuya posterior desaparición plantea no pocas similitudes con el personaje de Kim Novak en Vértigo (1958).
Asimismo, una lápida en el cementerio, sobre la que figura escrito el apellido del mago del suspense, vuelve a incidir en el regusto hitchcockiano de una historia en la que también se juega con otros referentes del Hollywood clásico, incluso de la época muda. Tal sería el caso de Janet Gaynor, por ejemplo, actriz protagonista de El séptimo cielo (1927) e ídolo de la madre de Sam, quien insiste una y otra vez, mediante reiteradas llamadas telefónicas, para que su hijo vea el filme de Frank Borzage. Múltiples alusiones, por lo tanto, las que pueden rastrearse en un neonoir alucinatorio que transita la delgada línea entre el simple guiño cinéfilo y el puro delirio paranoico.
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| Sarah (Riley Keough) |
En otro orden de cosas, la película funciona como una aguda sátira sobre la obsesión contemporánea por encontrar significados profundos en las diversas manifestaciones de la cultura de masas, ya se trate de canciones pop, cajas de cereales o cómics underground. En ese sentido, Sam personifica la frustración de toda una generación saturada de información que necesita desesperadamente creer en patrones secretos para justificar su propia inercia vital. Es por ello que Mitchell desmonta buena parte de la mitología moderna con momentos tan surrealistas como el encuentro de Sam con el viejo compositor, sugiriendo que nuestra cultura popular no es más que una herramienta cínica de control social.
Razones más que suficientes, a pesar de sus 139 minutos de metraje y una apariencia de rompecabezas deliberadamente irresoluble (en la línea del David Lynch de Mulholland Drive), para que Under the Silver Lake se haya convertido en título de culto cuyos admiradores aprecian la originalidad de una propuesta que pretende ir más allá de las resoluciones detectivescas convencionales, en buena medida gracias a una atmósfera hipnótica en la que el humor negro de muchas situaciones la ha terminado consolidando como obra fascinante dentro del cine independiente de los últimos años.


















































