Título original: Tuner
Director: Daniel Roher
Canadá/EE.UU., 2025, 107 minutos
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| Un talento único (2025) de Daniel Roher |
Tras alzarse con el Óscar por el aclamado documental Navalny (2022), el cineasta canadiense Daniel Roher realiza un audaz viraje hacia la ficción con Tuner (2025), elegante thriller de tintes neo-noir. La trama se articula en torno a Niki White (interpretado con brillante contención por Leo Woodall), joven prodigio de la música cuya carrera se vio truncada por culpa de su hipersensibilidad auditiva y su oído absoluto. Trabajando como aprendiz de Harry Horowitz (Dustin Hoffman), un veterano reparador de pianos, Niki se verá forzado a buscar ingresos rápidos. Esta desesperada encrucijada lo lleva a descubrir que su finísimo oído no sólo sirve para afinar los Steinway, sino también para descifrar las combinaciones de las cajas fuertes, arrastrándolo de pleno a una turbia organización criminal liderada por un tal Uri (Lior Raz).
El gran acierto de la propuesta radica en un diseño de sonido extraordinario y envolvente, concebido como elemento clave dentro de la narrativa. De este modo, la producción sumerge al espectador en la psique del protagonista, amplificando desde la vibración metálica de una cuerda de piano hasta la tensión milimétrica de un engranaje de seguridad, logrando que los contrastes entre el silencio absoluto de los robos y el caos urbano resulten asfixiantes. Este portentoso despliegue sensorial se complementa con la magnética química intergeneracional entre los personajes de Woodall y Hoffman, cuya relación aporta una calidez melancólica en torno a la musica jazz (de la que Harry es un fanático) y una interesante reflexión sobre el apego por los oficios manuales en un contexto hoy ya bastante deshumanizado.
No obstante, este minucioso equilibrio formal flaquea levemente al adentrarse en devaneos que aceleran el ritmo de manera abrupta en favor de una mayor espectacularidad comercial. Así pues, la introducción de subtramas algo forzadas, como la que involucra al célebre compositor encarnado por Jean Reno, genera un contraste innecesario con el tono sobrio, elegante y realista que impera en la mayor parte del metraje. Afortunadamente, Roher esquiva los clichés más manidos de Hollywood al reconducir la historia hacia una conclusión narrativamente coherente en la que Niki hará lo imposible por apartarse del crimen organizado y retomar su relación con Ruthie (Havana Rose Liu).
En definitiva, Tuner constituye una soberbia ópera prima ficcional que demuestra la versatilidad de su director para transitar con éxito más allá de otros géneros cinematográficos. Aun así, pese a que la estructura del cine de atracos se intuye vagamente, la frescura de su premisa acústica y una impecable ejecución técnica salvan al filme de cualquier atisbo de monotonía. Lo cual da pie, en última instancia, a una obra estilizada y rítmica que no sólo se ve, sino que se escucha y se sigue con el alma en vilo gracias a su reflexión implícita sobre cómo el talento puede corromperse en un mundo donde la supervivencia difumina demasiado a menudo la línea entre la honestidad y la criminalidad.


















































