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viernes, 30 de diciembre de 2022

Eugenia Grandet (1977)




Directora: Pilar Miró
España, 1977, 55 minutos



Las antiguas casas de la villa vieja están situadas en lo alto de esta calle, habitada antaño por los gentileshombres del país. La casa, llena de melancolía, donde tuvieron lugar los hechos que se relatan en esta historia, era precisamente una de esas moradas, restos venerables de un siglo en que las cosas y los hombres tenían aún ese carácter de sencillez que las costumbres francesas van perdiendo de día en día.

Honoré de Balzac
Eugénie Grandet (1834)
Traducción de Luis Romero

La tercera y última temporada del espacio televisivo Los libros, emitida entre noviembre y diciembre de 1977, incluía esta atípica adaptación del clásico de Balzac. Fueron sus intérpretes principales Carmen Maura (Eugenia), Eusebio Poncela (Carlos) y José María Rodero (Félix Grandet). Completaban el reparto, entre otros, María Luisa Ponte (Nanon) y María Isbert en el papel de madre. Tal vez lo más llamativo de su puesta en escena, dado el carácter pedagógico que inspiraba todos los capítulos de la serie, sea el hecho de que los actores rompen continuamente la cuarta pared para presentar a los personajes, aclarar el porqué de sus acciones y, por último, contextualizar y resumir buena parte de la trama.

Rodada en formato cinematográfico, en principio esta versión de Eugénie Grandet no estaba destinada a ser un episodio más del programa, sino que las circunstancias (así como la desidia de los directivos del ente público, todo hay que decirlo) contribuyeron a que finalmente no se le encontrase otra salida mejor dentro de la parrilla de programación. El caso es que la sociedad española se hallaba inmersa por aquel entonces en plena transición política y lo cierto es que el argumento de la novela iba bastante en consonancia con dicha realidad, toda vez que nos habla del advenimiento de una nueva era presidida por los valores burgueses frente al despotismo del Antiguo Régimen.

No cabe duda de que el planteamiento era hasta cierto punto innovador para la época, didáctico incluso, con una fuerte influencia del documental o el noticiario, y que Pilar Miró ya apuntaba maneras a propósito de por dónde iban a ir los tiros de su propia filmografía en años venideros.



sábado, 27 de octubre de 2018

Trágala, perro (1981)




Subtítulo: Sor Patrocinio, la monja de las llagas
Director: Antonio Artero
España, 1981, 84 minutos

Trágala, perro (1981) de Antonio Artero


Queréis que el pueblo, / esté aún ciego, / pero son muchos / los que están viendo...

La insólita y ácrata personalidad del aragonés Antonio Artero (Zaragoza, 1936 - Madrid, 2004) era, probablemente, la ideal para llevar a la pantalla un hecho histórico acaecido en 1836, con la primera guerra carlista como trasfondo: el proceso y posterior condena contra la monja Sor Patrocinio (María de los Dolores Quiroga en el mundo), acusada de fingir los estigmas impresos en su cuerpo.

Ya desde el cartel que el genial Iván Zulueta diseñara para la película, queda claro que nos hallamos frente a una obra absolutamente iconoclasta. De hecho, el propio título fue tomado de la célebre canción que los liberales entonaban para vilipendiar a los absolutistas tras el pronunciamiento de Riego y que aquí escuchamos en la voz del añorado José Antonio Labordeta durante los créditos. Los de inicio, por cierto, aparecen sobre aguafuertes procedentes de Los caprichos de Goya, quien también bautizó uno de dichos grabados con el rotundo epígrafe de Trágala, perro.



Para tratarse de un cineasta alternativo y vanguardista, surgido de los cenáculos más radicales de la  mítica Escuela Oficial de Cinematografía, lo cierto es que Artero, en el filme que nos ocupa, moderó su estilo hasta adaptarlo a una caligrafía convencional al servicio de un reparto encabezado por estrellas de la talla de Fernando Rey (que hace de juez inflexible), Amparo Muñoz (la "monja de las llagas") o Lola Gaos (la Madre Superiora).

Tanto visual como temáticamente la propuesta de Artero entronca con lo que algunos años después ensayaría en Francia el hoy revalorizado Alain Cavalier a través de su Thérèse (1986), aproximación minimalista a la vida y milagros de la pequeña Santa Teresa de Lisieux, aunque con la salvedad de que el a veces un tanto olvidado cineasta español se le adelantó un lustro...