Mostrando entradas con la etiqueta Fernando Fernán Gómez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fernando Fernán Gómez. Mostrar todas las entradas

sábado, 1 de agosto de 2026

Cartas desde Huesca (1993)




Director: Antonio Artero
España, 1993, 80 minutos

Cartas desde Huesca (1993) de Antonio Artero


El siempre independiente Antonio Artero (1936-2004), autor de una exigua filmografía en la que sobresalen títulos tan heterodoxos como Yo creo que... (1975) o Trágala, perro (1981), cerraba su carrera con estas Cartas desde Huesca (1993), proyecto largamente acariciado por el cineasta aragonés, pero que debido a innumerables problemas de financiación no pudo concretarse hasta ya entrada la década de los noventa.

Nos habla su argumento de Mainar (Fernando Fernán-Gómez), viejo anarquista que, tras una vida repleta de mil y una vicisitudes, termina dedicándose a la venta ambulante por los mercadillos de la zona. Sin embargo, ese mismo hombre, hoy apenas un anciano empobrecido, atesora los escritos de un poeta inglés que combatió junto a él, como miembro de las Brigadas Internacionales, durante la Guerra Civil Española.



El empeño por dar con los manuscritos de ese tal Benton llevará a la atractiva Angy (Myriam Mézières) a contactar con el susodicho Mainar, si bien la editora británica y sus acompañantes (interpretados por Óscar Ladoire y Tony Isbert) no lo tendrán nada fácil, toda vez que los papeles se hallan a buen recaudo, debidamente escondidos en la destartalada habitación de alguien que prefiere no remover sus viejos recuerdos de juventud.

En definitiva, la puesta en escena de Artero, sobria e introspectiva, desentierra los fantasmas de la contienda, así como las heridas no cicatrizadas de nuestra memoria colectiva. Con un soberbio Fernán-Gómez encarnando la dignidad y el peso del pasado del antiguo combatiente cenetista, la película trasciende la propia intriga para convertirse en un melancólico retrato sobre la imposibilidad de reescribir la historia. Una cinta modesta, no exenta de imperfecciones, aunque profundamente reflexiva, que contó en papeles secundarios con el intelectual Antonio López Campillo y los veteranos Conrado San Martín y Vicente Parra.



viernes, 31 de julio de 2026

Medea 2 (2006)




Director: Javier Aguirre
España, 2006, 82 minutos

Medea 2 (2006) de Javier Aguirre


Además de ser la última película que hicieron juntos Esperanza Roy y su marido Javier Aguirre (1935-2019), Medea 2 (2006) contiene también una de las últimas apariciones en pantalla de Fernando Fernán Gómez, apenas un año antes de su fallecimiento. Cine experimental, hasta cierto punto, en formato vídeo y basado en un clásico de la literatura latina. Cuyo texto, por otra parte, escrito por Séneca hace dos milenios, luce extraordinariamente en la voz de intérpretes de la talla de los susodichos o de Manuel de Blas (Creonte).

Sobre un fondo con imágenes de restos romanos (e incluso griegos, rodados in situ, con la Roy posando en plan instagrammer), los actores recitan sus monólogos frente a la cámara haciendo gala de muchas tablas y sobrado talento. Porque si hay un género que requiere de una especial habilidad para lograr el tono apropiado ése es, sin ninguna duda, la tragedia. De ahí la vehemencia con la que unos y otros declaman sus respectivas intervenciones a propósito de lo que no deja de ser un caso de infanticidio puro y duro.



Al mismo tiempo, son diversas las escenas de baile que se incluyen a modo de interludio, a veces con un ligero toque flamenco. No en vano, el equipo contó con la colaboración extraordinaria de Lola Greco, en el papel de Creusa, mientras que la película en su conjunto estuvo dedicada a la coreógrafa Pilar López. Como también resulta llamativo el uso que se hace del color, manteniendo a la protagonista en un elocuente blanco y negro que es la prueba palpable (por lo menos en el plano visual) de su delito.

Pero es el paralelismo que se establece, durante un largo prólogo de diez minutos, con el caso de la parricida de Santomera (Murcia), acaecido en enero de 2002, lo que de verdad le aporta otra dimensión a la historia que aquí se narra, recordándonos que las luces y sombras de la condición humana, lejos de restringirse a las páginas de los clásicos, son algo consustancial a nuestra propia naturaleza, siempre susceptible de cometer los crímenes más atroces, aun en el ámbito familiar. Así pues, el mito de Medea, revisitado en clave contemporánea por Javier Aguirre y Esperanza Roy, encarna el triunfo absoluto del furor irrazonable sobre la razón, donde la protagonista destruye conscientemente a sus propios hijos para consumar una venganza total contra Jasón y reafirmar de ese modo su implacable identidad.



miércoles, 29 de julio de 2026

Copia 0 (1982)




Título adicional: La caza de un campesino
Directores: Eduardo Campoy y José Luis Fernández Pacheco
España, 1982, 85 minutos

Copia 0 (1982) de Campoy y Fernández Pacheco 


El rasgo más original de Copia 0 (1982) estriba en que se trata, de hecho, de dos películas en una, de modo que la acción va saltando alternativamente de la una a la otra conforme avanza el metraje. Así pues, tenemos por un lado la historia de Carlos (Fernando Fernán-Gómez), veterano cineasta apesadumbrado por una existencia monótona que él intenta sobrellevar abusando de la bebida y a través de la relación un tanto distante que mantiene con su hija, una moderna y simpática locutora de radio (Mercedes Camins); por otra parte, el filme que Carlos está rodando, La caza de un campesino, se desarrolla ante nuestros ojos, espectadores privilegiados de esos rushes o copia cero a los que alude el título.

Evidentemente, una estructura de tales características da pie a alguna que otra ruptura, como por ejemplo cuando, transcurridos los primeros instantes, irrumpen en el plano las cámaras de lo que en realidad es un rodaje cinematográfico. Y lo cierto es que dicho contraste se va a mantener de principio a fin de la cinta, con una trama eminentemente rural y otra por completo urbana en la que, además de hacerse alusión a novedades técnicas en torno al mundo del vídeo y la edición audiovisual, no dejan de sonar de fondo los grupos de moda en aquel entonces: Alaska y los Pegamoides, Nacha Pop, Los Secretos, Cadillac...



Sin embargo, es el relato campestre el que más atañe a Carlos, ya que se basa en una antigua vivencia familiar vinculada con su padre. Los hechos descritos se sitúan hacia los años treinta, en un contexto marcado por la actitud abusiva del señorito local hacia los lugareños y los devaneos que uno de ellos, Miguel (interpretado por el malogrado Luis Suárez), mantiene con la madre del primero. Circunstancia que provocará las iras del susodicho y de ahí la ya mencionada caza que decreta contra el joven vendimiador.

En suma, resulta fácil deducir que Carlos se siente un extraño en el mundo que habita. En ese sentido, no hay más que ver su semblante serio al volante mientras en la radio del coche se escuchan las canciones pegadizas del programa que presenta su hija. O la escena que transcurre en una parada de metro, donde el hombre entabla conversación con un sin techo (Miguel Rellán) al que le presta el periódico y con quien termina compartiendo la botella de whisky que acaba de comprar. Desgana vital que él mismo verbaliza en un momento dado, ya hacia el final: "Me asusta pensar siquiera en mañana, en que tengo que volver a seguir engañando, fingiendo algo de lo que ya no queda sino un vago reflejo. Se me han escapado las horas, el tiempo, la vida... Lo único que ahora me queda es apariencia". 



martes, 28 de julio de 2026

La mujer de tu prójimo (1962)




Título alternativo: El noveno mandamiento
Director: Enrique Carreras
Argentina/España, 1962, 75 minutos

La mujer de tu prójimo (1962)


Coproducción hispanoargentina, prácticamente un vodevil, que basa buena parte de su planteamiento en un sui géneris embrollo motivado por la canita al aire que deciden echarse dos viejos amigos (dos españoles que, al cabo de los años, se reencuentran en Buenos Aires). Pero lo que ignoran Andrés (Fernando Fernán-Gómez) y Vicente (Luis Peña) es que sus respectivas conquistas, Nina y Marisa, son, al mismo tiempo, sus respectivas esposas...

Ya desde buen inicio, la cinta arranca con el tono distendido de los dibujos animados con que se ilustran los títulos de crédito iniciales, una pequeña filigrana, amable y ligeramente picantona, que adelanta cuál va a ser la tónica general durante todo el relato. Que difícilmente se habría podido rodar en España, donde la mojigata censura franquista habría puesto mil y una pegas, pero que así, ambientada en la lejana Argentina, daba más el pego. Con todo y con eso, La mujer de tu prójimo (1962), que también circuló con el título alternativo de El noveno mandamiento, no se estrenaría aquí hasta cuatro años después, motivo por el que a menudo consta en muchos sitios que la película es de 1966.



Aunque lo cierto es que, en realidad, se trataba de un proyecto que quedaba prácticamente en familia, ya que tanto una de las parejas en la ficción (Julio Peña y Susana Canales) como el director Enrique Carreras (nacido en el Perú, pero de nacionalidad argentina) y la otra actriz protagonista (Mercedes Carreras) estaban casados en la vida real. Por otra parte, Mario Baroffio, el veterano actor que interpreta a don Inocencio Jiménez, el tío solterón de Nina, falleció antes de que tuviese lugar la première de la cinta, por lo que éste terminaría siendo su trabajo póstumo.

En última instancia, la apariencia teatral de la puesta en escena, con sus interiores rodados en los Estudios San Miguel, no es óbice para que algunos de los secundarios brillen con luz propia. Tal es el caso, por ejemplo, del mítico Rafael Pato Carret, quien se muestra impecable en su papel de Bautista, el protocolario (y algo pedante) mayordomo de Andrés. Detalles simpáticos de una producción sin mayores pretensiones en la que hasta tienen cabida un par de números musicales: "Mamy", en la voz de Anamaría Cachito, y "Vamos... empieza el Twist", a cargo de Juan Carlos Cirigliano y su orquesta.



domingo, 26 de julio de 2026

La vida privada de Fulano de Tal (1960)




Director: Josep Maria Forn
España, 1960, 90 minutos

La vida privada de Fulano de Tal (1960)


El propio título de la cinta que nos ocupa, cuarto largometraje que dirigía el barcelonés Josep Maria Forn (1928-2021), aporta ya bastantes pistas sobre el contenido de una historia que gira en torno a uno de tantos individuos de aquella España gris de letras impagadas y compras a plazos que, en plena vorágine desarrollista, luchaban por dejar atrás las antiguas estrecheces de la posguerra. Porque ese Fulano de Tal no es otro sino Miguel (Fernando Fernán-Gómez), fundador y director de la revista para amas de casa Eva y el hogar y ahogado en un mar de deudas que amenaza con condenarlo irremisiblemente a la bancarrota e incluso al fracaso de su matrimonio con la bella y un tanto caprichosa Eva (Susana Campos).

Aunque, para darle más comicidad al asunto, la suegra y la cuñada soltera del susodicho se plantan en el domicilio conyugal con el objetivo de pasar allí unos días, circunstancia que dará pie a no pocos equívocos y situaciones hilarantes a lo largo de una película repleta de momentos tan divertidos como la escena en la que la señora de marras (interpretada por la mítica Matilde Muñoz Sampedro) no para de parlotear mientras Miguel y sus invitados intentan en vano escuchar la emisión radiofónica con los consejos del consultorio sentimental de Violette Florelle.



También esto último se traduce en otro malentendido, toda vez que el personaje (una pura invención de Miguel que, sin embargo, posee enorme predicamento entre el público femenino, ajeno a la farsa) se llama igual que una sensual actriz francesa, la cual, como no podía ser de otra manera, se presentará en las oficinas de la revista para pedir explicaciones (y daños y perjuicios) por lo que ella considera una suplantación de identidad...

Por otra parte, la estructura del relato, basado en un guion en el que, entre otros, intervinieron el propio Forn y Francisco Rovira Beleta, arranca con el nacimiento del protagonista para, acto seguido, resumir brevemente los pormenores de su infancia y juventud, siempre mediante la voz en off de Fernán-Gómez, quien detalla en primera persona el poco o nulo éxito de su personaje con las mujeres, a las que describe como interesadas y superficiales. Trasfondo misógino, en resumidas cuentas, muy propio de aquellos tiempos, sobre el que se construyen la mayoría de situaciones satíricas de una cinta que no deja de ser el fiel reflejo de una época.



sábado, 25 de julio de 2026

Rebeldía (1954)




Director: José Antonio Nieves Conde
España/Alemania, 1954, 89 minutos

Rebeldía (1954) de José Antonio Nieves Conde


A primera vista, pudiera decirse de Rebeldía (1954) que es otro de esos dramas melifluos, tan habituales, por otra parte, en la cinematografía española de mediados de los cincuenta, esta vez con guion, nada más y nada menos, de Gonzalo Torrente Ballester a partir de una pieza teatral del no menos inefable José María Pemán (1897-1981). Dándose la circunstancia, además, de que la película, rodada en distintas localizaciones costeras de Altea y Benidorm, fue fruto de una coproducción entre España y Alemania. De ahí que el reparto de la misma lo integrasen intérpretes de ambas nacionalidades.

Precisamente, el carácter "indómito" de su protagonista femenina da título a una trama en la que al escritor de éxito Carlos Moragues (Volker von Collande) le prohíbe la Santa Sede sus obras. Lo cual da pistas de la voluntad redentora de Margarita (Delia Garcés), siempre atenta a socorrer al prójimo con la solicitud de quien terminará haciéndose monja después de dispararle a Moragues una bala que se le queda alojada en el interior del cráneo.



No obstante, lo más interesante de la película radica en el papel de Federico Lanuza, a quien da vida, con la solvencia habitual en él, Fernando Fernán-Gómez. Se trata de un personaje de temperamento eminentemente cínico, especie de secretario a perpetuidad del novelista, capaz de responder "¡No, [yo soy] el perro!" cuando uno de los tres reporteros que se acercan a casa de Moragues con intención de entrevistar a este último le pregunta: "¿Es usted el jardinero?".

En definitiva, Rebeldía constituye una obra tan aleccionadora como singular dentro de la filmografía de José Antonio Nieves Conde, si bien alejándose del vigor realista y un tanto crítico de Surcos (1951). A este respecto, el director demuestra su indudable destreza técnica, ayudado por la fotografía en blanco y negro de Francisco Sempere, para plasmar un dilema moral y religioso de profundas tensiones éticas, por lo que la cinta trasciende su contexto de producción hispano-alemana para ofrecer un interesante melodrama sobre los límites de la fe y la culpa en la España nacionalcatólica.



jueves, 23 de julio de 2026

El mensaje (1953)




Director: Fernando Fernán-Gómez
España, 1953, 82 minutos

El mensaje (1953) de Fernán-Gómez


La segunda película que dirigía Fernando Fernán-Gómez, tras haber debutado con Manicomio (1953), transcurre durante la Guerra de Independencia. Son sus protagonistas una cuadrilla de intrépidos guerrilleros dispuestos a sacrificar su vida, si hiciera falta, con tal de expulsar a las tropas napoleónicas de territorio español. Como se ve, el argumento se enmarca en un patrioterismo muy en boga en el cine autóctono producido durante aquellos años, si bien el guion de Manuel Suárez Caso y el propio Fernán-Gómez, con canciones escritas por José García Nieto, se desmarca un tanto de dichas coordenadas mediante el recurso de incluir a un traidor en el grupo.

Efectivamente, buena parte de la trama consiste en dirimir quién podría ser el infiltrado, sobre todo a partir del momento en el que el mudo (Manuel Alexandre) aparece muerto con un puñal clavado en el pecho. Misterio que, sin embargo, se acaba desvelando cuando José (José María Lado) mata de un tiro por la espalda al mayoral (Antonio Prieto). Aunque, finalmente, los remordimientos de conciencia podrán más que los intereses materialistas del delator, quien, pesaroso tras las súplicas del doliente Antonio (Fernán-Gómez), opta por entregarle al Cabrero la preciada misiva firmada por Wellington en lugar de dársela a los franceses.



A diferencia de otros títulos pertenecientes a este mismo subgénero, que podríamos calificar de épica nacionalista y resistencia popular, El mensaje (1953) destaca por pequeños detalles como el hecho de subtitular los diálogos en francés de los soldados invasores, rasgo ligeramente realista que aporta un cierto verismo a la puesta en escena. Asimismo, la apariencia masculina de María (interpretada por la debutante Elisa Montés) tiene algo de provocativo, en especial cuando el supuesto "muchacho", ataviado con ropajes de hombre para eludir la lascivia de los insurrectos, protagoniza diversos momentos de flirteo con el atolondrado Antonio.

Por lo demás, la cinta que nos ocupa, con banda sonora de Rafael de Andrés y excelente fotografía en blanco y negro de Aguayo, contiene también las inevitables soflamas militaristas que al franquismo le venían como anillo al dedo para reforzar su discurso oficial de enaltecimiento patriota. Sirva de ejemplo la arenga que el mayoral dirige a sus hombres: "Estoy convencido de que resistiréis hasta más allá de la muerte, porque los guerrilleros sois el último refugio de la lealtad, la mejor reserva del espíritu de vuestra patria y, por lo tanto, de la libertad del mundo entero". Palabras altisonantes que van en consonancia con el plano final, de indudable apoteosis católica, en el que Antonio y María, ya vestida de mujer, rezan de rodillas un padrenuestro ante la cruz de piedra de su aldea.



miércoles, 22 de julio de 2026

Hoy no pasamos lista (1948)




Director: Raúl Alfonso
España, 1948, 82 minutos

Hoy no pasamos lista (1948) de Raúl Alfonso


Mucho antes de protagonizar La lengua de las mariposas (1999), Fernando Fernán-Gómez ya había interpretado a un maestro rural en la prácticamente olvidada Hoy no pasamos lista (1948), amable recreación de la vida cotidiana en una remota aldea de montaña que, en su tramo final, deriva hacia tintes más dramáticos. La acción, situada en 1910, arranca con un texto sobreimpreso en pantalla que aclara lo siguiente: "A todos los maestros rurales que, devotos de su profesión y sin regatear sacrificios, llevan la luz de la cultura hasta los pueblos más apartados de España".

Sorprende que en un país cuya población estaba padeciendo los rigores de la posguerra se abordase semejante argumento, entre otras cosas porque los métodos empleados en las escuelas franquistas distaban enormemente de las innovaciones pedagógicas del afable don Manuel. En ese sentido, la figura del adusto alcalde de Peñascales, don Rafael (Fernando Fernández de Córdoba), representa la intransigencia caciquil de quien no ve con buenos ojos la llegada al pueblo de un joven profesor que viene cargado de ideas renovadoras. De ahí que lo reciba de malas maneras y haciendo todo lo posible por impedir la construcción de un nuevo centro educativo en el lugar.



En todo caso, y a pesar de las dificultades, don Manuel conecta enseguida con los chicos gracias a su particular forma de entender la enseñanza, a base de incentivos (premiando con unos céntimos a quienes se aprenden el temario) y, sobre todo, dándole un enfoque vivencial. Así pues, una salida al campo a cazar lagartos puede ser la ocasión idónea para impartir sobre el terreno una lección de biología. O la previa de un partido de fútbol, dibujando en la pizarra las rectas que conforman el terreno de juego, el mejor momento para hablarles de geometría. Hasta el esférico se presta para improvisar con él nociones básicas de geografía.

Circunstancias que discurren en paralelo con el gradual enamoramiento entre el maestro y la pastora María (Nani Fernández), criatura agreste en un principio, pero que irá paulatinamente puliéndose gracias al contacto con el recién llegado. Ella y su hermano Panchón el de la cantera (José María Lado) serán sus aliados en la tarea de sacar adelante la nueva escuela pese a las reticencias de unas fuerzas vivas que ven en ello una amenaza que pudiera poner fin a sus privilegios de clase. Sin embargo, el supuesto mensaje subversivo de la trama se ve atenuado por detalles como el ascendente positivo que el cura del pueblo (Rafael Calvo) ejerce sobre los protagonistas. Los mismos que, llegados al desenlace, a punto están de pagar un alto precio por haberse mantenido firmes en la defensa de sus ideales.



martes, 21 de abril de 2026

Fin de curso (1943)




Director: Ignacio F. Iquino
España, 1943, 91 minutos

Fin de curso (1943) de Iquino


Curioso intento de comedia musical por parte del prolífico Iquino (con banda sonora, por cierto, de su propio padre, Ramón Ferrés), rodada en la Barcelona de principios de los cuarenta, es decir, apenas transcurridos cuatro años tras la finalización de la contienda civil. Cine de evasión, por tanto, a propósito de una residencia universitaria cuyos jóvenes huéspedes cantan, estudian (muy poco) y sobre todo se enamoran. Ni que decir tiene que, pese al blanco y negro, todo es de color de rosa...

La reciente restauración, por parte de la Filmoteca de Catalunya, a que ha sido sometida la cinta le devuelve parte de su esplendor y gracejo original, sacando a la luz unos magníficos exteriores de la Universidad Central y sus aledaños, así como del parque de atracciones del Tibidabo, popular enclave en el que transcurre el tramo final de una película que invitaba al espectador de la época a mirar hacia el futuro con optimismo, aunque no tuviese demasiados motivos para ello.



Aparte del típico enredo en la susodicha residencia, donde la afable señora Loreto cuida de los alumnos internos como si fuesen sus propios hijos (no en vano, perdió al suyo, presumiblemente, en la guerra), Fin de curso (1943) posee además un innegable valor documental, sobre todo por la insólita secuencia, ambientada en un antro ligeramente bohemio y mundano (cuyas paredes aparecen adornadas con frases del tipo "La poesía es el lenguaje de los dioses"), en la que el speaker de la sala presenta a las celebridades que allí se dan cita. Una larga nómina de actores y escritores en la que sobresalen personalidades de la talla de Jardiel Poncela, Pepe Isbert, Guillermo Marín, Raúl Cancio, Adriano Rimoldi, Juan de Orduña, Isabel de Pomés o Fernando Fernán Gómez.

Encabezaba el reparto Luchy Soto, en el papel de Celi, dato inaudito habida cuenta de que las mujeres apenas representaban un ínfimo porcentaje en las aulas universitarias de la España autárquica. Aun así, la joven, de extracción social humilde, tiene tiempo de preparar los exámenes y flirtear, simultáneamente, con su compañero Miguel (Vicente Vega), si bien el protagonismo se lo llevan, la mayor parte de las veces, los secundarios, entre los que destacan Fernando Freyre de Andrade (el adusto don Rodrigo), Ángel de Andrés (el saleroso sevillano Gorito) y sobre todo Mary Santpere, quien demuestra aquí, haciendo de doncella deslenguada, una vis cómica, física y verbal, que ya anunciaba su estatus de leyenda.



sábado, 18 de mayo de 2024

Yo soy Fulana de Tal (1975)




Director: Pedro Lazaga
España, 1975, 95 minutos

Yo soy Fulana de Tal (1975) de Pedro Lazaga


Lo malo que tiene esto de escribir, es que hay que pensar un rato largo. Y con toda la cabeza. Porque hay pensamientos chiquitos, que sólo nos ocupan un cachetín de cerebro. Pero contar la vida de una, ya son palabras mayores. Y a mí, la verdad, el asunto escritura se me da fatal.

Álvaro de Laiglesia
Yo soy Fulana de Tal

Si hacer que una prostituta relatase sus memorias había constituido todo un atrevimiento en 1963, fecha de publicación de la novela de Álvaro de Laiglesia en la que se basa la película homónima, llevarla a la pantalla una década más tarde coincidió con el inicio de lo que muy elocuentemente iba a denominarse El destape.

A grandes rasgos, la puesta en escena de Pedro Lazaga para Yo soy Fulana de Tal (1975) se plantea como un larguísimo flashback que abarca la trayectoria vital de Mapi (Concha Velasco) desde que ésta se vio apremiada por las circunstancias a abandonar su pueblo hasta que, de nuevo desamparada, recala en un club nocturno donde dará comienzo su carrera profesional.



Aparte del jeta que la dejó embarazada y un novio algo zoquete, de nombre Afrodisio (Paco Algora), dos van a ser los hombres maduros que marquen la vida sentimental de la joven tras su llegada a la ciudad: Rodolfo (Fernando Fernán-Gómez) y Marcelo (Antonio Ferrandis). El primero es un pedante y algo mojigato profesor particular que, después de enseñarle a leer y recitarle versos, saldrá por patas cuando descubra que la muchacha espera un hijo; el segundo, en cambio, es un pintor con aspecto de playboy al que conoce en una boîte de Benidorm y que, además de pintarla desnuda, se convertirá en su amante.

Poco más se puede añadir de una cinta cuyo único aliciente residía en un morbo que hoy ha quedado completamente obsoleto. Aun así, resulta cuando menos curiosa la particular fórmula mágica del 60-20, es decir, sexagenario y con veinte millones en el banco, por la que se rige Merche (May Heatherly) a la hora de buscar "novio" y que no dudará en inculcarle a su pupila Mapi.



viernes, 17 de mayo de 2024

Rosas de otoño (1943)




Director: Juan de Orduña
España, 1943, 66 minutos

Rosas de otoño (1943) de Juan de Orduña


La cosa va de bailes de gala y veladas en la ópera, de teléfonos blancos, criadas con cofia y cartas perfumadas, pero, sobre todo, de los dimes y diretes que unos encorsetados matrimonios de la alta sociedad mantienen entre sí a consecuencia de los deslices amorosos de unos maridos especialmente mujeriegos. Circunstancia que se acaba saldando, como no podía ser de otro modo en aquella España autárquica de los primeros cuarenta, con la resignada mansedumbre de las abnegadas esposas.

Las actuaciones del reparto, encabezado por María Fernanda Ladrón de Guevara (Isabel) y Mariano Asquerino (Gonzalo), adolecen de un evidente regusto teatral, típico de la época, que en el caso de los secundarios Julia Lajos (Laura) y Fernando Fernán-Gómez (Adolfo Barona) se convierte, en cambio, en una simpática comicidad. A este respecto, la primera encarna a una oronda y desinhibida soltera que no duda en mostrar abiertamente su interés por los hombres, mientras que el segundo, en su habitual rol de galán cómico, interpreta a un refinado señorito parisino de marcado acento francés.



El drama escénico de Jacinto Benavente en el que se basa Rosas de otoño (1943) se había estrenado en Madrid a principios de siglo, si bien la lectura que de él hacen Juan de Orduña y su guionista Antonio Mas Guindal se enmarca en la retrógrada moral franquista que reservaba para la mujer un triste e insignificante papel supeditado a la voluntad masculina. De ahí que Isabel intente disuadir por todos los medios a su hijastra María Antonia (Marta Santaolalla) de que abandone a Pepe (Luis Prendes) por Federico (José María Seoane), pese a que el marido la engañe a cada momento y el otro se deshaga en atenciones con ella.

Por lo demás, la rancia moralina que encierra la historia resulta hoy por completo inasumible y esas rosas otoñales a las que alude el título, esos "amores santos que saben esperar" (y perdonar), en oposición a los amores fáciles y pasajeros que "ven deshojarse todas sus flores en una breve primavera", difícilmente entrarán en los esquemas mentales de un espectador medio del siglo XXI. Afortunadamente. Queda al menos la película como documento histórico y prueba fehaciente de lo que un día fue este país.



sábado, 11 de mayo de 2024

Gulliver (1977)




Director: Alfonso Ungría
España, 1977, 97 minutos

Gulliver (1977) de Alfonso Ungría


La etiqueta de maldito que tantas veces se le ha colgado al director Alfonso Ungría tiene su origen en producciones tan sumamente peculiares como esta parábola, coescrita junto a Fernando Fernán-Gómez, a propósito de un preso fugado de Carabanchel que acaba siendo acogido en el seno de una comunidad de enanos residentes en un pueblo en ruinas. Así, a bote pronto, pudiera parecer un argumento cuando menos estrambótico, si no fuera porque, en realidad, se trata de una ácida alegoría sobre el propio tardofranquismo, donde, al igual que en la película, otro dictadorcillo de opereta se había erigido en mandamás de toda una nación.

Con depósito legal del 76, la cinta se presentó al año siguiente en la Seminci de Valladolid, si bien su estreno en salas, poquísimas, se demoraría hasta 1979, extinta ya una censura que había entorpecido la normal difusión del filme a causa de alguna que otra escena subida de tono. Circunstancia que, unida a un desastroso recorrido comercial, más los correspondientes litigios en lo que a derechos y distribución se refiere, desembocaría en la práctica invisibilidad de una obra que, hasta fechas muy recientes, ha permanecido en una especie de tierra de nadie.



Felizmente recuperada, sorprende la clarividencia de una sátira en la que el liliputiense jefe, valedor de la sacrosanta moral entre sus semejantes, retiene, sin embargo, en un torreón a la bella Rosa (Yolanda Farr) para su único y exclusivo solaz. Algo así como la sala de cine del Pardo en la que el Caudillo se hacía proyectar lo que él mismo prohibía al resto del país. En esa misma línea, el entomólogo Martín Olazábal y Núñez de Lombía (Fernán-Gómez) representa el advenimiento de una liberalización económica que, lejos de redimir a los diminutos súbditos de aquel particular microcosmos, contribuye a embrutecerlos aún más, si cabe, a base de sumirlos en una impredecible espiral de vicio.

Para colmo de socarronería, y después de no pocos altercados, como la visita de una pareja de empresarios que rechazan financiar el nuevo repertorio, a base de clásicos, que los enanos ensayan en su teatro, la acción de Gulliver (1977) concluye con una dedicatoria no menos incendiaria que aparece sobreimpresa en pantalla: "Esta película está dedicada a los marginados de cualquier condición; a los extranjeros de ninguna parte".



sábado, 18 de noviembre de 2023

La vil seducción (1968)




Director: José María Forqué
España, 1968, 87 minutos

La vil seducción (1968) de Forqué


En un teatrucho de algún villorrio de mala muerte, una compañía de tres al cuarto ensaya el Tenorio sin excesivo entusiasmo. Los paletos del lugar no se cortan ni un pelo a la hora de reprender con sus exabruptos a los intérpretes, lo cual, unido a las ínfulas del primer actor (un catalán de marcado acento al que da vida el inolvidable "Saza"), motiva que Alicia Prades (Analía Gadé) abandone de malos modos el escenario y salga por patas sin ni siquiera quitarse el hábito de Doña Inés. El caso es que con esas pintas conducirá bajo una lluvia intensa hasta quedarse tirada, a altas horas de la noche, en la imaginaria localidad castellana de Torrecilla de los Infantes.

De lo que le ocurra una vez allí, hospedada por doña Elvira (Milagros Leal) y su hijo Ismael (Fernando Fernán Gómez), se deriva una puesta en escena que denota bien a las claras el origen teatral de un guion que transcurre casi íntegramente en un desván. Y es que, como su propio título indica, La vil seducción (1968) gira en torno al coqueteo que mantienen la actriz e Ismael, solterón de 37 años que queda automáticamente prendado de la belleza y desparpajo de su atractiva huésped. Sin embargo, será también ella quien, harta de una existencia azarosa, termine encaprichándose momentáneamente del ingenuo pueblerino.



Al margen de lo inverosímil que pueda resultar el argumento, lo que llama enseguida la atención es la osadía de mostrar a una "monja" en paños menores, aparte de hacer que el cascarrabias Ramón Bermejo (Sazatornil) refunfuñe en catalán o que, en un momento dado, Ismael sintonice una emisora de radio (presumiblemente la Pirenaica) desde la que están emitiendo "La Internacional". Elementos, todos ellos, abiertamente provocativos en una época en la que la censura franquista podía cortar una película a su antojo. Extremo que, aun así, no llegaría a producirse (al menos de forma mayúscula) dado que el atrevimiento no llega tampoco a pasarse de la raya.

Aprovechando el éxito que, un año antes, había cosechado la comedia de Alonso Millán con la misma pareja protagonista sobre las tablas del Reina Victoria, José María Forqué dirige una adaptación más que correcta en la que la mujer nómada vuelve a cautivar al hombre sedentario. Inversión de roles respecto al planteamiento clásico, tantas veces repetido, según el cual era un personaje femenino el que se marchitaba a la espera de algún trotamundos que viniese a rescatarla del soporífero ambiente provinciano de un enclave olvidado en el que nunca pasa nada. La banda sonora, por cierto, corrió a cargo del organista Lou Bennett, jazzman norteamericano que por aquellos años había fijado su residencia en Cambrils.



jueves, 23 de marzo de 2023

Pepe Guindo (1999)




Director: Manuel Iborra
España, 1999, 93 minutos

Pepe Guindo (1999) de Manuel Iborra


La dedicatoria con la que se cierra Pepe Guindo (1999), "A mi padre, que admiraba a Fernando Fernán Gómez", resulta tan sintomática como la elección de «La muerte de Åase», perteneciente a la suite Peer Gynt, del noruego Edvard Grieg, como tema central de la banda sonora. Porque, si bien durante los primeros compases se incluye algún que otro guiño cómico, lo cierto es que la película está concebida en unos términos eminentemente dramáticos: los del soliloquio de un veterano músico, decrépito y patético en la misma medida que el actor que se mete en la piel del personaje sobre el escenario del madrileño Teatro de La Abadía.

Distintos planos de realidad que convergen en un mismo denominador común: el del viejo cascarrabias que debe hacer frente al paso inexorable del tiempo. En ese sentido, el protagonista de la obra representada se aferra al recuerdo de un supuesto pasado esplendoroso, cuando actuaba junto a su orquesta en los mejores locales de Oriente Próximo, con la esperanza de que "la gente del cine" convierta el rico anecdotario de su trayectoria vital en guion cinematográfico.



La magistral actuación de Fernán-Gómez, en el que quizá fue, conjuntamente con La lengua de las mariposas (1999), uno de los últimos grandes papeles de su extensa carrera, queda, sin embargo, un tanto deslucida por culpa de los continuos (e innecesarios) insertos que el director, Manuel Iborra, intercala a cada momento con apostillas de algunos secundarios (entre ellos la que entonces era su esposa: Verónica Forqué). Con todo y con eso, el planteamiento implica un desafío escénico de grandes proporciones mediante el que queda patente la sabiduría del artista en el momento previo a su ocaso.

Por último, no cabe duda de que, en el plano estrictamente musical, éste es un filme que destaca por la presencia del compositor Santi Arisa, quien, además de encargarse de la música incidental, colaboró también en el guion de la cinta junto con Francisco Gisbert y el propio Manuel Iborra.



domingo, 5 de marzo de 2023

Manicomio (1954)




Directores: Luis María Delgado y Fernando Fernán-Gómez
España, 1954, 74 minutos

Manicomio (1954) de Delgado y Fernán-Gómez


Debut en la dirección del siempre genial Fernando Fernán-Gómez (1921-2007) quien también se reserva para sí el papel protagonista. Manicomio (rodada en el 53, pero estrenada comercialmente en enero de 1954) resultaría hoy del todo inasumible por la irreverencia con la que aborda un tema tan delicado como las enfermedades mentales. Sin embargo, no puede negársele ingenio y savoir faire en su faceta de película de episodios.

Tienen los decorados, además, obra de Eduardo Torre de la Fuente, un innegable regusto expresionista, con puertas y ventanas caprichosamente distorsionadas, así como continuos juegos de sombras cuya forma alargada se proyecta sobre las paredes.



El guion, coescrito por el propio Fernán-Gómez en colaboración con Francisco Tomás Comes, adaptaba cinco relatos de autores tan dispares como Poe o Gómez de la Serna. Son los siguientes: "El sistema del doctor Brea" y "El profesor pluma", ambos de Edgar Allan Poe, "La mona de imitación" de Ramón Gómez de la Serna, "Una equivocación" de Aleksandr Kuprín y "El médico loco" de Leonid Andréiev.

Comienza la acción precedida de unas palabras atribuidas a Shakespeare que aparecen sobreimpresas en pantalla: "Señor: danos una brizna de locura que nos libre de la necedad". De lo que cabe inferir el tono desenfadado que va a presidir el filme de principio a fin, aparte de una manifiesta base literaria, no sólo por los textos que le sirven de inspiración, sino por la presencia en el reparto, en brevísimos cameos, de los escritores Camilo José Cela y Alfredo Marqueríe.



viernes, 31 de diciembre de 2021

Mi hija Hildegart (1977)




Director: Fernando Fernán-Gómez
España, 1977, 109 minutos

Mi hija Hildegart (1977) de F. Fernán-Gómez


Los terribles hechos en los que se basa Mi hija Hildegart (1977) constituyen una muestra conmovedora de hasta dónde puede llegar el fanatismo por más que éste se disfrace bajo etiquetas de apariencia tan avanzada como la eugenesia o la lucha feminista. A Aurora Rodríguez Carballeira (1879-1955) —quien, pese a sus orígenes humildes, contaba con una cierta formación autodidacta, fruto de sus lecturas— le obsesionaban los derechos de la mujer hasta el extremo de que decidió concebir una niña (con la colaboración, como progenitor, de un párroco castrense) para educarla según los principios del socialismo utópico y así hacer de ella "una escultura de carne" que fuese "modelo de mujer del futuro".

Y a fe que doña Aurora se salió con la suya, ya que Hildegart Rodríguez Carballeira (1914-1933) dio muestras, desde muy temprana edad, de una inteligencia fuera de lo común: licenciada brillantemente en derecho, con apenas catorce años la joven publicaba artículos en revistas y diarios de ámbito nacional, lo que le valió ser elegida secretaria de la Liga Española para la Reforma Sexual. Trayectoria fulgurante que acabaría suscitando los recelos de la madre, aquejada de delirios paranoides y autora confesa (jamás se retractó) de los cuatro disparos que pusieron fin a la vida de la muchacha mientras dormía.



Para abordar una tragedia de tamañas proporciones, el director Fernando Fernán-Gómez y su guionista Rafael Azcona tomaron como base el libro Aurora de sangre (1972) del anarquista Eduardo de Guzmán (1908-1991). De hecho, de Guzmán (interpretado por Manuel Galiana) es uno de los personajes principales de la película, puesto que, además de visitar en la cárcel a la homicida, rememora los hechos, años después, desde la barra de un club de alterne.

En cualquier caso, la cinta —correcta, aunque tal vez un tanto ceremoniosa en su puesta en escena— contiene una de las actuaciones más memorables que se hayan visto de Amparo Soler Leal, digna en su complejo papel, a medio camino entre la locura y la tenacidad, de una idealista dispuesta a sostener sus convicciones hasta las últimas consecuencias, más allá de lo que dicten la sociedad y los tribunales. De ahí que, al conocer el alcance de su sentencia, responda ufana: "Me han dado veintiséis años de vida".



domingo, 12 de diciembre de 2021

Mia Sarah (2006)




Director: Gustavo Ron
España, 2006, 103 minutos

Mia Sarah (2006) de Gustavo Ron


Un niño agorafóbico (Manuel Lozano) que trama con su abuelo (Fernán-Gómez) cómo deshacerse de los sucesivos profesores particulares/psicólogos encargados de hacerlo entrar en vereda constituye, ya de por sí, un punto de arranque de lo más original. Sobre todo si el muchacho, además de huérfano e hiperactivo, goza del don de la clarividencia. Hasta que Gabriel (Daniel Guzmán) irrumpe en su vida y en su apartamento atestado de libros: no es menos patoso que los pedagogos que le precedieron, pero desde el principio tiene la suerte de congeniar con el chaval y, aunque no se librará de probar sus recetas laxantes, es el único que logra dar en el clavo.

La que había de ser la última película en la que trabajara Fernando Fernán-Gómez (1921-2007) fue al mismo tiempo, por esas casualidades del destino, la ópera prima del realizador Gustavo Ron (Madrid, 1972). Feliz coincidencia por lo que tiene de simbólico: un a modo de relevo generacional en el que el veterano intérprete le pasaba el testigo a todo un debutante. Por lo demás, Mia Sarah (2006) posee sobradas cualidades que hacen de ella una comedia romántica excepcional. A continuación pasamos a comentarlas.



En primer lugar, destaca su cuidada dirección artística, a cargo de Curru Garabal, así como la excelente banda sonora de César Benito: dos elementos que confieren a la cinta una apariencia muy internacional, como si los productores se hubiesen propuesto concebir un producto exportable (no en vano, parte de la trama transcurre en Londres). Sea como fuere, la música del filme destila una sonoridad muy a lo Harry Potter, mientras que el argumento y su peculiar sentido del humor dejan entrever una cierta influencia en la línea de modelos tipo Amélie (2001).

El resto tiene bastante de cuento de hadas un tanto estrambótico: la hermana camarera (Verónica Sánchez) que se enamora de un psicólogo de pingüinos, una mítica abuela actriz que lleva años desaparecida, lecciones infalibles sobre cómo seducir a las mujeres y una ex, embarazada de otro, que, sin embargo, no para de llamar por teléfono a su anterior pareja.