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lunes, 14 de octubre de 2024

Cuckoo (2024)




Director: Tilman Singer
Alemania/EE.UU., 2024, 102 minutos

Cuckoo (2024) de Tilman Singer


Otra de las perlas que ha pasado por la última edición del Festival de Sitges ha sido esta coproducción germano-estadounidense en cuyo reparto, por esos azares de la vida cinéfila, se ha colado la catalana Greta Fernández en un papel secundario. Y aunque no puede decirse que estemos ante una obra redonda, lo cierto es que Cuckoo (2024) propone una atmósfera sobrecogedora muy cercana a la de clásicos del género como El resplandor (1980) o Twin Peaks (1992). La acción, de hecho, transcurre en un recóndito complejo hotelero perdido en mitad de los Alpes en el que van a tener lugar una serie de extraños fenómenos paranormales.

Según parece, una misteriosa criatura con apariencia humana, aunque más cercana a las aves que a las personas, se adueñó del vientre de una mujer la hija de la cual, llamada significativamente Alma (Mila Lieu), es ahora una niña que no habla pero se fija mucho... Al mismo tiempo, su hermanastra mayor, Gretchen (Hunter Schafer), se debate en un insólito delirio en el que sus propias inseguridades de adolescente se mezclan con los secretos inconfesables de una familia menos convencional de lo que a simple vista cabría pensar.



Y es que, del mismo modo que la hembra del cuclillo pone sus huevos en los nidos de otras aves, el ser malévolo que atormenta a los protagonistas hizo lo propio en su día con el objetivo de perpetuar una especie maligna capaz de provocar convulsiones y hasta seísmos en varios kilómetros a la redonda.

Por otra parte, la condición de actor trans de Hunter Schafer ha llevado a muchos críticos a considerar que la película sea tal vez una alegoría a propósito de la transición de género. Sea como fuere, y pese a los defectos de una puesta en escena que se acaba perdiendo por derroteros un tanto trillados, el estado mental por el que discurre la trama, entre hipnótico e impetuoso, justifica sobradamente el visionado de una cinta de las que no dejan indiferente a casi nadie.



sábado, 7 de octubre de 2017

La próxima piel (2016)




Título original: La propera pell
Directores: Isa Campo e Isaki Lacuesta
España/Suiza, 2016, 103 minutos

La realidad y el deseo



Rodada, en cierta manera, según el modelo inaugurado por Hitchcock con títulos como Sospecha (1941) o La sombra de una duda (1943), La propera pell cimenta la base de su historia en el reencuentro de un adolescente con su familia tras ocho años de desaparición. Así pues, de la misma manera que en el modelo clásico uno se pasaba toda la película preguntándose si el personaje interpretado por Cary Grant o por Joseph Cotten era bueno o malo, aquí sucede algo similar con Léo/Gabriel (Àlex Monner). Pero con el aliciente de que, aunque llegamos a saber casi con toda seguridad que el muchacho es un impostor, seguimos aferrándonos, como la madre (Emma Suárez), a lo que desearíamos que fuese cierto.

A priori no parece nada fácil recrear un tal grado de sutil profundidad psicológica, cosa que el trío de guionistas (Campo, Lacuesta y Fran Araújo) resuelve con solvencia. Como embrollada se presenta la situación familiar en la que aterriza el supuesto Gabriel tras su prolongada ausencia: un padre que falleció en extrañas circunstancias, un tío adusto (Sergi López) que ve con recelo cómo el chico lo desplaza en la relación que mantiene con su cuñada, un asistente social (Bruno Todeschini) obsesionado con darle a Léo (sea o no Gabriel) una nueva familia porque él también fue un niño sin infancia...



El ambiente gélido y opresivo de un pueblo del Pirineo de Huesca, aislado entre montañas nevadas y frente a cuyo hastío poco más se puede hacer si no es ir de caza, contribuye en buena medida a generar la sensación claustrofóbica que atenaza a los personajes. Sensación opresiva que se agudiza, especialmente, en el caso del grupo de adolescentes, resignados a dedicar su tiempo libre a hacer botellón o fumar. Es precisamente en su seno donde Gabriel encuentra la complicidad de su primo Joan (Igor Szpakowski), así como el foro idóneo en el que dar rienda suelta a unas fantasías según las cuales trabajó en un matadero en Lisboa o hizo autostop hasta Rusia.

La banda sonora de Gerard Gil, repleta de sonoridades afiladas a base de guitarra, acaba de darle el toque definitivo a la película, cuyo título, por cierto, se presta a diversas lecturas: La próxima piel puede referirse a todas las identidades que su protagonista ha sido capaz de adoptar, siendo la próxima la definitiva, la que le aporte la estabilidad que nunca tuvo, tal vez iniciando una nueva vida en otro lugar junto a Ana, su "madre"; pero la piel es también un mapa de marcas, tatuajes y cicatrices, algunas relacionadas con un pasado de maltratos y otras producto de autolesiones.