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miércoles, 24 de julio de 2024

La noche de Varennes (1982)




Título original: La nuit de Varennes
Director: Ettore Scola
Francia/Italia, 1982, 152 minutos

La noche de Varennes (1982) de Ettore Scola


Road movie dieciochesca, la acción de La nuit de Varennes (1982) no transcurre a bordo de ningún automóvil, como es lógico, sino de una carroza de postas que se adentra en la Francia profunda un 20 de junio de 1791, esto es, en vísperas de la detención de Luis XVI y María Antonieta. Por eso sigue un recorrido que coincide, a grandes rasgos, con el itinerario del rey en su huida desesperada del fragor revolucionario que asolaba las calles de París.

Sin embargo, habrá de transcurrir media hora hasta que suba a bordo Casanova (Marcello Mastroianni), el personaje más ilustre de cuantos se dan cita en este fresco histórico. Y aunque el viejo seductor es ya un hombre entrado en años, mantiene intacto su encanto. Hasta el extremo de que allí adonde hacen alto aparece siempre alguna conquista de juventud (real o fingida) que le presenta sus respetos. Pero ha pasado el tiempo, y el decrépito tenorio, que no comprende el mundo que le rodea, hace mutis por el foro antes de que la diligencia llegue a su destino final.



La meticulosa puesta en escena del italiano Ettore Scola logra algo tan difícil en cine (y a la vez tan meritorio) como es el hecho de insuflar vida a cuanto sucede en pantalla. A este respecto, el vestuario, las localizaciones y la dirección artística en general conforman un retablo de enorme rigor histórico, resuelto con suma maestría, entre otros factores, gracias al recurso de la troupe que abre y cierra el relato con el reclamo de una linterna mágica que conecta el pasado con el futuro (es decir, nuestro presente).

En resumidas cuentas, al imaginar un encuentro casual entre varios personajes históricos y ficticios que viajan por la misma ruta (Thomas Paine, Restif de la Bretonne y una dama de compañía de la reina, aparte del ya mencionado Casanova), Scola crea un microcosmos que refleja la complejidad y la diversidad de la convulsa sociedad francesa de finales del siglo XVIII.

Hanna Schygulla interpreta a la condesa Sophie de la Borde


domingo, 5 de agosto de 2018

Diálogos de Carmelitas (1960)




Título original: Le dialogue des Carmélites
Directores: Philippe Agostini y Raymond Leopold Bruckberger
Francia/Italia, 1960, 112 minutos

Diálogos de Carmelitas (1960)


Menuda se ha montado hoy en las redes sociales a raíz del tuit de Pedro Sánchez con el que el Presidente del Gobierno pretendía rendir homenaje a Las 13 Rosas, las trece militantes de las Juventudes Socialistas que fueron fusiladas en Madrid por el régimen franquista el 5 de agosto de 1939. Gesto, en principio, loable si no fuese porque la imagen que acompañaba al mensaje, en lugar de mostrar a las auténticas víctimas, es un fotograma perteneciente a la película dirigida por Emilio Martínez Lázaro hace ahora once años...

Mártires que hayan dado su vida por defender unos ideales ha habido muchos y de muy distinto signo a lo largo de la historia. Como las dieciséis monjas carmelitas de Compiègne, guillotinadas el 17 de julio de 1794, durante el Reinado del Terror, por negarse a obedecer la Constitución Civil del Clero del gobierno revolucionario, que había mandado la supresión de su monasterio. Convertidas en símbolo de la resistencia pacífica, finalmente el Papa Pío X las beatificaría en 1906.

Las religiosas toman sus decisiones votando con bolas negras y blancas


El hecho, que poco a poco fue adquiriendo ribetes de leyenda, sirvió de base para una novela de la alemana Gertrud von Le Fort (1876-1971), titulada Die letzte am Schafott ("La última en el cadalso") y ésta, a su vez, inspiraría una obra teatral de Georges Bernanos (1888-1948), así como una ópera en tres actos de Francis Poulenc (1899-1963) que se estrenó en La Scala de Milán en enero de 1957.

La película de Agostini y Bruckberger venía, pues, precedida de ilustres adaptaciones, por lo que no es de extrañar que, intentando estar a la altura, contase en su reparto con actrices de la categoría de Jeanne Moreau o Alida Valli. Una grandilocuencia digna de acontecimientos trascendentales que, ya en los títulos de crédito, se pone de manifiesto mediante la altisonante partitura compuesta por Jean Françaix. Sin embargo, y ésa es una de las pocas pegas que se le puede poner a un filme por lo demás notable, en determinados momentos la música llega a ser tan intrusiva que, queriendo precisamente subrayarlo, echa a perder el patetismo de la situación. Por ejemplo, ya casi hacia el final, en la secuencia de la inminente ejecución, ¿cuánta intensidad dramática se habría podido ganar si las hermanas, destocadas y con la frente bien alta, hubiesen avanzado en completo silencio hacia el fatídico patíbulo?