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viernes, 17 de enero de 2025

The Brutalist (2024)




Director: Brady Corbet
EE.UU./Reino Unido/Canadá, 2024, 214 minutos

The Brutalist (2024) de Brady Corbet


Falso biopic en torno a la figura de László Toth (magistralmente interpretado por Adrien Brody), un imaginario arquitecto húngaro que, tras dejar atrás el horror de la guerra, se instala en Norteamérica para comenzar una nueva vida. Ni que decir tiene que los inicios serán durísimos (con él solo y sin su mujer, que quedó en Europa), si bien su estrella comenzará a brillar de nuevo a partir del momento en el que entre a trabajar al servicio de Harrison Lee Van Buren (Guy Pearce), adinerado hombre de negocios que le encarga el diseño de un ambicioso proyecto.

Una película que lleva por título The Brutalist (2024) tenía por fuerza que ser descomunal en su metraje y puesta en escena. Algo que el director Brady Corbet, célebre en su día por haber intervenido en el remake hollywoodense de Funny Games (2007) y que, con esta nueva incursión detrás de las cámaras, cuenta ya en su haber con tres largometrajes, consigue con creces a base de recursos técnicos como el formato VistaVision en 70 milímetros o una estructura, a la antigua usanza, en dos actos con un intermedio de quince minutos. Si se le suma, además, la apabullante banda sonora de Daniel Blumberg, el resultado alcanza una dimensión épica como hacía tiempo que no se veía en una pantalla de cine.



Hay detalles de la trama que bien podrían recordar al Visconti de La caída de los dioses (1969), en especial cuando la ostentación de la familia Van Buren deja traslucir trapos sucios que apuntan en la dirección de una decadencia moral que contrasta con la fastuosidad de ese megalómano complejo que planea construir el patriarca. Crítica velada contra la sociedad estadounidense de aquel entonces, teóricamente tierra de acogida para miles de inmigrantes como László y su esposa Erzsébet (Felicity Jones), en abierto paralelismo con la América de hoy en día.

En definitiva, las tres décadas de la biografía del protagonista que abarca la cinta permiten una lúcida panorámica en la que tienen cabida aspectos tan variados como las contradicciones del sueño americano o el antisemitismo latente en el seno de un sistema teóricamente democrático. Todo lo cual permite un último guiño, en forma de epílogo veneciano, al desvelarse las verdaderas intenciones que albergaba László Toth cuando trazó los planos de su obra más emblemática.



sábado, 1 de octubre de 2022

El pianista (2002)




Título original: The Pianist
Director: Roman Polanski
Francia/Polonia/Alemania/Reino Unido, 2002, 150 minutos

El pianista (2002) de Roman Polanski


La película más personal de Polanski fue también una de las más laureadas de su carrera, ganadora de tres Óscar (incluido el de Mejor Director) y dos BAFTA, aparte de una merecidísima Palma de Oro en Cannes. Aunque lo más relevante de The Pianist (2002) no sería tanto la relación de premios que obtuvo ni que, dada la condición de prófugo del cineasta, fuese Harrison Ford quien recogiera en su nombre el máximo galardón de la Academia hollywoodense, sino el hecho de estar basada en unos acontecimientos de enorme trascendencia histórica. Que, narrados por alguien que padeció en primera persona la barbarie nazi, adquieren una dimensión todavía más crucial, si cabe.

Igual de soberbia, la interpretación de Adrien Brody posee una gama de registros que van desde el atildado concertista capaz de deleitar a sus oyentes a través de las ondas de Radio Varsovia hasta el demacrado barbudo cuya supervivencia depende de si logra abrir o no una lata de pepinos en conserva. Baste decir que el actor neoyorquino aprendió expresamente a tocar el piano para meterse en la piel de Wladyslaw Szpilman (1911–2000) y se comprenderá de inmediato el mérito de su trabajo como protagonista.



A nivel técnico, la dirección de fotografía del polaco Pawel Edelman, desde entonces colaborador habitual de su compatriota Polanski, destaca por un tratamiento cromático capaz de sugerir el deterioro físico del espacio y de los personajes a medida que la acción avanza y los daños de la guerra vayan haciendo mella en unos y en otros. Lo cual se traduce en una progresiva decoloración de las imágenes equiparable a la pesadumbre por la destrucción sistemática del pueblo judío.

Visión del holocausto que, sin embargo, cuando se produce el encuentro entre el pianista y el capitán Hosenfeld (Thomas Kretschmann), se aproxima puntualmente a lo que pudiera ser un planteamiento en la línea de La lista de Schindler (Schindler's List, 1993), si bien Polanski huye en todo momento del patetismo lacrimógeno de Spielberg para centrarse en una puesta en escena mucho más ecuánime, acorde con su propio estilo y que, además de ajustar cuentas con su pasado, rinde también un sentido homenaje a su país de origen, así como a la música de Chopin.



jueves, 30 de noviembre de 2017

La delgada línea roja (1998)




Título original: The Thin Red Line
Director: Terrence Malick
EE.UU., 1998, 170 minutos

La delgada línea roja (1998) de Terrence Malick


La Muestra de cine espiritual llega a su fin un año más. La sesión de clausura en la sala Laya de la Filmoteca de Catalunya contaba esta tarde con la presencia del Padre Peyo Sánchez y de José María Caparrós Lera, quien ha presentado The Thin Red Line (1998). En opinión del historiador, la cinta de Malick vendría a ser el reverso de otro filme bélico estrenado el mismo año: la propagandística Saving Private Ryan. Con la salvedad, nada desdeñable, de que la película de Steven Spielberg fue premiada con cinco premios Oscar, mientras que ésta no obtendría ni uno solo de entre las siete nominaciones que previamente había recibido.

En esencia, dicha adaptación de la novela homónima de James Jones contenía los mismos elementos que han hecho insufrible la filmografía posterior de su director y de los que ya hemos ido dando cumplida cuenta en anteriores entradas de este blog, por lo que no vale la pena enumerarlos por enésima vez. Aunque sí que es cierto, por otra parte, que aquí el grado de contención era todavía algo mayor.

Jim Caviezel (Soldado Witt)


Rodada en las islas Salomón, La delgada línea roja narraba la batalla de Guadalcanal mediante un reparto que combinaba sabiamente los nombres de estrellas consagradas (Nick Nolte, John Travolta) con los de jóvenes actores que iban a dar mucho que hablar en años venideros: Jim Caviezel, Sean Penn, George Clooney, Adrien Brody... Pese a que a este último le tocara padecer la habitual manía del cineasta de cortar (cuando no eliminar) la presencia de algún actor en el montaje definitivo. Como también puede observarse el influjo de Kubrick en alguna que otra escena. Pero no tanto el cuasi místico de 2001, sino el pacifista de Senderos de gloria (1957) en la secuencia en la que Elias Koteas se niega a obedecer las órdenes suicidas de su superior (Nick Nolte). 

Comoquiera que sea, Malick ponía fin a un silencio de veinte años con una película coral que iba a obtener el codiciado Oso de Oro en Berlín. Prestigio que, después, él mismo se ha encargado de ir dilapidando en títulos posteriores a fuerza de recrearse, una y otra vez, en un esteticismo tan reiterativo como innecesario.

Nick Nolte (Teniente coronel Gordon Tall)