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miércoles, 20 de diciembre de 2023

Anatomía de una caída (2023)




Título original: Anatomie d'une chute
Directora: Justine Triet
Francia, 2023, 151 minutos

Anatomía de una caída (2023) de Justine Triet


Que una película venga avalada por el prestigio de haber obtenido la Palma de Oro en Cannes predispone al espectador a esperar poco menos que una obra maestra. Sin embargo, el interés de Anatomie d'une chute (2023) no reside tanto en los premios (merecidos o no) que acumule, sino en la forma de abordar los entresijos de una relación conflictiva cuyo punto álgido termina con el cuerpo del marido (Samuel Theis) precipitándose al vacío desde lo alto de su solitaria casa de montaña.

El entramado judicial que se pone en marcha a partir de ese momento colocará a la viuda (Sandra Hüller) en el ojo de un huracán mediático alimentado por su condición de escritora de éxito. Y es que todas las sospechas recaen sobre una mujer que, ayudada por el abogado y amigo Renzi (Swann Arlaud), tendrá que defender su inocencia ante los feroces envites del ministerio fiscal (Antoine Reinartz).



Las intimidades que irán sucesivamente quedando al descubierto (rencillas, infidelidades, celos, frustración...) dibujan un escenario espeluznante a la altura de las desavenencias conyugales descritas por Bergman en Secretos de un matrimonio (1974), con audios de inusitada violencia que el hijo de la pareja se ve obligado a escuchar, haciendo añicos su candor de niño a base de exponerlo a la aspereza de los adultos.

Aunque, en definitiva, algo de macguffin hay en este drama forense en el que lo de menos es si estamos ante un suicidio o un crimen, puesto que lo principal se halla en el proceso y no en el desencadenante. A fin de cuentas el título ya advierte de que las dos horas y media de metraje son un análisis minucioso, prácticamente una disección a lo Otto Preminger, de los pormenores que se ocultan tras el fatídico batacazo de un hombre sobre la nieve.



miércoles, 22 de enero de 2020

Los consejos de Alice (2019)




Título original: Alice et le maire
Director: Nicolas Pariser
Francia/Bélgica, 2019, 103 minutos

El tiempo de la modestia

Los consejos de Alice (2019) de Nicolas Pariser


Heme aquí pues, solo en la tierra, sin más hermano, prójimo, amigo ni compañía que yo mismo. El más sociable y más amante de los humanos ha sido proscrito por un acuerdo unánime. Han buscado, en los refinamientos de su odio, el tormento que sería más cruel para mi alma sensible, y violentamente han cortado todos los lazos que me ataban a ellos.

Jean-Jacques Rousseau
Ensoñaciones de un paseante solitario
Traducción de Mauro Armiño

La distancia que separa a la ciudadanía de los políticos profesionales ha llegado a ser tan descomunal que el consiguiente ascenso del populismo y otras lacras por el estilo podría poner en jaque el normal desarrollo de la vida democrática. Descrédito que, huelga decirlo, los gobernantes se han ido ganando a pulso a base de perder el contacto con la realidad.

He ahí, más o menos, el punto de partida de Alice et le maire, una de esas producciones entre pedagógicas y moralizantes a las que tan acostumbrados nos tiene el cine francés. Lo cual no impide, sin embargo, que su análisis sea certero a la hora de esclarecer los motivos de ese divorcio entre la población y sus dirigentes.



Tal vez todos los alcaldes del mundo deberían tomar ejemplo del señor Théraneau (Luchini) e incluir un filósofo en sus respectivos equipos de gobierno. De hecho, solía ser habitual en la antigüedad grecorromana que los máximos dignatarios se rodeasen de ellos para pedirles consejo y, a este respecto, son muchos los ejemplos que podrían citarse. Así, con la osadía que otorgan la juventud y la inexperiencia, se planta Alice (Demoustier) en el Ayuntamiento de Lyon para, valiéndose del auxilio de los clásicos, aportar ideas al veterano edil socialista que le permitan recuperar el gancho que una vez tuvo. 

Planteamiento tan ingenuo como revolucionario, habida cuenta de que la joven Alice comprobará de inmediato y en sus propias carnes cuáles son, más allá de intentar cambiar el mundo, los verdaderos gajes a los que tendrá que hacer frente en su nuevo cargo: veteranos apoltronados que, a poco que pueden, le cargan el muerto; un entorno de aduladores que, tras sus lisonjas, albergan la secreta ambición de destronar al alcalde; burócratas que suspiran por un despacho o mueren de envidia al sentirse desplazados por Alice... Todo ello, como no podía ser menos, trufado de zancadillas, triquiñuelas y maniobras varias en la lucha por hacerse con el poder.


sábado, 3 de febrero de 2018

120 pulsaciones por minuto (2017)




Título original: 120 battements par minute
Director: Robin Campillo
Francia, 2017, 143 minutos

120 pulsaciones por minuto (2017) de Robin Campillo


Cuando una película apela directamente a un colectivo ya tiene mucho terreno ganado de antemano. Y eso es justo lo que ocurre con 120 pulsaciones por minuto, donde la comunidad LGBT y su lucha contra el sida son los verdaderos protagonistas. 

Estamos en Francia a finales de los ochenta, coincidiendo con la eclosión del virus VIH a escala mundial. Un momento especialmente delicado en lo referente a políticas preventivas, ya que desde el gobierno apenas si se hacía nada al respecto. Ésa es, al menos, la percepción de un conjunto de jóvenes activistas que decidirán agruparse para formar Act Up, asociación asamblearia dedicada a organizar acciones reivindicativas, a menudo contra la pasividad especulativa de las compañías farmacéuticas.



Desde luego, son esas reuniones en el paraninfo de una facultad universitaria lo mejor del tercer largometraje de Robin Campillo, quien, por cierto, fue también coguionista de la aclamada Entre les murs (2008) de Laurent Cantet, filme que guarda algunas similitudes con éste, sobre todo en lo que se refiere a la confrontación dialéctica. En cambio, pierde intensidad cuando se detiene a analizar el caso particular de Sean (interpretado por el argentino Nahuel Pérez Biscayart): su lucha contra la enfermedad, así como la relación que mantiene con Nathan (Arnaud Valois), a pesar de ser humanamente interesantes, acaban incurriendo en un dramatismo excesivo, cuando no en la gratuidad de determinadas escenas cuya explicitud parece más encaminada a fomentar la morbosidad que no una verdadera concienciación del espectador.

En cualquier caso, y a pesar de lo injustificado de sus más de dos horas y cuarto de duración, estas 120 pulsaciones por minuto contienen detalles simpáticos, como el hecho de que los asistentes a las sesiones de Act Up manifiesten su acuerdo mediante chasquidos de sus dedos, lo cual, como era de esperar, se repite entre el público al final de cada proyección de la película (nosotros, por lo menos, así lo hemos podido constatar esta tarde en los Méliès de Barcelona).