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martes, 23 de abril de 2019

Cervantes, la búsqueda (2016)




Director: Javier Balaguer
España, 2016, 79 minutos

Un fracasado genial...

Cervantes, la búsqueda (2016) de Javier Balaguer


Aprovechando que hoy es Sant Jordi, con todo lo que implica una fecha de connotaciones tan elocuentemente literarias, los cines Boliche de Barcelona han tenido a bien programar, en pase único, este documental a propósito de la operación (porque operación fue, al fin y al cabo) para localizar los restos del autor del Quijote. Es más: si hay una cosa que queda bien clara desde un principio, es que el filme toma partido a favor de una iniciativa de esta especie, llegando a considerarla cuestión de Estado. "Todos los grandes escritores del mundo tienen un lugar de culto"; "Sin duda alguna", dice Luis María Ansón, "el personaje más importante que ha producido la historia de España".

Frases lapidarias y, por ende, muy fácilmente refutables. ¿O es que el no haber dado aún con el paradero de los huesos de García Lorca —otro ilustre escritor sin "lugar de culto"— impide que se le considere miembro destacado de nuestro parnaso? Claro que con el poeta granadino entra también en juego la tan traída memoria histórica, por lo que la balanza entre detractores y defensores probablemente se decante más a favor de estos últimos a la hora de poner en marcha una campaña de similares características a la de la búsqueda de Cervantes.



El toque de sensatez —aunque su testimonio, procedente de unas declaraciones a Los Desayunos de TVE, se presente un poco como el del típico aguafiestas— lo pone el profesor Francisco Rico al calificar el proyecto de "tontería" apoyada por "la cultura de la chequera". Pues sí, para qué nos vamos a engañar: de hecho, alguno de los participantes en el documental se apresura a subrayar que la repercusión mediática de la codiciada osamenta podría cuantificarse en unos beneficios de alrededor de ochenta millones de euros...

Pero zanjemos la polémica de una vez por todas y hablemos de la película: que nos brinda la oportunidad de conocer a fondo los secretos que encierra el madrileño Barrio de las Letras, sobre todo en el subsuelo de la cripta de la iglesia de las Trinitarias Descalzas y en esa "reducción número 32" donde supuestamente reposan, desde que fuesen allí reubicados en 1697, los despojos de Cervantes y de su esposa, Catalina de Salazar. Ya sabemos que lo importante es leer su obra, pero, prescindiendo de este tipo de consideraciones y centrándonos en el afán con el que el forense Francisco Etxeberría (y el equipo de colaboradores que encabeza) escudriñan el terreno, no queda más remedio que contagiarse de su entusiasmo. Aunque al pobre manco de Lepanto (Ramón Barea) casi le entra la risa cuando, en la escena final y después de pasar tantos trabajos, descubre una errata en el túmulo que enaltece su memoria.


sábado, 7 de abril de 2018

Mamá es boba (1997)




Director: Santiago Lorenzo
España, 1997, 84 minutos

Mamá es boba (1997) de Santiago Lorenzo


En este país tenemos la mala costumbre de inventar las cosas para que luego no trasciendan. Y, así, Miguel Mihura cometió la osadía de dejar que sus Tres sombreros de copa aguardasen muertos de risa durante veinte años en un cajón para que, al cabo de dos décadas, fuese a parar a Ionesco la gloria de haber sido el "creador" del teatro del absurdo...

Viendo Mamá es boba hemos tenido un poco la misma sensación: ¿así que lo que propone ahora el francés Bruno Dumont ya lo hacía Santiago Lorenzo en el 97? Esas actuaciones rayanas en la caricatura, cuando no abiertamente bufas; ése recrearse en aspectos sórdidos de la condición humana, como el acoso escolar que padece Martín, el niño protagonista, o la mofa cruel que los responsables de Teleaquí orquestan para burlarse de sus padres; ese ambiente provinciano en el que, en definitiva, transcurre la acción... Elementos, todos ellos, que muy bien podrían formar parte de las recientes P'tit Quinquin (2014), Ma Loute (2016) o Jeannette, l'enfance de Jeanne d'Arc (2017), pero que ya estaban presentes en el primer largometraje de este realizador vizcaíno.



Y, claro: ya se sabe cómo funcionan estas cosas. Ni Mamá es boba (1997) ni Un buen día lo tiene cualquiera (2007) gozaron de la comprensión del público o de la crítica. Que atreverse a filmar historias de semejante calibre queda muy bien en un francés, pero ¡podre del director español que decida adentrarse por estos vericuetos...! De hecho, Lorenzo es cada día más escritor y menos cineasta (se conoce que un punto de vista tan imaginativo como el suyo es mejor recibido a través de las páginas de una novela que no plasmándolo sobre la pantalla).

Dice la voz en off de Martín: "Mis padres siempre hacen el ridículo allá donde van. Siempre me da vergüenza de ellos..." Palabras que tal vez expliquen por qué el niño no habla nunca con nadie, refugiándose en la confección de figuritas con gomas de borrar. De lo cual se deduce un riquísimo mundo interior, en el que el chaval se aísla huyendo del entorno hostil en el que tanto él como su familia viven inmersos.